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 Capitulo 1 (Traducido por Jade Lorien)

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Capitulo 1 (Traducido por Jade Lorien)   Vie Jul 01, 2011 12:14 pm

Uno


“Esto es lo más cerca que puedo llegar, amor,” le anuncio a manera de disculpa el chofer del taxi. “Serian catorce libras.”
Inez Urso frunció el ceño cuando noto que había al menos tres pares de puertas hasta la entrada que ella buscaba. Desafortunadamente, había una larga línea de autos esperando para recoger las llegadas y el conductor no podía acercarse más. Sabiendo que ella tendría que continuar sola, Inez le entrego el dinero, intentando no hacer muecas por lo caro.
No esta saliendo de tu bolsillo de todas maneras, se recordó. Es un gasto de trabajo. Esa era la única razón por la que ella estaba ahí. Solo una orden directa de Bastien Argeneau la haría sufrir a través de cuarenta y cinco minutos de tráfico de Londres en un taxi sin aire acondicionado durante uno de los Septiembres más cálidos de la historia. Si ella hubiera tenido más cuidad, Inez hubiera hecho que uno de los autos de la compañía la llevara al aeropuerto para encontrar a Thomas Argeneau. Ella también se hubiera ido más temprano a la cama la noche anterior. Pero ella no había sido prevenida. Bastien Argeneau, cabeza de Argeneau Enterprises y su jefe, había llamado a las cinco de la mañana, despertándola de su moribundo sueño para pedirle que recogiera a su primo en el aeropuerto. Peor aún, el había llamado solo cuarenta y cinco minutos antes de la hora en que el avión se suponía tenía que aterrizar.
Sabiendo que tomaría todo ese tiempo para llegar al aeropuerto desde su apartamento, Inez no se había tomado ni siquiera el tiempo para bañarse o para una taza de té, pero había tomado sus ropas de la noche anterior con una mano mientras llamaba a un taxi con la otra. Aun atando botones, había tomado su bolso y corrido escaleras abajo, apresurándose hacia afuera justo cuando el taxi se había detenido enfrente del edificio.
Inez no estaba de lo mejor. Sin maquillaje, el cabello un lio, sin bañar, y usando sus ropas del día anterior, no era como si fuera a impresionar a alguien. Afortunadamente, Thomas Argeneau no era alguien que ella sintiera tenía que impresionar. Ella solo había conocido al hombre una vez. Después de ser promovida a vice presidentes de las operaciones en el RU hacía varios meses, ella había ido a Nueva York para visitar las oficinas centrales de la compañía. Ahí fue donde conocía a Thomas, o al menos lo había visto. Ellos no habían sido presentados. Ella y varios de los principales ejecutivos habían estado en una junta en las oficinas de Bastien cuando Thomas había irrumpido – sin ser anunciado y sin tocar – para soltar un montón de sartas que Inez no había sido del todo capaz de entender excepto para notar que parecía estar lleno de libertades con “yos, tipos y tipas .”
Inez había visto suficientes películas para saber que él estaba hablando como un estereotipo del surfista de California de los 90’s. Ella de alguna manera dudaba que los viejos términos aun se usaran, pero no importaba ya que él no era de California y – tanto como ella sabia – no había demasiado surf en el Sur de Ontario. Ella había decidido que todo era una afección. El solo era un flojo bueno para nada, tomando el papel de surfista en un pobre intento por impresionar a alguien.
Había resultado que Bastien le había llamado a él para entregar algo a alguno de sus hermanos. Thomas no era más que un chico errante, se dio cuenta, y eso simplemente confirmaba si aseveración sobre él. El era un Argeneau, pero en lugar de conseguir un diploma y tomar su lugar en la compañía, el entregaba cosas y hablaba como un idiota drogado.
Lo que significaba, pensaba ahora Inez, que ella había sido sacada de la cama a las cinco de la mañana para recoger a un hombre si importancia, y probablemente no tenía ninguna buena razón para estar en el país mas que conocer nuevas costas. Eso lo hacía nada más que un molesto dolor en el culo para su mente.
Desafortunadamente, la petición había sido hecha por Bastien, y él era alguien que ella quería impresionar. Así que Inez tomo el cambio que el conductor del taxi le entregaba, dijo gracias, y abrió la puerta y salió del taxi hacia la entrada de llegadas.
Una mirada a su reloj mientras corría a través de las puertas neumáticas y hacia los centenares de personas le dijo que ella había llegado al aeropuerto cinco minutos después de la hora que Bastien había dicho aterrizaba el avión. Inez sintió un momento de pánico, pero luego se aseguro que él no podría haber pasado por la revisión aun.
Alcanzando la ajetreada zona de llegadas, ella tomo un momento para orientarse, y entonces se apresuro por la larga fila de ventanas de cristal hacia la puerta donde Bastien había dicho ella debía encontrar a Thomas.
Inez tal vez estaba a unos veinte pies de donde necesitaba estar cuando vio las puertas abrirse y al hombre por el que ella estaba ahí salir. Forzando una sonrisa en su rostro, Inez se apresuro y lo llamo sin aliento, ondeando la mano para llamar su atención.
