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 Capitulo 14 (Traducido por Jade Lorien)

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Capitulo 14 (Traducido por Jade Lorien)   Lun Ago 08, 2011 11:03 am

Catorce

“No puedes convertir a Inez sin su permiso.”
Thomas frunció el ceño mientras Etienne repetía el enunciado y deseo no haberle nunca mencionado sus planes, pero simplemente había continuado y lo había hecho. De hecho, deseaba haber golpeado mejor a su primo en la cabeza en lugar de detenerse a si mismo en el ultimo momento cuando se dio cuenta de quien acababa de salir de la habitación.
Después de haber dejado a Inez en la sala, Thomas había subido las escaleras, la lámpara lista para golpear un trasero inmortal. El había llegado al descanso, justo aproximándose a la única puerta cerrada – la de la cama doble – cuando repentinamente había sido abierta y Etienne había salido.
Thomas había bajado la lámpara con alivio y entonces los dos hombres se había saludado con un abrazo y Rachel había salido de la habitación mientras Etienne le explicaba que él había llegado a su fecha de entrega y que ella se las había arreglado para tener algo de tiempo fuera del trabajo y habían venido para ayudar en la búsqueda.
El gruñón hombre de al lado lo había dejado entrar en la cabaña cuando habían llegado. El no había estado complacido de haber sido sacado de su cama en medio de la noche, pero Etienne se había deslizado en sus pensamientos y había suavizado todo el evento en su mente antes de enviarlo a dormir. Cuando el despertara en la mañana, el hombre pensaría que había dormido apaciblemente por la noche.
Cuando Rachel había preguntado que habían descubierto hasta ahora, Thomas había recordado a Inez y se había apresurado de nuevo escaleras abajo y hacia la sala con ellos a sus talones.
Rachel le había dado un vistazo a la mujer inconsciente yaciendo pálida y chorreando en el sofá y había enviado a Thomas escaleras arriba por una pijama o algo que la cambiaran. Thomas se había apresurado por las escaleras, abierto la maleta de Inez, miro un sexy negligé que había sido comprado y enviado al hotel en Ámsterdam, y rápidamente cerró la maleta. Maldito fuera si iba a dejar que Etienne la viera con eso. Entonces fue por su propia mochila y saco una playera, seguro de que – pequeña como ella era – llegaría bien debajo de sus rodillas. El se la había llevado abajo a Rachel solo para encontrarse a ambos él y Etienne echados de la habitación mientras Rachel desvestía a la mujer inconsciente reemplazando sus ropas mojadas con la camiseta.
Los dos hombres habían esperado en la cocina hasta que ella había terminado y entonces Thomas les había dado un rápido repaso de lo que había ocurrido y las deducciones a las que había llegado antes de dirigirse a las escaleras para cambiarse. De camino a las escaleras, miro hacia la sala para ver que Inez estaba dormida y debajo de la manta en el sofá.
Etienne se había aproximado mientras él la estaba viendo y había dicho en voz baja, “Bastien dice que ella es tu compañera de vida.”
Thomas asintió. “Ella lo es y la convertiré tan pronto como termine de cambiarme.”
“¿Ya ha accedido ella?” pregunto Etienne con sorpresa.
“No, pero voy a hacerlo de todos modos,” anuncio Thomas y se giro para subir las escaleras.
Inhalando rápidamente, Etienne inmediatamente había ido tras de él para discutir el punto mientras se cambiaba. Para el momento en que Thomas había terminado y comenzó a salir al pasillo, la discusión se había vuelto bastante acalorada. Solo la visión de Rachel en el pasillo los había calmado. Desafortunadamente, no había hecho que Etienne de callara.
“No puedes,” repitió firmemente Etienne, siguiéndolo cuando comenzó a bajar las escaleras.
“Tu convertiste a Rachel sin tener primero su permiso,” gruño Thomas con resentimiento.
“Rachel no estaba consciente. No podía obtener su permiso,” señalo Etienne, a sus talones. “Y ella estaba muriendo; era la única manera de salvarla.”
“Bueno, Inez casi muere esta noche,” discutió Thomas mientras bajaba el ultimo escalón y cruzaba el pasillo hacia la puerta de la sala.
“Pero no lo hizo,” gruño Etienne, perdiendo algo de su paciencia.
“Solo por pura suerte,” dijo Thomas en un suave siseo para evitar despertar a Inez mientras alcanzaba el costado de sofá donde ella estaba durmiendo. Miro hacia abajo a su figura durmiente con preocupación.
