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 Capitulo 1 (Traducido por Jade Lorien

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Capitulo 1 (Traducido por Jade Lorien   Lun Sep 26, 2011 11:52 am

Capitulo Uno


“Siento habernos ido tan tarde.”
Samantha Willan giro su mirada del cielo iluminado por las estrellas sobre su cabeza y miro con sorpresa a su hermana menor. Estaban reclinadas en el muelle de madera enfrente de la cabaña familiar, disfrutando el aire nocturno y la hermosa vista. O lo habían estado haciendo hasta la disculpa de Jo. Viendo su expresión de culpa, Samantha frunció el ceño y se inclino a un lado, golpeando a la joven afectuosamente con su hombro mientras bromeaba, “Lo deberías de estar. Nos perdimos todo el loco tráfico, no tuvimos ninguna idiotez de para-y-vamos, e hicimos un gran tiempo hasta aquí. Después de todo fue un horriblemente placentero viaje para variar. Debería darte pena que nos forzaste a ello.”
Jo sonrió, pero sacudió su cabeza. “También es después de la dos a.m., apenas terminamos de descargar el auto, y aun debemos dejar que la cabaña se oree antes de que podamos dormir.” Ella levanto sus cejas a manera de desafío. “Va a ser una larga noche para todos nosotros gracias a mi estúpido trabajo.”
Sam arrugo su nariz. Era verano. El sol había horneado la cabaña cerrada todo el día, calentándola como si fuera un horno. A pesar del hecho de que la noche se había enfriado con la puesta del sol, el pequeño, bien situado edificio aun retenía el calor cuando ellos habían llegado. Lo primero que habían hecho – incluso antes de descargar el auto – había sido abrir todas las ventanas. Habían encendido los ventiladores del techo también, pero había habido una tormenta esa tarde y la luz se había ido. ¡Sin electricidad significaba sin ventiladores para ayudar a bajar la temperatura! Ellos debían de esperar a que el aire nocturno entrara lentamente y desplazara el aire caliente. Eso podía tomar un rato.
“¿Así que?” dijo Sam ligeramente. “Hemos desempacado, las camas están hechas, y no tenemos que despertarnos temprano. Estamos de vacaciones; podemos ir a la cama tan tarde como queramos. Mientras tanto, nos relajamos aquí en el muelle y disfrutamos la hermosa vista… así que deja de inquietarte. Además,” agrego ella solemnemente, “tu trabajo no es estúpido.”
“Seee, claro,” dijo Jo con una risa. “Tú eres una abogada, Alex es una chef gourmet con su propio restaurante, y yo trabajo en un bar.”
“Ahora eres gerente nocturno en ese bar, muchas gracias,” señalo Sam firmemente. “Y deja de compararte con nosotras. Alex y yo estamos muy orgullosas de ti por haber obtenido la promoción,” dijo ella firmemente. “Además, te está pagando la universidad, ¿no es así? Eso es más que estúpido en mi libro.”
Jo se relajo, una pequeña sonrisa clamando sus labios. “Supongo.”
“Puedes suponerlo si quieres, pero lo sé,” le aseguro Sam con otro afectivo golpe. Entonces ambas cayeron en silencio, y ambas se giraron sus miradas hacia el cielo, hurgando en el destellante corriente de estrellas sobre la negrura. Era difícil creer que solo estaban a dos horas al norte de Toronto; el cielo aquí lo hacía parecer como un mundo completamente diferente. Era inspirador.
“Debimos de haber traído sacos de dormir,” dijo Jo en un pequeño suspiro. “Podríamos haber dormido aquí bajo las estrellas.”
“¿En el muelle?” pregunto Sam con una risa incrédula. “No. Las tres terminaríamos probablemente en el lago de alguna manera… o nos despertaríamos para encontrar ardillas enrolladas de alguna manera en los sacos con nosotras y gaviotas sobre nuestras cabezas, aliviándose a sí mismas en nuestros rostros durmientes.”
“¡Aw!” Riendo, Jo empujo su hombro y sacudió su cabeza. “Eres una pesimista. Juro que nunca he conocido a nadie que pueda dar tal bajón.”
“No un bajón, sentida,” corrigió Sam
“¡Ha! Tú siempre ces el vaso medio vacío. Honestamente, hayas lo malo en todo.”
“En otras palabras, ella actúa como la abogada que es.”