Su llamado había sido demasiado suave, ella no pensó que él la había oído, pero Thomas miro hacia ella mientras continuaba hacia el frente. El incluso pareció notar su saludo, aun así el simplemente continuo hacia adelante y fuera del aeropuerto a través de las puertas neumáticas enfrente de su salida.
Impresionada por el aparente desaire, Inez lo miro con shock, y luego maldijo y se apresuro a correr mientras lo veía caminar hacia la fila de taxis esperando al frente. Lanzando disculpas al derecho y a la izquierda, ella empujo por su camino a través de la multitud hacia las puertas y se apresuro hacia el concreto solo a tiempo para ver al taxi en el que él se había marchado.
Inez miro el taxi negro, el desaire dando lugar al enojo. Ella había sido sacada de su cama y apresurada hasta aquí solo para que un ignorante idiota brincara a un taxi y la dejara ahí.
“¿Necesita un taxi, amor?”
Inez miro alrededor ante la pregunta, y luego suspiro ante la visión del mismo sonriente conductor que la había llevado al aeropuerto. El hombre burbujeaba felizmente ante esto y eso y nada más en todo el viaje desde el corazón de Londres donde ella vivía. Ahora ella sin duda disfrutaría la misma feliz sensación todo el camino hacia el hotel Dorchester donde Thomas se estaba quedando.
“Lo que necesito es un té,” murmuro ella, luego suspiro y asintió y se movió hacia donde el hombre sostenía la puerta del taxi. Inez no vio al hombre moreno, de cara delgada aproximándose al taxi hasta que ambos estaban cerca de la puerta. El dudo con sorpresa. El no. De cualquier modo, antes de que él se pudiera deslizar por la puerta abierta, el taxista se coloco enfrente de ella.
“Llevare a la dama,” anuncio el conductor firmemente. “La traje hasta aquí, y accedo a llevarla de regreso.”
El hombre ni siquiera la miro, su atención estaba centrada en el conductor. Inez no tenía idea de lo que él había dicho, pero sospechaba que él debía de haber prometido dinero extra, por que el hombre repentinamente se hizo a un lado para que el subiera, cerró la puerta, y se subió al asiento del conductor sin ninguna otra palabra, o si quiera mirar en su dirección.
Una vez más, Inez fue dejada después de pelearse un taxi.
“¿Necesita un taxi, dama?”
Inez miro alrededor para ve mientras un conductor mucho más joven la granizaba. Tensando la boca, ella se apresuro, no estando dispuesta a permitir que otro viaje le fuera robado. Alcanzando al auto de manera intempestiva esta vez, Inez se deslizo en el asiento trasero, forzó una sonrisa, y murmuro gracias mientras el conductor cerraba la puerta detrás de ella. Ella entonces ella se desparramo en el asiento, pensando que realmente necesitaba ese te ahora. Desafortunadamente, eso tendría que esperar hasta después de que ella llegara al Dorchester y se asegurara de que Thomas Argeneau tenía todo lo que necesitaba. Esa había sido la orden de Bastien. “Recoge a Thomas, llévalo al hotel, y ve que tenga todo lo que necesita.”
Y eso era lo que ella haría. Ella se aseguraría de que Thomas Argeneau tuviera cada una de las cosas que necesitaba… justo después de darle un trozo de lo que tenía en mente por irse sin ella. Entonces ella podría tener su te.





“Gracias, solo colóquelo ahí en la mesa,” Thomas dijo mientras el botones lo seguía a la sala de la suite. Cuando el hombre lo hizo y luego se giro, abriendo la boca para informarle todas las comodidades que ofrecían, el lo incito a callarse.
“Estoy bien, gracias,” le aseguro Thomas. Ofreciéndole al hombre una propina por llevarlo a su suite y cargar su maleta, Thomas lo urgió hacia la puerta.
“Gracias, señor.” Los labios del botones se ampliaron en una sonrisa que rápidamente suavizo en una sonrisa más de negocios. Solo llame a la recepción si necesita algo. Pregunte por Jimmy y le conseguiré lo que necesite.”
“Lo hare. Gracias de nuevo.” Murmuro Thomas.
Cerrando la puerta detrás del botones, el regreso y entro de nuevo en la sala de su suite. Con clase, lujosa, llena de buen gusto… nada menos de lo que esperaba. Tía Marguerite siempre había mostrado buen gusto.
Moviéndose hacia el frente, Thomas tomo su maleta y se dirigió hacia la puerta que daba al resto de la suite, intentando colocarla en la habitación. El sonido de su teléfono celular lo hizo detenerse, de cualquier modo.
Dejando la maleta de nuevo en la mesa, le saco el teléfono de su bolsillo trasero y lo abrió mientras se dejaba caer en uno de los asientos.
“¿Tu ?” dijo el ligeramente, ya sabiendo que seria.
“¿Llegaste bien, entonces?” pregunto Bastien.