“No seas tan malditamente obstinado. Cuando ella despierte le puedes preguntar y si ella accede la puedes convertir.”
Thomas se tenso y luego se giro, su corazón amarilleando con alarma ante la sugerencia. “¿Y que si ella se rehúsa?”
Etienne se detuvo y lo miro en silencio, obviamente inseguro de que decir para tranquilizarlo. Fue Rachel quien hablo. Siguiéndolos a la habitación, ella deslizo su mano en la de su esposo, presentando un frente unido mientras preguntaba en voz baja, “¿No lo has discutido para nada con ella?”
Thomas miro a lo lejos. “Ella sabe que es mi compañera de vida, y un poco acerca de la conversión, pero ella no ha accedido a ninguna de las dos ser mi compañera de vida o ser convertida.” Su boca se frunció con displicencia mientras admitía, “Quiero darle tiempo para considerarlo.”
“Bueno, ella necesita algo de tiempo para pensar,” dijo Rachel lentamente. “Tal vez ella no se niegue.”
“¿Pero y que si lo hace?” persistió Thomas y admitió dolorosamente, “no quiero perderla, Rachel, y si la convierto ahora, no lo hare.”
“¿Estás seguro?” pregunto Rachel en voz baja. “Convertirla sin su permiso puede de hecho hacer que la pierdas. Yo no estaba feliz de haber sido convertida sin mi permiso, pero cuando me explicaron que Etienne lo había hecho para salvar mi vida, lo comprendí. Inez puede ser un asunto completamente diferente. Ella puede estar resentida de que su decisión fuera desechada y puede que nunca te perdone por ello.”
Thomas se encorvo y dejo salir su aliento en un suspiro, sabiendo que ella estaba en lo correcto, pero… levantando su cabeza admitió, “Prefiero perderla de mi vida, pero saber que ella está viva y a salvo que perderla por completo por la muerte.”
Los ojos de Rachel se ensancharon ligeramente y luego se deslizo hacia un lado y hacia atrás antes de que ella clarificara, “¿Estarías dispuesto a vivir solo y sin compañera de vida por el resto de tu vida solo para asegurarte de que Inez está bien?”
Thomas asintió solemnemente.
“Entonces debes de amarla mucho,” dijo ella en voz baja.
“Ella es la mujer que he estado esperando toda mi vida.”
Un sonido a un lado hizo que Thomas mirara hacia el sofá. Se tenso mientras veía que los ojos de Inez estaban abiertos y ella estaba luchando débilmente por sentarse, sus ojos ensanchados mientras lo miraba.
“Inez,” poniéndose rápidamente a su lado, el la levanto en sus brazos y se sentó en el sofá, enderezándola en su regazo. Sosteniéndola ahí, Thomas la presiono cerca y acaricio su espalda, su mirada preocupara mientras miraba su pálido rostro. “¿Cómo te sientes? ¿Estás bien? Pareces tan pálida,” agrego nerviosamente.
Inez lo miro en silencio, su expresión solemne y luego asintió y se giro hacia Rachel y Etienne mientras el ruido de la ropa acompañaba su movimiento por la habitación.
“Este es mi primo, Etienne, y su esposa, Rachel. La Tía Marguerite es la madre de Etienne. Han venido para ayudarnos a encontrarla.”
Inez se las arreglo para sonreír un poco y asentir, pero no intento hablar mientras ofrecía su mano a la pareja para saludar. Recordando que su voz había sido rasposa y débil cuando ella había intentado hablar en la orilla del rio, Thomas pregunto, “¿Te arde la garganta?”
Inez asintió de nuevo e intento decir “si” pero salió un doloroso sonido.
“Veré si hay algo de miel o algo que clame tu garganta en la cocina,” dijo Rachel y soltó su mano.
“Gracias,” dijeron juntos Thomas e Inez, pero la voz de él fue la única que se oyó. El frunció el ceño y dijo, “Deja de intentar hablar. Solo te lastimaras.”
“Entonces conviérteme y detén el dol –“su rasposa voz murió mientras ella era clamada por un ataque de tos.
Thomas apenar y noto que Rachel se había detenido en la puerta y se había girado con los ojos ensanchados. Su corazón se había brincado en su pecho y su mirada estaba fija en la mujer en sus brazos. El simplemente la miro hasta que el ataque termino y ella cayo contra su pecho exhausta, luego se puso de pie y la sostuvo más cerca mientras se dirigía a la puerta. “La oyeron. Ella me dio permiso.”
“Solo un minuto,” dijo Etienne afiladamente apresurándose detrás de él y tomando su brazo para detenerlo.
