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 Prologo (Traducido por Jade Lorien)

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Prologo (Traducido por Jade Lorien)   Vie Jul 01, 2011 12:08 pm

Prologo


“Estarás volando en uno de los jets de la compañía. Deberá estar listo y esperando para cuando lleguemos al aeropuerto.”
Thomas Argeneau asintió, pero su atención estaba en las ropas que arrancaba de los ganchos en su closet y que empaquetaba en su maleta.
Etienne miro brevemente y luego soltó, “¿Por qué Madre no ha llamado?
Incapaz de responder la pregunta, Thomas frunció el ceño y sacudió la cabeza. El encontraba toda la situación molesta. Después de setecientos años como ama de casa, Marguerite Argeneau había decidido comenzar una carrera. Pero ella no había facilitado su camino en la fuerza trabajadora con un trabajo secretarial o alguna otra carrera mundana. En lugar de ello, ella había decidido que quería ser la siguiente Sam Spade , o Samantha Spade como fuera el caso. La mujer, que rara vez había dejado su casa antes de esto, había tomado un trabajo como detective privado y volado a Europa para localizar a la madre de un vampiro de quinientos años de edad.
Mientras Thomas entendía su deseo por tener una carrera para llenar su tiempo, el deseaba ella hubiese elegido algo menos exótico, y preferentemente uno que hubiera hecho en casa en Canadá.
“Ella llamo cada tarde las primeras tres semanas; algunas ocasiones dos veces por la noche. Y luego, bang, nada para nada. Algo debe de haber pasado,” murmuro Etienne.
Thomas miro sobre su hombro, notando que el hermoso, usualmente suave cabello de su primo no estaba para nada suave ahora. Etienne estaba dando vueltas detrás de él en el pequeño closet, su cara marcada con líneas de preocupación. Era una emoción que la familia estaba sufriendo en el presente. Marguerite Argeneau había estado fuera de contacto por tres días para ahora. Normalmente, eso no habría sido causa de preocupación, pero Lissianna, su única hija, estaba en el último mes de su primer embarazo. Era por eso que Marguerite se había estado reportando tan regularmente. Todos sabían que ella intentaba dejar todo y volar a casa ante la primera señal de Lissianna de entrar en labor de parto, lo que hacia esta repentino silencio muy perturbador.
“Thomas,” Etienne se detuvo y repentinamente toco su brazo. “Realmente aprecio que vueles para checarla así… y también lo hace el resto de la familia.”
“Me preocupo por ella también,” dijo Thomas con un tieso encogimiento de hombros y luego se giro de regreso a su maleta, sabiendo que había expresado la mayor aseveración de su vida. Biológicamente, Marguerite Argeneau podía ser solamente su tía, pero ella lo había criado y era la única madre que Thomas había conocido jamás. El la amaba tanto como su hija y sus hijos lo hacían.
“Desearía poder ir contigo,” agrego Etienne frustrado, comenzando a pasearse de nuevo. “Si no tuviera esta fecha de entrega…”
Thomas no hizo comentarios. El conocía a Etienne, tan bien como al resto de la familia, quería ir y buscar a la desaparecida mujer tanto como él; ellos simplemente no eran capaces de dejarlo pasar. De cualquier modo, el también sabía que ellos estaban haciendo los arreglos pertinentes para seguirlo en cuanto pudieran. Thomas estaba sinceramente esperando que no fuera necesario. El esperaba llegar y encontrarla con vida y bien y con alguna tonta, simple explicación de la ausencia de llamadas telefónicas.
El repentino timbre electrónico de un teléfono hizo que ambos hombres se detuvieran. Thomas miro a Etienne sacar el teléfono celular de su bolsillo y colocarlo en su oído. Su hola fue seguido por el silencio mientras el escuchaba, y luego decía, “Okay,” y apartaba el teléfono.
“Ese era Bastien,” anuncio Etienne. “Se las arreglo para reservarte una habitación en el Hotel Dorchester en Londres. Era donde Madre se estaba quedando antes de que desapareciera.”
“¿Londres?” pregunto Thomas frunciendo el ceño. “Pensé que la Tía Marguerite y Tiny estaban en Italia. El caso en que trabajaban es por algún tipo de Italia. Nocci o algo aso.”