“Claro, chico. El vuelo fue un viaje suave.”
“¿E Inez no tuvo problemas para encontrarte en el aeropuerto?”
Las cejas de Thomas se elevaron “¿Inez?”
“Inez Urso. La llame para que te encontrara y te llevara a la ciudad.”
Thomas podía oír el enojo en la voz de Bastien, pero lo ignoro, su mente en su llegada a Heathrow mientras el recordaba repentinamente a una pequeña, mujer morena corriendo por el aeropuerto saludando. Thomas la había notado, pero Etienne no había mencionado que habría alguien esperándolo así que el simplemente había asumido que ella estaba ahí para recoger a alguien detrás de él y continuo caminando. Ahora que Bastien mencionaba a Inez, de cualquier modo, el recordaba a la prístina y arreglada mujer que había conocido hacia meses en la oficina de su primo. Pero la mujer que había estado saludando tan frenéticamente en el aeropuerto esa mañana había sido menos que prístina y arreglada. Ella parecía como si acabara de salir de la cama.
“¿Thomas?” dijo Bastien impacientemente. “¿Ella no se presento?”
“Si. Ella estaba ahí,” contesto el honestamente, y toque llamando su atención hacia la puerta de la suite. Poniéndose de pie, el se movió para contestar.
“Bien,” Bastien estaba diciendo mientras Thomas abría la puerta. “Ella es muy eficiente como una regla, pero la desperté a la cinco de la mañana para que te fuera a recoger y me preocupaba que no hubiera llegado a tiempo.”
“Si, ella –“Thomas se detuvo abruptamente mientras el reconocía a la mujer en la puerta. Su mirada se deslizo sobre sus flojos rizos oscuros, sus ligeramente arrugadas ropas, y su cara libre de maquillaje con su irritado ceño fruncido. Una muy enojada Inez Urso, agrego él, notando el fuego destellando en sus ojos.
Cuando su boca se abrió, Thomas instintivamente cerro el celular en su pecho para prevenir que Bastien oyera el regaño que el sospechaba estaba por venir. El no estaba equivocado. El teléfono apenas había tocado su pecho cuando el bagaje de palabras se disparo desde su llena, jugosa boca y se vertió sobre él. Desafortunadamente, muy poco de ello estaba en Ingles. Portugués había sido su suposición. El supuso que era su lengua madre y el lenguaje que ella usaba cuando estaba enfadada, e Inez Urso estaba definitivamente enojada.
Cuando ella comenzó a moverse hacia el frente, Thomas automáticamente se hizo hacia atrás, dejándola entrar a la habitación. El estaba demasiado distraído para hacer otra cosa, encontrando fascinante como la mujer que parecía perfectamente plana a primera vista se había convertido en casi hermosa mientras lo regañaba. Sus ojos estaban destellando, sus mejillas sonrojada por el enojo, sus labios moviéndose tan rápido que casi eran un borrón. Ella estaba también ondeando un dedo furiosamente bajo la nariz de él, algo que el normalmente habría encontrado bastante molesto si las mujeres en su familia lo intentaran. Pero viniendo de esta pequeña mujer, él lo encontraba algo lindo y no pudo evitar la sonrisa que salía de sus labios.
Enorme error, se dio cuenta Thomas de inmediato. Inez Urso no le gustaba su entretenimiento y su despotricar tomo verdadera energía. Desafortunadamente, ahí fue cuando se dio cuenta que el sonido que venía de su teléfono.
Thomas frunció el ceño hacia abajo hacia él, y después miro hacia la puerta cerrándose detrás de la pequeña barracuda que aun lo reprendía, juzgando si él podía volver a sacarla de la habitación lo suficiente como para lidiar con Bastien. No parecía posible, al menos no sin ser grosero y la Tía Marguerite lo había criado mejor que eso.
El sostuvo una mano en alto por silencio. Sorprendemente – ella obedeció la orden, terminando su sarta de inmediato, pero luego el supuso que ella había estado cerca de tirar todo abajo. Al menos, sus ojos habían perdido algo de su candor, volviéndose un poco más suaves. Inez estaba respirando rápidamente por el enojo, aun, y Thomas encontró sus ojos cayendo en su ligeramente agitado pecho, notando que con cada inhalación, su blusa se ajustaba, amenazando con botar el botón.
Una gran inhalación trajo su vista de nuevo hacia su rostro. Sus ojos café oscuro estaban destellando de nuevo, su boca abriéndose para envestirlo de nuevo. Thomas no la culpaba para nada… en serio… era perfectamente grosero mirar el pecho de una mujer. La Tía Marguerite estaría enfadado con el también. Aun así, el no tenía tiempo para disculparse apropiadamente, o dejarla ventilarse con la voz de Bastien aun graznando en su pecho, así que Thomas dijo, “Mantén eso en mente.”
