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 Capitulo 6 (Traducido por Jade Lorien)

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Capitulo 6 (Traducido por Jade Lorien)   Miér Jul 06, 2011 4:36 pm

Seis


Thomas tamborileo sus dedos impacientemente contra su pierna mientras esperaba el tranvía. El podría haber caminado la distancia del hotel al centro de la ciudad con facilidad, pero el tranvía era más rápido, y mientras más rápido llegara mejor.
El esperaba que una vez que estuviera fuera del hotel y lejos de Inez algo de la necesidad que aquejaba su cuerpo se aliviara, pero no estaba funcionando de esa manera. Era todo una lucha para el no girarse y marchar los veinte pies de regreso al hotel y subir a la suite. La única cosa que lo hacía detenerse era la preocupación por su tía y el conocimiento de que si el regresaban, no iba a detenerse hasta que encontrara a Inez. Y entonces el probablemente seguiría moviéndose, solo para llevarla con el, quitarle cada trozo de ropa que ella vestía mientras lo hacia. Si ellos alcanzaban la cama o alguna otra superficie suave antes de que el la hubiera desnudado, ella tendría suerte, porque en el momento en el que el los tuviera a ambos libres de sus ropas el iba a estar sobre y dentro de ella.
Thomas sabia que el no se podría contener. El estaba justo ahora mostrando una erección asesina y una que no iba a irse pronto. El nunca había experimentado una necesidad como esta antes. El pensaba que el hambre era irresistible cuando había pasado tanto tiempo sin sangre, pero en comparación, los efectos del Sweet Ecstasy eran devastadores. El se sentía como si estuviera danzando en el filo de un cuchillo, la necesidad atravesándolo con olas pulsantes.
Su mirada se deslizo a través de las pocas personas cerca de él esperando por el tranvía, saltando de una mujer otra, notando sus interesadas sonrisas con completa indiferencia. Caliente como lo hacia el Sweet Ecstasy, Thomas sabia que ellas no podía saciar su sed, era Inez a la que el quería. La Dulce Inez con sus llenos, deliciosos labios, su curvilíneo cuerpo, y toda su pasión. El la quería desnuda y debajo de él, su tibio cuerpo obrando el suyo, la necesidad de ella tan caliente e insoportable como la suya.
Claro, no era como si ella tuviera ninguna necesidad ahora, dejar solo a uno tan insoportable como lo que el estaba sufriendo. Ella no había tomada nada de Sweet Ecstasy. Si a caso, la mujer mas bien iba a gritar hasta ponerse azul… o para ser mas literal, violada, mientras el la colocaba en la alfombra de la suite.
Haciendo una mueca, Thomas miro hacia la calle, viendo el tranvía viniendo. Entre mas se alejara de Inez y la tentación, mejor. Cuando el tranvía se detuvo, el dejo que los demás abordaran antes de el, luego entrego su pase y los siguió. Haciendo a un lado la hora, el tranvía estaba lleno. Los turistas viajaban alrededor de la ciudad a todas horas de la noche, disfrutando los placeres ofertados como niños traviesos que inesperadamente se encontraban sin supervisión adulta por un fin de semana.
Thomas miro sobre varios asientos aun libres mientras deslizaba de nuevo su pase en su bolsillo, luego se movió hacia un para de asientos vacios cerca de la mitad del tranvía. Se dejo caer en un asiento vacio para desalentar a cualquiera que decidiera acompañarlo. Tendría que ser una persona atrevida sin duda, ya que tendría que treparse sobre el para llegar al asiento de la ventana. Solo para asegurarse de que ninguna de las mujeres que le sonreían tan primorosamente sintiera repentinamente el deseo de hacerlo, Thomas cruzo sus brazos sobre su pecho y miro alrededor brevemente, antes de girarse hacia la ventana esperando a que el tranvía se moviera.
No dejaron la parada de inmediato, se mantuvo quieto durante un par de momentos. Thomas apenas había notado esto y mirado hacia el frente de tranvía cuando el conductor abrió las puertas de nuevo. Dándose cuenta que él había estado esperando por alguien que corría hacia el tranvía, Thomas regreso su atención hacia la ventana, mentalmente revisando el mapa que estaba en el lobby del hotel. El teléfono de Marguerite había sido rastreado por última vez en el corazón de la parte más vieja de Ámsterdam, De Wallen. Era también conocido como Walletjes (“paredes pequeñas”) o Rosse Buurt… el Distrito Rojo.
