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 Capitulo 10 (Traducido por Jade Lorien)

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Capitulo 10 (Traducido por Jade Lorien)   Dom Jul 17, 2011 12:19 pm

Diez


“Este es el punto”
Inez miro lentamente sobre los cinco o seis restaurantes en fila. Cada uno tenía un grupo de mesas y sillas afuera. Y estaban llenas con personas que disfrutaba un desayuno tardío a la luz del sol, o bajo la sombra que ofrecían las enormes sombrillas sobre cada mesa.
Apretando la boca, ella miro el mar de rostros, y luego miro hacia el cielo donde el sol brillaba bajo, y finalmente a Thomas a su lado. La preocupación llevo a sus cejas a juntarse. El había bebido seis bolsas de sangre antes de que dejaran el hotel. El también se había puesto un sombrero, lentes de sol, y camiseta de manga larga que ahora estaba abotonada hasta arriba para protegerlo tanto como fuera posible de los dañinos rayos del sol, pero ella sabía que no era suficiente. El realmente no debería de esta aquí, pero se había negado a escuchar cuando ella había sugerido ir sola.
La negación de Thomas a siquiera considerar la sugerencia la habían dejado tanto molesta como aliviada. Inez estaba molesta por que ella sabía que el realmente no debería de estar aquí afuera, pero aliviada porque después de der controlada la noche anterior, ella temía que pasara de nuevo y realmente no quería ir a ninguna otra parte sola.
“No la veo,” dijo Thomas con frustración, e Inez giro su mirada de vuelta a la multitud, corriendo sus ojos más lento sobre ellos, buscando en cada mesa por Marguerite Argeneau.
“Yo tampoco,” dijo ella al fin. “Pero entonces si ella está siendo retenida en contra de su voluntad, no es como que ellos vayan a sacarla al publico.”
“No,” murmuro Thomas, su boca tensándose. “Pero quien sea que la tenga tiene su teléfono, y el tampoco debería de esta aquí afuera tampoco.”
Inez lo miro, levantando las cejas. “¿Por qué no?”
“El tiene que ser un inmortal también,” señalo él. “Y al menos no se sentaría afuera a la luz del sol así.”
Inez abrió su boca para preguntar por qué tenía que ser un inmortal, pero entonces se dio cuenta que con todo el asunto del control menta, ningún mortal podía mantener a un inmortal donde el no deseara estar. Eso sugería que o Marguerite estaba muerta, mal herida y sin la fuerza necesaria para tomar control de un mortal, o ella estaba siendo retenida contra su voluntad por un inmortal que tenia a un mortal trabajando para él, y era el mortal el que tenía el teléfono y estaba sentado aquí en el sol, comiendo un almuerzo tardío. Ella esperaba que fuera la ultime opción.
“La persona con su teléfono podía ser cualquiera… Si su teléfono esta aun aquí,” señalo ella mientras su teléfono comenzaba a sonar.
Thomas saco su celular de su bolsillo, lo abrió, escucho, gruño un “okay,” y luego lo cerró.
“Ese era Herb. Aun esta aquí,” anuncio el, deslizando el teléfono de regreso a su bolsillo.
Inez estaba en silencio, sus ojos escaneando el mar de rostros, pero ella no tenía idea de a quien buscaba. “Vas a tener que llamar y ver quien contesta el teléfono.”
“No,” dijo Thomas al momento. “El amenazo con matar a la Tía Marguerite si seguíamos llamando.”
“El no puede matarla si ella no está aquí con él,” señalo Inez razonablemente. “Y después de que llames y descubras quien es, puedes leer su mente para ver donde esta ella y podemos ir por ella juntos.”
“No si él es un inmortal,” señalo Thomas infelizmente. “Si él es mayor que yo, no seré capaz de leerlo.”
“Pero un inmortal no podría estar aquí afuera,” argumento ella.
“No probablemente, no,” coincidió el. “Pero no es imposible. Yo estoy aquí.”
