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 Capitulo 4 (Traducido por Jade Lorien)

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Capitulo 4 (Traducido por Jade Lorien)   Vie Jul 01, 2011 12:33 pm

Cuatro


Thomas se había girado en su asiento, mirando con fascinación a un grupo de alborotados Brits en la parte de atrás del avión. Todos eran hombres, pero uno de ellos estaba en un corto atuendo de enfermera con medias rosas cubriendo sus peludas piernas, una peluca rubia, tacones altos, y un muy mal trabajo de maquillaje en su barbuda cara. El también tenia un pedazo de papel pegado a su espalda que decía Me voy a casar. Patéame.
El resto de los hombres del grupo estaban todos riendo y molestando al pronto-novio, y todos ellos parecían ser muy alivianados. Era obvia una despedida de camino a Ámsterdam para parrandear por el fin de semana, y Thomas sacudió la cabeza, preguntándose por que ellos no hacían cosas así en Canadá. El la habría pasado en grande viendo a Lucern vestido así. No que el probablemente hubiera accedido a hacerlo.
Thomas estaba sonriendo ligeramente ante la idea, cuando Inez dijo, “Explica ahora.”
Suspirando, el miro de muevo al escandaloso grupo en la parte de atrás del avión. La azafata estaba teniendo problemas en mantener a la media docena más o menos de hombres en sus asientos. Ellos continuaban atravesándose en los pasillos para hablar con los otros de su grupo. Los hombres no estaba siendo groseros o molestos, y la mayoría de los pasajeros estaban observando su actuación son emoción, pero ellos mantenían a la azafata ocupada.
Girándose de nuevo en su asiento, el miro a Inez, notando que ella no estaba mostrando la indulgente emoción del resto del avión. En su lugar ella estaba mirándolo con ojos entrecerrados de disgusto.
Suspirando, el miro alrededor a la gente sentada alrededor de ellos, y entonces sacudió la cabeza. “No puedo. Hay demasiada gente aquí.”
Eso solo hizo que su dulce pequeña boca se comprimiera un poco más y sus ojos se tornaran fríos. La mujer era un montón de pasiones – un momento enojada, el siguiente ardiendo de deseo. Sus sentidos estaban alerta de cada cambio, leyendo las esencias que salían de ella en oleadas y fluctuaban entre el deseo y la culpa mientras su humor cambiaba.
Inez se había dirigido directamente hacia la tienda doy free una vez que ellos había llegado al aeropuerto y había comprado una botella de Paris. Desafortunadamente, ellos no le habían dado el perfume entonces, pero le dijeron que ella podía recogerlo cuando abordara el avión.
Inez no había estado complacida. Tratando de distraerla, Thomas la había llevado al pequeño pub-and-grill en el área de espera del aeropuerto y ambos ordenaron y comieron algo.
Inez había estado abiertamente sorprendida de que el comiera comida. Thomas había estado un poco sorprendido también. No tanto por que estuviera comiendo, sino por cuan disfrutable era en cambio. El se había aburrido de la comida en la última década o algo así, encontrando todos los sabores iguales y era algo molesto, pero esa comida en el restaurante había estado llena de sabor y textura y él lo había disfrutado. Thomas sabía que no debía de sorprenderse. Comer y disfrutar la comida era uno de los signos de encontrar a una compañera de vida, como lo era el no poder leer al individuo. Parecía que había poca duda de que Inez era su compañera de vida.
Mientras que la curiosidad de ella había sido obvia, la ruidosa charla y música en el establecimiento había evitado que ella lo cuestionara. No estando ansioso de dar explicaciones, Thomas había insistido en permanecer ahí hasta que ellos fueran llamados a bordo. A Inez le habían dado una bolsa con su compra de Paris cuando abordaran, pero la había colocado mejor en su bolso en lugar de usarlo en el espacio cerrado.
Thomas estaba un poco halagado acerca de eso. Mientras la montaña rusa de sus emociones lo forzara a ir con ella, el iba a disfrutar el viaje. Después de décadas de experimentar poco en el camino de la estimulación emociona, el estaba devorando las altas e incluso las bajas, disfrutando cada curva. Aunque, la verdad era, que estaba disfrutando mas su pasión. El interés de Thomas en las mujeres había empezado a menguar mientras él se aburría del sexo. Era la cosa que lo había aburrido más en las últimas décadas.
“¿Thomas?”
Oyendo la molestia en su voz, el se dio cuenta que el solo la estaba mirando, sin hablar mientras sus pensamientos de amontonaban en su mente, ahora, el se aclaro su garganta y dijo, “No aquí. Nos oirán.”