Thomas no podía imaginar que estaría haciendo Marguerite ahí. No es como si fuera lo que uno esperaba del título. No era mugriento o de mala calaña. Todo lo que era más bien un vecindario único con filas de edificios a ambos lados del canal. Puentes cruzaban el canal a intervalos, y aceras corrían a ambos lados, alineados con bares y clubes nocturnos así como shows de sexo y las infames ventanas de luz roja mostrando mujeres con poca ropa dentro. La mayoría de la gente se sorprendía de cuan limpio y atractivo era el lugar.
Aun así, simplemente no parecía el tipo de lugar al que Marguerite iría. El sospechaba que ella iba pasando por el área en su camino hacia otra parte, y se habría ido para cuando el llegar ahí, pero el tenia que comprobarlo.
Thomas parpadeo y miro alrededor con alarma mientras alguien comenzaba a apretujarse a través del pequeño espacio entre sus rodillas y el respaldo del asiento de enfrente para alcanzar el asiento de la ventana. Sus ojos aterrizaron en los pantalones de vestir negros y se mantuvieron ahí mientras el reconocía el bien formado, en forma de corazón invertido trasero de Inez. Sus manos comenzaron a moverse por voluntad propia, alcanzando sus caderas para sostenerla y bajarla hacia su regazo, entonces Thomas gano el control de sí mismo y se forzó para finalmente terminar de pasar y dejarla en el asiento de la ventana con un pequeño suspiro.
“Oh, dios. Tuve que correr,” dijo ella, ofreciéndole una sonrisa sin aliento. “Debiste de haber esperado por el tranvía un poco o nunca te habría alcanzado.”
Thomas simplemente la miro, su cerebro lentamente registrando su horror, y luego gruño, “Inez. ¿Qué estás haciendo aquí? Deberías de regresar al hotel.”
Inez frunció el ceño ligeramente mientras él estaba obviamente disgustado de verla, y luego cambio de posición en su asiento.
Thomas hizo una mueca de dolor y alejo sus brazos mientras ella se rozaba contra él, reclinándose ligeramente hacia el pasillo para evitar que ella lo tocara de nuevo mientras ella deslizaba una mano en su bolsillo. La saco un momento después, sosteniendo un pedazo de papel doblado que ella le entrego en silencio.
El miro el papel por un momento, y luego cuidadosamente lo tomo, evitando que nade de su piel tocara la de ella. No había manera que evitar que su esencia llegara a él, de cualquier modo, y sus narinas se ensanchaban mientras inhalaba su fragancia. Los dientes rechinaron mientras cada musculo en su cuerpo lo hería un poco más, desdoblo el papel.
“Olvidaste las coordenadas que tu amigo Herb te dio,” dijo Inez en voz baja mientras miraba su propia escritura. “Pensé que tal vez las necesitarías.”
Doblando de nuevo el trozo de papel, lo metió en el bolsillo de sus jeans, murmurando, “No las necesitaba. La recordaba.”
“Oh. No me di cuenta,” dijo ella, luego se encogió de hombros y sonrió. “Ah, bueno, mejor estar seguro que sentido.”
“Exacto,” dijo Thomas socarronamente, “lo cual es el por que cuando bajemos del tranvía, tu regresaras al hotel.”
Ella se tenso ante la sugerencia, pero sonrió y dijo, “No seas tonto. Estoy aquí para ayudarte. Iré contigo.”
“Viniste a Ámsterdam a escuchar la explicación acerca de mi gente,” contesto el al momento. “No hay necesidad de que me ayudes aquí. Se andar en Ámsterdam.”
“Aun así, estoy aquí así que puede que también sea de ayuda,” insistió Inez.
Thomas se giro hacia ella con el ceño fruncido, pero sus ojos aterrizaron en sus labios y se negaron a ir más allá. El se encontró a si mismo simplemente mirando su boca, notando cuan llena y suave parecía y recordando cuán bien se había sentido bajo la suya cuando él la había besado en el hotel. Le gustaría besarla de nuevo. Le gustaría hacer mucho más que eso, le gustaría cubrir su boca con la suya, e introducir su lengua entre sus labios mientras él la tomaba por la cintura y la halaba a su regazo para que ella lo cabalgara. Y entonces él quería arrancarle la blusa y desatarle el sostén y enterrar su cara entre sus llenos y redondos pechos mientras el –
El sonido de la campana, lo hizo parpadear y mirar alrededor para ver que el tranvía se había detenido.
“¿Estás bien, Thomas?” pregunto Inez con preocupación, llamando de nuevo su mirada hacia ella. “Tu cara esta sonrojada y has comenzado a sudar. ¿Es eso normal con el Sweet Ecstasy? ¿Las fiebres son efectos secundarios?”