Inez parpadeo ante la orden, pero cerro su boca y Thomas le dio una sonrisa antes de girarse. El se apresuro hacia la pequeña área del comedor y continúo hacia el pequeño recibidor con dos puertas. La primera llevaba a un espacioso baño de mármol, la segunda a su habitación. Sabiendo que el baño tendría un seguro, Thomas se deslizo dentro y cerró como medida de seguridad por si la mujer lo seguía para terminar el regaño. El entonces tomo aire y levanto el teléfono a su oído. “¿Bastien?”
“¿Qué demonios fue eso?” gruño su primo.
“Oh, Yo…eee… me senté en el control remoto y accidentalmente prendí la televisión. Alguna película extranjera y no podía entender como apagarla,” mintió Thomas débilmente.
“Correcto,” dijo Bastien con amplia incredulidad. “¿Cuál era el nombre de la película?”
“¿El nombre?” repitió Thomas y luego frunció el ceño. “¿Cómo demonios voy a saberlo?”
“No lo sé, Thomas. Pensé que tal vez lo habías visto antes de apagarla. Sonaba terriblemente interesante. Realmente disfrute la parte donde la mujer llama al hombre idiota por sacar su trasero de la cama a las cinco de la mañana y apresurarse hacia el aeropuerto sin siquiera un té o una ducha solo para que el la ignore y salga tome un taxi y se vaya al Hotel Dorchester.”
Thomas cerró los ojos en un suspiro mientras recordaba que Bastien hablaba varios idiomas incluyendo portugués.
“Hmmm,” agrego ahora Bastien. “Ese es el mismo hotel que te reserve. Que coincidencia.”
“Está bien, está bien, entonces no era la televisión,” murmuro irritablemente Thomas y luego pregunto, “¿Ella me llamo idiota?”
Un inesperado suspiro salió por la línea. “¿Cómo pudiste pasarla de largo, Thomas? ¿Por qué lo hiciste? ¡Por amor de Dios! La llame para facilitarte las cosas tu solo –“
“Tú no mencionaste que alguien iba a recogerme en el aeropuerto,” lo interrumpió Thomas. “Tampoco lo hizo Etienne. El dijo que tenías un avión esperando en el aeropuerto y que habías reservado una habitación en el Dorchester. Eso fue todo. No hubo mención de nadie esperándome en el aeropuerto así que solo salte a un taxi.”
“Bueno, cuando tu viste a Inez –“
“Bastien, conocí a la mujer una vez por como tres minutos en tu oficina hace casi seis meses,” señalo Thomas secamente y luego acompleto, “Si la vi saludar y apresurarse hacia mí en el aeropuerto, pero no la reconocí. Pensé que ella estaba ahí para alguien más. Como iba yo a saber que era de otra manera cuando nadie me dijo que ella debía de encontrarme,” termino él, enfatizando cada palabra.
“Está bien, entiendo tu punto. Tu no sabias,” dijo Bastien.
“Correcto,” suspiro Thomas.
“Okay.” Un momento de silencio paso y entonces un suspiro se deslizo del teléfono y Bastien dijo, “Debí de haberte contactado yo mismo y decirte que ella te encontraría en lugar de contar con Etienne. Tendrás que disculparte con ella en mi lugar.”
“¿Estás seguro que le dijiste a Etienne?” pregunto Thomas.
“¿Qué?” pregunto Bastien, su voz corta. “Claro que lo hice.”
“Claro que lo hiciste, por que tu nunca comentes un error. Esos son para inmortales menores como Etienne y yo.”
“Thomas,” dijo Bastien cansinamente.
“¿Si?” pregunto el dulcemente.
“Olvídalo. Mira, ella está ahí para ayudarte. Déjala. Ella conoce Londres y ella es una malditamente eficiente mujer. Una de mis mejores empleadas. Ella hace las cosas, es por ello que decidí que ella te ayudara.”
“Quieres decir que es por eso que decidiste que ella me hiciera de niñera, ¿o no?” pregunto Thomas secamente.
Hubo un breve silencio en el otro lado de la línea, luego Bastien tomo un respiro, pero antes de que él pudiera hablar, Thomas dijo, “No te preocupes. Sé que piensas que soy inútil. Yo, Etienne, y cualquiera de menos de cuatrocientos años. Así que no te preocupes. Me disculpare con ella y la dejare ayudarme.”
Presiono el botón de finalizar en el teléfono antes de que Bastien pudiera responder y lo arrojo irritadamente en el mostrador de mármol mientras se dirigía a la puerta. Tomo el pomo de la puerta cuando un pensamiento lo hizo dudar. Soltando el pomo, Thomas regreso a pasearse por un momento en la habitación.
El no quería otro regaño por órdenes de Bastien. Mientras era linda y el encontraba fascinante ver el fuego danzar en sus ojos mientras ella disparaba palabras a él, sería más entretenido si el entendiera un poco de ello. Además, el no conocía Londres y esta mujer obviamente lo hacía y mientras a él le gustaría ser capaz de encontrar a su tía por sí mismo y ser el héroe del momento, la mera preocupación era encontrar a la Tía Marguerite. El sentido común decía que él lo haría mucho más rápido con ayuda, e Inez era la única ayuda disponible. Pero ella estaba, sin duda, de muy mal humor justo ahora y el no la podía culpar. Bastien podía deberle una disculpa, pero Thomas sentía que él le debía algo también. El podría no saber que ella iba a recogerlo, pero la mujer se había despertado para hacerlo y fue ignorada y dejada atrás por sus problemas.