“Si, pero – olvídalo,” se interrumpió ella misma. “Lo llamaremos si es un mortal, lo leerás y descubrirás donde esta ella. Si es un inmortal no puedes leerlo, mantendremos nuestra distancia y lo seguiremos a donde sea que se esté quedando.”
“¿Qué hay si esta dentro de uno de los restaurantes en lugar de afuera?” pregunto Thomas, sus cejas tensas con preocupación.
Inez dudo y luego suspiro. “Tenemos que arriesgarnos.”
Thomas giro hacia ella afiladamente, sus ojos destellando con enojo.
“Seguro si él está dentro, las coordenadas hubieran sido en la siguiente calle donde están los frentes de los restaurantes,” señalo ella en voz baja. “Esto está detrás de los edificios. Y para salvaguardar las cosas, yo puedo llamar. Mi número no estará en su celular. El no sabrá que es un miembro de la familia. El tal vez no la culpe por ello.” Ella dejo que lo pensara y luego agrego, “Es eso o seguimos el teléfono todo el día de nuevo y esperamos que el vaya a alguna parte donde esté completamente solo y podamos adivinar quién es, pero no creo que las posibilidades de eso sean muy buenas en una ciudad tan concurrida como Ámsterdam.”
Thomas expulso un pesado aliento y luego asintió una vez, secamente. “Haz la llamada. Tal vez tengamos suerte y el piense que es un número equivocado.”
Inez asintió solemnemente y rápidamente presiono el numero que él le dictaba, pero no presiono el botón para iniciar la llamada, en su lugar miro a Thomas y dijo, “Creo que tú debes de tomar una mitad de las mesas de los restaurantes y yo debo de tomar la otra mitad. Si nos posicionamos justo en el medio de nuestra porción de asientos de los restaurantes, nos dará mayores posibilidades de oír de donde viene el timbre cuando yo llame.”
Thomas asintió y abruptamente se dio la vuelta, solo para regresar inmediatamente. Él le dio un rápido y duro beso y luego gruño, “Ten cuidado.”
Inez sonrió ligeramente mientras lo veía caminar hacia el otro extremo del grupo de mesas hasta que el estuvo como a tres cuartos del sitio. Ella se movió entonces a un cuarto de la distancia y miro hacia abajo a su teléfono. El aire estaba lleno de el sonido de la gente hablando y el entrechocar de los platos, pero no había teléfonos sonando en ese momento. Tomando aire, ella presiono el botón para marcar el número de Marguerite y miro hacia arriba. A penas un segundo después un teléfono comenzó a sonar, tocando algún tipo como de sonido digital de jazz.
Agudizando sus ojos, Inez miro rápidamente hacia las mesas y solo estaba mirando a una de las mesas más cercanas cuando uno de los jóvenes sentados saco algo de su bolsillo. Un teléfono celular. Miro el identificador, maldijo y murmuro con disgusto, “¡Teléfono estúpido! Siempre está sonando.”
“¿Por qué no lo arrojas o le cambias el chip o algo?” sugirió uno de sus amigos.
El tipo con el teléfono se encogió de hombros. “Por que hasta que ellos lo cancelen son llamadas gratis para mi, ¿o no?”
Inez cerró su teléfono de golpe y el timbre inmediatamente se detuvo. Ella miro severamente mientras el joven deslizaba el teléfono de regreso a su bolsillo.
“El es mortal,” gruño Thomas mientras se le unía.
Inez asintió, pero continuo en silencio mientras el concentraba su mirada en el joven. Siendo que lo estaba leyendo, ella espero pacientemente, pero mordió su labio preocupadamente cuando ella vio su expresión cambiar al disgusto. A él no le gustaba lo que fuera que estuviera viendo. Eso no podía ser bueno para Marguerite.
Ella miro hacia la mesa de los hombres, sus ojos se ampliaron cuando ella vio al del teléfono repentinamente ponerse de pie y murmurar algo a sus amigos y luego dirigirse lejos de la mesa y hacia ellos. Inez sintió que su alarma aumentaba con cada paso que el daba hacia ellos. No era el hecho de que él se aproximara tanto como el hecho de que su cara estaba extrañamente inexpresiva mientras lo hacía. Ella sospechaba que Thomas lo estaba controlando.