Cuando ella comenzó a levantar una mano para tocar su frente, Thomas salió de su asiento, aterrado de que si ella lo tocaba el no sería capaz de prevenirse de hacer exactamente lo que se acababa de imaginar, incluso con todo el tranvía lleno de gente viéndolos.
Notando la manera en la que sus ojos se habían ensanchado en sorpresa ante la reacción de él, Thomas murmuro, “Nos bajamos aquí.”
El se acerco a la puerta, comenzando a abrirse silenciosamente antes de que ella lo acompañara y posiblemente tocara su brazo o inocentemente se rozara contra él. El era un vampiro en el límite, su mente corriendo tan salvajemente como su cuerpo. ¿Por qué demonios no había leído la etiqueta en esa sangre en lugar de solo ensartarla en sus dientes?
Cuando las puertas se abrieron, Thomas inmediatamente salió del tranvía, instintivamente buscando aire franco para intentar aclarar su mente, o al menos limpiar la esencia de ella de su nariz. Maldición, el nunca había conocido una mujer que oliera tan bien.
“¿Thomas?” Inez estaba repentinamente a su lado, su esencia llenando sus narinas de nuevo mientras tocaba gentilmente su brazo.
Thomas siseo y se alejo instintivamente como si ella lo hubiera quemado, luego se controlo y se giro para enfrentarla. La repentina apariencia de ofensa en su cara lo hizo querer abrazarla y confortarla, pero no se atrevió. La culpa ahora uniéndose a la carga de otras emociones que giraban dentro de él, Thomas frunció el ceño y miro hacia la calle, aliviado cuando miro el tranvía que venía del lado opuesto del que acababan de bajar.
“Necesitas tomar ese tranvía para ir de regreso al hotel,” dijo Thomas secamente, apuntándolo. Cuando él la miro, ella ni siquiera estaba siguiendo su seña, lo estaba mirando con silenciosa determinación lo cual lo ponía extremadamente nervioso. En lugar de intentar tomar su brazo, el gesticulo para que ella comenzara a caminar, diciendo, “Te veré ahí.”
Inez estaba firme y sacudió su cabeza. “Voy contigo.”
“Inez,” el comenzó a decir.
“Sé lo que es Sweet Ecstasy,” anuncio ella, y cuando él la miro filosamente, ella se encogió de hombros y admitió, “Llame a Wyatt y le pregunte. Actualmente tienes el equivalente a seis cocteles corriendo por tu sistema. Supongo que uno o dos te harán sentir muy…eee… amigable. Cuatro o seis probablemente no te dejaran pensar claramente. Voy contigo.”
“Esa no es una buena idea,” le aseguro Thomas, sabiendo que ella realmente no tenía idea de en qué estado estaba el o que podía hacer en su condición.
“No te voy a dejar vagar por ahí solo mientras estas todo cachondo y necesitado, especialmente no en Ámsterdam.”
Los ojos de Thomas se ensancharon. ¿Había sido eso un poco de posesividad lo que él había escuchado en su voz? Él sabia que ella estaba atraída hacia él en el hotel en Londras, pero eso fue antes de que ella supiera lo que él era. El se había preocupado desde entonces acerca de cómo iba a aceptar ella su explicación. La posesividad era un buen signo.
“Guía el camino, Thomas,” le ordeno en voz baja Inez, regresándolo de sus pensamientos. “o te tocare.”
Thomas parpadeo de sorpresa ante la amenaza, pero solo sacudió la cabeza y dijo, “Créeme, no quieres hacer eso.”
Bajo ese contexto, el se dio por vencido de intentar enviarla de regreso y se giro hacia la pálida luz del callejón. El se movió lentamente al principio, hasta que ella se emparejo con él, y luego aumento un poco la velocidad para mantenerse un poco adelantado a su esencia y evitar la charla. Thomas esperaba que si ella no lo tocaba y no podía olerla y ella no hablaba, el pudiera pretender que ella no estaba ahí y su cuerpo podría relajarse un poco. Cada nervio en su cuerpo había estado ajetreado desde que ella había aparecido en el tranvía.
No funciono, claro. Inez no era alguien fácilmente ignorada.
“¿A dónde vamos?” pregunto ella.
Thomas miro sobre la gente que caminaba a su alrededor. Era un callejón ajetreado, la gente iba y venida de ambos lado de la calle. Aparte de las ocasionales luces que eran más eléctricas que lámparas de aceite, no era mucho muy diferente de cómo había sido la primera vez que él había venido hacia ciento setenta y cinco años.
“¿Thomas?” prosiguió Inez.
“El Distrito Rojo.”