Después de pasearse por el cuarto dos veces, Thomas alcanzo el teléfono el hotel desde el mostrador del baño. El presiono los botones de servicio al cuarto y rápidamente hizo una orden, luego colgó y se movió hacia la tina. Su teléfono celular sonó mientras el presionaba el botón para sellar la tina, pero – sabiendo que sería Bastien con mas órdenes e instrucciones – él lo ignoro y tomo una botella de burbujas de baño del mostrador. Thomas virio una cantidad generosa del liquido y abrió las llaves, luego se sentó a un lado de la tina a esperar que se llenara.





Inez se dejo caer extrañamente en uno de los asientos situados en un lado de la chimenea y miro la maleta en la mesa en frente de él. El hombre ni siquiera se preocupaba por un equipaje real. Se estaba hospedando un hotel cinco estrellas y se registra con una mochila. Era el único artículo de equipaje en la habitación y la única cosa que él había traído cuando ella lo había visto en el aeropuerto.
Ella miro el ofendido artículo y entonces se dio cuenta de lo que estaba haciendo y sacudió su cabeza, sus ojos cerrándose con desmayo. Ella estaba perdiéndolo. Inez nunca perdía su temperamento, y aun así ella no solo estaba mirando el equipaje, sino que ella había saludado el primo de su jefe regañándolo como una mandona y maldiciéndolo en dos diferentes idiomas. ¡El primo de su jefe!
Dios mío, ella no solo había perdido su mente sino su trabajo también una vez que Bastien oyera de esto. Thomas Argeneau estaba probablemente en el teléfono en la otra habitación justo ahora quejándose con él.
El pequeño grosero pillo, pensó infelizmente Inez. Ella aun no podía creer que el la había mirado directamente y solo se había alejado felizmente y huido en un taxi. Qué clase de idiota –
Sus pensamientos murieron abruptamente cuando el teléfono en la mesa al costado de ella comenzó a sonar. Inez cambio su ceño fruncido hacia ello, esperando que Thomas lo respondiera. Sonó tres veces más antes que ella recordara que el de hecho tenía su teléfono celular en la mano. Suponiendo que el aun estaba en eso y no podía hablar por dos teléfonos al mismo tiempo, ella suspiro y sostuvo el receptor solo para oír el tono de marcado.
Demasiado tarde, Inez se dio cuenta y lo colgó de nuevo encogiéndose de hombros. Ella no quería jugar a la secretaria para el de todos modos. Ella era la vice presidenta de producción del RU de Argeneau Enterprises Worldwide, por amor de dios. El podía contestar su propio maldito teléfono. Así como su propia puerta, agrego ella mentalmente cuando alguien toco.
Inez miro hacia la puerta por la que Thomas había desaparecido, esperando que apareciera para contestarla, pero no hubo señales del hombre.
“Servicio al cuarto,” una voz profunda llamo mientras el toquilo venia de nuevo.
“¿Qué es?” pregunto Inez en lugar de contestar. Su mirada estaba fijada en una tetera en una charola, pero cambio hacia un plato cubierto. Deliciosos aromas se elevaban hacia su nariz, haciendo que su estomago se revolcara con interés.
Elevando las cejas, el hombre levanto la tapa de plata. “Un apropiado desayuno ingles. Huevos, tocino, frijoles horneados, salsas, tomates fritos, champiñones, pudin negro, patatas, loncha frita,” recito el hombre.
“El Paquete completo,” murmuro Inez, sus ojos rodando por toda la comida hasta que el recoloco la tapa.
“Y, claro, te,” agrego el hombre. “¿Así que? ¿Dónde lo pongo?”
Inez sacudió la cabeza sin poder evitarlo. Ella no tenía idea de donde lo quería Thomas, pero ella lo quería en su estomago. Justo ahora. Dios mío, desayuno y te. La mera idea la hizo querer llorar, la verdadera señal de la comida la hacía gemir silenciosamente en su cabeza. Ella estaba muriendo de hambre y habría matado por una taza de té, pero no había duda de que todo eso era para Thomas. El probablemente iba a comerse todo esto delante de ella también, el –
“Oh, bien. Aquí esta.”
Ambos Inez y el botones miraron hacia Thomas Argeneau mientras entraba a la habitación. El botones estaba sonriendo. Inez no. Sus cejas descendieron a manera de displicencia mientras lo miraba. Si él se hubiera tomado un poco más de tiempo ella podría al menos haber probado un poco de salsa antes de que el saliera.
“Córrelo hacia acá por favor… Jimmy, ¿no es así?”
“Si, señor.” El botones sonrió y lo siguió propiamente con el carrito.