“Notte,” corrigió Etienne, pronunciando el nombre No-tay. “Y el es italiano. Al menos del lado de su padre, pero aparentemente en nació en Inglaterra así que fue donde Marguerite y Tiny comenzaron su búsqueda.” Cuando tomar meramente lo miro dudoso, el agrego, “Bastien arreglo el avión para Mama y Tiny y el dijo que ellos fueron a Inglaterra.”
“Así que, ella está en Inglaterra y no en Londres,” murmuro Thomas y comenzó a sacar los pantalones blancos que había estado metiendo a la maleta, remplazándolos con jeans y par de camisetas de manga larga para que fueran con las playeras que había empacado. Era principios de otoño, las tarde serian mas frías en Inglaterra.
Una vez que el había metido tanta ropa en la bolsa como podía, Thomas cerro la maleta y paso a primo, y cerro el closet.
“¿Ha oído Bastien de Jackie? ¿Ha oído ella de Tiny?” pregunto Thomas, apurando los cajones del vestidor para encontrar calcetines y ropa interior. Jackie Morrisey era la propietaria de la Agencia de Detectives Morrisey, y la jefa de Tiny y Marguerite. Ella era también la compañera de vida de su primo Vincent.
Etienne gruño negativamente mientras lo seguía. “El aun no ha podido localizar a Jackie. Ella y Vincent están en el aire. Ellos probablemente están encerrados en una cabaña en algún lugar disfrutándose mutuamente. Se, que Rachel y yo no dejamos la casa por varias semanas después de que finalmente estuvimos juntos.”
Thomas asintió mientras embutía calcetines en la bolsa. El había observado mientras cada uno de sus primos encontraba a sus compañeros de vida, y cada uno había desaparecido por semanas después de eso… todos menos Bastien. La cabeza de Argeneau Enterprises no había sentido que podía tomarse el tiempo lejos de la compañía de la familia. En verdad, el podría haberlo hecho también. El hombre había estado trabajando a la mitad de su eficiencia usual desde que su compañera de vida, Terri, había regresado a él. Mientras que los otros habían desaparecido por un mes o algo así y regresado para ser capaces de al menos sostener una conversación entera sin tener que apresurarse fuera de la habitación para estar a solas con su compañero de vida, Bastine por no tomarse el tiempo para sacarlo de su sistema parecía haber sido arrastrado a un tiempo de letargo durante el cual se distraía con facilidad.
Thomas se dio por vencido de intentar meter más en su bolsa y comenzó a cerrarla. Finalmente admitiendo que estaba demasiado llena, el frunció el ceño y saco la ropa interior que había empacado, decidiendo que él tendría que ir de comando mientras compraba mas en Inglaterra.
“Greg trato de llamar a madre al Dorchester cuando Lissianna comenzó a tener dolores de parto, solo para que le dijeran que ella había entregado la habitación.” Dijo Etienne infelizmente.
Thomas asintió mientras lentamente se las arreglaba para cerrar el cierre. El compañero de vida de Lissianna ya le había informado eso a la familia cuando ellos había llegado a casa en masa para hacerle compañía mientras Lissianna daba a luz a su hermosa bebe. Su especie no podía ir al hospital y arriesgarse a revelar a los demás. La mayoría de los inmortales daban a luz en casa con solo una partera inmortal para ayudarlas, pero Lissianna le había pedido a la esposa de Etienne, Rachel, que la atendiera. La mujer podría haber trabajado en la morgue local, pero ella era también medico y había hecho un buen trabajo al traer al último Argeneau al mundo.
“Desaparecer así no es como ella,” dijo Thomas con un suspiro mientras finalmente cerraba el cierre.
“No,” coincidió Etienne. “Especialmente cuando sabía que Lissianna estaba tan cerca de dar a luz. Ella la hizo prometer que llamaría si había cualquier señal de que el bebe venia.”
“Ella me hizo hacerle la misma promesa,” admitió Thomas. “Sospecho que nos hizo prometer a cada uno de nosotros eso.”
Ambos cayeron en silencio, contemplando lo que posiblemente podría evitar que Marguerite Argeneau estuviera en contacto con su familia, o al menos de llamar para checar a su hija. La respuesta era simple; muerte o físicamente no ser capaz de llamar eran las únicas cosas que podían alejarla de hacerlo.