Inez se alegro de que se decidiera a ir tras él. La idea de él vagando en la afamada área de prostitución de Ámsterdam en el estado en el que él estaba no era bueno.
Su mirada se deslizo sobre él mientras pasaba de la sombra a la luz. Ella había estado sorprendida de verlo abordar el tranvía cuando ella salió del hotel. Inez había estado segura de que tendría de encontrarlo al encontrar la locación en la nota que él había dejado. Ella no se había conformado, de cualquier modo, sino que inmediatamente rompió a la carrera para subir al tranvía antes de que se moviera. Afortunadamente, el conductor la había visto y esperado.
Thomas había parecido tenso e infeliz cuando ella lo había visto por primera vez en el tranvía, y eso fue antes de que el si quiera la viera. Y el parecía igual de tenso e infeliz ahora, o tal vez un poco más. Parecía obvio para ella que el hombre estaba sufriendo. El no podía soportar ser tocado, continuaba sudando cada vez que ella se le acercaba demasiado, y parecía estarla pasando mal incluso solo mirándola.
Ellos salieron del pequeño callejón hacia una calle, o lo que ella asumía era una calle. Un lado estaba separado del otro por un ancho canal con puentes cruzando a ambos lados. Inez se encontró mirando a su alrededor. Mucho para su sorpresa todo era bastante bonito. Los edificios estaban todos presionados estrechamente unos contra otros y todos tenían al menos tres, y a veces cuatro o incluso cinco, piso de alto. Algunos eran edificios muy angostos con solo dos ventanas en cada piso, otros eran más anchos con tres, pero cada uno parecía tener negocios en la planta baja y a donde quiera que ella mirara, las luces destellaban hacia ella. Incluso en los puentes las luces corrían en arcos sobre el agua.
Ellos pasaron bares, clubes, y sex shops en el exterior de esta área y entonces –
Inez se detuvo muerta y pegada a una fila de ventanas encendidas en rojo. Algunas con sus cortinas cerradas, la tela destellando rojo de la luz detrás de ellas y una o dos mantenían sillas vacías con anuncios que decían vuelvo en seguida, pero la mayoría tenia mujeres en ellas, todas vestidas en lencería o alguna otra escasa prenda. Era como un caso de despliegue de dulces con mujeres como los dulces. Emocionada por todo, Inez comenzó a hurgar en su bolso.
Thomas se giro cuando se dio cuenta que la había perdido. Regresando a su lado, el frunció el ceño y pregunto. “¿Qué estas buscando?”
“Mi teléfono,” contesto Inez, checando los bolsillos laterales cuando ella no lo encontró en el bolsillo central. Sintiéndolo finalmente, ella lo saco triunfantemente, “¡Ah, ha!”
“¿A quién vas a llamar?” pregunto Thomas con precaución.
“No lo hare.” Ella abrió el teléfono y comenzó a levantarlo. “Mi teléfono tiene una cámara integrada. Quiero sacar una foto.”
Demasiado para su asombro, Thomas se paro enfrente de ella, bloqueando su visión de las ventanas.
“Sin fotos,” dijo él en voz baja. “No está permitido.”
“¿Qué?” pregunto Inez con sorpresa y luego miro alrededor. Mirando a un hombre a no más de tres pies con una enorme cámara en la mano que estaba enfocando hacia las ventanas, ella lo señalo. “Mira, el es-“
Sus palabras murieron abruptamente mientras un chirrido cortaba el aire. Mirando hacia las ventanas, ella vio a una mujer mayor, delgada, totalmente vestida, rebasar a una de las jóvenes en las ventanas para apresurarse a salir de lo que resulto no ser una ventana, sino una puerta con ventanas.
Los ojos de Inez se abrieron incrédulamente mientras ella iba tras el hombre con la cámara, golpeándolo por tratar de tomar fotos. El hombre estaba escapando, sus ojos bien abiertos y horrorizados.
“Muévete,” gruño Thomas.
Inez cambio su mirada de la disputa en la calle y miro hacia Thomas. En el momento en que ella estuvo mirando hacia ella el comenzó a caminar de nuevo, forzándola a seguirlo o perderlo en la multitud. Suspirando, Inez siguió renuentemente detrás de él. Ella realmente prefería quedarse ahí y ver qué pasaba ahí, pero no quería perderlo.