Thomas se detuvo renuentemente entre Rachel y Etienne y se giro para que pudiera verlos a ambos. Mirando a su primo impacientemente, pregunto, “¿Ahora qué?”
Etienne dudo y luego miro a Inez y dijo, “¿Sabes a lo que estas accediendo a hacer?”
Ella asintió solemnemente.
“Los vampiros son eternos, Inez,” dijo en voz baja. “O lo suficiente para que parezca una eternidad.”
“Gracias muchas gracias,” dijo Rachel desde la puerta en tonos secos.
Etienne frunció el ceño ante su esposa. “Tú sabes a lo que me refiero.”
Cuando Rachel asintió ligeramente, el se giro de nuevo hacia Inez. “¿Estás segura de que quieres hacer esto?”
Ella asintió de nuevo.
“¿Te das cuenta de que serás su compañera de vida? ¿Por siempre?” persistió Etienne.
Inez asintió una vez más, pero cuando Etienne abrió su boca para hablar de nuevo, Rachel chasqueo impacientemente. “Solo pregúntale lo que realmente quieres saber.”
Thomas levanto las cejas mientras Rachel se movía ahora enfrente de ellos y miraba solemnemente a Inez.
“Lo siento, pero tengo que preguntar esto. Amamos a Thomas. El es un gran chico y merece ser amado. ¿Lo amas? ¿Es ese amor lo suficientemente fuerte para durar siglos?”
Thomas miro hacia abajo a Inez, y a pesar del hecho de que él estaba casi seguro de que ella había estado intentando decirle que lo amaba cuando estaban en el rio, ella lo encontró sosteniendo el aliento. Ella no simplemente asintió esta vez, sino que considero la pregunta que Rachel estaba demandando. Ella se tomo otro momento, su expresión pensativa, y luego ella giro su solemne mirada hacia el por otro momento antes de girarse de nuevo hacia Rachel y asentir.
Dejando salir su aliento en un gesto de alivio, Thomas se giro para seguir a la puerta. “La oyeron. Voy a convertirla.”
“Maldita sea Thomas, espera un minuto,” espeto Etienne, apresurándose detrás de él mientras comenzaba a subir las escaleras. “No puedes hacer esto.”
“El infierno si puedo. Puedo y voy a hacerlo justo ahora.”
“Deja de pensar con tu pito y usa tu cabeza,” espeto Etienne. “¿Tenemos suficiente sangre para convertirla? ¿Y qué hay del dolor?”
Fue la segunda pregunta la que lo detuvo en la cima de las escaletas. Frunciendo el ceño, miro a Etienne mientras el hombre se apretujaba para pasar enfrente de ellos en el descanso. Rachel los siguió, y Thomas no pudo dejar de notar que ella estaba mordiendo su labio y parecía preocupada ahora.
“Es doloroso,” dijo solemnemente Etienne, su mirada enfocada en la cara de Inez mientras hablaba.
Notando la trepidación que ahora crecía en el rostro de Inez, Thomas frunció el ceño. “Deja de intentar espantarla.”
“No lo hago pero ella debe saber que no todo es feliz, feliz, alegría, alegría,” dijo firmemente Etienne y luego se giro hacia Inez de nuevo. “No estoy hablando de dolor de muelas. Estoy hablando de agonía intolerable, hundiéndote en un recorrido de acido que te come desde adentro, horrible, una pesadilla, dolor desesperante que te hace desear que alguien simplemente pusiera una bala en tu cerebro y terminara todo… o te cortara la cabeza ya que serás inmortal y una bala no podrá matarte.”
Thomas sintió que Inez se encogía contra su pecho y espeto, “Cállate, Etienne. ¿Cómo sabes lo que sea acerca de eso? Tu naciste como uno y dormiste durante la conversión de Rachel.”
“Estaba inconsciente,” corrigió rápidamente Etienne y luego lo reto, “Y se que estuviste en el cambio de Greg. Dile que no es verdad, si puedes.”
Cuando Inez giro hacia él a manera de pregunta, Thomas suspiro tristemente. El no podía mentirle. De lo que había visto y se le había dicho era un viaje lento al infierno.
“Lo siento,” dijo el finalmente. “Es muy malo. Quisiera poder pasar por ello por ti, pero…” el sacudió su cabeza.