Alejando ese pensamiento, Thomas coloco la maleta en su hombro, cogió la carpeta junto a la mesita de noche y se dirigió a la puerta.
“¿Estas componiendo algo?” pregunto curioso Etienne, siguiéndolo fuera de la habitación.
La pregunta hizo que la mano de Thomas se afianzara en su carpeta. El había crecido en una cada llena de música. La Tía Marguerite había amado todas las formas de música y había inspirado en él el mismo amor también. El tenía recuerdos muy profundos de quedarse dormido como un niño ante el dulce sonido de ella tocando varios concertos de piano. Cuando el había expresado un interés, ella le había enseñado a tocar el piano y la guitarra. El había aprendido muchos otros instrumentos desde entonces.
Thomas tenia catorce cuando el había comenzado sus primeros torpes intentos de escribir música. Desafortunadamente, Jean Claude no apreciaba la música y había desalentado sus intentos. No había tomado mucho para que Thomas decidiera mantener sus esfuerzos en secreto para salvarse de los dolores de corazón por las mofas del viejo bastardo. Temiendo que sus primos tomaran sus esfuerzos de igual manera, Thomas había mantenido lo que hacía en secreto también para ellos. La Tía Marguerite, Lissianna, y Jeanne Louise siempre habían sabido, de cualquier modo, y apreciarlo cuando la música que el había escrito fue publicada y gano popularidad en los primeros años del siglo diecinueve. Ellas habían estado muy molestas ante su insistencia de publicar la música anónimamente y mantener el conservar el conocimiento de que él lo hacía. Pero ellas habían honrado sus deseos. O él pensó que lo habían hecho, pero ahora…
“¿Quién te dijo? ¿Lissianna o Jeanne Louise?” le pregunto el secamente. El había hecho jurar a ambas el secreto sobre su carrera y no apreciaba que rompieran la promesa.
“Ninguna,” contesto Etienne. “Madre me dijo.”
La sorpresa hizo que Thomas se detuviera y se girara.
“No pensaste que podías mantener lo que hacía en secreto con ella, ¿o sí?” pregunto Etienne con una sonrisa, y luego agrego secamente, “Ella lee todas nuestras mentes y sabe todo acerca de todos nosotros.”
Thomas frunció el ceño, pero dijo, “Sabia que ella sabía. ¿Quién crees que me enseño a leer y escribir música? Solo estoy sorprendido de que te haya dicho. Bastien y Lucern no saben, ¿o sí?”
Etienne sacudió la cabeza. “Tu reputación como un inútil mocasín está a salvo de ellos, primo. Mientras yo se que ella no les ha dicho nada. De hecho, ella me hizo prometer que no les dijera tampoco. Ella dijo que les dirías cuando estuvieras listo.”
“Hmm” Thomas asintió con alivio ante estas noticias, pero entonces dijo, “Eso hace preguntarse porque te dijo.”
“Fue un accidente de hecho. Ella me encontró tarareando ‘Highland Mary’ cuando era popular y dijo que era su favorita de tu composición musical hasta el momento. Claro, no tenía ni idea de lo que estaba hablando y la hice explicármelo, pero entonces me hizo jurar el secreto.”
“¿Y estas rompiendo esa promesa ahora?” pregunto Thomas con entusiasmo. “¿Por qué?”
“No me había dado cuenta de cuánto tiempo había mantenido el secreto. Fue hace casi doscientos años, primo, y no muestras signos de revelar que eres un compositor musical en ningún momento.” El se encogió de hombros y luego pregunto curiosamente, “¿Por qué mantienes el secreto?”
Thomas continuo por el corredor, murmurando, “No es un secreto para todos. Además, Bastien y Lucern solo pensarían que es un ‘lindo pequeño hobby’ y me dirían que dejara de lado mis infantiles esfuerzos y fuera a trabajar en el negocio familiar.”
“Eso suena como algo que Padre habría dicho,” comento despacio Etienne.
Thomas solamente se encogió de hombros. Era algo que Jean Claude Argeneau había dicho, y había dolido lo suficiente en el momento que él no estaba interesado en oírlo de nuevo de Bastien o Lucern.