“¿Por qué no permiten fotos?” pregunto ella, mirando hacia atrás sobre su hombro a donde el hombre con la cámara estaba ofreciendo dinero a la molesta mujer. Ambos Inez y el hombre se encogieron cuando la mujer arrojo el dinero y continuo furiosa hacia él.
Cuando Thomas no contesto, ella miro alrededor, y miro dos enormes hombres ahora saliendo de la puerta abierta para unirse a la pequeña mujer. Ella estuvo repentinamente feliz de que Thomas la hubiera prevenido de haber tomado la fotografía. A ella le parecía que el hombre con la cámara estaba a punto de entrar en más problemas.
Dándose cuenta que Thomas continuaba hacia adelante sin ella, se apresuro tras de él. “¿Thomas? ¿Por qué estaban tan molestos por que el tomara fotografías?”
“Privacidad,” dijo Thomas a través de los dientes apretados mientras ella lo alcanzaba. “Las mujeres no quieren ser fotografiadas, y tampoco la mayoría de los hombres que las visitan. Es malo para el negocio. ¿Quién quiere visitar a una prostituta si hay posibilidades de que su foto sea tomada?”
“Oh, sí, claro,” dijo Inez en voz baja mientras ella deslizaba el teléfono de nuevo en su bolso. Por un momento ella se había olvidado de lo que las mujeres hacían en esas pequeñas habitaciones mientras las cortinas estaban cerradas. De alguna manera siendo todo tan abierto como eso lo había hecho parecer como algún tipo de atracción de ferio que lo que realmente era: prostitución. Era la atmosfera lo que lo hacía, se dio cuenta mientras miraba alrededor de nuevo. El área estaba bien iluminada, y la escena casi romántica con las luces reflejándose en el canal. Las aceras estaban limpias, los edificios ordenados. No había basura yaciendo alrededor, no grafitis, todos los edificios parecían en buen estado y ordenados bajo esta luz, y la gente que estaban pasando eran en su mayoría turistas, grupos de hombres, parejas, y grupos de parejas, todos vestidos casualmente pero el lindas ropas, riendo y hablando mientras caminaban por la calle, mirando por las ventanas con mas curiosidad que intentos laceros.
Haciendo a un lado el hecho de que ellos pasaban sex shops y shows de desnudos, o show eróticos en vivo interpretados entre las mujeres de las ventanas, la atmosfera era casi de carnaval más que de… bueno… un Distrito Rojo.
Thomas dejo de caminar repentinamente e Inez lo miro con curiosidad. “¿Qué pasa?”
“Este es el punto,” contesto él, su cabeza girando lentamente mientras el miraba el área.
“¿Aquí?” pregunto Inez dudosamente. Estaban de pie enfrente de una sex shop con luz roja, mujeres llenaban las ventanas a ambos lados y en la planta baja y el segundo piso. Difícilmente el lugar donde ella esperaba encontrar a Marguerite Argeneau.
“Herb dijo que ella no estaría a más de cincuenta pies,” dijo Thomas frunciendo el ceño mientras miraba alrededor.
Inez miro hacia un lado y luego hacia el otro, intentando de juzgar cuán lejos serian cincuenta pies en cada dirección. No había bares o restaurantes en esta pequeña extensión, de cualquier manera, solo la sex shop y las ventanas rojas.
Un movimiento llamo su atención e Inez miro hacia la ventana del segundo piso enfrente de ella mientras una bonita rubia en panties blancas, bra, y medias abría las cortinas. Un hombre se puso de pie en la habitación con ella, su cinturón abierto y colgando, sus pantalones cerrados, y se apresuraba a cerrar los botones de su camisa. El era un tipo promedio; peso promedio, un poco demasiado delgado, una apariencia un poco rara. En también parecía muy nervioso por que la mujer hubiera abierto las cortinas antes de que se hubiera vestido e ido, e Inez se encontró avergonzada por él. Ella se giro, enfrentado a Thomas para darle al hombre en la ventana privacidad.
“Ella solo debió de haber pasado por aquí cuando ellos la rastrearon,” dijo ella. “Llama a tu amigo y has que rastree su teléfono de nuevo.”
Asintiendo, el saco su teléfono.
