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 Capitulo 7 (Traducido por Jade Lorien)

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Capitulo 7 (Traducido por Jade Lorien)   Lun Jul 11, 2011 1:42 pm

Siete


Thomas e Inez se separaron ligeramente y luego se paralizaron, sus ojos mirando los del otro mientras el teléfono continuaba sonando. Cuando el no reacciono, Inez deslizo su mano en el bolsillo trasero de los jeans de el, saco el teléfono y lo sostuvo entre ellos.
Suspirando, Thomas la dejo sobre sus pies y tomo el teléfono. Abriéndolo, respondió, “Hola.”
Herb comenzó inmediatamente a hablar en su oído, pero Thomas no estaba poniendo atención. Su mirada así como toda su atención estaba en Inez mientras ella comenzaba a enderezarse las ropas. Thomas vio esconder toda la carne detectable, presionado por no dejar caer el teléfono y simplemente arrancarle cada trozo del material. Hasta ahí llegaron sus pensamientos haciendo a un lado el hecho de que una pequeña parte de su cerebro le estaba diciendo que cayera de rodillas, se disculpara, y suplicara su perdón. El Sweet Ecstasy en su sistema podría haberlo vuelto salvaje de necesidad, pero aun había una porción del cerebro de Thomas que funcionaba y era suficiente como para arrojar esa pequeña porción de culpa en la mezcla de hambre y deseo que se encontraban girando en su cerebro.
Fue una muy pequeña porción de su cerebro, pero era la que le decía que el prácticamente había arrastrado a Inez hacia un callejón y la había atacado. Mientras que la sabía que era verdad y se había dado cuenta de lo que había hecho, Thomas no había sido capaz de detenerse. Un golpe de excitación lo había recorrido en el momento en el que él había tomado su brazo para sacarla del camino del grupo de ebrios rudos que se movía hacia ellos, y eso solo había sido por tocar su codo.
El temía que eso pasaría. Ese era el porqué él había evitado tocarla desde el ligero roce con su brazo en el tranvía. El sabía que simplemente desgarraría la necesidad que giraba en su cuerpo como un tornado. De cualquier modo, el podría haber resistido entonces, pero cuando ella se había tambaleado y habían chocado contra la pared, sus cuerpo se habían presionado brevemente, el había estado perdido, abrumado por el repentino aumento del deseo dentro de él.
Un destello de fuego lo había atravesado, surgiendo a la vida en cada punto donde sus cuerpos se tocaban y Thomas la había atacado. No había otra descripción para ello y él lo sabía, que él había brincado sobre ella como un animal salvaje, forzándose a ignorar la lucha de ella. Fue solo cuando ella dijo su nombre y halado su cabello que él había recobrado el sentido y solo había sido suficiente como para arrastrarla aun más en las sombras y cambiando a un paso más lento, cambiando de tomar lo que quería a persuadir determinantemente. Pero había sido determinado. El la habría tomado directamente ahí en el callejón oscuro si no hubiera sido por la llamada de Herb. Solo en hecho de que ella había usado pantalones en lugar de falda lo había alentado, y solo el sonido del teléfono – el perforarte recordatorio de la necesidad de encontrar a la Tía Marguerite – lo había hecho detenerse.
“¿Thomas? ¿Entendiste eso?”
Parpadeando, Thomas se forzó a alejar su mirada de Inez y concentrarse en la voz al otro lado del teléfono.
“Herb. No, lo siento, ¿puedes repetir eso?” pregunto él.
“Dije que estabas en lo correcto. Ella parece estar en movimiento. Las coordenadas son diferentes esta vez. ¿Estás listo para ellas?”
“Si,” le aseguro él, forzando su atención. “Adelante.”
Hizo que Herb se las repitiera dos veces para asegurarse de que se quedaran en su memoria y luego le agradeció y colgó. Thomas cerró el teléfono con un suspiro y lo deslizo en su bolsillo trasero, luego rápidamente se enderezo sus propias ropas antes de sacar el mapa doblado en su otro bolsillo trasero y dirigirse a la luz a la boca del callejón.
Como él esperaba, Inez rápidamente lo alcanzo. Tratando de concentrarse en lo que tenía que hacer, Thomas encontró difícil no gritarle que regresara al hotel y lo dejara en paz. La única razón por la que el logro controlar esa urgencia fue por que el la quería ahí con el tanto como quería que se fuera. El estaba intentando pelear contra los efectos del Sweet Ecstasy, pero ellos le estaban respondiendo.