“No tiene que ser de esa manera,” dijo Etienne en voz baja. “A pesar de lo que pienses no estoy intentando detenerte, simplemente estoy intentando hacerte ir más lento. Mejor que hacerlo ahora, ¿por que no llamas a Bastien y haces que arregle la sangre y las drogas para que sean enviadas aquí para que ella pueda ser convertida con un poco menos de dolor?” El miro a Inez luego y dijo educadamente, “Las drogas no detienen el dolor, pero lo facilitan un poco, lo suficiente, al menos, para que no te vuelva loca al final.”
Cuando sus ojos se ensancharon, Thomas hizo una mueca. El había olvidado ese pequeño detalle. Había registro de ocasiones cuando los conversos había terminado bastante locos, sus mentes habían sido golpeadas por la interminable agonía. Seguro que ella no querida ser convertida después de esto, y él no estaba seguro de que pudiera soportar verla sufrir tanto, Thomas se giro y comenzó a bajar la escaleras, gruñendo, “Llama a Bastien, entonces, y consíguelo. Mientras tanto, le voy a conseguir algo de miel para su garganta.”
“Puedes bajarme,” susurro Inez cuando Thomas la llevo cargando a la cocina e intento abrir la alacena sin soltarla.
“No. Casi te pierdo. No te voy a dejar en ningún lado. Te vas a quedar conmigo hasta que atrapemos a este bastardo. Y deja de intentar hablar,” murmuro él, finalmente la coloco en el mostrador y mantuvo una mano alrededor de su cintura mientras abría las alacenas y buscando en ellas con su mano libre.
Mucha para su alivio, un frasco de miel había estado entre los víveres ordenados y entregado a la cabaña. Cerrando sus dedos alrededor de él, Thomas deslizo un brazo debajo de las piernas de ella, llevándola hacia la sala y sentándose en el sillón con ella. Estirando sus brazos alrededor de ella para poner ambas manos en el frasco, mientras abría la tapa y luego dudaba mientras se daba cuenta de que había olvidado una cuchara.
Una mira hacia Inez le mostro que ella estaba mordiendo su labio, con diversión destellando en sus ojos.
Thomas sintió que una risa burbujeaba en su propio pecho ante su ridículo comportamiento y luego suspiro. “Voy a dejarte en el sillón e iré por una cuchara.”
Inez asintió. “Puedes hacer eso,” susurro ella. “O puedes usar tus dedos.”
Thomas miro el desafío en sus ojos, y entonces hundió un dedo en el tarro de miel y lo saco para mantenerlo delante de ella. Inez se inclino hacia el frente, abrió su boca y la cerro alrededor de su dedo, lentamente llevando sus labios por toda la longitud de su dedo, sus ojos fijos en los de él todo el tiempo.
“Maldición,” Thomas respiro mientras el Pequeño Thomas cobraba vida debajo del trasero de ella.
Cuando su dedo se deslizo libre de su cálida, húmeda boca, Inez sonrió como un gato satisfecho y se lambio los labios. Thomas vio esa pequeña lengua rosada deslizarse sobre aquellos suaves, labios llenos y sintió que el Pequeño Thomas estaba jadeando por su vida. Cuando ella termino y levanto una ceja, el rápidamente tomo mas miel y la sostuvo.
“Por amor de Dios, Thomas. Usa una cuchara.”
El Pequeño Thomas cayo desmayado mientras Thomas se giraba molesto para ve a Rachel de pie en la puerta sacudiendo la cabeza.
“Te traeré una.” Aun sacudiendo su cabeza, Rachel salió por el pasillo en busca de una cuchara.
“Solía caerme bien,” dijo Thomas tristemente, mirando el marco de la puerta vacio después de que ella se había ido y luego miro rápidamente a Inez mientras ella caía de nuevo contra el haciendo sonidos alarmantes.
Rápidamente dejando la miel, Thomas la tomo de los brazos y la enderezo rápidamente alejándola de su pecho para ver su cara y descubrir que hacer para ayudarla, pero se detuvo con sorpresa cuando se dio cuenta que ella se estaba riendo.
“¿Qué es tan divertido?” pregunto él con confusión, lo que solo trajo otra ronda de mas bien horribles sonido de ahogamiento de ella.
“Aquí. Tu puedes –“Rachel había entrado en la habitación, sosteniendo la cuchara delante de ella, pero repentinamente se detuvo, sus ojos ensanchándose antes de apresurarse hacia el frente. “¡Dios, Thomas, has derramado la miel por todos lados!”
El miro hacia abajo mientras ella recogía el tarro del regazo de Inez y notaba que él había de hecho derramado toda la miel. Estaba sobre todo su regazo, brillando sobre sus muslos desnudos donde la camiseta se había levantado, sin mencionar los deliciosos lugares que aun estaba cubiertos en su mayoría.