“Thomas,” siseo ella, temiendo que el intentara hacerle algo al hombre aquí enfrente de todos. Ella lo había visto perder el control en público la noche anterior, y no quería verlo de nuevo. Cuando el no respondió, ella miro nerviosamente de vuelta hacia el joven, parpadeando mientras se daba cuenta que él no se estaba aproximando hacia ella para nada, sino los estaba pasando.
“Toma una mesa para nosotros y ordénanos un desayuno, por favor, Inez. Regreso en seguida.”
“Pero –“ella miro con preocupación mientras Thomas se alejaba por la esquina detrás del mortal, luego dejo salir el aire en un suspiro y se giro para buscar en las ajetreadas mesas. Había dos disponibles. Una afuera del restaurante más cercano y otra más lejos por donde Thomas había estado de pie cuando había hecho la llamada. La más lejana estaba en la sombra, de cualquier modo, así que Inez se coloco ahí. Ella tomo el asiento que tenia la mejor vista de la esquina y luego miro fijamente en esa dirección hasta que la mesera apareció en su codo, distrayéndola.
Inez tomo el menú que le ofrecía, lo miro rápidamente y ordeno dos desayunos completos y dos capuccinos y luego volvió a mirar a la esquina mientras la mujer la dejaba sola. Thomas parecía haberse ido hacia mucho, pero entonces eso podría haber sido solo porque ella estaba preocupada. Cuando ella finalmente lo vio venir por la esquina, el está solo y parecía tan infeliz como ella lo había visto cuando se fue. El también estaba hablando por teléfono. Con Bastien, sin duda, pensó Inez mientras lo veía caminar hacia ella.
Thomas termino su conversación y cerro su teléfono justo cuando había llegado a la mesa.
“¿Qué sucedió?” pregunto ella preocupada mientras él se sentaba en la silla junto a ella.
Thomas guardo propio teléfono, incluso mientras colocaba el segundo sobre la mesa. “Recupere el teléfono de Marguerite.”
Inez lo miro en blanco y luego miro a Thomas y pregunto, “¿Qué hay de tu tía?”
“Buena pregunta,” dijo el extrañamente y luego explico, “El mortal y un amigo atracaron a la tía Marguerite afuera del Dorchester hace un par de días. Aparentemente, había dos celulares en el bolso, una considerable cantidad de dinero, y tarjetas de crédito. El tomo un teléfono, el amigo tomo el otro, y se dividieron el dinero.”
“¿Qué hay de las tarjetas de crédito?” pregunto Inez.
Thomas hizo una mueca. “Solo son ladrones de ocasión. No tenían idea de que hacerles. Ellos intentaron hacer que sus novias salieran y las usaran, pero obviamente era tarjetas de crédito canadienses y ambas mujeres son británicas, con acentos británicos, y tuvieron miedo de que las atraparan. Cuando se negaron, las tarjetas de crédito fueron desechadas.”
“La Tía Marguerite tenía cerca de tres mil libras en su bolso,” agrego el secamente y maldijo. “Le he advertido una eternidad acerca de andar cargando grandes sumas de dinero, pero ella solo se ríe y dice, ¿Quién podría robarla? Bueno ahora ella sabe.”
“¿Cómo la robaron?” pregunto Inez. “Tu gente se supone que es más fuerte y rápida.”
Thomas cambio impacientemente. “Somos más fuertes y rápidos, pero incluso nosotros no podemos alcanzar motocicletas. El y su amigo aparentemente tenían un buen negocio, corriendo por la calle hasta que veían a una mujer que parecía que tenía dinero y parecía distraída. Su amigo subía la motocicleta a la acerca, el ensartaba su brazo en la correa, y se iban.”
Inez lo miro con los ojos bien abiertos.