“¿Cuáles son las nuevas coordenadas?” pregunto Inez mientras el se detenía en una farola y abría el mapa.
Thomas miro la tentativa sonrisa que ella le estaba ofreciendo y sacudió su cabeza ligeramente, sorprendido de que ella no estuviera regañándolo por que acababa de hacer. La mujer era muy perdonadora, pero obviamente no tenía idea de cuan precario era su control – y de ahora en adelante su posición. Si ella lo hiciera, el estaba seguro de que ella estaría camino al aeropuerto y tomando el primer avión de vuelta a Inglaterra, o al menos de regreso en el hotel para encerrarse en su habitación. No era que una puerta cerrada fuera a detenerlo si el perdía el control completamente.
Girando su mirada de nuevo hacia el mapa, Thomas miro hacia él, encontrando las nuevas coordenadas y comparándolas a donde estaban ahora, luego miro alrededor mientras doblaba el mapa.
“Por aquí.” Haciéndose hacia atrás para evitar tocarla, el guio el camino por la calle mientras deslizaba de vuelta el mapa a su bolsillo. Regresaron por el camino donde habían venido, y el frunció el ceño mientras se preguntaban si de alguna manera había pasado a Marguerite sin haberla notado, o si ella ya se había ido hacia donde estaba ahora antes de que el saliera. Eso era más probable. El no podía imaginar a Marguerite teniendo alguna razón para estar en el primer punto. El simplemente no podía imaginársela deteniéndose en una habitación de prostitutas de ventana.
A menos de que fuera para alimentarse, pensó Thomas repentinamente, dándose cuenta que sin saber donde estaba ella, Bastien no tenia manera de enviarle sangre. No sería un problema tan grande para ella aquí. Como Bastien había dicho, el concilio en Europa tenía algunas leyes diferentes que el de Norte América. Morder mortales estaba permitido aquí, aunque la mayoría de los mortales que el concia preferían la seguridad que ofrecía la sangre embolsada. Ellos simplemente no querían renunciar a la opción de la sangre fresca, tibia directa de la fuente en algunas ocasiones.
Marguerite bien podía haber visitado a una de las prostitutas en la ventana… para alimentarse.
Thomas encontró la idea perturbadora. El nunca había sabido que su tía prefiriera a la gente sobre la sangre embolsada. Pero ¿Por qué ella no había contactado a Bastien para un embarque de sangre? Entre más tiempo pasaba ella desaparecida mas se preocupaba él. Algo estaba obviamente mal, y él era el que estaba a cargo de investigar que era. Era una tarea en la que él no podía fallar, no solo por que él no quería defraudar al resto de la familia, sino por que el mismo necesitaba que ella estuviera sana y salva. Ella era el foco central de la familia para él. El amaba a Jeanne Louise y a Lissianna como hermanas, pero Marguerite era la estabilidad y el mismo simbolismo de la casa y familia para Thomas. El difícilmente se había preocupado por Jean Claude, el esposo de Marguerite, que había muerto excepto por el hecho de que eso significaba que él no estaría por ahí haciendo a la maravillo mujer miserable, pero perder a Marguerite sería un golpe devastador.
Las ventanas de luces rojas se habían reducido mientras ellos caminaban, separados más y más por bares y tiendas. Cuando ellos llegaron a las nuevas coordinadas, Thomas se dio cuenta de que estaban en una acera un poco ms ancha que la que acababan de dejar. A su derecha estaba una fila de bares y restaurantes, a su izquierda una fila de mesas con enormes sombrillas que exhibían carios logos de cervezas.
Sin duda ellos se habían detenido ahí para comer. Mientras Marguerite tenía más de setecientos años de edad y no comía mas, Tiny McGraw era mortal y si lo hacía. Si ese era el caso, ellos aun podrían estar ahí. Seguramente les tomaría algo de tiempo cocinar una comida y comerla.
“¿Es este el punto?” pregunto Inez, su mirada deslizándose por las mesas.
Thomas asintió y ambos comenzaron a moverse lentamente a lo largo de la acera entre las mesas y los edificios, sus ojos moviéndose cuidadosamente sobre los patrones colocados afuera.
“Tal vez ella este dentro de un restaurante o de un bar,” sugirió Inez mientras ellos casi alcanzaban el final de las mesas.
Thomas asintió y frunció el ceño mientras veía hacia el frente de los edificios, inseguro de que hacer. El temía que si comenzaban a entrar en los restaurantes, Marguerite podría salir de uno mientras ellos estaban en otro y se iría sin que ellos la vieran.