“Así que lo he hecho,” murmuro Thomas y se puso de pie abruptamente llevando a Inez rodeando a Rachel y fuera de la habitación.
“¿A dónde vas?” pregunto Rachel con sorpresa, siguiéndolos a la puerta.
“Solo voy a ver que se limpie,” dijo Thomas mientras se apresuraba escaleras arriba, llevando a Inez en sus brazos. “Estaremos de regreso para oír lo que Bastien dijo después… tal vez mucho después. Inez está cansada y necesita una siesta.”
El alcanzo la cima de las escaleras para entonces y se apresura rápidamente a la habitación con camas gemelas, pateando la puerta para cerrarla detrás de él. Inez estaba haciendo esos terribles sonidos rasposos, ahogados de nuevo, su cuerpo temblando por risa en sus brazos, pero Thomas no le ordeno que dejara de reírse para salvar su voz. En su lugar, el simplemente la beso para callarla y no se detuvo hasta que la risa murió y un gemido quebrado se deslizo de su boca.
Satisfecho, el levanto su cabeza para mirarla.
Inez abrió sus ojos y elevo una ceja y dijo en un susurro, “¿Pensé que ibas a limpiarme? ¿No deberías de llevarme al baño para eso?”
“Oh no,” le aseguro Thomas, moviéndose hacia la cama. “No necesitamos un baño para esto.”
Inez sonrió con duda. “Necesitara al menos un trapo húmedo y una toalla, Thomas, estoy llena de miel. Comenzó en mis piernas pero tu brincoteo la envió en todas direcciones.”
“Lo sé,” sonrió el. “Y removeré hasta la última gota, lo prometo. Estoy de humor para algo dulce.”
“Oh,” inhalo Inez, sus ojos ensanchándose mientras el yacía con ella en la cama y cambiaba su atención para mantener su promesa.






“Buenos días, Inez. Espero que te sientas mejor esta mañana.”
Inez se detuvo junto en la puerta de la cocina, su cabeza girándose afiladamente para encontrar al hombre sentado en el desayunador. Sus ojos se ensancharon con sorpresa mientras veía a Bastien Argeneau, sentado a la mesa pareciendo pensativo. El vestía jeans y camiseta que lo hacía parecer de veintiséis o siete. Ella nunca había visto al gran jefe de Argeneau Enterprises verse tan casual. Eso la hacía sentir un poco incomoda en los pantalones de vestir negros y la blusa roja que se había abotonado caminando. Inez no usa usualmente colores brillantes, pero ella se había vestido a oscuras para evitar despertar a Thomas y había elegido sus ropas por tacto más que por color.
“Buenos días, Bas – Sr. Argeneau,” se corrigió rápidamente. Mientras Thomas, y ahora Etienne y Rachel, continuaban refiriéndose hacia él como Bastien, y ella había comenzado a pensar en el de esa manera, el aun era su jefe y como tal era el Sr. Argeneau para ella.
“Puedes llamarme Bastien,” dijo él con una sonrisa. “De lo que he oído, vamos a ser parientes.”
Inez se sonrojo, pero no sabía que decir. Nadie le había dicho nada acerca de matrimonio a ella. Todo lo que Thomas había dicho era que él quería convertirla y que ella era su compañera de vida. El matrimonio no había salido.
Forzando una sonrisa para Bastien, ella movió sus pie, y luego pregunto, “¿Quiere un poco de te?”
“Gracias,” murmuro Bastien y luego agrego, “veo que aun tienes un poco rasposa la garganta. ¿No ayudo la miel?”
Los ojos de Inez se abrieron con mortificación ante la pregunta y ella fue rápidamente por la cafetera en el mostrador, su mente apresurándose. ¿Qué le habían dicho Rachel y Etienne al hombre? Se pregunto mientras ella removía la tapa, y la colocaba en el mostraros, y luego se movía hacia al fregadero para llenarla con agua.
“¿Pasa algo malo?” pregunto Bastien, pareciendo preocupado.
“No,” grazno ella mientras cerraba el agua. Inez entonces se giro de vuelta a la parilla, deteniéndose abruptamente cuando encontró a Bastien ahí. Ambos jadearon mientras el agua se salía de la jarra y le mojaba todo el frente.
“¡Oh!” grito Inez con alarma y se apresuro a colocar la jarra en el mostrador para tomar una toalla y secar el líquido. Maldiciendo en portugués, ella presiono la tela contra su pecho, golpeteándolo con ella y siguiendo la mancha más grande hacia abajo.
“Buenos días.”