Sam y Jo se sentaron y giraron hacia la costa de donde esa divertida voz había venido. Al principio todo lo que podían ver eran sombras en la oscuridad, pero entonces Jo encendió la linterna que había llevado con ellas y la levanto. El haz de luz se vertió y luego la coloco sobre su hermana mayor, Alex, mientras ella bajaba hacia el muelle.
“Quita esa luz de mis ojos,” se quejo Alex con una risa, levantando una mano para evitar el brillo, y Jo bajo el haz hacia la tierra para que pudiera dar los últimos pocos pasos sin incidentes.
“Gracias,” dijo Alex mientras llegaba al muelle y se les unía.
“De nada.” Dijo Jo. El haz entonces alejándose de Alex, destellando sobre la cara de Sam y brevemente cegándola antes de que la apagara.
Sam se quedo con puntitos blancos en sus ojos y estaba intentando recuperar su visión cuando la luz repentinamente parpadeo de nuevo, una vez más directo en su cara.
“¡Hey!” ella elevo su propia mano para cubrir sus ojos y mirar hacia la luz que se movía sobre ella. “¡Apaga eso!”
“Lo siento, pensé que había visto - ¡Lo hice!” exclamo Jo triunfantemente mientras el haz alcanzaba su cuello. “Estas sangrando.”
“Malditos mosquitos,” murmuro Sam Era la razón de ello. Haciendo una mueca, ella limpio a ciegas su cuello.
“El otro lado,” dijo Jo ayudando. “Hay dos.”
“Hmm,” Alex bajo para verla. Lo que fuera que vio trajo una mueca a su rostro. “Hay dos… lado a lado- parecen como mordidas de vampiro.”
“Si,” coincidió Jo, y luego bromeo, “Si no hubiera estado aquí todo el tiempo habría dicho que Drácula te atrapo y no limpio después.”
“Ugh. Ni siquiera bromees con eso,” dijo Sam con un temblor.
Jo rio ante su disgusto. “La mayoría de las mujeres amarían que eso pasara. Ellas fantasean acerca de cosas ser mordidas por roedores voladores.”
“No roedores voladores,” dijo Jo con exasperación. “Un vampiro.”
“La misma cosa,” murmuro Sam con disgusto. “Ellos se convierten en murciélagos y ratas y lobos y Dios sabe en que mas. No estoy en lo de la bestialidad, gracias.”
“Gawdddddd. Eres tan… tan…”
“¿Abogada?” sugirió Alex con entusiasmo.
“Si,” espeto Jo.
“Dejen de decirlo como si fuera algo malo.” Sam las miro con el ceño fruncido a ambas. “He trabajado mucho y arduo para convertirme en abogada.”
“Si, lo hiciste,” coincidió Alex suavemente, y luego le informo, “Aun estas sangrando. Tal vez debas de probar algo de esas cosas para Después de las Mordidas.”
“Seee. Necesito rellenar mi trago de todas maneras,” murmuro Sam Dándose por vencida con su cuello, se puso de pie, preguntando, “¿Puedo traer algo para alguien mas mientras estoy de pie?”
“Nada para mi, gracias,” dijo Jo.
“Yo podría necesitar otra cerveza. Quise tomar una mientras iba al baño, pero se me olvido,” dijo Alex y luego tomo a Sam por el codo para sostenerla mientras se tambaleaba. Con la emoción clara en su voz, comento, “Tal vez debas de cambiar a refresco.”
“Ella ya está en el refresco,” anuncio Jo. “Ella no está bebiendo.”
La cabeza de Alex giro rápidamente a Sam “¿No otra infección en el oído?”
Sam asintió renuentemente, sin sorprenderse cuando Alex comenzó a maldecir. Sabiendo que era solo el resultado de su preocupación y que sería seguida por una arremetida contra los malos doctores, el inútil sistema de salud, y la lista para esperar a ver a un especialista, Sam no se quedo para oírlo. Se movió con cuidado por el muelle y hacia el cesped, pero no estaba a medio camino de la cabaña antes de que comenzara a arrepentirse de no haber tomado la linterna de Jo. Esta no era la ciudad con luces que iluminaban la situación. Aquí en la cabaña, la noche era terciopelo negro, oscuro y pesado. Mientras que parecía más brillante en el muelle con la estrellas sobre ellas, aquí los arboles bloqueaban la luz de las estrellas. Era mucho más oscuro, y Sam se encontró a sin misma tropezando en la raíces expuestas y la rocas en su camino. Entre eso y la falta de equilibrio que le causaba su infección en el oído, ella estaba teniendo un poco de problemas.