“Ahí estas.” Rachel sonrió ante el par mientras ellos se le unían en la gran sala del apartamento. “Thomas, ¿es esta tu madre?”
Su mirada se deslizo detrás de ella hacia el retrato sobre la chimenea y el asintió lentamente. Althea Argeneau había sido una mujer hermosa, pero él no tenía recuerdos de ella. Marguerite le había presentado el retrato pintado el día en que se había mudado de la casa de ella a la propia. El retrato era una única conexión que la tenia con la mujer que le había dado la vida. Su mirada ahora se deslizaba al retrato en la pared opuesta. Era su tía Marguerite y el esperaba en Dios que no fuera ahora su única conexión con la mujer que lo había criado. El tenía que encontrarla viva y bien.
“Así que… ¿ella está cerca de poder tener al siguiente bebe?” pregunto Rachel con emoción, llamando la atención de nuevo hacia el retrato de su hacia tiempo fallecida madre.
Cuando él lo miro y luego regreso una mirada vacía hacia Rachel, Etienne le recordó, “La primera vez que conociste a Rachel fue el Night club. Ella pensó que eras más joven que Jeanne Louise. Tu le dijiste que se equivocaba, y luego dijiste que tu mama había querido más niños pero tendría que esperar otros diez años o más por la regla de los cien años.”
“Oh.” Thomas sonrió agriamente mientras recordaba la conversación en cuestión. El comentario había sido algo que le diría a un extraño. El difícilmente quería explicarle entonces acerca de sus tragedias familiares, que no había “mama” y que Jeanne Louise era solo su media hermana por el tercer matrimonio de su padre.
El hecho de que el padre de Thomas pareciera estar maldito cuando se trataba de viudos. Ellas solo seguían muriendo, una ocurrencia difícil ya que todas ellas habían sido inmortales. En respuesta, el hombre se había vuelto amargado y enojón a través de los siglos, evitando cualquier contacto real con su hijo e hija. Era un tema doloroso para Thomas, y uno que él prefería evitar, lo cual era la razón por la que el había hecho el comentario en aquel entonces en lugar de explicar que Jeanne Louise era solo su media hermana y que Marguerite Argeneau era la única madre que ellos habían conocido.
De cualquier modo, parecía que el tendría que explicarse. “Yo –“
“Está bien, Etienne me conto la historia después de que nos casamos,” lo interrumpió Rachel despacio y luego cruzo la habitación para correr una mano suavemente sobre sus hombros. “Solo te estaba tomando el pelo. Lo siento si te traje malos recuerdos.”
Thomas se encogió de hombros la cuestión fuera como si no fuera importante y luego se giro para guiar el camino hacia la puerta. “Deberíamos apresurarnos. Entre más pronto me dejen en el aeropuerto, mas pronto llegare a Londres, encontrare a la Tía Marguerite, y pondremos las mentes de todos a descansar.”
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Jade_Lorien
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MensajeTema: Prologo (Corregido por Exsamtha)   Mar Ago 16, 2011 1:37 pm

Prologo


“Estarás volando en uno de los jets de la compañía. Deberás estar listo y esperando para cuando lleguemos al aeropuerto.”
Thomas Argeneau asintió, pero su atención estaba en las ropas que arrancaba de los ganchos de su closet y que metía en su mochila.
Etienne lo miro brevemente y luego soltó, “¿Por qué Madre no ha llamado?
Incapaz de responder la pregunta, Thomas frunció el ceño y sacudió la cabeza. El encontraba toda la situación molesta. Después de setecientos años como ama de casa, Marguerite Argeneau había decidido comenzar una carrera. Pero no había facilitado su camino en la fuerza laboral con un trabajo secretarial o alguna otra carrera mundana. En lugar de ello, había decidido que quería ser la siguiente Sam Spade , o Samantha Spade como fuera el caso. La mujer, que rara vez había dejado su casa antes de esto, había tomado un trabajo como detective privado y volado a Europa para localizar a la madre de un vampiro de quinientos años de edad.
Mientras Thomas entendía su deseo por tener una carrera para llenar su tiempo, el deseaba que hubiese elegido algo menos exótico, y preferentemente algo que hubiera hecho en casa en Canadá.