Inez miro, sonrojada, hacia la puerta para ver a una hermosa mujer con largo cabello castaño, sonrisa ancha, y ojos divertidos. La prometida de Bastien, Terri Simpson. Ella esta vestida casual en jeans y una camiseta que decía, “Yo quiero beber tu sangreeee,” noto Inez, y ella tuvo que morder su labio para evitar reírse. Ella había conocido a la mujer en Nueva York y le había caído bien. Sabiendo acerca de su especie y ver la camiseta que ahora vestía solo hizo que le cayera mejor.
Continuo secando a Bastien, Inez sonrió y dijo, “Hola, Srita. Simpson, solo estaba - ¡Oh!” Inez alejo su mano que sostenía la toalla mientras miraba de nuevo y veía que ella había continuado a ciegas secando el agua todo el camino hasta la entrepierna del hombre.
Sonrojándose con mortificación, ella miro hacia abajo a la toalla en su mano, temiendo levantar su cabeza y ver la expresión en la cara de su jefe… o la de su prometida en todo caso. Estúpida mano, pensó Inez con desesperación. ¿Cómo podía ser ella tan competente en los negocios y tan incompetente en situaciones sociales? ¡Por amor de Dios! Ella nunca había hecho algo tonto en el trabajo. Gracias a Dios por eso. Seguro, Bastien nunca habría accedido a que ella fuera vicepresidenta si hubiera sabido que tonta era cuando estaba lejos del trabajo. Ella estaba siempre tropezando. El probablemente iba a despedirla ahora que él sabía lo idiota que era ella. El iba –
“¿Inez?” dijo gentilmente Bastien, tomando la toalla de su mano. “Está bien. No creo que eres una idiota.”
Ella miro hacia arriba preocupadamente para ver la diversión chispeando en los ojos de él mientras la miraba.
“No. El nunca pensaría eso,” le aseguro Terry, repentinamente a su lado, deslizando un brazo alrededor de ella para llevarla hacia la mesa del desayunador. “Y sabemos que no eres una tonta. Bastien ha estado alardeando por días acerca de que eres su mejor maldita empleada que tiene en Inglaterra y maldiciendo a Thomas por alejarte de él.”
“¿Lo hizo?” pregunto ella con sorpresa.
Terri asintió. “Ahora, solo siéntate y relájate. Tuviste suficiente excitación anoche. Hare el te mientras Bastien se seca solo.”
“Gracias,” murmuro Inez mientras se sentaba. Entonces ella observo a la pareja vagar por la cocina, moviéndose en lo que más bien parecía un baile coreografiado alrededor y cerca del otro en la cocina.
Ellos trabajaban bien juntos, noto Inez. Terri volvió a llenar la jarra mientras Bastien terminaba de secarse, luego Terri se deslizo junto a él, sus cuerpos acariciándose y las sonrisas intercambiándose mientras ella colocaba la jarra de nuevo en la base eléctrica mientras el extendía la toalla en el mostrador para que se secara. Ellos se encontraron de nuevo intercambiando sonrisas y rozándose entre sí mientras ella se movía para sacar las tazas y Bastien encontraba las bolsas del té. Él tenía el contenedor abierto para cuando Terri había bajado las tazas, y entonces coloco las bolsas en cada taza y dejo el contenedor mientras ella tomaba azúcar de la alacena. Y, finalmente, frotaron sus cuerpos de nuevo en el paso mientras ella iba a los cajones a sacar las cucharas y el iba al refrigerador para sacar un cartón de leche.
Un pequeño suspiro se deslizo de los labios de Inez mientras ella se preguntaba su ella y Thomas trabajarían tan bien juntos.
“Estoy segura de que lo harán,” dijo Terri mientras llevaba las cucharas a la mesa.
Inez se tenso mientras se daba cuenta de que la mujer había leído su mentes, y luego sus cejas se elevaron mientras se daba cuenta de que ambos debían de haber leído su mente antes para saber que ella había pensado en las palabras tonta e idiota. Ellos estaban husmeando en su cabeza, pensó ella con desmayo y no poco enojo.
“No estamos husmeando,” le aseguro Bastien mientras el colocaba la crema y la azúcar en la mesa. “Me temo que estas proyectando tus pensamientos.”
“El está en lo correcto,” coincidió Terri mientras regresaba al mostrador para esperar a que el agua hirviera. “No he entendido bien aun como leer los pensamientos a menos de que me sean proyectados como los tuyos. Es por qué estas molesta,” le informo amablemente. “Estas incomoda y nerviosa por qué no estás segura de cómo actuar alrededor de Bastien ahora que estas involucrada con Thomas, y apenada por todo el asunto de secar-su-regazo, así que – en tu alteración – estas proyectando tus pensamientos.”