Tomando un tronco del tamaño de un muslo de un pequeño maple entre la cabaña y el muelle, Dan se detuvo brevemente para juntar sus cojinetes. Ella estaba a punto de continuar de nuevo cuando el sonido de una puerta cerrándose llamo su atención hacia la cabaña contigua. Estaba en oscuridad, como lo había estado cuando habían llegado.
Como siempre lo estaba, de hecho, pensó con una mueca. La cabaña había sido vendida hace dos años, pero ellas aun no habían conocido a los nuevos vecinos. El nuevo dueño nunca parecía estar ahí, al menos no cuando Sam y sus hermanas estaban en la cabaña. Ellas checaban cada vez que venían, esperando finalmente conocerlos. No era que ellas fueran muy sociables. De hecho, la vida aquí no era como la vida en la ciudad. Los vecinos dependían de los vecinos aquí. Ellos no se molestaban unos a otros, pero les gustaba saber quiénes eran y tendían a cuidar los unos a los otros. Era una necesidad en un área donde la luz se iba frecuentemente y las comodidades podían estar tan lejos en una emergencia.
Había habido un montón de especulación en el lago el último verano acerca de los nuevos dueños. Grant, su vecino al otro lado y un residente por un año, había dicho que la cabaña había estado en uso un par de veces en el invierno. El había visto las luces durante la noche, y a un hombre caminando alrededor de la construcción hacia la hembra un par de veces, pero el hombre se lo había guardado para sí mismo. Sam dudaba que Grant se hubiera planteado hacerlo de otra manera, de cualquier modo. El casi se mantenía para él y solo hablaba con aquellos en el lago con los que hacia trabajos de mantenimiento, y entonces solo cuando – y siempre y cuando – era absolutamente necesario. El probablemente ni siquiera lo habría mencionado si ella no le hubiera preguntado si había conocido ya a los nuevos vecinos.
Ese pensamiento la hizo mirar hacia la oscura cabaña de Grant al otro lado de la suya mientras se preguntaba brevemente su el sonido que había oído no había venido de ahí. El sonido atravesaba el lago, y podía venir de cualquier parte, incluso de una de las cabañas del otro lado del lago.
Encogiéndose de hombros para alejar la preocupación, soltó su agarre del tronco y continúo hacia la cabaña.






“Cabaña de campo.”
Garrett Mortimer se rio ante el disgusto en la voz de su socio. “Puedo decir que estas fascinado por esta asignación.”
Justin Bricker hizo una mueca. “Es una cabaña de campo, Mortimer. Las cabañas son todo acerca del sol y arena y diversión. Somos vampiros. Evitamos la luz del sol como una plaga. ¿Qué estamos haciendo aquí?”
“Buscando un fugitivo inmortal,” dijo con calma Mortimer, arreglándoselas para no hacer una mueca hacia su compañero más joven por el uso del término vampiro. El no podía evitarlo, el – como muchos de los más viejos de la especie – tenían una terrible aberración por la palabra. Les traía recuerdos de multitudes de villanos con antorchas y palos.
“Cierto,” dijo Bricker secamente. “¿Pero que haría cualquier vampiro que se respetara a sí mismo – fugitivo o no – aquí? No hemos visto alumbrado público en horas. Esta negro como el vacio aquí y ha sido una eternidad. Si hay algo mas allá de las luces de nuestro auto, estaré sorprendido.”
Mortimer rio. “Hay mucho más de lo que piensas más allá de las luces.”
“Osos, mapaches, venados, y conejitos,” Dijo Bricker, obviamente sin impresionarse.
Mortimer sacudió su cabeza, pero espero a negociar una cerrada curva en el camino antes de decir, “Tal vez hemos pasado un par de cientos de cabañas y casa desde que salimos de la carretera principal. Creerme, escondidos en la oscuridad hay toneladas de personas.”
“Tal vez,” permitió Bricker con algo de descontento. “Pero te garantizo que no habrá ni un solo inmortal entre ellos.”
“¿No?” Mortimer enarco una ceja incluso mientras sus labios se curvaban de nuevo.