“Encontré que ellos hirieron a una turista que al que atracaron,” siguió Thomas. “ella o se enredo, o no lo soltó el bolso, y quedo malamente quemada cuando ellos la arrastraron por una cuadra o algo así antes de que el tuviere el sentido común de soltarlo. Una turista herida es algo malo en Londres, una ciudad donde el turismo es tan lucrativo. La policía comenzó a cazarlos, así que le pareció una buena idea darse un pequeño vuelo cuando tuvo la cortesía de la Tía Marguerite y vino a Ámsterdam por un rato para atracar a los turistas aquí.”
Inez se recargo en su asiento con desmayo. “Quieres decir que venimos aquí por –“
“Nada,” termino él con un preocupado asentimiento, “Todos este viaje a Ámsterdam y jugar a rally a través de la ciudad y rastrear su teléfono ha sido una completa pérdida de tiempo.”
Inez sacudió su cabeza con desaliento, pero miro a un lado y se re enderezo mientras la mesera aparecía con sus capuccinos y desayunos.
“Gracias,” murmuro ella, mirando hacia abajo al desayuno frente a ella. Parecía y olía delicioso y haciendo a un lado su enojo acerca de lo que acababa de saber, Inez estaba realmente muriendo de hambre. Ella no había comido desde el aeropuerto el día anterior, lo que realmente no era mucho tiempo y entre una cosa y la otra, ella había usado demasiada energía desde entonces también.
Thomas cerro una mano sobre la de ella e Inez lo miro con sorpresa.
“Come,” murmuro el dándole un apretón a su mano. “Bastien está arreglando un vuelo de regreso a Londres para nosotros.”
Inez asintió y tomo su tenedor, relajándose un poco cuando el tomo el suyo y lo hundió. Comer era también un signo de encontrar al compañero de vida, ella recordó al tipo repartidor diciéndoselo, y Thomas estaba comiendo. El también había tomado un almuerzo con ella en el pub en el aeropuerto el día anterior; aunque, el solo había ordenado el desayuno para ella cuando él había llegado al Dorchester – pero, entonces, eso había sido un tipo de disculpa, recordó ella y estaba sorprendida de darse cuenta que toda esta aventura había empezada hacia poco mas de veinticuatro horas. Era extraño, este día y un poco hacia pasado demasiado rápido, pero lo sentía como si conociera a Thomas de toda la vida.


“Supongo que te gustan los gatos.”
Thomas miro hacia arriba del gato negro y dos jaspeados que estaba acariciando alternadamente, y sonrió ligeramente. “Los amo.”
Inez asintió con emoción y dijo, “Y ellos parecen amarte de vuelta. Hemos escogido un gato nuevo que nos sigue en cada habitación.”
“¿Celosa?” pregunto Thomas con una sonrisa.
Inez se rio mientras él se enderezaba y los tres gatos comenzaban a frotarse contra sus piernas, maullando insistentemente por ser abandonados. Medio encogiéndose de hombros, ella levanto su mirada a el rostro de él. Arqueando una ceja, ella pregunto ligeramente, “¿Por qué debería de importarme que te divirtieras jugando con gatitos? Solo te conozco de un día.”
Los ojos de Thomas de ensancharon incrédulamente ante su salida. Cuando ella se giro y salió de la habitación, el dio un paso cuidadosamente por encima de los aun quejumbrosos gatos y se apresuro detrás de ella. Thomas encontró a Inez de pie justo dentro de la puerta de la siguiente habitación, mirando al enorme techo pintado. Thomas ni siquiera miro hacia arroba. El había estado den el Kattenkabinet antes y pensó que era encantador, fue por eso que cuando supo que Bastien no había podido reservarles un vuelo hasta esa tarde, el había sugerido que el e Inez dieran una vuelta por Ámsterdam mientras estaban ahí. El quería mostrarle un poco de una de sus ciudades favoritas.
Una vuelta por la noche habría sido mejor, claro. No estaba realmente con el mejor interés de quedarse afuera en el sol por mucho tiempo, pero Bastien había entregado suficiente sangre al hotel para los últimos días en un curso normal de las cosas. Thomas sospechaba que el usaría la mayoría en este día y ahora llevaba con él una hielera colapsable negra llena con muchas bolsas, suficientes para mantenerlo mientras regresaban al hotel para recoger sus cosas y dirigirse al aeropuerto. Ellos regresaron al hotel después de su desayuno, deteniéndose en una tienda de bolsos cuando Inez se dio cuenta de que no tenía nada en que empacar todas las cosas que Bastien hacia ordenado, enviado y entrado al hotel para ella.