“Oh.” Inez se reclino con un suspiro. Ella no estaba segura de que era proyectar, pero creía que ella lo estaba haciendo de todas maneras.
“Y solo para que conste,” agrego Terri, tomo la jarra mientras comenzaba a hervir y automáticamente se apago. “Me caíste bien también cuando nos conocimos en Nueva York, y aun lo haces, incluso aunque no estés vistiendo una camiseta de onda.”
Inez parpadeo ante en sencillo anuncio y luego miro a su jefe mientras se reía suavemente.
“¿No es ella maravillosa?” pregunto Bastien cuando noto que ella lo miraba.
Inez asintió al momento, sus ojos ensanchados. Ella nunca había visto este lado de él antes. En el trabajo, el siempre era alivianado y eficientes tanto como ella sabía. Pero el hombre obviamente adoraba a su prometida… y era adorado de regreso, decidió ella cuando Terri trajo los tres tés a la mesa y luego lo beso. Comenzó como un tierno, afectivo roce de labios, pero luego comenzó a calentarse e Inez mordió su labio y miro hacia otra parte, preguntándose si debía de dejar la habitación. También preguntándose si ella y Thomas eran así de malos.
“Te aseguro que tu y Thomas son justo así de malos,” Dijo socarronamente Bastien mientras él y Terri se separaban y tomaban asiento en la mesa. “Y no hay necesidad de que salgas de la habitación. De hecho, quería hablar contigo.”
“Oh.” Inez se enderezo un poco en su asiento, intentando presentar un frente de negocios. Suficientemente extraño, era difícil. Ella no había pensado en el trabajo desde que Thomas había llegado a Inglaterra y se sentía fuera de práctica.
“No son negocios,” dijo Bastien solemnemente.
“Okay.” Inez se relajo un poco, pero entonces frunció el ceño y dijo. “No me di cuenta de que ustedes dos estaban aquí anoche también. Pensé que solo eran Etienne y Rachel.”
“Lo eran.” Terri levanto su tasa para soplar el líquido caliente de manera gentil, antes de agregar, “Nosotros llegamos justo antes de medio día.”
Inez asintió, pero se sorprendió de que ellos hubieran viajado durante el día. Thomas había necesitado mucha sangre el día que ellos había turisteado por Ámsterdam antes de irse.
“Nos almacenamos de sangres,” le aseguro Bastien, leyendo sus pensamientos de nuevo. “Traje suficiente en el avión para que nos las arregláramos en el viaje y ver lo de tu conversión también.”
“Etienne se levanto y nos dejo pasar,” agrego Terri.
“Si, y luego nos quedamos despiertos un rato y hablamos antes de dormirnos.”
“¿Dónde durmieron?” pregunto Inez frunciendo el ceño. Solo había dos habitaciones y ambas estaban ocupadas.
“Ambos sofás en la sala son convertibles,” explico Bastien.
“Lo cual es bueno,” anuncio Terri y luego explico, “Finalmente atrapamos a Lucern y Kate y ellos también vienen en camino para ayudar a buscar a Marguerite. Ellos deben de llegar en algún punto en la noche.”
“¿Lucern y Kate?” pregunto Inez insegura.
“Lucern es el hermano mayor de Bastien y Etienne,” dijo Terri. “Kate es su compañera de vida. El escribe novelas románticas y ella lo hace también ahora, aunque ella solía ser su editora. Ella también es mi prima.”
“Oh. Creo que Wyatt los ha mencionado,” dijo Inez, pero estaba pensando que la cabaña esta cerca de volverse algo concurrida.
“Oí que alguien se estaba moviendo escaleras arriba,” dijo Terri en voz baja.
Bastien se tenso y parecía casi alarmado mientras miraba hacia el techo. Se sentó quieto y tenso, escuchando por un momento, y luego repentinamente se relajo, diciendo, “Es Etienne. Thomas siempre fue un dormilón.”
Inez sintió la trepidación que ascendía por su cuello ante esas palabras. Ellos parecían sugerir que su tensión era porque podría haber sido Thomas. ¿Por qué lo alteraría que fuera Thomas el que se despertara?
“Por qué queremos hablar contigo antes de que el baje,” dijo Bastien en voz baja. “De hecho, temo que si no hubieras bajado cuando lo hiciste, me hubiera deslizado en tus pensamientos y te hubiera traído aquí abajo.”