“Yo podría esperar aquí mientras tu checas los restaurantes, de ese modo estaríamos seguros de no perderla,” sugirió Inez.
Thomas la miro, agradecido por la sugerencia con la que su propio cerebro que no estaba en forma no podía haber hecho, pero pregunto. “¿Sabes cómo luce ella?”
“Si. La conocí cuando estuve en Nueva York.”
Aliviado de tenerlo mejor planeado, el miro alrededor y luego sugirió, “Por qué no tomas asiento en una de las mesas al final para que puedas mirar todas las puertas. Seré tan rápido como pueda.”
Asintiendo, Inez se movió hacia la mesa más cercana, colocando en un asiento que la colocaba de espaldas hacia el resto del camino pero que le daba la vista de las entradas de la fila de restaurantes y bares.
En el momento en que ella se instalo, Thomas se dirigió a la puerta del primer bar.







Quince minutos más tarde, Inez vio a Thomas entrar al último bar en la pequeña área y suspiro. Obviamente, el no había visto a Marguerite en ningún otro bar, y sospechaba que él tampoco la encontraría en este ultimo tampoco. Sin duda la habían perdido de nuevo. Ella probablemente no se había detenido para nada ahí, pero había sido rastreada en esta área mientras estaba de paso de nuevo. Ellos probablemente tendrían que llamar a su amigo, Herb, y pedirle que rastreara su teléfono una vez más e Inez estaba comenzando a temer que pasarían toda la noche entera apresurándose de punto a punto persiguiéndola hasta cerca del amanecer cuando ella se instalara en cualquier hotel en el que se parara. Inez estaba demasiado cansada para estas tonterías.
Un montón de risas llamo su atención hacia el grupo de hombres sentados en las mesas del bar contiguo, y ella sonrió ligeramente cuando reconoció el grupo de fiesta de Inglaterra. Se estaban riendo y pasándola bien, pero el novio parecía un poco como el peor vestido. Su peluca está un poco ladeada, y tenía varios agujeros en sus medias, el maquillaje en su cara – atroz para empezar – estaba hecho un borrón así como derritiéndose en su cara con el sudor. El aun parecía estar pasándola bien, aun así; su sonrisa era brillante y amplia.
Sacudiendo su cabeza con entusiasmo, Inez comenzó a mirar de nuevo hacia las puertas, pero se detuvo mientras su mirada aterrizaba en un hombre sentado solo en una mesa a dos lugares de los otros. El era pequeño, cabello picudo oscuro sobre un rostro delgado y parecía vagamente familiar para ella. Inez solo lo miro por un momento, y luego decidió que el debía de haber estado en el avión con ellos. Ámsterdam era una ciudad pequeña y todos parecían ir al Distrito Rojo en algún punto, aunque fuera solo para pasear. Si ella se sentaba ahí el tiempo suficiente, ella probablemente vería a cada una de las personas del vuelo pasar por ahí, pensó Inez mientras ella miraba de nuevo hacia los restaurantes.
Debía de ser un asunto aburrido, sentarse ahí viendo a la gente entrar y salir y pasar, pero realmente no lo era. Era una encantadora noche, con el cielo despejado, una brisa ligera, y el sonido suave del agua golpeando a su lado en el canal. Inez siempre había disfrutado ver a la gente y era difícil no hacerlo en este lugar.
“Hola, hermosa dama.”
Inez miro alrededor con sobresalto mientras tres hombres tomaban repentinamente los asientos extras en su mesa. Ella los había visto aproximarse, pero había asumido que ellos pretendían tomar una mesa para ellos, no acompañarla. Ahora, ella miro con los ojos bien abiertos de hombre a hombre a hombre; un rubio, un moreno, y un hombre con la cabeza afeitada. Todos tenían más o menos la misma edad y todos ellos estaban medio ebrios, medio drogados, con sonrisas de estamos-aquí-para-divertirnos.
“¿Podemos comprarte un trago?” pregunto el rubio con un mas bien arrastrado ingles británico.
“No, gracias, ya he ordenado uno… y estoy esperando por alguien,” agrego Inez tensamente. Esta no era la situación con la que ella solía lidiar. De hecho, nunca le había pasado antes. El trabajo la mantenía suficientemente ocupada y ella rara vez salía de manera social, pero cuando lo hacía, era con sus amigas, Lisa y Sherry. Ellas vivían en el apartamento contiguo. Ella las había conocido el día en que se había mudado de Portugal hacia Londres. Lisa escribía una columna en una revista nacional y Sherry trabajaba para la misma revista. Ambas tenían hermosos tipos de modelos; Lisa, una alta rubia, y Sherry, una alta pelirroja, y siempre llamaban toda la atención cuando las tres estaban juntas, dejando a Inez libre de cualquier avance.