Thomas había mirado la hielera colapsable mientras estaban en la tienda y la había comprado, así como una maleta de buen tamaño para Inez. Thomas había consumido muchas más bolsas de sangre mientras esperaba a que Inez empacara luego había puesto el resto en la hielera y la había colgado de su hombro antes de que salieran.
El había considerado llevar a Inez al Rijksmuseum, pero uno fácilmente podía pasar el día completo ahí y él quería que ella viera más de la ciudad que solo un museo. Así que ellos utilizaron las zonas bajo techo y caminaron hacia el muchos más pequeño Kattenkabinet en un lujo de moda, disfrutando se la vista y los sonidos de la ciudad más única. Inez había visto alrededor las casas del siglo diecisiete con los ojos bien abiertos y Thomas había estado también un poco sorprendido ya que él nunca había realmente caminado por las calles a luz del sol. Había sido lindo.
“Tú no preguntaste porque amo los gatos,” comento el finalmente cuando ella continuo ignorándolo y comenzó a moverse hacia la ventana para mirar los jardines detrás de la casa, dedicada a nada y todo lo que tuviera que ver los gatos.
“¿Por qué amas a los gatos?” pregunto ella indulgentemente.
“Por que ellos son inteligentes, independientes, graciosos, sutiles y misteriosos…” Thomas ladeo su cabeza ligeramente y comento, “Mas bien como tú de hecho.”
“¿Yo?” pregunto Inez, mirándolo con sorpresa y luego se rio suavemente y sacudió su cabeza. “No soy misteriosa en lo mas mínimo.”
“Lo eres para mi,” continuo el solemnemente. “Y me gusta.”
Inez encontró su mirada, y luego miro hacia la ventana mientras uno de los gatos subía al alfeizan y yacía ahí bajo el brillo del sol. Estirándose, ella acaricio al gato y dijo, “Bueno, no soy sutil tampoco,”
“Lo eres,” le aseguro él.
Ella rio socarronamente, “Difícilmente creo que yo regañándote salvajemente cuando llegue al hotel fuera una conducta sutil.”
“¿No?” sonrió Thomas. “Me regañaste en Portugués. Todo lo que supe me estabas diciendo que era la cosa más sexy que habías visto en tu vida.”
“En tus sueños,” rio Inez.
“Si,” coincidió el, cuando ella lo miro con sorpresa, agrego, “Y mucho acerca de ti es sutil. Eres inteligente, pero no alardeas de ello, calladamente confiada en tus habilidades en los negocios, eras capaz de hacer refinadas distinciones y juicios, y entonces esta tu belleza y sex appeal.”
Sus labios se habían abierto ligeramente con placentera sorpresa antes sus palabras hasta la última, y entonces ellos se presionaron firmemente juntos e Inez sacudió su cabeza y le aseguro, “No soy bella y el sex appeal ni siquiera está en mi vocabulario.”
“Tienes ambas,” respondió solemnemente Thomas. “Pero ambas son delicadas e incomprendidas, no la intrépida humeante cosa de la que algunas mujeres alardean. Por ejemplo, tienes un adorable, salvaje cabello.
Inez hizo una mueca de disgusto. “Tengo cabello salvaje, correcto. No puedo hacer nada con ello.”
“Pero es suave y sexy y te hace parecer que acabas de salir de la cama después de horas de hacer el amor… y hacer que un hombre piense en hacerte el amor por horas.”
Inez se tenso, su cabeza se agacho, su mano inmóvil en el gato.
“Y tus labios estaba rellenos y suaves y ligeramente hinchados como si acabaras de ser besada. Hace que un hombre piense en besarte,” continúo Thomas, y luego corrió sus dedos ligeramente sobre la manga de la blusa que ella se había cambiado para el vuelo a casa cuando ellos habían regresado al hotel. “Y tu preferencia por las blusas de seda, usándolas abotonadas hasta arriba para que solo lo mínimo se muestre, suficiente como para que un hombre desee ver mas.”