“Dijiste que estaremos en público todo el tiempo para que yo me sienta segura mientras tú me explicas,” señalo ella a regañadientes. “Si no puedes explicar en público, como –“
“Está bien,” dijo Thomas de una vez, terminando su irritación. El miro alrededor de nuevo, aliviado de ver que todos parecían estar poniendo atención a los hombres en la parte trasera del avión, y luego se giro de nuevo hacia ella. Thomas dudo y luego se estiro y tomo la cruz en sus manos. Mientras ella lo veía con los ojos bien abiertos, el cerro sus dedos alrededor de ella, sosteniéndola por un momento, y luego abrió su mano para revelar el pendiente dorado yaciendo en su mano ilesa.
“La cruz no evita que te lastime, Inez. Yo lo hago. Estas a salvo conmigo,” dijo él en voz baja, luego sonrió agriamente y agrego, “Y la ensalada Cesar con ajo extra que ordenaste en el restaurante del aeropuerto fue completamente innecesaria. El ajo no nos lastima tampoco.”
Ella se sonrojo ante sus palabras, pero no dijo nada.
Soltando la cruz, Thomas continuo, “No estamos muertos. No somos desalmados. No estamos malditos.”
Sus ojos se abrieron mas ante cada afirmación. “Bueno entonces, como –“
Thomas sostuvo en alto una mano y ella cayó en silencio inmediatamente. Asintiendo en aprobación, el dijo, “Voy a contrate una historia.”
Inez contesto con irritación.”No quiero oír una historia. Quiero –“
“Coopera conmigo aquí, Inez,” dijo él con exasperación y gesticulo hacia la gente a su alrededor.
Ella miro alrededor, notando que mientras nadie parecía estar mirándolos, ellos estaban ciertamente cerca para oír. Mordiendo su labio, ella asintió comprendiendo. “Dime la historia.”
“Estaba leyendo un libro sobre la Atlántida,” comenzó el, mirándola significativamente.
Sus ojos se agrandaron, pero ella permaneció en silencio.
“En este libro, la Atlántida era una civilización aislada que tenía una sociedad mucho más avanzada que el resto del mundo en su tiempo. Más avanzada que incluso la que tenemos ahora.”
Sus cejas se elevaron ligeramente.
“Y en la Atlántida, los científicos descubrieron una manera de combinar la bioingeniería y la nano tecnología para crear pequeños nanos que pudieran ser introducidos en el torrente sanguíneo de los mortales y ser llevados por el cuerpo para reparar el daño y matar las enfermedades en el individuo así como regenerar nuevas células si era necesario. Esos nanos fueron programados para apagarse y desintegrarse una vez que la reparación fuera hecha.”
Inez asintió comprendiendo, su expresión fascinada.
“Pero lo que los científicos no habían tomado en cuenta era que los cuerpos mortales sufren un daño constante por la luz del sol, el ambiente e incluso el envejecimiento, así que los nanos nunca se apagaron, sino que continuaron reparando el daño, incluso replicándose a sí mismo para continuar el trabajo que estaban programados para hacer.”
“Así que tu –“
Thomas tomo su mano, llevándola al silencio para que el pudiera continuar. “Estos nanos, de cualquier modo, usan más sangre de la que un mortal puede producir. En la Atlántida, esto no era un problema. Ellos tenían bancos de sangre y aquellos mortales en la Atlántida que ahora eran inmortales, por que los nanos mantenían sus cuerpos en su mejor nivel entre los veinticinco y los treinta dos años de edad, simplemente recibían transfusiones cada mañana.”
“¿De dónde sacaban la sangre?” pregunto Inez.
“De los mortales,” contesto Thomas, y luego explico, “No todos en la Atlántida tenían estos nanos dentro de ellos. No se la secuencia exacta de los eventos o cuantos fueron probados antes de que se dieran cuenta que nos nanos no morían como ellos lo esperaban. Todo lo que sé es que los padres de mi padre estaban entre aquellos en el tratamiento experimental antes de que fuera detenido. Fue como se conocieron. Y luego, claro, todos sus niños fueron infectados, los nanos pasaban a ellos a través de su madre.”
“Ya veo,” murmuro Inez. “Y esto nanos les dieron colmillos y –“
“No. Ellos no tenían colmillos en la Atlántida. Como dije, ellos tenían bancos de sangre y recibían transfusiones. Los colmillos no eran necesarios… pero entonces llego el día que la Atlántida cayo.”
“¿Cayo?” pregunto ella curiosa.
Thomas asintió, “Fue la combinación de un terremoto y una erupción volcánica o algo. La Atlántida cayó al océano, creo. De cualquier modo, la mayoría sino es que todos los mortales murieron en la caída, e incluso algunos inmortales, pero algunos lograron escapar y sobrevivir. Ellos se dispersaron por toda la superficie de la tierra, pero lo que encontraron fue que mientras su sociedad había estado protegida por el cobijo de las montañas que los rodeaban y su gente había avanzado, el resto del mundo estaba mucho muy detrás de ellos en tecnología. Primitiva incluso.” El se aclaro la garganta, “Esto fue alrededor del 1500… a.C.”