“Llamo cada tarde las primeras tres semanas; algunas ocasiones dos veces por la noche. Y luego, bang, nada de nada. Algo debe de haber pasado,” murmuro Etienne.
Thomas miro sobre su hombro, notando que el hermoso, y usualmente suave cabello de su primo no estaba para nada suave ahora. Etienne estaba dando vueltas detrás de él en el pequeño closet, su cara marcada con líneas de preocupación. Era una emoción que la familia estaba sufriendo en el presente. Marguerite Argeneau había estado fuera de contacto por tres días por ahora. Normalmente, eso no habría sido causa de preocupación, pero Lissianna, su única hija, estaba en el último mes de su primer embarazo. Era por eso que Marguerite se había estado reportando tan regularmente. Todos sabían que ella intentaba dejar todo y volar a casa ante la primera señal de Lissianna de entrar en labor de parto, lo que hacia este repentino silencio muy perturbador.
“Thomas,” Etienne se detuvo y repentinamente toco su brazo. “Realmente aprecio que vueles para comprobar como esta ella… y también lo hace el resto de la familia.”
“Me preocupo por ella también,” dijo Thomas con un tieso encogimiento de hombros y luego se giro hacia su maleta, sabiendo que había expresado la mayor afirmación de su vida. Biológicamente, Marguerite Argeneau podía ser solamente su tía, pero ella lo había criado y era la única madre que Thomas había conocido. El la amaba tanto como su hija y sus hijos lo hacían.
“Desearía poder ir contigo,” agrego Etienne frustrado, comenzando a pasearse de nuevo. “Si no tuviera esta fecha de entrega…”
Thomas no hizo comentarios. El conocía a Etienne, tan bien como al resto de la familia, quería ir y buscar a la desaparecida mujer tanto como él; ellos simplemente no eran capaces de dejarlo pasar. De cualquier modo, el también sabía que ellos estaban haciendo los arreglos pertinentes para seguirlo en cuanto pudieran. Thomas estaba sinceramente esperando que no fuera necesario. El esperaba llegar y encontrarla con vida y bien y con alguna tonta, simple explicación de la ausencia de llamadas telefónicas.
El repentino timbre electrónico de un teléfono hizo que ambos hombres se detuvieran. Thomas miro a Etienne sacar el teléfono celular de su bolsillo y colocarlo en su oído. Su hola fue seguido por el silencio mientras el escuchaba, y luego decía, “Okay,” y apartaba el teléfono.
“Ese era Bastien,” anuncio Etienne. “Se las arreglo para reservarte una habitación en el Hotel Dorchester en Londres. Era donde Madre se estaba quedando antes de que desapareciera.”
“¿Londres?” pregunto Thomas frunciendo el ceño. “Pensé que la Tía Marguerite y Tiny estaban en Italia. El caso en que trabajaban es por algún tipo de Italia. Nocci o algo así.”
“Notte,” corrigió Etienne, pronunciando el nombre No-tay. “Y el es italiano. Al menos del lado de su padre, pero aparentemente nació en Inglaterra así que fue donde Marguerite y Tiny comenzaron su búsqueda.” Cuando Thomas solamente lo miro dudoso, el agrego, “Bastien arreglo el avión para Mama y Tiny y él dijo que ellos fueron a Inglaterra.”
“Así que, ella está en Inglaterra y no en Londres,” murmuro Thomas y comenzó a sacar los pantalones blancos que había estado metiendo a la maleta, remplazándolos con jeans y par de camisetas de manga larga para que fueran con las playeras que había empacado. Era principios de otoño, las tarde serian mas frías en Inglaterra.
Una vez que el había metido tanta ropa en la mochila como podía, Thomas la cerro y se la paso a su primo, y cerro el closet.
“¿Ha oído Bastien de Jackie? ¿Ha oído ella de Tiny?” pregunto Thomas, apurando los cajones del vestidor para encontrar calcetines y ropa interior. Jackie Morrisey era la propietaria de la Agencia de Detectives Morrisey, y la jefa de Tiny y Marguerite. Ella era también la compañera de vida de su primo Vincent.
Etienne gruño negativamente mientras lo seguía. “El aun no ha podido localizar a Jackie. Ella y Vincent están en el aire. Ellos probablemente están encerrados en una cabaña en algún lugar disfrutándose mutuamente. Se, que Rachel y yo no dejamos la casa por varias semanas después de que finalmente estuvimos juntos.”