Esa era parte del porque Inez accedía ocasionalmente a salir con el par. Salir con ellas era como salir con escudos. En su presencia, ella desaparecía en los alrededores y no estaba forzada a socializar con el sexo opuesto. Mientras Inez tenían un montón de confianza en el trabajo, era excelente en lo que hacía, y podía manejar cualquier crisis, en su vida personal ella estaba decididamente falta de autoconfianza.
Inez era pequeña y – en su opinión – veinte libras pasadas de peso. Ella tenía demasiado busto, sus labios demasiado llenos, su cabello demasiado salvaje e inmanejable, insistiendo en curvarse con el húmedo aire ingles. Nada de lo cual era considerado atractivo para los estándares actuales. Los peinados de hoy era todos lindos, casquetes lacios, y no importaba cuantas cremas o planchas para cabello usara, sus brillantes risos negros no serian abatidos en sumisión. Mientras que por el resto de ella, desafortunadamente, no había crema que la hiciera crecer 6 pulgadas y le diera una figura esbelta.
“Oh, no seas así, amor,” dijo el de la cabeza afeitada. “Solo intentamos ser amigables.”
Inez tuvo la repentina, abrumadora urgencia de decirles que se fueran a molestar a otra parte. Ella tenía a Thomas, un compañero de vida elegido por nanos o Dios o ambos y había sido arrojado en su vida sin ningún esfuerzo de su parte y no necesitaba pretender confianza, belleza, o habilidad social que ella no tenia. Ella no se sentía rara o insegura alrededor de él, no se sentía nada incomoda.
Parpadeando ante sus propios pensamientos, Inez repentinamente se hundió en su asiento. Era verdad. Ella no se sentía insegura o fuera de lugar con Thomas mientras ella lo hacía con la mayoría de los hombres. Se sentía completamente cómoda con él, incluso en su peor estado como ahora. Y ella estaba definitivamente en su peor momento. Ella estaba cansada, hambrienta, y mientras ella había tomado un baño en el hotel en Londres, ella un vestía las mismas ropas arrugadas que se había arrojado encima esa mañana, ni siquiera tenía una cinta para echarse para atrás su inmanejable cabello, o algo de maquillaje para ponerse además del labias que ella tenía en su bolso, y aun así no parecía importarle a Thomas. El aun la había besado en el hotel, y luego se había ido sobre ella solo momentos antes en el callejón oscuro.
Claro, el estaba un poco cachondo justo ahora por cuenta de la versión Inmortal de la mosca española, se recordó a si misma Inez. Aun así, eso no significaba que el tenia que brincar sobre ella.
“Mira, amor, mientras que es fascinante estar sentado aquí mirándote asentir y hablar acerca de ti en voz baja seria más divertido si hablaras con nosotros,” dijo el rubio, forzándose a sí mismo a llamar la atención de ella de nuevo. “Te compramos ese trago y hablas con nosotros, ¿cierto?”
Sabiendo que no era recomendable ser grosero con hombres en ese estado, Inez estaba abriendo su boca para pedirles educadamente que la dejaran sola cuando Thomas estaba repentinamente ahí, justo junto a ella. Ella miro hacia arriba a su rostro, sorprendida de ver que sus rasgos eran rígidos y sus ojos destellaban plata. Ella había visto sus ojos cambiar de esa manera antes, ambas veces cuando él la había besado, pero de alguna manera ella creía que era pasión lo que los hacía plateados justo ahora.
“Ella dijo ‘no, gracias’,” dijo Thomas fríamente e Inez mordió su labio, su mirada deslizándose preocupada entre los hombres. Ella había vivido en Inglaterra por casi ocho años y sabía que lo último que hacías era molestar a un inglés ebrio. Ellos eran considerados todos muy correctos y conservadores por todo el mundo, y ellos eran todo eso, pero ella también nunca había visto a un grupo más propenso a iniciar un batir de puños que los británicos cuando bebían. Ella sospechaba que tenía algo q ver con la misma conservación por la que ellos eran bien conocidos. Todas esas emociones que reprimían por mucho tiempo, tenían que salir en algún momento y cuando ellos estaban ebrios parecía ser ese punto. Ella no podía recordar una noche saliendo con Lisa y Sherry donde una pelea o una verdadera bronca no hubieran resultado al final de la noche.