Sus ojos se abrieron incrédula. “¿Qué?”
Cuando el simplemente asintió solemnemente, Inez frunció el ceño en respuesta. “Pero eso quiere decir que ellos estaban un mundo más adelantados que el resto. ¿Por qué? ¿Cómo?”
Thomas se encogió de hombros. “Ellos estaban en sus asuntos y no compartían su tecnología.”
“¿Pero por qué?” repitió ella. “¿Por qué estar tan aislados? ¿Por qué ellos nunca viajaron mas allá de las montañas que los rodeaban? Si ellos eran tan avanzados, seguro que tenían la habilidad.”
“Estoy seguro que lo hicieron,” coincidió Thomas y luego se encogió de hombros. “Pero no sé por qué permanecieron aislados. Mi primo una vez me dijo algo acerca de un viejo feudo con un clan vecino y un tratado de paz garantizando que ningún pueblo podría cruzar la frontera en las montañas que los separaba.”
“¿Pero lo hicieron cuando la Atlántida cayo?” murmuro ella y el asintió.
Inez considero eso y luego pregunto, “¿Cómo sobrevivieron ellos cuando se encontraron repentinamente sin bancos de sangre y así?”
Thomas vio la resolución en su rostro incluso mientras ella formulaba la pregunta, pero contesto aun así, “Primero era malo. Ellos necesitaban sangre, pero no tenían manera de obtenerla. No había bancos de sangre fuera de la Atlántida. Pero el trabajo de los nanos era hacer lo que fuera necesario para reparar y regenerar el cuerpo y ellos necesitaban sangre para hacerlo.” El se encogió de hombros. “Su respuesta fue hacer que los dientes salieran, supongo. Además, los sobrevivientes también se volvieron amas rápidos, y fuertes, y capaces de ver mejor en la oscuridad.”
“¿Por qué en la oscuridad?” pregunto Inez al momento. “Si no están malditos ni desalmados, ¿Por qué no pueden caminar bajo la luz del sol?”
“Ellos pueden,” dijo Thomas, mientras el miraba nerviosamente alrededor para asegurarse que ninguno de sus compañeros de vuelo estuviera poniendo atención. “Ellos pueden caminar a la luz del sol, pero la luz del sol es lo que más daña el cuerpo, lo que significa que ellos deben de consumir más sangre. Ellos evitan la luz del sol para evitar la necesidad de alimentarse más seguido.”
Cuando ella frunció el ceño, el agrego, “Los mortales no estaba muy felices de ser considerados ganado por los inmortales. Muchos Atlantes fueron asesinados o al menos lastimados horriblemente cuando fueron descubiertos alimentándose de mortales. Era mejor para ellos evitar la luz del sol tanto como fuera posible y vivir, dormir, y cazar bajo la cobertura de la noche. Claro, los otras habilidades ayudaban con ello.”
“¿Ser más rápido, más fuerte, y tener visión nocturna?”
“Eso y la habilidad de leer y controlar las mente mortales, así como borrar sus recuerdos para que no sintieran dolor al alimentarse o los recordaran después. Si no fuera por eso, habría sido imposible esconder su existencia. Ellos habrían sido cazados y eventualmente erradicados,” dijo él en voz baja y luego señalo, “Los mortales pueden vencernos – quiero decir, a ellos, solo por numero.”
Ella frunció el ceño, abrió la boca, luego la cerro y se inclino para susurrar, “Pero tú no borraste mi memoria.”
“No,” coincidió Thomas en voz baja. El podía ver la pregunta en sus ojos, pero sacudió su cabeza. El no iba a explicarle eso aquí. El no estaba del todo seguro de cómo tomaría ella la noticia de que ella era su compañera de vida y él no quería asustarla en el avión. Tratando de alejarla de ese tema, el dijo, “Los mayores prefieren ser llamados inmortales más que vampiros, aunque ellos no son completamente inmortales. Ellos pueden morir, pero no de enfermedad, y ni siquiera por la mayoría de lesiones.”
“¿Cómo?” pregunto ella.
Thomas dudo. Lo que ella estaba preguntando era una pregunta peligrosa de responder. Si ella decidía que no pensaba que los mortales debían de sufrir el vivir con inmortales entre ellos, ella podía usar esa información para lastimarlos. Desafortunadamente, el no podía leer su mente, así que no podía saber cómo iba a aceptar ella esta información. Ella no parecía tan temerosa como lo había estado. De hecho, mas bien, Inez parecía más fascinada que nada mas… aun…
“¿Es la estaca en el corazón como el vampiro mitológico?” pregunto ella abruptamente.
“Eso puede detener el corazón,” admitió el cuidadosamente.
Las cejas de ella se juntaron. “Pero no los mataría.”
“No si es removida lo suficientemente rápido,” admitió el.