Thomas asintió mientras embutía calcetines en la mochila. El había observado mientras cada uno de sus primos encontraba a sus compañeros de vida, y cada uno había desaparecido por semanas después de eso… todos menos Bastien. La cabeza de Argeneau Enterprises no había sentido que podía tomarse el tiempo lejos de la compañía de la familia. En verdad, el podría haberlo hecho también. El hombre había estado trabajando a la mitad de su eficiencia usual desde que su compañera de vida, Terri, había regresado a él. Mientras que los otros habían desaparecido por un mes o algo así y regresado para ser capaces de al menos sostener una conversación entera sin tener que apresurarse fuera de la habitación para estar a solas con su compañero de vida, Bastine por no tomarse el tiempo para sacarlo de su sistema parecía haber sido arrastrado a un tiempo de letargo durante el cual se distraía con facilidad.
Thomas se dio por vencido de intentar meter más en su mochila y comenzó a cerrarla. Finalmente admitiendo que estaba demasiado llena, el frunció el ceño y saco la ropa interior que había empacado, decidiendo que él tendría que ir de comando mientras compraba mas en Inglaterra.
“Greg trato de llamar a madre al Dorchester cuando Lissianna comenzó a tener dolores de parto, solo para que le dijeran que ella había entregado la habitación.” Dijo Etienne infelizmente.
Thomas asintió mientras lentamente se las arreglaba para cerrar el cierre. El compañero de vida de Lissianna ya le había informado eso a la familia cuando ellos había llegado a casa en masa para hacerle compañía mientras Lissianna daba a luz a su hermosa bebe. Su especie no podía ir al hospital y arriesgarse a revelarse a los demás. La mayoría de los inmortales daban a luz en casa con solo una partera inmortal para ayudarlas, pero Lissianna le había pedido a la esposa de Etienne, Rachel, que la atendiera. La mujer podría haber trabajado en la morgue local, pero ella era también medico y había hecho un buen trabajo al traer al último Argeneau al mundo.
“Desaparecer así no es de ella,” dijo Thomas con un suspiro mientras finalmente cerraba el cierre.
“No,” coincidió Etienne. “Especialmente cuando sabía que Lissianna estaba tan cerca de dar a luz. Ella le hizo prometer que llamaría si había cualquier señal de que el bebe venia.”
“Ella me hizo hacerle la misma promesa,” admitió Thomas. “Sospecho que nos hizo prometer a cada uno de nosotros eso.”
Ambos quedaron en silencio, contemplando lo que posiblemente podría evitar que Marguerite Argeneau estuviera en contacto con su familia, o al menos de llamar para checar a su hija. La respuesta era simple; la muerte o físicamente no ser capaz de llamar eran las únicas cosas que podían alejarla de hacerlo.
Alejando ese pensamiento, Thomas coloco la mochila en su hombro, cogió la carpeta junto a la mesita de noche y se dirigió a la puerta.
“¿Estas componiendo algo?” pregunto curioso Etienne, siguiéndolo fuera de la habitación.
La pregunta hizo que la mano de Thomas se afianzara en su carpeta. El había crecido en una cada llena de música. La Tía Marguerite había amado todas las formas de música y había inspirado en él el mismo amor también. El tenía recuerdos muy profundos de quedarse dormido como un niño ante el dulce sonido de ella tocando varios concertos de piano. Cuando el había expresado un interés, ella le había enseñado a tocar el piano y la guitarra. El había aprendido muchos otros instrumentos desde entonces.
Thomas tenia catorce cuando el había comenzado sus primeros torpes intentos de escribir música. Desafortunadamente, Jean Claude no apreciaba la música y había desalentado sus intentos. No había tomado mucho para que Thomas decidiera mantener sus esfuerzos en secreto para salvarse de los dolores de corazón por las mofas del viejo bastardo. Temiendo que sus primos tomaran sus esfuerzos de igual manera, Thomas había mantenido lo que hacía en secreto también para ellos. La Tía Marguerite, Lissianna, y Jeanne Louise siempre habían sabido, de cualquier modo, y apreciarlo cuando la música que el había escrito fue publicada y gano popularidad en los primeros años del siglo diecinueve. Ellas habían estado muy molestas ante su insistencia de publicar la música anónimamente y conservar el conocimiento de que él lo hacía. Pero ellas habían honrado sus deseos. O él pensó que lo habían hecho, pero ahora…
“¿Quién te dijo? ¿Lissianna o Jeanne Louise?” le pregunto el secamente. El había hecho jurar a ambas guardar el secreto sobre su carrera y no apreciaba que rompieran la promesa.