Inez miro alrededor mientras ella esperaba a que el hiciera la llamada, sus ojos deslizándose sobre las ventanas en la calle, notando que las mujeres en la segunda planta todas parecían ser un poco más bellas que las de la planta baja. La mayoría de las del segundo piso también vestían lencería que parecía más cara, o piel comparadas con las mujeres de abajo, y ella se pregunto si había diferencia en el precio de las de la planta baja y las de arriba.
Thomas comenzó a hablar junto a ella e Inez escucho ausentemente mientras él hablaba con su amigo, Herb, y le pedía que rastreara el teléfono de nuevo. Cuando el termino, ella lo miro a manera de pregunta mientras el cerraba su teléfono.
“Llamara de nuevo cuando tenga la localización,” explico Thomas, deslizando el teléfono en su bolsillo trasero.
Asintiendo, ella salió del camino de un gran grupo de hombres que jugueteaban en la acera, cantando alguna canción. Una vez que ellos pasaron, ella se giro hacia Thomas y sugirió, “¿Por qué no encontramos un pub en la calle mientras esperamos?”
Thomas dudo y luego sacudió la cabeza. “Si vamos en la dirección equivocada, estaremos mucho más lejos de la zona.”
“Cierto,” dijo Inez suspirando. Ella estaba exhausta. Sus pies estaban más adoloridos y sus tobillos aun estaban hinchados por el vuelo. Ella también estaba hambrienta de nuevo a pesar del hecho de que había comido dos veces ese día. Y ella no podía quejarse de nada de lo anterior ya que él quería que ella se quedara en el hotel en primer lugar. Haciendo una mueca, ella camino para recargarse contra el barandal que corría junto al canal para mantener a los turistas distraídos y simplemente ebrios o drogados de caer al canal.
“Pareces cansada,” dijo Thomas frunciendo el ceño y cuando ella simplemente se encogió de hombros, giro hacia la calle. “Vamos. Puede ser hasta una hora antes de que el llame de nuevo. Bien podemos tomar un trago o comer algo.”
Destellando al momento, Inez salto a su lado, encontrando un poco de energía ante el prospecto de un asiento y bebida en su futuro.
No habían llegado muy lejos cuando se habían tenido que mover hacia un lado para dar paso a otro gran grupo, este era un poco más rudo y definitivamente mas borrachos o drogados o ambos. Thomas tomo instintivamente su brazo para moverla fuera del camino del grupo, teniendo que halarla justo hacia la boca de un corto y estrecho callejón para sacarla del camino.
Inez tropezó en el camino irregular y aunque Thomas la atrapo, el también perdió de alguna manera el equilibrio. Ellos se tambalearon como una pareja de ebrios hasta que ella llego contra la pared, su espalda chocando contra ella.
Haciendo una mueca, Inez levanto su cabeza y encontró a Thomas congelado frente a ella, su cara como de piedra, sus ojos destellando plateado en la oscuridad. Los ojos de ella se ensancharon y ella se encontró sosteniendo el aliento mientras lo miraba. Se sentía como una situación peligrosa para ella, aunque ella no podía decir por qué, y entonces la cabeza de él descendió y su boca cubrió la de ella y ella supo exactamente por qué. La necesidad vertiéndose del hombre y evidente en su demandante beso que casi la ahogaba. El beso no era nada como el del hotel en Londres. Ese había sido ordenado y seductor, este era salvaje y fuera de control, una explosión de necesidad desesperada que era aterrador en su intensidad.
Impresionada, Inez permaneció completamente bajo el comando inicial. Como una computadora saturada de información, su cerebro se bloqueo brevemente y luego se reinicio mientras sus manos la tomaban por detrás y la levantaban, presionándola contras su dura necesidad. Retomando sus sentidos, Inez busco sostenerlo por el cabello y los jalo vigorosamente, intentando hacerlo que se detuviera. Cuando no funciono, ella mordió su lengua, no lo suficiente como para realmente dañarlo, pero suficiente para advertirlo.
Thomas rompió el beso de inmediato y ella sintió un momento de alivio, pero entonces la boca de él simplemente se deslizo a través de su mejilla hacia su oído.