Inez miro la comida alejarse con un pequeño suspiro. Solo un sorbo de te incluso habría sido agradable, pero el hombre ni siquiera se había preocupado en pensar en ella cuando se trataba de eso. Solo había habido una sola taza de té en el carrito.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el botones regreso. El hombre le arrojo una enorme sonrisa y le deseo un buen día mientras cruzaba la puerta y se iba.
Inez frunció el ceño ante él. ¡Seguro! El estaba feliz. El probablemente había comido e incluso tenido media docena de tazas de té para ahora. El probablemente también había tenido una gran propina de Thomas.
“¿Inez?”
Su mirada se movió resentidamente para la puerta abierta hacia el resto de la suite. “¿si?”
“Ven aquí, por favor.”
Inez frunció el ceño ante la petición y dudo. ¿Ven aquí? ¿Venir a donde? ¿A su habitación? Sería solo su suerte si el hombre fuera un pervertido y pensara que uno de sus deberes como una empleada de Argeneau Enterprises era “servir” a los parientes.
“No va a pasar,” murmuro Inez bajo su aliento.
“¿Por favor?” llamo Thomas.
Arrojando sus manos arriba en exasperación, Inez se dirigió a la puerta. Ella iría a ver que quería, pero si el intentaba cualquier cosa, cualquiera…
Inez a travesó la puerta hacia lo que ella pensaba seria el dormitorio y se encontró en una área de comedor. De cualquier manera, ni Thomas ni la comida estaba ahí, y eso solo hacía que su sospecha creciera observando sus motivos. Continuando a través del comedor, ella entro en el pequeño vestíbulo que guiaba a otras tres puertas más. Thomas estaba llamando desde la habitación de la derecha.
Inez entro al baño de mármol, viendo el carrito de comida, la tina llena de burbujas y luego Thomas dándole un alterón de toallas.
“Ahí tienes. Disfruta.”
Inez parpadeo con confusión ante la suave pila blanca que ella sostenía y luego se giro hacia la puerta por la que él estaba saliendo ahora.
“¡Espera!” grito, dando un paso para seguirlo. “¿Qué es esto?”
El se giro, con sorpresa en su rostro. “Pensé que era obvio.”
Inez frunció el ceño, sus ojos entrecerrándose mientras su mente regresaba a la posibilidad pervertida. Planeaba el alimentarla, bañarla y ¿esperaba que ella actuara para él? esperando que ella no estuviera sosteniendo las toallas para poder tener sus manos en las caderas, ella grito, “Creo que mejor me explicas.”
Thomas la miro por un momento, y luego dijo, “Bastien olvido decirme que alguien estaría en el aeropuerto, es por eso que me metí en el taxi. El dice que te saco de la cama a las cinco A.M. y que – por lo que tu dijiste antes – te apresuraste hacia el aeropuerto sin desayunar, ni te, ni siquiera un baño.” El sonrió retorcidamente mientras agregaba, “Bastien me pidió que te diera sus disculpas. Ellas han sido debidamente dichas, Bastien lo siente.”
Inez alejo la disculpa y asintió ante la noción de ello al mismo tiempo.
“Esto” – continuo él, gesticulando alrededor al baño con la tina llena y el carrito de comida – “es mi disculpa. Entra en la tina, come tu desayuno, bebe tú te, y cuando te sientas mejor, sal y comenzaremos a trabajar.”
“¿Trabajar?” pregunto ella insegura.
“En la búsqueda de la Tía Marguerite,” explico él y cuando ella parecía vacía, sacudió la cabeza y dijo, “Bastien dijo que él había arreglado que me ayudaras, que tu conocías la ciudad – “el se detuvo repentinamente, murmurando algo en voz baja acerca de Bastien y su repentina olvidadas, y luego suspiro y explico, “La Tía Marguerite está desaparecida. Ella vuela a Inglaterra hace tres semanas, se quedo en el Dorchester un par de noches, y luego fue al norte. Ella y Tiny estaba investigando – eso no es importante. Básicamente, ella estaba viajando por toda Inglaterra durante sus primeras tres semanas aquí y entonces se quedo en el Dorchester de nuevo por una noche. Ella aparentemente entrego la habitación a la mañana siguiente, pero no sabemos adonde fueron ella y Tiny después de eso y tampoco se han reportado desde entonces. Estoy aquí para encontrarla.”
“Ya veo,” dijo Inez lentamente.
“Bastien dijo que él quería que tú me ayudaras, así que, pensé que podíamos empezar llamando a los hoteles para ver si ellos se habían cambiado a otro por alguna razón. Fallando eso, intentaremos llamar a las agencias de renta, las estaciones de tren, y así para intentar leer una pista de a dónde han ido.”
“Oh,” dijo Inez en blanco.
“Correcto… bueno, no te preocupes de ello ahora. Disfruta tu baño. Hablaremos de ello después.” El comenzó a cerrar la puerta, luego se detuvo y agrego. “Y no te preocupes de apresures. Voy a echar un par de z’s en el sofá de la sala mientras estas aquí. Remójate todo lo que quieras.” El comenzó a cerrar la puerta de nuevo, y luego se detuvo de nuevo y giro el seguro, encerrándose afuera una vez que cerró la puerta, lo que hizo inmediatamente.