“No,” le aseguro Bricker. “Ningún inmortal que se respete se enclavaría aquí. Solo no es nuestra escena.”
“Cierto. Así que… ¿Qué?” pregunto secamente. “¿Estas diciendo de todos los inmortales que se respetan a sí mismos están en este momento saliendo hacia otro lado del globo donde el invierno y los días son más cortos?”
“No, claro que no,” gruño Bricker con irritación. “Pero ellos no son dados a estar en una cabaña. Ellos estarán en ciudades como Toronto y Montreal donde tienen concursos subterráneos y no tienen que exponerse a sí mismos al sol para ir a los lugares y hacer cosas.”
Mortimer asintió, pero no coincidió o discrepo. La verdad era que, él conocía a mucha de su gente que sin duda pasaría el verano en tales lugares. Mientras los mortales disfrutaban de las ciudades subterráneas en el invierno por qué les permitía evitar el mordaz frio exterior, y algunos los visitan en el verano para evitar el sofocante calor, los inmortales simplemente disfrutaban los concursos subterráneos durante el día tanto en verano e invierno. Eso les daba una libertad que nunca había imaginado que podrían disfrutar antes del advenimiento de tales cosas. Podían caminar alrededor durante el día sin preocuparse acerca del daño que les estaba haciendo a ellos.
Mortimer miro a su compañero, notando la insatisfacción en su apuesto, angular rostro y la frustrante manera en la corría una mano por sus rizos oscuros. Mirando de vuelta al camino delante, señalo. “La inteligencia que tenemos dice que media docena de mortales han sido vistos con marcas de mordida.”
“Lo sé, pero no tiene sentido que un vampiro ande por aquí.”
“Y tal vez eso es el por qué él o ella lo está,” dijo Mortimer. “Después de todo, como tu dijiste, es el último lugar en el que cualquiera esperaría encontrar a un inmortal… y por qué es una cabaña de campo, está llena de mortales que vienen y van, concentrados en el sol y diversión, y no molestarían las cabañas vecinas.”
Bricker parecía alterado ante la sugerencia. Era obvio que no era algo que hubiera considerado.
“Debes de admitir que es un muy buen lugar para esconderse,” continuo Mortimer. “Caso cada cabaña que hemos pasado está rodeada de arboles, y la gente aquí se siente a salvo así que lo estarán alerta o será precavidos… un fugitivo inmortal seria un lobo entre ovejas.”
“Supongo que tienes razón,” murmuro Bricker, su expresión pensativa. “Esta oscuro como la muerte aquí. El podía andar entre la gente alrededor de una fogata, llevar a alguien hacia los arboles para una mordida, e irse sin ser visto.”
Mortimer gruño en asentimiento, su atención en una pequeño marcador numerado verde, entre el follaje en el costado del camino. Cada uno brillaba intensamente a la luz de los faros y cada una marcaba una entrada que desaparecía entre los árboles, guiando a las cabañas que ellos no podían ver de la carretera. Su cabaña resulto ser la última salida del camino de grava. Mortimer dio la vuelta por el camino de tierra, frunciendo el ceño mientras brincoteaban sobre las raíces y rocas. Viajaron entre arboles por al menos un minuto completo antes de que las luces alumbraran un edificio café al frente.
“Bienvenido al culo del mundo,” dijo Bricker con desdeño. Sosteniéndose de la manija de la puerta del pasajero para mantenerse en su lugar durante el ajetreado viaje, agrego casi en voz baja, “Esto definitivamente no es lo mio”
Mortimer sonrió ligeramente y admitió, “Tampoco es lo mio, pero lo es para alguien o no estaríamos aquí.”
“Cierto. Nuestro fugitivo,” murmuro Bricker infeliz.
“Y Decker,” señalo. “Es su cabaña la que estamos usando como base mientras estamos aquí.”
“See, pero el siempre fue un ave extraña,” dijo Bricker. “Solo él podía disfrutar viviera en el fin del mundo.”
Mortimer sonido ligeramente antes el insulto para su camarada Decker Argeneau Pimms. Como cazadores para el concilio, a menudo trabajan en compañía de otros equipos, y más seguido que no, ellos parecían ser puestos con Decker y su compañero Anders. Los cuatro se llevaban bien y se caían bien, pero tú no podías saber eso de la manera en la que se insultaban los unos a los otros.
