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 Prologo (Traducido por Mariana Agnelli de Rito de Sangre)

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Prologo (Traducido por Mariana Agnelli de Rito de Sangre)   Lun Ago 01, 2011 6:47 pm

Hombre. Mito. Monstruo 1873
Escrito por Solace Walters
Dicen que el camino hacia el infierno está cubierto de buenas intenciones. En el caso de William Jessup Brady, fue tallado a mano con un rifle Henry sobre su hombro y una pistola Smith & Wesson atada a su cadera.
En un tiempo cuando el mundo estaba en su momento más violento, el es el más malo de todos.
Sin domesticar, incivilizado. Un perro mestizo parido por las más bajas entrañas del diablo, el es la peor de las basuras que persigue nuestros pueblos y mata indiscriminadamente.
Nadie está a salvo o es inmune a su furia. Nadie está a salvo de su puntería. Asesino a sueldo, el no se achica ante ningún blanco. Hombre, mujer o niño.
Si tienes el dinero, el tiene la bala. Una bala que impactará en su víctima justo en medio de los ojos.
Hay aquellos que quieren hacer de este villano un héroe romántico. Hay quienes piensan en él como un Robin Hood, pero Sundown Brady le saca a todos y se lo queda para él.
El realmente no tiene alma.
La recompensa por este hombre es de $50,000 - una fortuna, seguro- y aún así hay gente que está aterrorizada de inclusive intentar llevarlo ante la ley. En realidad, las autoridades continúan encontrando partes del pobre y virtuoso Marshall que cometió el error de dispararle cuando estaba asaltando un banco en Oklahoma. Ninguno de los disparos, le dio. Hay alguna duda que Brady le vendió su alma a Lucifer por inmortalidad e invulnerabilidad?
Aunque Brady no tiene pena por nadie, este reportero quiere saber si hay alguien allí afuera lo suficientemente temerario para terminar con las acciones de Brady. Seguramente alguno de ustedes, hombres decentes y de buena reputación le gustaría la fama y el dinero que vendrían de sacar del mundo al ser más siniestro que alguna vez caminó en el. Rezaré por su coraje, jóvenes hombres.
Que tengan buena puntería.
Y más que nada, les deseo buena suerte.
Todo cambia hoy. Sin poder creer que había vivido lo suficiente para ver este sueño no merecido, Jess Brady estaba parado en la parte de afuera de la Iglesia en su mejor ropa y la que más le picaba. Este era el último camino que habría esperado que su miserable vida tomara.
El había estado robando bancos y mirando con desdén a los hombres más experimentados en los duelos desde que tenía trece años. Aún así, aquí, ahora, el estaba tan nervioso como un caballo tuerto en un incendio de granja. Cada parte del él estaba nerviosa. Cada parte de él se sentía plena y viva, y por primera vez desde su nacimiento, el tenía esperanzas en el futuro.
Con su mano temblando, el sacó su viejo y curtido reloj de oro del bolsillo para mirar la hora. En cinco minutos, el dejaría su brutal pasado atrás para siempre, y renacería como un nuevo hombre. Nunca más William Jessup Brady, experto en el pocker, asesino a sueldo, y matón, el estaba a punto de convertirse en William Parker, granjero...
Hombre de familia.
Dentro de esas puertas brillantes de iglesia estaba la mujer más hermosa en el mundo, y ella estaba esperando por él para que entrara y la hiciera suya.
Los sueños se vuelven realidad. Su preciada madre le había dicho eso cuando era un niño, pero su dura vida y su borracho padre, quien había sido consumido por los celos y el odio al mundo entero, le había sacado esa creencia a patadas para cuando tenía 12 años y estaba parado sobre la humilde tumba de su madre. Nada bueno le había pasado desde el día en que ella se enfermó, y los años de su sufrimiento habían dejado una profunda amargura dentro de él. Nadie tan puro de corazón debería sufrir tanto.
Ninguna otra cosa le había vuelto a dar placer o le había hecho pensar por un segundo que el mundo fuera otra cosa que no sea miseria para los desafortunados tontos que hubieran nacido en él. Nada hasta que Matilda Aponi le había sonreído. Solo ella le había hecho creer que el mundo era un lugar hermoso y que la gente en el no eran todos animales viciosos que querían castigar a todos a su alrededor. Le había hecho querer ser un mejor hombre. El hombre que su madre le había dicho que podía ser.
Uno libre de odio y amargura.