Inez sabía que Thomas no era el tipo promedio, el era más rápido, más fuerte, y podía controlar las mentes, pero ella no estaba segura de que él pudiera controlar tres al mismo tiempo, o cuan fuerte o rápido era realmente. Deslizando la cinta de su bolso en su hombro, ella se puso de pie y murmuro, “Thomas, creo que debemos continuar y llamar a Herb para otros para de coord –“
“No, no, amor. Siéntate. Queremos comprarte un trago.” Las palabras fueron acompañadas de un repentino jalón en su mano que la envió de golpe de nuevo hacia su asiento. Los ojos de ella se dispararon hacia el primer hombre y el cambio su atención hacia Thomas y dijo encogiéndose de hombros. “No veo un anillo en su dedo. Ella es libre de sentarse con nosotros.”
Inez nunca vio a Thomas moverse, pero repentinamente el rubio estaba volando en el aire, y sostenido ahí por la mano de Thomas en su garganta.
“Thomas,” dijo ella ansiosamente, poniéndose de pie y tomando su brazo libre con su mano. El volteo mientras ella tiraba de él, su cabeza dando la vuelta, sus ojos destellando fuego plateado. Inez contuvo el aliento con sorpresa y miro hacia atrás por un momento y luego miro alrededor afiladamente y grito con sorpresa mientras veía al moreno acercarse a Thomas desde atrás. Su advertencia vino demasiado tarde, incluso mientras el ruido de deslizaba de sus labios, el hombre abría un cuchillo y lo enterraba en la espalda baja de Thomas.
El se tenso, su espalda arqueándose ligeramente, luego dejo caer al rubio y se giro hacia tu atacante, descubriendo sus dientes y siseando. Inez vio los ojos del moreno ensancharse incrédulamente mientras se encogía hacia atrás, pero ella estaba ya colocándose entre los dos hombres.
“Thomas,” dijo ella en una advertencia.
Por un minuto, Inez pensó que él la haría a un lado e iría tras el brit de cabello café, pero un grito y el sonido de pies golpeteando hizo que ambos miraran alrededor para ver a dos uniformados miembros de la policía de Ámsterdam apresurándose hacia ellos. Thomas gruño al verlos, y entonces Inez se encontró siendo tomada bajo un brazo como un balón de futbol mientras él se alejaba de la policía.
Inez estaba al tanto de que pasaban de la luz a la oscuridad y hacia la luz de nuevo, y aunque ellos estaban en la calle principal de nuevo. Ella oyó a la gente jadeando y exclamando sorpresa mientras él se apresuraba por la calle, chocando contra las multitudes de peatones y sabía que esto no podía ser bueno. Fue ahí cuando Inez se dio cuenta de cuánto afectaba el Sweet Ecstasy a Thomas. Ella asumió que el concentrado solo afectaba su cuerpo, pero ahora ella sabía que había afectado su mente también. El denudaba sus dientes en público, por todos los cielos y ahora estaba llamando la atención hacia ellos con esta premura de supe humano en el camino.
Lo bueno era que a la velocidad a la que él se estaba moviendo, era dudoso que cualquiera viera lo suficiente de cualquiera de ellos para ser capaz de describirlos después. Aun así, mantenerse ocultos era un credo entre su gente. Ellos pasaban la mayor parte de sus vidas tratando de no llamar la atención hacia ellos. Ella sabía que él no debería de estar haciendo eso. Inez apenas había descubierto esto cuando Thomas giro en una esquina y bajo la velocidad tan abruptamente que su estomago se revolvió. En el momento siguiente ella se encontró de pie capaz de respirar de nuevo mientras la colocaba de nuevo de pie.
Inez se tambaleo, sus piernas aun no listas para soportarla, pero Thomas simplemente la sostuvo con una mano bajo su brazo y la urgió hacia el frente, en un edificio. Ellos estaban a medio camino del lobby antes de que ella se percatara de que estaban de nuevo en el hotel. Inez suponía que no debería de estar sorprendida, el ciertamente se movía mas rápido que el tranvía y realmente no había sido un viaje muy largo en el tranvía en primer lugar.
Ellos estaban en el elevador y las puertas se estaban cerrando antes de que ella mirara y notara la alterada mirada que las pocas personas en el lobby les estaban dando. Frunciendo el ceño, ella miro a Thomas, temerosa de que el aun estuviera destellando sus dientes, pero él no lo estaba haciendo y entonces ella miro hacia abajo y noto que el cuchillo aun estaba clavado en su espalda baja.