“Bueno, no puedo discutir de Decker siendo extraño,” dijo Mortimer con entusiasmo, y luego señalo, “Pero la cabaña de campo es aparentemente atractiva al menos para algún otro inmortal también. Tuvo que ser un inmortal el que vio las marcas de mordidas y reportarlas al concilio.”
El reporte era la razón por la que estaban ahí. Morder mortales estaba prohibido, y el concilio los había enviado ahí a la cabaña de campo para investigar. Ellos debían de encontrar al culpable y llevarlo – o llevarla – de vuelta al Concilio para lidiar con ello.
“¿Sabemos quien hizo el reporte?” pregunto con curiosidad Bricker.
“Estoy seguro que Lucian sabe, pero él no me dijo quien,” dijo Mortimer, y luego agrego, “Supongo que realmente no es importante de todas maneras.”
“No,” coincidió Bricker, y luego inhalo, “Jesús,” mientras Mortimer apagaba el motor del auto y las luces se apagaban al momento, dejándolos en el oscuro y silencioso mundo.
La oscuridad era absoluta, Mortimer casi podía creer que habían alcanzado el fin de la tierra y estaban ahora mirando el vacio del espacio. El no lo comento, de cualquier modo, sino que simplemente se sentó, esperando que sus ojos se ajustaran. Después de un momento o algo así, la negra solidez a su alrededor cedió para diferir sombras de gris también.
“¿Oíste eso?” pregunto Bricker en susurros.
“¿Qué?” pregunto Mortimer con el ceño fruncido. El no había oído nada.
“Nada,” dijo Bricker secamente. “Absolutamente maldita nada.”
Dejando salir su aliento en una insonora risa, Mortimer tomo su mochila del asiento trasero, abrió su puerta, y salió del carro. Entonces comenzó a estirarse y doblarse junto al vehículo para lograr que su circulación continuara de nuevo. Mientras se habían detenido diversas veces a lo largo del camino, este último tramo del camino había sido el más largo, y el estaba tieso de esta jornada.
“Jesús.”
El repitió la exclamación, esta vez llena de temor, haciendo que Mortimer mirara afiladamente alrededor para encontrar a Mortimer de pie en el marco de su puerta abierta, mirando con los ojos bien abiertos al cielo. Elevando la cejas, Mortimer miro hacia arriba y se encontró a si mismo mirando a un dosel de estrellas sobre él como diamantes en cavas negroazuladas. No era una nueva visión para Mortimer. Antes de que el mundo se volviera tan concurrido y la electricidad Se hubiera inventado, cada noche había ofrecido tal visión. Pero claro Bricker no era lo suficientemente viejo para recordar ese tiempo, se dio cuenta, y miro hacia el atónito hombre. “¿Lindo, eh?”
“Nunca había visto tantas estrellas en mi vida,” murmuro Bricker, sus ojos hambrientos devorando cada pulgada del cielo. “Ni siquiera me había dado cuenta que había tantas.”
Mortimer echo una mirada hacia arriba, pero entonces comenzó lentamente a avanzar cruzando la tierra dispareja hacia la cabaña. Era mucho más grande que el pequeño edificio de tres habitaciones que él esperaba. Esta era una casa apropiada hasta el fin, y más grande que una casa promedio. Estaba elaborada en madera oscura, y la mayoría de las paredes parecían estar hechas de ventanas. La visión hizo que las cejas de Mortimer se elevaran. Era lo último que esperaría de la casa de un inmortal.
“Espérame,” siseo Bricker, apresurándose detrás de él mientras Mortimer comenzaba a subir las escaleras que guiaban a la terraza que rodeaba el segundo nivel de la casa.
Mortimer bajo su velocidad un poco pero continuo por la terraza hacia la puerta de la cabaña. No había luces encendidas y el edificio estaba obviamente vacio, pero aun así frunció el ceño cuando encontró la puerta cerrada. Decker se suponía tenía que estar ahí. Después de una ligera duda, Mortimer alcanzo el marco de la puerta y sintió todo el borde hasta que sus dedos se cerraron sobre una llave.
Relajándose un poco, abrió la puerta, y luego se paró a un lado de recargado interior. Rozar rápidamente la pared fue todo lo que necesito para encontrar el switch de la luz, pero cuando la encendió, nada paso.