El escuchó el sonido de un caballo acercándose. Este sería su padrino de casamiento, Bart Wilkerson. La única otra persona en su vida en la que él había confiado y el único que lo había recibido en su hogar cuando era un fugitivo de 13 años. Bart le había enseñado como sobrevivir en un mundo frío y hostil que parecía tratarlo con rencor por cada vez que respiraba. El había saltado frente a las balas tres veces para salvar a Bart y ambos habían pasado por un torbellino de cosas juntos, más que dos demonios escalando las afiladas paredes del infierno.
Como Jess, Bart estaba vestido en un oscuro traje largo con su cabello gris recién peinado. Nadie podría darse cuenta jamás, mirándolos en ese momento, que eran dos notorios delincuentes. Se veían respetables, pero Jess quería más que eso. El quería ser respetable.
Bart bajó de su caballo y lo ató al lado del carro de Jessy. Qué diablos, hasta lo había decorado con lirios, la flor favorita de Matilda.
"Estás listo, chico?" Bart le preguntó solemnemente.
"Si" Asustado como estaba, no había nada más en el mundo que él quisiera.
Nada.
El había dado todo su dinero sangriento para que Matilda no se enterara de su pasado. Por ella, el haría lo que sea.
Inclusive, ser honesto.
Jess comenzó a caminar hacia las puertas con Bart un paso más atrás. Recién había llegado a los escalones cuando se escuchó un disparo. El aspiró bruscamente.
El dolor inmediatamente invadió cada parte de su cuerpo, mientras el impacto de la bala tumbó el sombrero de su cabeza y lo mandó volando. Cayó a unos metros y rodó hasta que se trabó en un arbusto cercano. Jess trató de dar un paso hacia adelante, pero más balazos siguieron al primero. Y todos ellos en diferentes lugares de su cuerpo.
Esos balazos lo hicieron hacer algo que jamás había hecho antes.
Lo hicieron caer de rodillas en la tierra.
Con su furia elevándose, él quería devolver los balazos, pero Bart sabía que él había vendido sus armas para comprar el anillo de Matilda. El estaba completamente desarmado. La única cosa que él había jurado que nunca haría-
Cómo había podido ser tan idiota? Cómo había podido poner alguien a su espalda cuando él sabía que no debía hacerlo?
Quizás esta era su penitencia por los pecados que había cometido. Quizás esto era todo lo que un bastardo como él merecía.
Asesinado a tiros en lo que debería haber sido el día más feliz de su vida.
Bart lo pateó hacia el piso.
Jadeando por el peso del dolor y probando su propia sangre, Jess lo miró. El único hombre por el que había arriesgado su vida numerosas veces. "Por qué?"
Bart se encogió de brazos como a quien no le importa mientras recargaba su pistola. "Todo es por el dinero, Jess. Lo sabes. Y en este momento, vales una fortuna."
Si...cómo podía haberse olvidado de su código? Habiéndolo asesinado, Bart sería el hombre más rico en Gull Hollow. No es como si ya no lo fuera.
Bart era la persona a la que Jess le había dado todo su dinero.
Jess tosió sangre y su visión se nubló. El tenía tanto frío ahora. Más frío del que había tenido como niño trabajando en la temprana primavera en los campos sin zapatos o abrigo. Su padre siempre le había dicho que el terminaría así. Eres basura, muchacho. Es todo lo que alguna vez serás, y no vivirás lo suficiente para ser más que eso. Marca mis palabras. Terminarás mal un día de estos.
Y aquí el yacía, en su lecho de muerte a la edad de veintiséis. Tan malévolo, Dios ni siquiera quiso que alcanzara las puertas de la iglesia de Matilda.
Pero al final, el era Sundown, y Sundown Brady no se iría a su tumba sin chistar. Ningún maldito hombre me matará y vivirá para contarlo. "Volveré por tí, Bart. Aunque tenga que vender mi alma para hacerlo. Delante de Dios te lo prometo. Te mataré por esto."
Bart se rió. "Dale mis saludos al diablo."
"William", el grito agonizante de Matilda lo lastimó más que las balas.
Él se giró para verla por última vez, pero antes que pudiera hacerlo, Bart fríamente terminó su trabajo y le negó el consuelo de ver su cara antes de morir.
Jess se despertó con una puteada. Al menos, él pensaba que estaba despierto. Era difícil darse cuenta, para ser honesto. Estaba más oscuro aquí que en el rincón más negro del corazón que su padre había reservado para los sentimientos nobles que el bastardo pudiera tener por él. El silencio era tan fuerte que resonaba en sus oídos.
El ni siquiera podía escuchar el latido de su corazón.