“Entonces, como –“
“La única cosa que necesitas saber es que ahora que hay bancos de sangre de nuevo, ellos no necesitan cazar para alimentarse,” dijo él en voz baja.
“Pero tú me mordiste.”
Thomas miro alrededor de nuevo. Nadie parecía prestar atención, pero mientras él se giraba de nuevo hacia Inez miro a la mujer en el asiento frente al de Inez a través del espacio entre los dos asientos delante de ellos. La cabeza de la mujer giro a ambos lados, su oído más cerca a la división. Entrecerrando los ojos, el se enfoco en sus pensamientos, aliviado de ser capaz de leerlos hasta que se dio cuenta que de hecho ella había estado escuchando ávidamente. Y ella sospechaba que no era solo una historia que él le estaba contando a Inez. Thomas inmediatamente comenzó a borrar sus recuerdos, reemplazándolos con el pensamiento de que ella se había dormido durante todo el vuelo. Entonces él se tomo un momento para dormirla por el resto del vuelo antes de girar de nuevo hacia Inez.
Ella estaba mirando entre él y los asientos delante de ellos con sospecha. “¿Qué acabas de hacer?”
“Te mordí por que la hielera de sangre que Bastien me estaba enviando al Dorchester no había llegado aun,” dijo el susurrando cerca, ignorando su pregunta. “Estaba distrito por mi preocupación por la tía Marguerite en el vuelo hacia Inglaterra ayer y solo tome una bolsa de sangre. Bastien estaba preocupado acerca de que me llegara al vuelo hambriento y posiblemente fuera tentado a alimentarme de alguien en el aeropuerto o en el avión y fuera descubierto.”
“¿Cuánta sangre necesitas normalmente en el día?” pregunto Inez en un susurro, el ceño fruncido en su cara.
“Tres o cuatro bolsas como regla,” admitió el renuentemente.
“¿Tres o cuatro bolsas?” pregunto ella con asombro. “¿Eso es como qué? ¿Tres o cuatro pintas?”
“Algo así,” murmuro el encogiéndose de hombros.
“Tuviste una bolsa ayer y una hoy, ¿así que estas unas siete pintas abajo cuando me mordiste?” pregunto ella.
Inez lo miro por un minuto y luego dijo con seguridad, “Tú no tomaste tanto de mí. El cuerpo humano solo tiene algo así como ocho pintas de sangre, ¿no es así?”
“No, no tome tanto de ti,” accedió el. El no tenía idea de cuanta sangre en promedio tenía una persona. No era algo que normalmente considerara.
“¿Qué pasa cuando no tienes suficiente sangre?”
Thomas dudo y luego admitió, “Los nanos dejaran el torrente sanguíneo e irían a los órganos y la piel en busca de más sangre como combustible.”
“¿Es doloroso?” pregunto ella, su expresión solemne.
“Como acido viajando por tu cuerpo,” murmuro él, cambiando incómodamente en el asiento. Temeroso de juzgar mal y tomar demasiada sangre después de tanto tiempo sin alimentarse del envase, Thomas no había tomado mucha sangre de Inez… solo lo suficiente para suavizar los peores calambres en el momento. No le había tomado demasiado a su cuerpo acabar con la pequeña cantidad que él había consumido y el dolor y calambres de hambre rápidamente habían regresado. Ellos se habían vuelto más insoportables con el paso del tiempo, pero el casi se las había apañado para ignorarlos distrayéndose con las señales y sonidos a su alrededor. De cualquier modo, ahora que ellos estaban discutiendo el tema, el estaba teniendo problemas para ignorar el dolor. Sería un gran alivio cuando llegaran al hotel en Ámsterdam y el pudiera abrir la nevera de sangre que Bastien había prometido estaría esperando ahí.
Inez se mordió el labio mientras miraba a Thomas, sus sentimientos estaban entre el alivio y la preocupación. Ella estaba aliviada de saber que él no era un desalmado, muerto, chupasangre como el ficticio Drácula y sus cohortes. Eso habría sido una pesadilla. Ella no podría haber aceptado eso ni siquiera para mantener su trabajo. Pero el sonrojo en sus mejillas que ella había notado después de que la mordiera había sido un estado temporal. Mirándolo como lo había hecho en el taxi, Inez de hecho había sido capaz de ver el brillo rosado desaparecer de sus mejillas durante el viaje de una hora al Aeropuerto Garwick. Para cuando ellos habían llegado y registrado en la terminal, no había más brillo y él había estado terriblemente pálido… insalubre incluso.