“El regulador tal vez tenga que ser encendido,” dijo Bricker cuando Mortimer lo encendió de nuevo para avalar. “Lo encontrare y encenderé las luces.”
Mortimer simplemente asintió y se movió más lejos hacia la cabaña para hacer lugar para que el otro hombre entrara. Coloco su bolsa en la mesa y se giro para ver a Bricker colocar la suya en el piso junto a la puerta. “Iré por la hielera mientras tú ves eso.”
Oyó el gruñido de Bricker en asentimiento mientras salía a la terraza. Mortimer se detuvo en la cima de la cima de los escalones mientras un estallido de risas femeninas llenaba el aire. El miro a través de la oscuridad circundante, inseguro de en qué dirección venia el sonido. Parecía muy cerca, pero estaban en el lago, y él sabia que el agua transmitía el sonido.
Después de un momento, Mortimer, descendió las escaleras, pero en vez de moverse hacia el auto, fue alrededor hacia el lago en su lugar. No había nada para ver. El césped yacía delante de él, corriendo unos cincuenta pies hacia la orilla y estirándose cerca del doble de su anchura para alcanzar una densa línea de arboles que bordeaban cada lado.
Una lancha de buen tamaño estaba en la orilla del agua, pero el resto era playa abierta y dejaba una hermosa vista de la calmada superficie del pequeño lago. La orilla opuesta era una tira de negro bordeada del mismo lago, que era un tono más claro de oscuridad, y la visión lo hizo fruncir el ceño. No había una luz evidente en la otra orilla, ninguna señal de los ocupantes que sabía que debían estar ahí. Claro, eran después de las dos a.m. y todos debían estar dormidos. Aun así, no había pasado el todos esos marcadores al final de las entradas, el casi podía creer que él y Bricker estaba solos ahí.
Otro estallido de sonido, esta vez risas, llevo a terminar con ese pensamiento, y Mortimer ladeo su cabeza hacia la izquierda, sus ojos estrechándose mientras miraba a través de los arboles. Noto la gran silueta oscura de la cabaña vecina, una canoa boca abajo, un muelle con dos botes atados, y dos figuras sentadas lado a lado en las tablas del pequeño muelle. Estaban en una posición relajada, las piernas estiradas y cruzadas por los tobillos mientras se inclinaban hacia atrás sobre sus brazos y mirando hacia el cielo mientras se reía sobre algo.
Mujeres, se dio cuenta, notando sus muy femeninas figuras. Una tenia cabello más corto que apenas alcanzaba sus hombros en un suave redondeo. La otra tenia cabello más largo, pero lo tenía amarrado en una colita de caballo en la parte posterior de su cabeza.
El sonido de la puerta de mosquitero abriéndose llamo su mirada de nuevo a la cabaña vecina mientras la luz comenzaba a brillar escaleras abajo. Una tercera mujer, se dio cuenta Mortimer, y sus cejas se elevaron ligeramente mientras la veía tambalearse torpemente por el cesped, murmurando para ella misma. Se le había ocurrido que las dos mujeres mortales en el muelle podían estar ebrias, pero está definitivamente lo estaba, pensó secamente mientras ella se tambaleaba ligeramente a los lados y luego caía. El no fue el único que lo noto, se dio cuenta Mortimer, mientras ambas mujeres en el muelle se giraban y destellaban una lámpara de la mano de la de la cola de caballo, inundando a la mujer caída con la luz mientras se ponía de pie.
“¿Sam? ¿Estás bien?”
Atrapada en el haz como lo estaba, Mortimer le hecho una buena mirada a la tercera mujer. Sus rasgos sugerían que ella estaba relacionada con las otras dos, pero ella era definitivamente diferente en su cuerpo. Mientras que las otras dos eran curvilíneas y voluptuosas, esta era alta, magra, y plana del pecho. Su cabello era tan negro como la noche y caía en una recta cortina, enmarcando su rostro lleno por unos enormes, ojos oscuros; una nariz ligeramente torcida; y una boca grande que estaba torcida en una mueca de pena.
“Si, si,” contesto la mujer llamada Sam en una risa mientras se sacudía una gran mancha oscura en su camiseta. No solo se había tambaleado sobre sus propios pies, ella había derramado su trago.
Chasqueando con irritación, la mujer se giro de nuevo hacia la cabaña. “Regresare enseguida.”