Inez se reclino de nuevo, sus ojos ensanchándose con disgusto distintivo ante lo que ella consideraba una trampa. Habían experimentado el ser controlada, ella no estaba dispuesta a mirar amablemente a cualquiera que sugiriera que podría hacerlo.
“No seria como lo que te paso anoche,” dijo Bastien en voz baja. “Habría apaciguado tus pensamientos para que no estuvieras tan asustada.”
“”Aun así hubiera sido forzarme a hacer algo en contra de mi voluntad,” señalo ella fríamente.
“Si, lo sé,” admitió Bastien a manera de disculpa. “Y nosotros generalmente no lo hacemos a menos de que sea necesario. Con la mayoría de los mortales eso constituye evitar que aprendan algo que podría dañar a nuestra gente y a nosotros mismos.”
“¿Y conmigo?” pregunto ella, su acento un poco más denso con su enojo.
“Por que necesitábamos hablar contigo sin Thomas,” dijo el simplemente.
“¿Por qué?” espeto Inez, si preocupación yendo a todo.
“Anoche Bastien y yo llegamos a una manera de encontrar a Madre,” anuncio Etienne desde la puerta. Entrando en la habitación mientras todos miraban en su dirección, se movió hacia la tetera y comenzó a hacerse a sí mismo un té con el agua hervida mientras continuaba, “Pero sabíamos que Thomas nunca lo consideraría y queríamos ver que pensabas tu sin el aquí diciendo ‘¡No!’ y sacándonos de aquí.”
“Y antes de que preguntes, estamos seguros de que el no estará complacido con nuestra idea, por que nosotros no estaríamos complacidos con ella si fuera Terri o Rachel a la que le pidiéramos que hiciera esto,” dijo Bastien, su voz baja. “De hecho, no estoy muy feliz de pedirte que lo hagas, pero no pudimos pensar en otra manera.”
Inez miro lentamente a cada una de las personas en la habitación, notando sus serias expresiones y pensando que ello más bien apestaba como vendedores. Todo lo que habían hecho hasta ahora era asustarla tontamente, y ellos ni siquiera habían dicho lo que querían que ella hiciera.
“Cierto, claro, no estamos vendiendo bien la idea,” dijo Bastien, una pequeña sonrisa socarrona brevemente torciendo sus labios. “Primero que nada, antes de que si quiera lo mencione, quiero que sepas que eres completamente libre de decir no. No estaremos enojados o molestos ni se afectara tu trabajo ni tu aceptación en la familia. Solo esperemos que tengamos una lluvia de ideas y esperemos que algo mas se nos ocurra.”
“Es solo que parece la manera que probablemente tenga más éxito,” agrego Etienne, uniéndoseles a la mesa con su te.
“Oh chico, esto se pone mejor y mejor,” dijo Inez secamente. “Por favor solo dime qué quieres.”
Hubo silencio mientras Etienne y Bastien intercambiaban miradas y luego Bastien la encaraba solemnemente y decía, “De lo que entiendo, ¿has sido controlada y tu mente borrada dos veces y luego controlada y casi asesinada anoche?”
Inez asintió lentamente, esa horrible sensación de trepidación se convertía rápidamente en todo miedo.
“El parece haberse enfocado en ti,” señalo Etienne.
“Probablemente por que soy la única vulnerable,” dijo Inez secamente. “El no puede controlas a Thomas o a cualquiera de ustedes.”
“Esperamos que el no sepa que el resto de nosotros estamos aquí,” dijo Etienne. “El presumiblemente te este rastreando q ti y a Thomas cuando Rachel y yo llegamos, y era de día cuando Bastien y Terri llegaron.” El sacudió su cabeza. “El no sabe que estamos aquí… lo que es nuestro beneficio.”
Antes de que Inez pudiera preguntar por qué, Bastien continuo, “El punto es que él se enfoca en ti, y esperábamos usar eso para atraparlo y que podamos hacer preguntas y obtener respuestas de él. Esperamos descubrir donde esta Madre.”
“Quieren que sea la carnada en esta trampa,” dijo ella lentamente.
“Me temo que si,” asintió Bastien. “Y necesitamos que lo hagas de inmediato, antes de que se dé cuenta de que el resto de nosotros estamos aquí, lo que significa que no puedes ser convertida hasta después… lo que te deja un poco vulnerable.”
“¿Lo harías?” pregunto Etienne.
“¡No, con una maldición no lo hará!” dijo Thomas fríamente desde la puerta.
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Capitulo 14 (Traducido por Jade Lorien)
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