“Thomas,” siseo ella en un susurro, al tanto de que la calle solo estaba a algunos pies a su izquierda y no queriendo llamar la atención de los paseantes, “Debes detenerte. Alguien nos vera.”
Cuando el levanto su cabeza y la dejo de nuevo deslizarse a sus pies, ella sintió alivio, pero entonces el simplemente la urgió aun más adentro del callejón.
“¿Qué -?” pregunto Inez con confusión y luego sintió la pared presionar su espalda de nuevo mientras él la presionaba entre las sombras. “Thom –“
Su nombre murió en un jadeo de sorpresa mientras su mano repentinamente cubría uno de sus pechos a través de su blusa, luego su boca estaba sobre la de ella de nuevo, su lengua barriendo contra la suya. Inez cerró los ojos, intentando luchar con la sensación despertando dentro de ella, pero el hombre tenía doscientos años de practicar tu técnica y era bueno en ello. Aun así, ella intento una vez más, girando su cabeza hacia un lado para romper el beso para que ella pudiera susurrar, “Thomas tienes que –“
Sus ojos se abrieron por la sorpresa mientras la cabeza de él se hundía y el cerraba su boca sobre el pecho que había estado acariciando. Inez miro hacia abajo con asombro mientras ella veía que el de alguna manera había abierto su blusa sin que ella se diera cuenta, había hecho a un lado su brassiere de seda y ahora estaba succionando un desnudo pezón, llevándolo a su boca y golpeteándolo con su lengua para que la tierna carne se endureciera con excitación.
“Thomas,” Ella lo quería decir como una reprimenda, pero salió como un gemido sin aliento. Incluso peor, la mano que había estado jalando del cabello de él, ahora tomaba su cabeza, urgiéndolo.
Cuando los dientes de Thomas rosaron contra la excitada carne que estaba succionando, Inez gimió, y enterró sus dedos en las hebras de su cabello de nuevo, esta vez no intentando detenerlo tanto como intentaba jalarlo para que la besara de nuevo. Thomas lo hizo al instante, su lengua inmediatamente saliendo a danzar con la de ella mientras él la tomaba de nuevo del trasero y la levantaba otra vez. Esta vez cuando él la urgió contra la dureza en su entrepierna, ella gimió y arrojo sus brazos alrededor de su cuello, presionando sus senos contra su pecho para que ella estuviera en contacto con él desde arriba hasta abajo.
Thomas se coloco más cerca, presionándola en la pared con su cuerpo para que sus manos estuvieran libres. Inez jadeo y tembló y succiono furiosamente su lengua mientras las manos de él se deslizaban sobre ella. Cuando él la tomo por debajo de los muslos y los urgió a subir, ella instintivamente cruzo las piernas sobre la cadera de él, cambiando ligeramente el ángulo de su contacto mientras él se enterraba en ella.
“Te necesito,” gruño él, rompiendo su beso de nuevo e inclinándose ligeramente hacia atrás para él pudiera colocar ambas manos sobre sus senos. Uno estaba desnudo, pero el otro aun estaba cubierto por su brassiere. Thomas arreglo eso rápidamente para que el pudiera acariciar su piel desnuda.
Inez cubrió sus manos con las propias e recargo su cabeza contra la pared, gimiendo mientras ella cambiaba sus caderas para frotarse contra él y entonces una de las manos de él se deslizo hacia abajo y el frio aire de la noche acaricio su pecho mientras ella lo sentía desatando la cinturilla de sus pantalones.
“¿Por qué no vistes una falda?” murmuro él con frustración.
“Lo hare de ahora en adelante,” prometió Inez y entonces el material de su cintura cedió y la mano de él se deslizo dentro y entre sus piernas. Inez se asió de él y grito mientras sus dedos acariciaban contra la delicada piel, un sonido que el corto cubriendo su boca con la de él.
Inez lo beso de vuelta frenéticamente, deslizando una de sus propias manos entre ellos para presionarla contra su erección, y apretarlo firmemente. Cuando Thomas gruño en su boca, ella lo soltó y fue hacia el botón y el cierre de sus jeans, abriendo ambos para que ella pudiera deslizar su propia mano para encontrarlo, y entonces su celular sonó.
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exsamtha