“Oh, no te preocupes en cambiarte, Sam,” una de las mujeres, la del cabello corto, dijo. “No hay nadie aquí para impresionar.”
“Seee, pero esta pegostiosa, Alex,” se quejo la mujer llamada Sam
“Y. Aun tenemos que tomar nuestra primer nadada nocturna. Eso lo enjuagara.”
“Cierto.” Una lenta sonrisa clamo los labios de Sam, y continúa hacia abajo al muelle.
Un silbido bajo llamo la atención de Mortimer hacia un lado para ver que Bricker se le había unido y estaba comiéndose con los ojos a las vecinos con una completa apreciación masculina.
“Tal vez la cabaña de campo no será tan mala,” susurro Bricker, y luego alejo su mirada de las mujeres para preguntar susurrando, “Desviado, ¿no?”
Mortimer se encogió de hombros. “Oí risas y vine a investigar.”
El joven inmortal asintió, sus ojos cambiando de nuevo a las mujeres. “Seee. Las chicas tienden mucho a hacer eso cuando están juntas. Al menos mis hermanas lo hacen. Ellas se juntan y ríen y echan risitas y…” se detuvo y miro hacia atrás hacia el jardín contiguo mientras otro estallido de risas sonaba de las mujeres.
Mortimer siguió su mirada. Sam había alcanzado el muelle, su linterna apuntando hacia las otras dos mujeres mientras se ponían de pie. Mortimer rio mientras la miraba levantarse con sus espaldas encontradas justo mientras sus traseros chocaban y casi se enviaban la una a la otra volando del muelle en direcciones opuestas. Las risas explotaron de las mujeres mientras se estabilizaban.
“¿Y dicen que yo soy torpe?” pregunto Sam con seco entretenimiento mientras se giraba, solo para arruinar el efecto por que casi se cae de pintillas por el muelle ella misma, sin decir nada como excusa de su propia torpeza.
Mortimer sacudió su cabeza ante sus payasadas mientras otra ronda de risas irrumpía. El trió obviamente tenía un rato de beber. El apenas había tenido ere pensamiento cuando Sam dijo con disgusto, “Dios, cualquiera pensaría que estoy ebria, tambaleándome por ahí así.”
“No si ellos te conocieran y supieran lo torpe que eres,” bromeo la de la cola de caballo.
“Oh, ¿a quién le importa?” dijo la del cabello corto, a que Sam había llamado Alex. “Estamos de vacaciones. La gente puede pensar lo que quiera.”
“¡Eww! ¡Ew, ew, ew!”
El trió se detuvo abruptamente, y Sam giro su linterna hacia la chica con la cola de caballo. “¿Qué es, Jo?”
“Creo que pise una rana bebe,” salió en un gemido disgustado.
El haz de luz inmediatamente cayo para iluminar los pies de la mujer con la colita – Jo – mientras ella levantaba un pie para examinarlo.
“Parece lodo,” dijo Sam asegurándolo.
“Estaba frio y aguado,” dijo Jo insegura. Tambaleandose en su posición de cigueña, se inclino para examinar mejor el pie en pregunta y habría perdido el equilibrio y caído al pasto si Alex no la hubiera tomado del brazo y estabilizado.
“El lodo es frio y aguado,” dijo razonablemente Alex. “Además, si pisaste una rana bebe seria un panque en el suelo aquí, y no hay señales de panques de rana que pueda ver.”
Sam movió la luz por la tierra.
“No panque de rana,” señalo encogiéndose de hombros.
El haz de luz entonces de giro mientras ella daba vuelta para moverse hacia el frente una vez más, esta vez muy rápido, grito, “La ultima tiene que cocinar el desayuno en la mañana.”
Eso envió una ronda de grititos, y Mortimer miro la luz de la luna resplandecer sobre la pálida piel de la dos mujeres que se apresuraban tras de Sam hacia un pequeño trozo de playa al final del lote lo más cercano a donde él y Bricker estaban. Mientras las mujeres gritaban, la misma descripción era de alguna manera engañosa. Ellas estaban haciendo un obvio esfuerzo para mantener sus voces bajas para evitar molestar a cualquiera. Entendible considerando la hora y la manera en que el sonido se transportaba a través del agua, supuso Mortimer, y frunció el ceño mientras las mujeres se movían hacia abajo a una pequeña pendiente el borde de la costa. Ellas no habían ido dentro a cambiarse los trajes de baño. Seguro ellas estaban –
“¿Se están desvistiendo?” pregunto Bricker en un esperanzador susurro.