Porque estoy muerto.
El recordó el dolor de los disparos, de tratar de ver a Matilda en su vestido de novia...
Así que esto es el infierno...
Pero para ser honesto, el esperaba llamas y una horrible agonía. Los demonios volando hacia él con tridentes y olores como los que el sacaba de los establos cuando era pequeño.
En vez de ello, no había nada en esta oscuridad.
"Eso es porque estás en el Olimpo. Al menos tu alma lo está."
Se dio vuelta mientras una solitaria luz le mostró a la mujer más hermosa que alguna vez hubiera visto. Alta, flaca y con curvas, el cabello tan rojo que brillaba inclusive en la tenue luz. Con brillantes ojos verdes, ella se veía etérea. Más como un ángel que un demonio, especialmente por el vestido blanco que abrazaba su cuerpo. Algo acerca de su estilo le recordaba a las blancas estatuas que él había visto en algunos de los hoteles más lujosos en los que se había metido después de hacer buenas ganancias a través de los años.
"Qué es el Olimpo?"
Ella hizo un sonido que le recordó a una potra a punto de tirar al piso a su jinete por haberla irritado. "Me lamento de la poca educación del mal llamado hombre-moderno. Cómo podes no saber el nombre de la montaña donde moran los Dioses Griegos?"
El se rascó su barbilla y se tragó su propia irritación por su insulto. Hasta que el supiera quién era ella, probablemente era sabio no enfadarla. "Bueno, Señorita, sin ofender, pero probablemente tenga que ver con el hecho de que no soy griego. Nací en el Pueblo de la Comadreja, en Mississippi, y nunca he ido más al este que eso."
Ella gruñó en su garganta, y luego habló de forma irritada en un lenguaje que no pudo entender, lo cual probablemente era para mejor. No había necesidad en que ambos estuvieran enojados.
Apretando sus puños, ella se calmó y lo penetró con la mirada. "voy a tratar de hablar de forma que me entiendas. Soy la diosa griega Artemisa"
"No creo en Dioses y Diosas"
"Bueno, deberías, porque este es un trato que creo te va a interesar."
Ahora eso hizo que se animara. "Trato, cómo?"
Ella acortó la distancia entre ellos para que pudiera susurrarle en el oído. "Escuché lo que dijiste cuando estabas muriendo a los pies de tu mejor amigo. Tu alma clamó por venganza tan fuertemente que me trajo aquí para interceptarte antes que llegaras a tu destino final."
El la miró a los ojos. "Puedes enviarme de vuelta para matar a Bart?"
"Si, puedo hacerlo."
La alegría se abrió paso a través de su ser por el prospecto de ello. Sólo por ello, ella podía insultarlo todo el día. " A qué precio?"
"Tú lo dijiste en tu lecho de muerte."
"Mi alma."
Ella inclinó su cabeza hacia él antes de palmearlo en su mejilla."Ese es el precio de la venganza por aquí. Pero no te inquietes. También hay otros beneficios por no tener alma. Si aceptas, te daré veinticuatro horas para hacer lo que le quieras hacer al que te traicionó. Sin consecuencias para ti."
Eso es una carnada que él podía morder. Su oscura alma nunca le había servido demasiado.
Artemisa sonrió. “Tendrás inmortalidad y toda la riqueza que puedas imaginarte."
"Puedo imaginar mucha."
"Y aún así no llenará ni la décima parte de lo que tendrás."
Cuando algo suena demasiado bueno para ser verdad...
El recorrió su labio inferior con su pulgar y la miró sospechosamente "Cual es la letra pequeña en el contrato?"
Ella se rió malévolamente. "Eres inteligente después de todo. Bien. Hace que mi trabajo sea más fácil."
"Trabajo?"
"Uhmmm...servirás a mi ejército de Dark Hunters"
El entrecerró los ojos "Dark...qué?"
"Hunters" ella repitió. "Son guerreros inmortales, seleccionados a pie por mí."
"A pie?" de qué estaba hablando.
"cualquiera sea el término." Ella saltó irritada. "Ellos son mis soldados que protegen a los humanos de los Daimons que los persiguen."
Técnicamente estaban hablando el mismo idioma, pero mierda... era difícil de seguir a una mujer que usaba tantas palabras que él nunca había oído antes. "Qué es un Daimon?"