Inez no había estado demasiado preocupada en el momento, pero ahora que ella entendía justo lo que él era ella estaba comenzando a preocuparse. De lo que él le había explicado, parecía obvio que Thomas no era muy diferente a ella y los otros mortales… excepto que la tenia cierta longevidad. El tenía ciertas habilidades que la mayoría de los humanos no; la fuerza extra y la velocidad de la que había hablado, la habilidad de ver mejor en la oscuridad, y los colmillos desde luego. Pero el tenia una terrible debilidad, incluso aflicciones. El hombre no podía sobrevivir demasiado sin sangre sin sufrir un terrible dolor. Ella podía ver las líneas de dolor juntándose alrededor de su boca y ojos. La primera de la líneas comenzaba a aparecer por después de que habían llegado al aeropuerto y se había vuelto más obvia para cuando habían abordado el avión.
Mucho para su pesar, ellos no se habían preocupado mucho por el momento. Ella más bien había pensado en servirle ya que su cuello estaba un poco sensible al toque, pero ahora que él le había explicado como era el de esa manera…
Inez lo miro silenciosamente, peleando con la urgencia de ofrecerle que la mordiera de nuevo. Si hubiera sido una urgencia completamente altruista, ella podría no haber peleado tanto. Ella odiaba ver el dolor de otro, y realmente ahora que él le había explicado, ella no estaba tan molesta acerca de que la mordiera. A ella no le importaba la idea de ser “ganado” para un inmortal como él lo había puesto, pero realmente no era diferente a donar sangre a un banco de sangre, o para un amigo. Excepto por la entrega… y ahí yacía el problema y la razón por la que ella estaba luchando contra la oferta. No era del todo altruista. Inez había disfrutado la experiencia; sus besos, su toque, su esencia, la pasión que había fluido por ella, y parte de ella estaba ansiosa de experimentarla de nuevo.
Si así era como ella iba a reaccionar al hombre mordiéndola, ella realmente necesitaba trabajar en su vida social, pensó Inez con disgusto. Obviamente su falta de una había hecho desesperada si es que estaba dispuesta a disfrutar la pasión que conllevaba.
Ella oyó a Thomas inhalar profundamente y miro hacia el para ver que el estaba dejando salir el aire lentamente por su nariz. Inez reconoció de inmediato que era un esfuerzo para aliviar el dolor que estaba sufriendo y abrió su boca, la oferta de dejarlo que la mordiera de nuevo temblaba en su lengua cuando el anuncio de cinturón de seguridad repentinamente se prendió.
“Estamos perdiendo altitud,” dijo Thomas mientras ataba su cinturón. “Aterrizaremos pronto.”
Inez cerró la boca en la oferta que estaba a punto de hacer y rápidamente bajo la cabeza para buscar su cinturón de seguridad. No había necesidad de hacer una oferta si ellos casi llegaban. Parte de ella estaba aliviada. Otra parte estaba sin duda desilusionada.






El Aeropuerto Schiphol en Ámsterdam estaba igual de ajetreado como el Gatwick, pero Thomas tenía menos paciencia. Las multitudes cambiando alrededor de él avivaban los calambres que estaba sufriendo. Ansioso de escapar de los cuerpos presionados, el apresuro a Inez a través de la plataforma uno del aeropuerto, aliviado cuando vio que el tren se estaba estacionando. Se detuvo en la máquina de boletos, espero impacientemente a que el joven que ya estaba ahí terminara su compra, luego compro sus boletos y apresuro a Inez hacia el tren, abordando justo antes de que las puertas se cerraran.
El primer piso estaba lleno en tres cuartas partes, atestado para el estado mental de Thomas. Cuando Inez se movió hacia un par de asientos desocupados junto a la pared, él la urgió a que los rebasaran y fueran a las escaleras del segundo piso. Como él esperaba, la sección superior estaba mucho menos llena. Thomas guio a Inez hacia una mesa vacía para dos y dejo su maleta en el piso a sus pies mientras se sentaba.
“Estoy sorprendida de que Bastien no arreglara un auto para recogernos,” dijo Inez con una risa sin aliento mientras se dejaba caer en su propio asiento
“El se ofreció,” admitió Thomas. “Pero el tren es probablemente más rápido. Además no hay mucho tráfico en Ámsterdam. La mayoría de las personas camina o viaja en bicicleta. Tomaremos el tren a la ciudad, y luego un auto al hotel.”
Inez asintió, su mirada deslizándose por la ventana para observar el escenario que pasaban mientras salían de la estación del tren. No había mucho que ver. Era de noche, estaba oscuro con algunas ocasionales luces. Eso era todo. Aparentemente no más encantada por la vista como él esperaba que estuviera, ella se giro para mirarlo y pregunto curiosamente, “¿Has estado antes en Ámsterdam?”
Por la manera en la que ella sacudió rápidamente la cabeza el sonrió y sugirió, “¿Asustada por su reputación?”
Inez sonrió socarronamente y asintió.
“No es por lo que es famosa,” le dijo Thomas en voz baja.
Inez ladeo su cabeza y levanto las cejas a manera de duda. “¿La mota no es legal aquí y no hay un Distrito Rojo?”