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MensajeTema: Re: Capitulo 6 (Traducido por Jade Lorien)   Miér Jul 06, 2011 9:31 pm

Me encantan estos libros

Muchas gracias por seguir con la traduccion


Oye si me desaparesco unos dias de aqui es por culpa de mi compu como que se me quiere descomponer
espero que no pero te digo por si acaso


Sad



Nueva mente felicidades por tu cuarto de siglo Jade_Lorien lol!

Un abrazo Sam
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Jade_Lorien
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MensajeTema: Re: Capitulo 6 (Traducido por Jade Lorien)   Jue Jul 07, 2011 11:23 am

Okis Sam, no te preocupes. T mando el capi 6 en Word para q lo corrijas, no hay prisa, pues sera para cuando el se junten tooodos los capis de st libro okis????
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exsamtha

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MensajeTema: Re: Capitulo 6 (Traducido por Jade Lorien)   Vie Jul 08, 2011 12:25 pm

Hola Hola

OK

Te escribo de un cafe por que mi compu no la puedo usar
rebice mi correo y aun no recibo el mail
Como no puedo usar la compu y no tengo tanto presupuesto para estar en un cafe Sad
cuando reciba el mail se lo voy a enviar a Carol una chica de Cozumel
que tambien quiere ayudar y ya me confirmo que si puede mientras estoy
fuera de la web.

Nos escribimos pronto.

D que numero libro ?
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MensajeTema: Re: Capitulo 6 (Traducido por Jade Lorien)   

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Capitulo 6 (Traducido por Jade Lorien)
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