Ella puso sus manos en sus caderas y caminó de un lado a otro frente a él. "Haciéndola corta, el kilombo que armó mi hermano Apolo. Siglos atrás creó una raza a la que llamo Apolitas." Ella hizo una pausa para mirar a Jess "Arrogante, no?" El pensó que el hombre era débil y que él lo podía hacer mejor." Luego continuó caminando de un lado a otro. "De todas formas, los soltó por entre la humanidad y los Apolitas se volvieron en su contra y mataron a su amante favorita y a mi sobrino. No fue algo realmente sabio. Por qué ellos pensaron que Apolo no se daría cuenta quien los mató, me supera. Eran mucho mejores que los humanos, no?"
Ella puso sus ojos en blanco. "Apolitas...ridículo. De todas formas, ahora están malditos por él, y la única forma que pueden vivir más de veintisiete años es matando a los humanos y tomando sus almas- A una Diosa Atlante pelotud...para agradecerle por eso." Ella agitó su mano en un gesto de suprema irritación. "Ni siquiera me hagas pensar en cuantas ganas tengo de matarla."
Artemisa bajó su mano y lo enfrentó. “De todas formas, ahí es donde tu entras en escena, si estuviste prestando atención. Me vendes tu alma, y luego pasaras tu eternidad buscando y destruyendo Daimons-el nombre que se le dio a los Apolitas que se hacen un banquete con la humanidad. Te desinteresa?
"querrás decir, si me interesa?"
"Como sea, sí."
Jess lo consideró. La última vez que había hecho un trato con alguien había sido Bart.
No había funcionando muy bien al final.
"No sé, déjame pensarlo."
Artemisa desplegó su mano e hizo un movimiento hacia su derecha. Una luz brillante destelló hasta que algunas imágenes aparecieron. Jess se quedó sin aliento ante la vista. Era increíble.
Vio todo como mirando a través de una ventana de vidrio- tan real que sintió que podía estirar su mano y tocarlo.
Las imágenes mostraban a Bart pateándolo al piso y dándole el tiro de gracia que fue directo a su cabeza. Esta vez, no sólo vio a Bart matándolo a la distancia, sino también pasar por encima de su cuerpo. La furia se incrementó mientras Jess lo veía matar al padre de Matilda y al cura, y luego llevarse a su novia a un cuarto trasero.
"Suficiente!" Gritó, sin poder contenerse más. El siempre había sabido que Bart era un animal, pero eso era la prueba. Como se había atrevido a profanar a Matilda de esa forma...
Hijo de...
Con la furia consumiéndolo, miró a Artemisa mientras literalmente tembló por el ansia de querer bañarse en la sangre de Bart.
"Acepto."
"Hay algunos otros detalles que deberías saber, como..."
"No me interesa", le gritó, cortando sus palabras. "Mientras que comience conmigo destripando a ese bastardo, haré lo que sea. Y realmente quiero decir LO QUE SEA."
"Está bien." Un brillante y dorado medallón apareció en su palma. Ella tomó su brazo y presionó el medallón sobre él. Chamuscándose de dolor el suspiró en agonía. Aún así, ella mantuvo el medallón en su bicep, sin darse cuenta del olor a carne quemada, el cual era tan terrible, que hizo que su estómago se diera vuelta. Cuando finalmente lo separó de su piel, el se sintió completamente drenado y débil. Y había una extraña marca de un doble arco y flecha en su brazo, donde había presionado el medallón.
Justo cuando él estaba por preguntarle cómo él podía pelear con alguien en este estado, una nueva calidez se difundió por su cuerpo desde los dedos del pie hasta su cabeza. De repente él se sintió más fuerte de lo que alguna vez se había sentido. Más alerta. El podía escuchar cosas que no tenían sentido. Cosas como el latir del corazón de Artemisa y el susurro de voces distantes. El tenía más conocimientos que lo que alguna vez le hubieran enseñado.
Era como ser un Dios, y aún así él sabía con todo su nuevo poder, que no era nada comparado con lo que tenía Artemisa.
Tomando el medallón en sus manos, ella se alejó de él. "Tienes veinticuatro horas, cowboy, para matar a quien te traicionó de la forma que quieras y para tomar tu venganza. Haz que cuenten. Oh, y recuerda que no debes dejar que la luz del día te toque. Si lo haces...bueno, no quieres morir sin tu alma. Es algo para nada placentero. En algún momento en los próximos días, un hombre llamado Acheron Parthenopaeus te encontrará y te enseñará todo lo que necesites saber acerca de ser un Dark-Hunter. Si eres listo, lo escucharás." Ella le dedicó una sonrisa malévola mientras dio un paso hacia atrás y alzó sus brazos. "Bienvenido a la locura."
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