Apretando las toallas y la bata en su pecho, Inez miro la puerta cerrada por varios minutos. Su mente estaba en blanco. Bueno, no realmente. Su mente estaba girando con tontos pensamientos y sentimientos, más que nada asombro. Ella no podía creer que él había pasado por todos estos problemas y esfuerzos por ella.
Su mirada se deslizo hacia el baño que él había preparado y luego al carrito de comida. Suya. Era toda suya. Y todo era muy dulce. Tan considerado… no lo que ella habría esperado de Thomas Argeneau o nadie para ser precisos. Ella tendía a esperar lo peor de la gente así que siempre estaba sorprendida por la amabilidad. Y Thomas Argeneau definitivamente la había sorprendido.
Inez frunció el ceño ante sus propios pensamientos. Realmente, ella difícilmente conocía al hombre así que no debía emitir ningún juicio de él aun. Su prejuicio estaba hecho por un encuentro y el hecho de que las pocas veces que Bastien Argeneau había mencionado a su primo Thomas, había sido con tono exasperado.
De esas dos pequeñas cosas, Inez había asumido que Thomas era un cambiante, flojo, cabeza-hueca familiar rico malcriado. Ella debió de haberlo sabido mejor. Asumir era malo, inútil, un desperdicio de tiempo. Pero ella había asumido, lo que la hacía una tonta si ella se iba por el viejo dicho y para ese momento, parecía para ella que el dicho era cierto. Ella realmente se sentía como una tonta por hacer tales suposiciones obviamente erróneas.
Inez se hundió a un lado de la tina con un pequeño suspiro, su mente dándole vueltas al hecho de que él no estaba ahí disfrutar como ella pensaba, sino para encontrar a su tía… y el parecía esperar su ayuda, pero todo lo que se le había pedido que hiciera a ella era recogerlo y llevarlo al hotel. Ella solo se preguntaba que debía de hacer justo cuando el teléfono comenzó a sonar.
Poniéndose de pie de nuevo, Inez siguió el sonido hacia el mostrador, sus ojos aterrizando en el teléfono celular que yacía ahí. De Thomas. El obviamente lo había puesto ahí y se había olvidado de él.
Ella miro la pantalla y se mordió el labio cuando vio la ID de Bastien como el que llamaba. Después de dudar, ella bajo las toallas, recogió el teléfono, lo abrió, y lo coloco en su oído mientras se dirigía a la puerta.
“Hola Sr. Argeneau. Es Inez. Deme un minuto y le daré a Thomas su teléfono para que pueda hablar con él.”
“No, está bien. No necesito hablar con él,” interrumpió rápidamente Bastien. “Realmente quería hablar contigo de todas maneras.”
“Oh.” Inez se inclino contra la puerta en lugar de abrirla.
“¿Te explico y se disculpo Thomas por mi?”
“Si,” le aseguro ella, enderezándose de la puerta y comenzando a pasearse en la habitación, sus pasos haciendo eco en el piso de mármol. “Se disculpo.”
“Hmmm, pero probablemente no apropiadamente,” murmuro Bastien.
Inez frunció el ceño ante sus palabras mientras su mirada se deslizaba sobre el carrito de comida y luego hacia la tina llena de burbujas. Tal vez no había sido su culpa que ella hiciera suposiciones. Parecía obvio que Bastien sobreestimaba a su primo.
“De hecho, lo hizo apropiadamente,” dijo ella firmemente, sintiendo la necesidad de defender al joven Argeneau, y luego agrego, “más que apropiadamente.”
“¿Oh?” dudo Bastien. “¿Cómo es eso?”
Inez dudo, y luego admitió, “El preparo el baño, ordeno te y desayuno del servicio al cuarto, y sugirió que usara ambos para sentirme mejor. El ha sido bastante lindo acerca de esto, señor.”
“¿Te preparo el baño?” pregunto Bastien con sorpresa.
“Y servicio a la habitación,” agrego ella defensivamente, repentinamente incomoda y desenado que ella hubiera mantenido su boca cerrada. “Y luego el salió a tomar una siesta mientras me limpio,” agrego Inez rápidamente en caso de que estuviera pensando algo erróneo. Ella se mordió el labio y dijo, “Probablemente no tome el baño, claro, pero –“
“No, toma el baño. Está bien,” dijo rápidamente Bastien. “Me hará sentir menos culpable acerca de arrojarte de la cama. Además, no es como si los dos pudieran hacer algo por buscar a Madre justo ahora. Thomas necesitara dormir y luego está el sol y así. Tu bien puedes limpiarte primero.”
“¿Entonces si quiere que ayude a buscar a su madre?” pregunto ella con alivio, agradecida de poder asearse.