Thomas dejo sus manos caer, acariciando suavemente su trasero mientras agregaba, “Y los pantalones de buen corte de un material que cae sobre la curva de tu trasero, haciendo que un hombre desee seguir la curva con su mano.”
Inez finalmente se giro con ojos maravillados hacia él y susurro, “Chico, eres bueno en este negocio de la seducción. Una chica puede enamorarse de un tipo como tú.”
Thomas tomo su rostro con sus manos y le aseguro sinceramente, “Cada palabra que acabo de decir es verdad, Inez. Así es como te veo y cómo voy hacer que te veas a ti misma. Lo prometo.”
Viendo el suave brillo de las lagrimas en sus ojos, el bajo su cabeza y presiono un gentil beso primero en una ceja, luego en la otra. El estaba a punto de presionar otro beso en sus labios también, cuando el gatito en la ventana repentinamente se puso de pie y decidió unirse a la fiesta. Lanzándose con sus patas traseras, descanso su pata delantera en el brazo de él y rozo su mejilla como diciendo, “¡Hey, amigo! ¿Qué hay de mi?”
Thomas e Inez se rieron ante la demandante conducta y entonces ella lo dejo libre con una risa y dijo, “¿Qué me estabas preguntando acerca de estar celosa? Me parece que le preguntaste al felino equivocado.”
El sonrió y recogió al gato en sus brazos para acariciarlo debajo de su mentón.
Inez sacudió su cabeza ante su indulgencia y dijo, “Ahora, una conducta como esa siempre me ha hecho ser una persona de perros.”
Thomas la miro con sorpresa, siguiéndola cuando se dio cuenta que estaba lleno a la siguiente habitación. “¿Realmente eres una persona de perros?”
“Claro,” contesto ella despreocupadamente, corriendo una mano sobre la cinta de buffet en el comedor. “Los perros son leales, afectivos, directos, amables, ayudan, y juguetones. ¿Por qué no amarlos?”
“Yo soy leal,” le informo él, viéndola moverse alrededor del cuarto. “Afectuoso también.”
“Tú también eres directo y amable,” coincidió ella. “E incluso ayudas y eres juguetón.”
Thomas sonrió mientras ella caminaba hacia la puerta y luego mirada hacia atrás y se burlaba ligeramente, “Tú eres definitivamente un perro.”
Sonriendo, Thomas coloco al gato en el piso y la siguió fuera de la habitación.
“¿Esta siguiéndome, señor?” bromeo ella cuando el entro en la siguiente habitación.
“Claro, es lo que los perros hacen,” señalo él y luego agrego con una maliciosa sonrisa, “Ellos cazan a las gatitas.”
Inez rompió en carcajadas. “Oh, eres malo.”
“Tú lo empezaste,” dijo Thomas y la tomo de la mano para guiarla a su lado y llevarla hacia la puerta. “Vamos. Encontremos un café, tengo hambre de nuevo.”
“Pero hay dos habitaciones mas,” protesto ella.
“Te traeré en otra ocasión,” le aseguro, urgiéndola hacia las escaleras que guiaban al primer nivel.
“¿Lo prometes?” pregunto en voz baja Inez.
“Definitivamente.” El la abrazo a su lado y luego la soltó para descender las escaleras.
Ellos encontraron un café con unas cuantas mesas afuera. Thomas llevo a Inez a una en la sombra, miro rápidamente el menú y espero a que la mesera tomara su orden antes de excusarse. Se deslizo dentro del baño de hombres, entonces tomo un par de bolsas de sangre.
Inez estaba sonriendo ligeramente cuando el regreso. Cuando el levanto sus cejas a manera de pregunta ella gesticulo vagamente hacia la gente que pasaba y dijo encogiéndose de hombros. “Ver a la gente es tan interesante aquí.”
Thomas miro alrededor a la gente caminando y andando en bicicleta.