“Bueno, si, y si,” admitió con una sonrisa. “Pero ese es un solo aspecto de la ciudad. Es realmente un hermoso lugar. No hay muchos autos en la ciudad. La mayoría de la gente camina o anda en bicicleta, y luego están los taxis y autobuses. La falta de autos mantiene baja la contaminación y los edificios son más viejos que los que encuentras en Londres, muy pintoresco. Creo que te gustara.”
“Ya veremos,” dijo ella no comitentemente.
Thomas asintió y miro por la ventana, luego de nuevo hacia ella y dijo, “Bastien iba a entregar algunas ropas y necesidades para ti en el hotel.”
Cuando las cejas de ella se elevaron, el se encogió de hombros. “Le recordé que estarías viajando sin equipaje.”
“Eso fue lindo,” dijo ella en voz baja, su expresión solemne.
Thomas alejo el cumplido y dijo, “No soy un chico lindo.”
“Si, lo eres,” coincidió ella y él se sintió incomodo de cuan seriamente lo había dicho ella. El se puso aun mas incomodo cuando ella pregunto, “¿Qué edad tienes?”
Thomas hizo una mueca. Por la manera en la que Bastien y Lucern siempre lo trataban, el usualmente se sentía como el bebe de la familia incluso cuando su hermana Jeanne Louise era menor. Ahora, sin embargo, sabiendo que Inez no podía tener más de treinta, el estaba apenado de cuantos años tenía. Finalmente, el simplemente dijo, “Soy viejo.”
“¿Cuan viejo?” persistió Inez y luego sonrió y explico, “Solo pregunto porque dicen que los hombres se vuelven más considerados mientras más envejecen y tu eres muy considerado.”
“No más que la mayoría de los hombres,” argumento él, y ella se rio ante esas palabras.
“Thomas, tu eres definitivamente mas considerado que cualquier hombre que haya conocido en mi vida.” Cuando el abrió la boca para discutir, ella comenzó a contar los hechos con sus dedos. “Primero me preparaste ese baño y me ordenaste te y el desayuno cuando te enteraste de que me había apresurado a recogerte sin haberlo tomado, y ahora estas previendo que estoy sin ropas aquí en Ámsterdam. Tu siempre tomas mi brazo para guiarme, abres las puertas para mi, y – sin contar la carrera por el aeropuerto Schiphol – generalmente disminuyes tu zancada con la mía,” señalo ella y luego arqueo una ceja y dijo, “Si la consideración en los hombre se mide con la edad, eso quiere decir que tú tienes al menos mil años de edad.”
Thomas sonrió ante su suposición. “Fui criado por mi Tía Marguerite. Su hija, Lissianna, y yo solo nos llevamos cuatro años. Ellas me enseñaron ser considerada.”
“¿Cuan viejo?” insistió ella.
El frunció el ceño, brevemente buscando una manera de cambiar el tema sin contestar, y luego se dio cuenta de que si ella iba a ser su compañera de vida, el tenia que confesar su edad en algún momento y renuentemente admitió, “Naci en 1794”
Inez parpadeo ante la noticia, lo miro por un momento, y luego parpadeo de nuevo antes de finalmente preguntar con incredulidad, “¿Diecisiete? ¿Mil setecientos noventa y cuatro? ¿Tienes más de doscientos años de edad?”
“Viejo, ¿huh?” pregunto él a manera de disculpa.
Inez estuvo en silencio por un momento y luego se sentó e intento encogimiento de hombros sin importancia y simplemente dijo, “Bueno, doscientos es mejor que seiscientos.”
“Ese sería mi primo, Lucern,” dijo Thomas, mirando por la ventana de nuevo mientras las luces afuera comenzaba a crecer en número de nuevo.
“¿Tu primo tiene seiscientos?” pregunto Inez con incredulidad.
Thomas sonrió antes su horror y asintió, luego recogió la bolsa y se puso de pie. “Vamos, ya llegamos.”
El la guio fuera del tren y hacia la oficina de boletos e información para comprarse pases de transporte público de Ámsterdam.
Una vez que estuvieron en el autobús se dirigieron al Hotel Ámsterdam, Thomas saco su teléfono para llamar a Herb. El planeaba registrarse en el hotel, tomar dos o tres bolsas de sangre, y luego salir y tratar de encontrar a la Tía Marguerite. Para hacer eso, el necesitaba coordinar donde estaba ella. El esperaba que si llamaba a Herb ahora, para el momento en que ellos se registraran y él se alimentara, Herb habría coordinado la presencia de Marguerite.
Thomas miro a Inez mientras él esperaba que contestaran su llamada. Ella estaba ocupada tomando nota de todo, sus ojos destellando sobre los viejos edificios y la gente caminando, y él deseaba realmente poder leer su mente para ver qué era lo que ella estaba pensando. Ámsterdam era una de sus ciudades preferidas en el mundo, y la tenia curiosidad de ver si a ella le gustaría.