“Si,” dijo Bastien y luego hubo un corto silencio, seguido de una maldición, seguida por un, “Olvide mencionar esa parte, ¿verdad?” una socarrona risa salió de la línea. “Lo siento, Inez. Estoy un poco distraído por el momento. Tanto ha pasado, con Lissianna teniendo a su bebe, problemas con Morgan, y luego Madre desapareciendo…”
Inez elevo una ceja mientras ella lo oía soplar por un rato, respirando lentamente. Ella no tenía idea de quién era este Morgan del que hablaba, pero sabía que Lissianna era su hermana, y había conocido a su madre en Nueva York. Marguerite Argeneau era una hermosa mujer que no parecía ni un día mayor a los veinticinco. Era muy difícil creer que ella era madre de Bastien Argeneau que ella adivinaba estaba entre sus veintes.
“Supongo te debo una disculpa. Sé que tienes un monto de cosas que hacer, pero quiero que pongas todo de lado por ahora y ayudes a Thomas a encontrar a mi madre,” explico el secamente.
“Okay,” dijo Inez lentamente, entonces aclaro su garganta y dijo, “¿Señor? No sería mejor contratar un detective privado y – “
“Ella es un detective privado,” la interrumpió impacientemente Bastien, y luego dijo, “Bueno, no en realidad. Ella apenas había empezado en la carrera, pero Tiny, el hombre que esta con ella, es un detective privado profesional. Uno muy bueno, de hecho, y el también está desaparecido.”
“Oh,” murmuro ella.
“Mira, sé que no es parte de tu trabajo, pero estamos muy preocupados acerca de mi madre. Thomas conoce sus hábitos, pero nunca ha pasado mucho tiempo en Inglaterra. Tú conoces el país mejor que él y tú eres la persona más organizada, orientada que conozco. Entre los dos, creo podrán rastrearla. Es probable que solo se haya dejado llevar por el caso y olvidara llamar.”
Bastien no sonaba como si creyera lo que estaba diciendo, pero Inez no lo cuestiono sobre ello y solo dijo, “Okay. Hare lo que pueda, señor.”
“Bueno… bien. Realmente aprecio tu asistencia con esto, Inez.”
“Si señor, pero…” Inez dudo y luego dijo, “usted menciono a Thomas y el sol. ¿Es el alérgico como usted?”
Ella cambio, incómodamente ante el repentino silencio que venía de la otra línea del teléfono, y luego explico cortésmente, “solo pregunto por qué si lo es, probablemente deba arreglar para usar el auto con las ventanas tratadas que usted usa cuando esta aquí y requiere viajar a la luz del sol.”
“Si,” dijo finalmente Bastien. “Si, el tiene la misma alergia. Corre en mi familia. Mejor arregla lo de mi auto para llevarlos.”
“Okay.”
“Ahora mejor te dejo que tomes tu desayuno antes de que se enfrié. ¿Pondrías a Thomas al teléfono? Acabo de recordar algo que olvide mencionarle.”
“Claro. Solo un minuto.” Bajando el teléfono, Inez se movió hacia la puerta, la abrió, y se deslizo hacia el corredor. Ella se apresuro a través del comedor y encontró a Thomas en la sala, sentado en uno de los dos sillones que se enfrentaba uno a otro en frente de la chimenea. El estaba aparentemente anotando algo en una carpeta.
“Bastien quiere hablar contigo,” dijo ella despacio, mientras se aproximaba sosteniendo el teléfono.
“Oh, gracias,” murmuro Thomas, no pareciendo para nada complacido con la interrupción. El coloca la carpeta en mesa de te entre ambos asientos, y acepto el teléfono. “Ahora, ve a tomar tu baño antes de que se enfrié.”
Asintiendo, Inez se giro, pero no antes de mirar curiosamente hacia la carpeta para ver que él no había escrito nada, a las menos no palabras. La carpeta contenía hojas con partituras, marcadas con notas musicales garabateadas en negro. El había estado escribiendo música.
Inez sopeso eso y escucho ausentemente mientras Thomas saludaba a su primo en tono impaciente, irritado mientras ella cruzaba la habitación. Ella casi había pasado el área de comedor cuando Thomas repentinamente grito, “¿Qué?”
Inez se giro con preocupación, pero Thomas la miraba con los ojos bien abiertos, y aun la miraba aun ahí, quitando el teléfono de su oído y cerrándolo de golpe en su pecho.
“Está bien. El solo me sorprendió. Ve, toma tu baño.”
Inez dudo. Su tono no había sonado tan sorprendido como impresionado, tal vez incluso horrorizado, pero él estaba despidiéndola, obviamente esperando por privacidad para su llamada, así que ella se giro y regreso al baño.
No era de su incumbencia, se dijo Inez a si misma mientras cruzaba el comedor. Además, su baño se enfriaría si ella no se apresuraba. Bastien había dicho que tomara el baño y lo disfrutara y él era el jefe, se dijo a si misma mientras una lenta sonrisa se esparcía por sus labios. Desayuno en la tina… ¿Qué decadente era eso?
Ella estaba a punto de averiguarlo.

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Capitulo 1 (Traducido por Jade Lorien)
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