“Oh Dios,” respiro ella, sintiendo la sangre apresurarse hacia su cabeza.
Thomas ni siquiera miro hacia ella. Sus ojos se mantenían fijos en los números iluminados sobre las puertas del elevador. Mordiendo su labio, Inez se estiro hacia el cuchillo, pensando que sacarlo sin advertencia para que así – esperaba – doliera menos, pero dejo caer su mano de regreso antes de que tocara el mango. Ella simplemente no podía obligarse a hacerlo y no pensó que fuera capaz de hacerlo incluso con el conocimiento del.
El elevador sonó y se detuvo, y ella miro alrededor mientras las puertas se abrían, entonces lo siguió rápidamente cuando Thomas salió y siguió por el corredor. Ella estaba tan distraída mirando el cuchillo clavado en su espalda que Inez no noto que sus pasos eran inestables hasta que casi habían alcanzado la suite.
“¿Estás bien?” pregunto ella ansiosamente, moviéndose a su lado para mirar su cara. Su alarma solo aumento cuando ella vio cuan pálido estaba. “¿Thomas?”
“No, Inez, no estoy bien. Tengo un cuchillo en mi espalda. Abre la puerta por favor. No puedo alcanzar mi bolsillo trasero para sacar mi llave.”
“Oh.” Dándose cuenta de probablemente le estaba causando un dolor increíble el siquiera intentar tomar la llave, Inez rápidamente saco la suya de su bolso y abrió la puerta, luego se apresuro dentro y la mantuvo abierta para él, su preocupación de profundizo mientras el tambaleaba por la puerta. Ella cerró la puerta y deslizo la cadena para que no fueran molestados, y entonces se giro a tiempo para ver a Thomas hundirse de rodilla y luego caer de frente.
“¡Thomas!” grito ella, apresurándose a su lado y cayendo de rodilla para mirar su rostro. El estaba tan blanco como una hoja e inconsciente.
Inez se sentó sobre sus talones, su mirada se deslizo renuentemente hacia su espalda y el cuchillo protruyendo ahí. El había dicho que los nanos reparaban todas las heridas, pero supuso que ellos no podían hacerlo mientras el cuchillo estuviera aun en el. Ella tenía que removerlo. Solo la idea la hizo jadear y cerrar los ojos, pero se abrieron de nuevo cuando un ruido amortiguado fue captado por su oído.
En el estado en que ella estaba, le tomo a Inez un momento darse cuenta de que era el teléfono de él. Ella miro hacia el bolsillo trasero en los jeans de Thomas, pero mientras su cartera estaba en una y el mapa en la otra, no había señales del teléfono. El hecho que el sonido estuviera amortiguado y muy bajo le decía que Thomas debía de haberlo puesto en su bolsillo delantero desde la última vez que ella lo había visto usarlo.
No había manera de que ella le diera la vuelta para responderlo, el hombre tenía un cuchillo en la espalda. Obviamente, ella tenía que sacarlo. Ignorando el constante vibrar del teléfono, ella considero el cuchillo, notando ahora que su camiseta estaba teñida de sangre y que había hecho un gran parche oscuro en su cintura directamente debajo de la herida y se extendía hacia afuera y abajo hasta casi sus rodillas. El había perdido demasiada sangre.
Ella tenía que sacar el cuchillo, y luego sacar sangre de la hielera y de alguna manera alimentarlo. Inez no sabía cómo iba a hacer eso, pero ella solo podía manejar un problema a la vez.
Ella se inclino hacia delante y busco el mango del cuchillo, entonces repentinamente se enderezo y se puso de pie en su lugar. Toallas, ella debía de tener toallas. Ella no podía tenerlo sangrando sobre todo el piso. Ella estaba en el baño, tomando cada toalla que había en la habitación cuando su propio teléfono comenzó a sonar.
“Inez miro hacia abajo a su bolso con sorpresa, solo dándose cuenta ahora de que aun lo tenía colgado en su hombro. Dejando las toallas, ella saco el teléfono, y lo abrió.
“¿Es Inez?”
Ella frunció el ceño ante la fragmentada voz, no reconociéndola. “Yo… eee… si. ¿Quién es -?”
“Soy Herb Longford,” contesto el hombre, su acento Ingles prominente. “Thomas me dio tu numero cuando hablamos la última vez. El dijo que su batería estaba baja y que si no podía localizarlo intentara en tu numero.”