En vez de contestar, Mortimer se movió más cerca de la costa hasta que ellos estuvieron casi paralelos a las mujeres de nuevo. Casi por que las tres mujeres habían arrojado su ropa apresuradamente y hacían cargado hacia el agua con entusiasmados gritillos para cuando ellos se detuvieron.
“Maldición,” suspiro Bricker, deteniéndose a su lado para ver a las mujeres brincando y jadeando en el agua. “Creo que me va a gustar aquí.”
Mortimer apenas contuvo la risa que intentaba escapar a esas palabras. Algunas veces se olvidaba de cuan joven era su compañero, pero entonces algo como esto pasaba, y el recordaba que Bricker estaba debajo de los cien y aun sufría todo tipo de hables y apetitos de los que los inmortales mas grandes estaban libres.
El hombre era voraz en la mayoría de los apetitos, fuera comida, bebida, o sexo.
Eso cambiaria con el tiempo, pensó casi lleno de arrepentimiento. Comida y bebida comenzarían a saber igual y tendría menos y menos interés hasta que fuera algo con los que Bricker no se preocuparía. Mientras que el sexo… después de un par de cientos de años incluso el sexo se volvería un contratiempo y aburridamente problemático, y cuando eso pasara, pronto seria dejado como una actividad. Era solo que había tantas posiciones, tantos excitantes lugares para hacerlo, y realmente, mujeres – cuando podías leer cada pensamiento y deseo, podía ser bastante tedioso. Habiendo leído a miles de mortales, cientos de miles incluso, Mortimer había llegado a la conclusión de que las mujeres eran las preocúponas de la especie. Sus mentes parecían consumidas con preocupaciones acerca de todo desde cómo hasta que servir en la siguiente comida. Se preocupaban acerca de la salud de todos y cada uno de los que amaba a su alrededor, preocupadas acerca de las finanzas, acerca del tiempo, acerca de si estaban atendiendo las necesidades de todos. Se preocupaban del incremento del crimen, las amenazas de terrorismo, envejecer… la lista de preocupaciones era interminable y exhaustiva solo de tener que leerla de sus pensamientos. Mortimer no podía imaginar tener que vivir con tales niveles de ansiedad.
En contraste, los mortales masculinos no parecían sufrir el mismo grado de ansiedad. De lo que el había leído de las mentes mortales masculinas solo había dos aéreas donde ellos sufrían cierta clase de preocupación: en el trabajo y en la cama. Las preocupaciones de trabajo – los cual usualmente se trasladaba a preocupaciones financieras – dependían de el trabajo que tenían. La otra preocupación… bueno, tamaño y desempeño era el factor clave aquí, pero eso no era verdad con todos los hombres. Algunos hombres pensaban que eran ‘colgados’ o que eran súper hábiles en la habitación. De cualquier modo, una rápida lectura de la mente de su esposa o novia a menudo probaba que era un pensamiento delirante por parte del hombre.
Un afilado jadeo y chapoteo llamo su atención de nuevo hacia las mujeres en el lago. La luz de la luna era reflejada por el agua y brillaba en sus pieles mojadas, haciendo mas fácil para el verlas. Sus pieles eran excepcionalmente pálidas, o parecían serlo bajo la luz de la luna.
“Son hermanas.” Bricker susurro las palabras para prevenir que las mujeres lo escucharan. “Esta es la cabaña familiar. Ellas llegaron hace como una hora, descargaron su vehículo, desempacaron todo, y esta es su tradicional primera noche de chapuzón desnudo.”
El simplemente asintió. Bricker estaba obviamente leyendo de la mente de una – o todas – de las mujeres. Mortimer no se había molestado en hacerlo el mismo, y no sabía. En su lugar señalo, “Nosotros aun necesitamos desempacar.”
“Seee, pero debemos esperar hasta que las niñas dejen de nadar. Ella tal vez se metan en problemas y necesiten ser rescatadas o algo y…” la voz de Bricker se extinguió cuando vio la expresión en la cara de Mortimer. “Seee, está bien. Nosotros desempacamos.”
Mortimer se giro rápidamente y escondió una sonrisa que halaba de sus labios.
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Capitulo 1 (Traducido por Jade Lorien
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