“Como, mira eso,” dijo Inez, señalando a una familiar que iba en bicicleta; madre y padre, ambos con asientos de niños en la parte de atrás, ocupados por niños pequeños. “Y eso.”
Thomas siguió su gesto hacia una pareja que se acercaba. Una sonrisa curvo sus labios mientras una mujer aparentemente en sus tempranos veintes pedaleaba, volteando ligeramente su cabeza para ver a un hombre de más o menos la misma edad que iba prendido del manubrio.
“Definitivamente una pareja moderna,” murmuro Inez. “¡Y mira! Un día de compras de chicas.”
Thomas giro su cabeza de nuevo, sus ojos parpadeando mientras veía a tres mujeres circulando juntas, con bolsas colgando de las manos que tomaban el manubrio.
El miro de regreso hacia Inez para verla sacudir la cabeza a manera de pregunta mientras decía, “Creo que amo esta ciudad.”
Creo que te amo. El pensamiento corrió por la cabeza de Thomas, alterándolo por que era verdad. El nunca había conocido a alguien como Inez y aunque él no la conocía de mucho tiempo, el había llegado a conocerla bien debido a las circunstancias.
La mujer era temeraria; poniéndose de pie por sí misma y regañándolo cuando ella pensó que él la había ignorado en el aeropuerto después de que ella se había apresurado para recogerlo. Entonces ahí estaba ella removiendo el cuchillo de su espalda, atendiendo su herida y saliendo sola en medio de la noche, en una ciudad extraña para rastrear a su tía cuando él no podía acompañarla. El admiraba ese coraje.
Inez era inteligente también. Destellaba en sus ojos y se deslizaba por sus labios cada vez que ella hablaba para hacer una sugerencia o una observación.
Y mientras ella era toda ejecutiva y mandona, ella también tenía buen sentido del humor, y un rápido ingenio.
Thomas también sabía que él podía depender de ella para ponerse de pie y hacer lo que fuera necesario en una situación difícil. Exhausta como había estado anoche, ella lo había acompañado al Distrito Rojo para ayudar… sin irritarse ni quejarse. Ella simplemente hacia lo que se debía de hacer.
Si, ella era una mujer especial. Los destinos habían sido buenos y sabios al escogerla como su compañera de vida. Ahora el solo tenía que convencerla de ello.
“He estado pensando, si –“
Thomas enfoco su mirada en Inez, pero ella se detuvo y se recargo. Mirando hacia un lado, el vio que la mesera estaba ahí con sus ordenes y se reclino el mismo para que ella los colocara en la mesa. Una vez que la mujer se había ido, el levanto una ceja a Inez y prosiguió, “¿Estabas pensando?”
“Bueno, tu dijiste que Bastien había checado las tarjetas de crédito de Marguerite. ¿El checo también las tarjetas de crédito de este Tiny?”
“Si,” dijo Thomas, su humor repentinamente solemne mientras el recordaba a su tía perdida. “No hay actividad en sus tarjetas tampoco.”
Inez asintió. “Así que, ¿ha checado las tarjetas de crédito del tipo para el que ella está trabajando?”
Thomas la miro con expresión vacía. “¿Qué?”
“Bueno, ¿tu o Bastien me dijeron que el último lugar del que supieron de Marguerite había sido el Dorchester Hotel? Que ella estaba ahí para encontrarse con este tipo Notte quien los había contratado para encontrar a su madre.”
“Si,” dijo Thomas lentamente. “Ella le dijo a Bastien que ellos esperaban sacar más información de él, algo útil que les ayudara con su búsqueda.”
“Bueno…” Inez se encogió de hombros. “Tal vez la razón por la que ni Tiny ni Marguerite han usado sus propias tarjetas de crédito es por qué este tipo Notte se les unió en la búsqueda y estada aportando el dinero.”
“Jesús,” respiro Thomas, mirándola. Era una sugerencia tan simple, pero ni él ni Bastien, ni presumiblemente nadie en la familia se le había ocurrido.
“¿Qué pasa?” pregunto Inez con el ceño fruncido con preocupación. “Me estabas viendo chistoso.”