“Oh,” murmuro ella con un pequeño suspiro, pensando que al menos sabia quien ella su interlocutor.
Hubo un momento de silencio, y luego señalo,” Estoy llamando para darle a Thomas las nuevas coordenadas.”
“¿Nuevas coordenadas?” pregunto Inez, preguntándose qué hacer. Ella tenía la sensación de que Thomas no querría que nadie supiera de este incidente en los restaurantes, temía que incluso estuviera en problemas si alguien se enteraba de ello. Ella sospechaba que enseñar los dientes en público y entonces exhibir su increíble velocidad podían ser unos enormes ‘no-no’ entre su gente.
“Si,” dijo Herb impacientemente. “El dijo que estaba checando los bares en el área de las ultimas coordenadas pero no había señales de su tía. El quería que rastreara su celular de nuevo. Lo he hecho y si lo pones al teléfono se las daré a él.”
“Oh, Yo – el esta... eee… en el baño,” mintió ella finalmente. “Si me las das a mí, se las daré.”
“Cierto. ¿Tienes pluma y papel?”
“Si.” Inez hurgo en su bolso con una mano en busca de su pequeña libreta y pluma que siempre llevaba con ella, y entonces levanto el teléfono de nuevo a su oído. “Okay, adelante.”
Herb escupió la información, y entonces dijo, “Dáselas a Thomas y yo me adelantare y la rastreare de nuevo en caso de que ella continúe en movimiento. Te llamare si ella está en una locación diferente.”
“Si, gracias,” termino Inez la última palabra con un suspiro mientras el colgaba. Sacudiendo su cabeza, aparto el teléfono y luego se arrodillo para recoger las toallas. Ella tenía que remover el cuchillo de la espalda de Thomas, alimentarlo con sangre y luego salir y encontrar la ultima locación y buscar a Marguerite ella sola. Era por lo que estaba aquí, para ayudar a encontrar a la tía de Thomas, y era lo que ella iba a hacer, tan pronto como ella se asegurara que él estaba bien.
“Puedes hacerlo,” se dijo a si misma Inez mientras regresaba hacia la sala, pero su voz sonaba llena de duda incluso para ella.
Thomas aun yacio exactamente donde ella lo había dejado. Inez coloco las toallas en el piso junto a él y luego examino en cuchillo en su espalda, intentando juzgar cuan profundo había llegado. Ella decidió que parecía que había atravesado su espalda un par de pulgadas y entonces se dio cuenta que sus manos estaban temblando.
Ella la miro con el ceño fruncido y se movió hacia el mini bar. Inez examino su contenido, luego saco una de las pequeñas botellas de alcohol y comenzó a abrirla. Ella estaba en Ámsterdam, a punto de sacar un cuchillo de la espalda de un hombre, Inez no podía pensar en un mejor momento para alcanzar el coraje Danés.
Ella vacio rápidamente la botella, haciendo una mueca mientras quemaba su garganta al bajar, luego la coloco en la parte superior del mini bar y abrió otra. Esta descendió aun más fácil que la primera, pero no supo mejor. Inez comenzó a buscar otra, pero entonces cambio de parecer. Ella no era una bebedora regular, y sospechaba que dos serian más que suficientes. Tres probablemente la tendrían inconsciente en el piso junto a Thomas.
Cerrando de golpe la puerta del refrigerador. Inez se enderezo y se giro para aproximarse a Thomas, complacida de percatarse que mientras el alcohol posiblemente no podía haber llegado a su sistema, al menos se sentía más tranquila. Era psicológico, suponía ella.
Se puso de rodillas, y observo el cuchillo de nuevo. Aun hacia que sintiera nauseas solo de pensar en sacarlo, pero tenía que hacerlo.
Inez lo miro por un buen rato, intentando encontrar una manera de evitar hacerlo ella misma. Tal vez ella podía ordenar más sangre y hacer que el tipo de las entregas lo hiciera. Era su culpa que Thomas estuviera en ese estado para empezar. Si él no hubiera dejado la sangre incorrecta ahí, Thomas nunca hubiera consumido una bolsa ni estaría tan fuera de control que hubiera hecho que lo apuñalaran. Al menos, Inez no pensaba que Thomas hubiera actuado como lo había hecho si no hubiera estado afectado por el concentrado de Sweet Ecstasy. El no parecía ser del tipo celoso, explosivo. El era demasiado considerado… bueno… dulce como para que ella creyera que él se comportaría así bajo circunstancias normales.