El dejo su curiosidad y regreso su atención a su teléfono mientras su llamada era respondida. Inez parecía cautivada por el escenario que pasaban, así que él fue tomado por sorpresa cuando el termino su llamada y colgó y ella repentinamente se giro hacia él y le pregunto, “¿Quién es Herb?”
“El es un amigo,” contesto él mientras deslizaba el teléfono de nuevo en su bolsillo. “El es el que ha rastreado el teléfono de la Tía Marguerite aquí en Ámsterdam.”
“¿Y la esta rastreando de nuevo ahora?” pregunto Inez.
“Si. Quiero salir y buscarla en cuanto nos registremos. Toma solo unos pocos minutos rastrear el celular, así que pensé que lo haría empezar ahora, el tendrá las nuevas coordenadas cuando yo esté listo.”
Inez acepto con un asentimiento y luego pregunto, “¿Por qué no pudiste leer mi mente o borrar mi memoria?”
Condenadamente poco preparado para la pregunta, Thomas encontró repentinamente su lengua pegada a su paladar.
“Tu dijiste que los nanos te permitían leer la mente de otros, controlarlos, e incluso borrar su memoria de lo que había ocurrido, pero en el hotel dijiste que no podías borrar mi memoria,” señalo ella. “¿Por qué?”
Thomas dejo salir el aire muy lentamente. El no esperaba que esto se convirtiera en un problema tan pronto. El esperaba poder tener un poco más de tiempo para convencerla antes de aproximarse al tema de compañeros de vida y eso. El de alguna manera no pensaba que Inez estaba lista para una discusión.
Los inmortales rápidamente aceptaban que la persona que no podía leer era su compañero de vida y actuaban acorde. Los mortales, por otra parte, eran un poco más difíciles. Algunos aceptaban la idea de ser un compañero de vida sin dificultad, otros no parecían confiar en la idea y necesitaban de un cortejo, mientras que otros simplemente no tenían nada que hacer con los inmortales o con ser uno de ellos. El no podía simplemente anunciar que ellos eran compañeros de vida y esperar que ella lo entendiera. Thomas no estaba aun seguro de que las noticias fueran bien recibidas, y preferiría evitar la conversación hasta que tuviera alguna idea de cómo lo tomaría ella. ¿Estaría ella horrorizada por el mero pensamiento de ser su pareja? Él, el mismo, le gustaba más que por la idea de que ella era su compañera y se encontraba mas allegado con cada momento que pasaban juntos, pero ¿Cómo se sentiría ella al respecto? Ella no estaba viéndolo ya como el Diablo mismo, pero eso no significaba que ella accediera a establecerse y jugar a la casita con el… por las siguientes centurias.
“¿Thomas?” pregunto ella insistentemente.
El abrió la boca, pero no pudo pensar en nada que decir para cambiar el tema. Su mirada se deslizo desesperadamente a la ventana y su aliento se escapo con alivio mientras la campana sonaba. “Estamos aquí.”
Poniéndose de pie abruptamente mientras el autobús se detenía, el se apresuro fuera del vehículo, por primera vez no tomándola del brazo para guiarla. Ella estaba justo detrás de él, de cualquier modo, y el casi se ríe en voz alta cuando ella murmuro, “Salvado por la campana,” en tono agrio.
Mirando sus rasgos con una muy inocente expresión, Thomas tomo su brazo y la guio hacia el hotel. Ella camino dócilmente junto a él hasta que entraron por las puertas frontales. Luego ella se detuvo abruptamente y miro el gran lobby. Sin importan que había estado ahí antes, Thomas se detuvo a mirar alrededor junto a ella.
Construido en 1867, el hotel era estatal y elegante. Tenía un gran lobby blanco, el centro se ampliaba a los dos pisos con escaleras de madera tallada que guiaban al balcón del segundo piso con sus arcos, columnas, y techos abovedados. Todo era bastante impresionante, pensó Thomas mientras tomaba el brazo de Inez para guiarla hacia la recepción. El los registro, educadamente rechazo ayuda con su bolsa, y luego la guio al elevador.
“¿Así que?” dijo Inez tan pronto como las puertas se cerraron. “¿Por qué no pudiste leerme o borrar mis recuerdos?”
“¿Quién dice que no pude?” murmuro evasivamente Thomas, desmayado por su persistencia. “Tal vez solamente no quise.”
“Te oí hablar con Bastien a través de la puerta del baño. Dijiste que no podías borrar mis recuerdos. Además, todo hubiera sido mucho más simple para ti o si tu solo me hicieras olvidar todo lo que había pasado. Así que, ¿por qué no podías tú leerme o borrar mis recuerdos? ¿Hay muchos con los que no lo puedes hacer?”
Thomas hizo una mueca, deseando que ella olvidara su pregunta almenas hasta que el llegara a la habitación y consumiera un par de bolsas de sangre y su cerebro estuviera trabajando mejor de nuevo.