“Te estoy mirando pensando que eres brillante,” explico él con una risa y sacudió su cabeza. “No puedo creer que resultaste con eso. De hecho si, si puedo. Lo que realmente no puedo creer es que ni un miembro de la familia resulto con eso. Dios, se supone que tenemos nano cerebros.”
Inez sonrió y bromeo, “¿Eso serian muy chiquitos, pequeños minúsculos cerebros?”
“Pareciera eso,” dijo Thomas socarronamente, buscando su teléfono.
Inez sacudió su cabeza. “Eso no es verdad, y lo sabes. Estas demasiado cercano a la situación y demasiado preocupado. Tu hubiera resuelto eso por ti mismo eventualmente.”
“Gracias que nunca sabremos si eso es verdad por que tu lo resolviste,” dijo él, presionando el marcado rápido para Bastien y levantando el teléfono a su oído.
Inez comenzó a comer mientras él hablaba a su primo y le decía lo que ella había resuelto y Thomas se encontraba mirando. Sus ojos siguieron cada movimiento mientras ella levantaba la comida hacia su boca y la deslizaba y él se maravillo de cuan grácil y sexy era ella. Tan ordenada como un gato, pensó él y sonrió para sí mismo, luego forzó su atención de regreso a las palabras de Bastien. El hombre estaba tanto entusiasmado por la sugerencia, y lleno de auto disgusto de que el no hubiera pensado en ello y les hubiera evitado el derroche de tiempo.
Thomas le dijo que no fuera severo consigo mismo, señalando lo que Inez había dicho; que ellos estaban demasiado cercanos a la situación y que su preocupación nublaba sus pensamientos de alguna manera.
“¿Tiene el alguna manera de rastrear las tarjetas de crédito de Notte?” Pregunto Inez mientras el deslizaba el teléfono en su bolsillo.
Thomas asintió. “Tenemos amigos en todas partes. Y si no los tenemos, podemos enviar a alguien a hacer nuevos amigos.”
“Quieres decir a controlarlos,” dijo ella secamente.
Thomas asintió ante la aseveración, pero ambos habían dejado de sonreír. El estaba pensando acerca del hecho de que ella había sido controlada y su memoria había sido borrada, y sabia que ella también.
“Si Marguerite ni siquiera está en Ámsterdam, ¿Por qué controlarme y borrar mi memoria?” pregunto repentinamente Inez.
Thomas frunció el ceño mientras trataba de razonarlo. “Herb dijo que la locación resulto ser la misma esa segunda ocasión que había checado mientras tú estabas en camino al parque. El dijo que debiste de haber encontrado a la Tía Marguerite ahí.”
“Pero no era tu tía,” dijo en voz baja Inez, deteniendo sus pensamiento y luego agrego. “Era ese ladrón el que tenía el teléfono en el parque. El no podría haberme controlado y borrado mi memoria.”
“No,” coincidió Thomas.
“¿Entonces quien lo hizo y porque?” pregunto ella. Ambos estuvieron en silencio por un minuto, y luego Inez dijo, “No supones que alguien esté tratando de evitar que descubra que el ladrón tenía el teléfono, y no Marguerite.”
Thomas se altero tanto por la sugerencia, que tiro su tenedor. “¿Alguien aquí en Ámsterdam?”
Inez asintió.
El frunció el ceño ante la idea y luego sigo lentamente, “Pero eso sugeriría que – En serio que todo fue solo mala suerte el que el teléfono estuviera aquí. Coincidencia. El mortal atraco a Marguerite y seguimos el teléfono hasta aquí.”
“Y tanto como estuvimos rastreando el teléfono aquí en Ámsterdam, estuvimos bajo la pista incorrecta,” señalo ella.
“Si,” coincidió Thomas, su propio ceño regresando. “Pero si es por eso que tú fuiste controlada y tu memoria fue borrada…”
“Entonces alguien no quiere que encontremos a tu tía,” termino en voz baja Inez.
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Capitulo 10 (Traducido por Jade Lorien)
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