Inez considero seriamente ordenar sangre hasta que se le ocurrió que tal vez le enviarían a un repartidor diferente, y entonces alguien mas sabría lo que había pasado esa noche y el instinto le dijo que no era buena idea.
“Solo hazlo,” murmuro Inez para ella impacientemente.
Tomo aire, lo alcanzo y lo tomo cuidadosamente con ambas manos por el mango, intentando no jalarlo mientras lo hacía. Entonces ella cerró los ojos, conto hasta tres, apretó su agarre y jalo el cuchillo hacia arriba y fuera del cuerpo de él, parpadeando al abrir los ojos y mirando hacia la cabeza de Thomas cuando el gruño de dolor. Desafortunadamente, la cabeza de Thomas estaba girada hacia el otro lado y ella no pudo ver si él estaba despierto. De cualquier modo, cuando el no hizo otro ruido, ella dejo caer el cuchillo en las tollas, y luego tuvo que mover esa toalla a un lado para que pudiera colocar otra.
Girándose de nuevo hacia Thomas, Inez saco rápidamente su camiseta de sus jeans y miro la herida, haciendo una mueca ante la visión de sangre saliendo. Parecía estar fluyendo de él rápidamente. Mordiendo su labio, ella cubrió la herida con una toalla y presiono firmemente, sosteniéndola ahí por unos pocos minutos antes de levantar la ahora ensangrentada toalla para ver lo que estaba pasando.
Thomas había dicho que los nanos reparaban y regeneraban, pero aparentemente no era instantáneo como los vampiros en la televisión. La herida estaba aun ahí, aunque parecía que el sangrado había disminuido. Ella presiono la toalla en la herida de nuevo, esperando otro poco, y luego la levanto para otra inspección. El sangrado definitivamente había disminuido.
Dejando salir su aliento en un suspiro de alivio, Inez coloco la toalla empleada a un lado y tomo otra, colocando esa ligeramente sobre la herida, solo para asegurarse de que la poco sangre que aun se escapaba no se derramara por su costado y manchara el piso, entonces se puso de pie y se movió hacia la hielera para tomas un par de bolsas de sangre. Inez las llevo de regreso hacia Thomas y se arrodillo junto a él de nuevo, solo para mirarlo con incertidumbre. Ella no tenía idea de cómo se suponía que le debía de dar la sangre. Si él estuviera de espaladas ella simplemente le haría un agujero en la bolsa y dejaría que se derramara por su boca esperando que él la tragara. De cualquier modo, el estaba sobre su vientre.
Inez considero el problema por varios minutos y luego suspiro y simplemente dejo las bolsas de sangre junto a su cabeza para que él las encontrara cuando se despertara.
Si se despertaba, pensó Inez y frunció el ceño, pero entonces recordó que él había dicho que los inmortales no podían ser asesinados por la mayoría de las heridas. Ni siquiera una estaca en el corazón podía matarlo si era removida lo suficientemente rápido.
El despertaría, ella se aseguro a sí misma. Pero ahora ella tenía que salir y checar las últimas coordenadas para ver si podía encontrar a Marguerite. Ella no quería que el amigo de Thomas Herb hablara de nuevo y preguntara por que no habían checado las últimas coordenadas. Además eso era para lo que estaban ahí. Ella comenzó a ponerse de pie y luego se arrodillo de nuevo cuando recordó su teléfono de él. Había una buena posibilidad de que Bastien pudiera llamar para checar su progreso y ella pensaba que era mejor si ella tenía el teléfono si él lo hacía.
Apretando sus dientes, Inez introdujo su mano debajo del cuerpo de Thomas, sintiendo alrededor de sus bolsillos. El cuchillo ya no estaba en su espalda, pero ella aun no quería moverlo demasiado y posiblemente empeorar la herida. Encontrando su bolsillo, ella deslizo su mano dentro, tomo el teléfono con sus dedos con algo de dificultad y los saco, su aliento saliendo con alivio mientras lo liberaba.
Inez lo arrojo en su bolso, y entonces saco el mapa de su bolsillo trasero y lo puso también en su bolso mientras se ponía de pie. Ella dudo entonces, sintiéndose terrible acerca de dejar a Thomas yaciendo ahí. Después de un momento, ella se dejo caer de rodillas una vez más y deslizo una de las tollas dobladas debajo de su cabeza como una almohada, entonces se puso de pie y se dirigió a la puerta.
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Capitulo 7 (Traducido por Jade Lorien)
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