“¿Thomas?” pregunto ella insistentemente.
“No, no hay demasiados mortales que un inmortal no pueda leer, controlar, o borrar su memoria,” admitió el.
“¿Pero tú no pudiste hacer ninguna de esas cosas conmigo?” pregunto Inez frunciendo el ceño.
Thomas asintió, sus ojos deslizándose en la luces del elevador. Casi llegaban a su piso.
“Pero tu dijiste que Wyatt podía y Bastien lo enviaría a hacerlo por ti si yo no venia contigo a Ámsterdam y te dejaba explicar,” señalo ella y luego pregunto, “¿Es Wyatt un vampiro más viejo y fuerte? ¿Es por eso que pensaste que él podía hacerlo cuando tu no?”
Antes de que Thomas fuera forzado a decir una mentira, ellos llegaron a su piso y las puertas del elevador se abrieron. Casi jadeando de alivio, se presura fuera del elevador, miro al letrero que señalaba la dirección que debía tomar para llegar a su número de habitación, y se apresuro en esa dirección.
“Realmente no estas cómodo con esta conversación ¿verdad?” pregunto Inez secamente mientras ella se apresuraba al recibidor detrás de él.
Thomas sabía que estaba siendo grosero al no medir sus pasos con los de ella, pero él estaba casi desesperado para llegar a su suite. Estaba seguro que solo clavando una bolsa o dos de sangre a sus dientes su mente se aclara y el sabría exactamente que decir acera de los compañeros de vida y de que ella era la suya.
El solo se detuvo delante de la puerta de su suite cuando su teléfono comenzó a sonar. Sacándolo de su bolsillo, el se lo dio a Inez.
“Di hola a Bastien,” gruño él, girando su atención a abrir la puerta mientras ella abría el teléfono.
“Hola, Bastien,” dijo Inez alegremente. “¿Por qué Thomas no puede leer mi mente o controlarme y por qué esta el tan alterado por la pregunta?”
La puerta se abrió, pero Thomas difícilmente lo noto, su atención giro a Inez. Los ojos de la mujer estaban brillando con entusiasmo. Ella estaba al tanto de ello y disfrutaba su incomodidad sobre el tema. ¡Mujeres! El nunca las entendería. Ellas se suponían eran el sexo débil y aun así se regodeaban de atormentar a los hombres.
Dejándola seguir con lo que le gustaba, el entro a la habitación, el alivio vertiéndose en el en el momento en que vio la nevera de A.B.B en la mesa en el área de asientos de la suite.
Thomas sintió sus dientes cambiar y deslizarse en su boca mientras el cruzaba rápidamente el piso hacia la nevera. Abriendo la tapa, se estiro, tomo una bolsa, y la reventó contra sus dientes. La bolsa estaba casi vacía, la sangre entrando en su sistema y disminuyendo los calambres de una vez cuando él se dio cuenta que Inez se había puesto muy cayada. Repentinamente ansioso, el se giro con la bolsa en su boca y miro hacia ella. Ella lo había seguido en la habitación y ahora estaba de pie junto al sofá, su expresión severa mientras escuchaba lo que fuera que Bastien estuviera diciendo. Obviamente, ella no estaba complacida con su explicación de los compañeros de vida, o tal vez ella no estaba complacida que ella fuera su compañera de vida.
Desplomándose sus hombros, Thomas giro de nuevo hacia la nevera y saco una segunda bolsa, sosteniéndola en su mano mientras esperaba a que la que tenía en la boca terminara de drenarse. El estaba a punto de cambiar las bolsas cuando Inez repentinamente apareció a su lado.
“Él quiere hablar contigo,” dijo ella, sosteniendo el teléfono.
Thomas quito la ahora bolsa vacía de su boca, la tiro en la mesa, y alcanzo el teléfono.
“Gracias,” murmuro él.
Asintiendo, Inez se giro y se movió, dirigiéndose derecho a la puerta que guiaba al resto de la suite. Sin duda en busca de su habitación, se dio cuenta el con preocupación. Su expresión había sido terriblemente solemne cuando ella le había dado el teléfono, toda la diversión drenada de ella. De hecho, ella lucia más bien pálida. Ahora el realmente quería saber que le había dicho Bastien.
Suspirando, levanto el teléfono a su oído, sus ojos deslizándose a la bolsa llena de sangre que aun sostenía. Leía ausentemente la etiqueta en la sangre mientras abría la sangre para decir hola, y luego se tenso, tiro la bolsa llena al piso, y alcanzo la vacía en la mesa, leyendo la etiqueta con creciente horror.
“¿Thomas? ¿Thomas estas ahí?” preguntaba Bastien por el teléfono.
“¡Oh mierda!” fue su respuesta.
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Capitulo 4 (Traducido por Jade Lorien)
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