“Ninguna,” contesto Etienne. “Madre me dijo.”
La sorpresa hizo que Thomas se detuviera y se girara.
“No pensaste que podías mantener lo que hacía en secreto con ella, ¿o sí?” pregunto Etienne con una sonrisa, y luego agrego secamente, “Ella lee todas nuestras mentes y sabe todo acerca de todos nosotros.”
Thomas frunció el ceño, pero dijo, “Sabia que ella sabía. ¿Quién crees que me enseño a leer y escribir música? Solo estoy sorprendido de que te haya dicho. Bastien y Lucern no saben, ¿o sí?”
Etienne sacudió la cabeza. “Tu reputación como un inútil mocasín está a salvo de ellos, primo. Mientras yo se que ella no les ha dicho nada. De hecho, ella me hizo prometer que no les dijera tampoco. Ella dijo que les dirías cuando estuvieras listo.”
“Hmm” Thomas asintió con alivio ante estas noticias, pero entonces dijo, “Eso me hace preguntar porque te dijo.”
“Fue un accidente de hecho. Ella me encontró tarareando ‘Highland Mary’ cuando era popular y dijo que era su favorita de tu composición musical hasta el momento. Claro, no tenía ni idea de lo que estaba hablando y la hice explicármelo, pero entonces me hizo jurar el secreto.”
“¿Y estas rompiendo esa promesa ahora?” pregunto Thomas con entusiasmo. “¿Por qué?”
“No me había dado cuenta de cuánto tiempo había mantenido el secreto. Fue hace casi doscientos años, primo, y no muestras signos de revelar que eres un compositor musical en ningún momento.” El se encogió de hombros y luego pregunto curiosamente, “¿Por qué mantienes el secreto?”
Thomas continuo por el corredor, murmurando, “No es un secreto para todos. Además, Bastien y Lucern solo pensarían que es un ‘lindo pequeño hobby’ y me dirían que dejara de lado mis infantiles esfuerzos y fuera a trabajar en el negocio familiar.”
“Eso suena como algo que Padre habría dicho,” comento despacio Etienne.
Thomas solamente se encogió de hombros. Era algo que Jean Claude Argeneau había dicho, y había dolido lo suficiente en el momento que él no estaba interesado en oírlo de nuevo de Bastien o Lucern.
“Ahí estas.” Rachel sonrió ante el par mientras ellos se le unían en la gran sala del apartamento. “Thomas, ¿es esta tu madre?”
Su mirada se deslizo detrás de ella hacia el retrato sobre la chimenea y el asintió lentamente. Althea Argeneau había sido una mujer hermosa, pero él no tenía recuerdos de ella. Marguerite le había dado el retrato pintado el día en que se había mudado de la casa de ella a la propia. El retrato era la única conexión que tenia con la mujer que le había dado la vida. Su mirada ahora se deslizaba al retrato en la pared opuesta. Era su tía Marguerite y el esperaba en Dios que no fuera ahora su única conexión con la mujer que lo había criado. El tenía que encontrarla viva y bien.
“Así que… ¿ella está cerca de poder tener al siguiente bebe?” pregunto Rachel con emoción, llamando la atención de nuevo hacia el retrato de su hacia tiempo fallecida madre.
Cuando él lo miro y luego regreso una mirada vacía hacia Rachel, Etienne le recordó, “La primera vez que conociste a Rachel fue el Night Club. Ella pensó que eras más joven que Jeanne Louise. Tu le dijiste que se equivocaba, y luego dijiste que tu mama había querido más niños pero tendría que esperar otros diez años o más por la regla de los cien años.”
“Oh.” Thomas sonrió agriamente mientras recordaba la conversación en cuestión. El comentario había sido algo que le diría a un extraño. El difícilmente quería explicarle entonces acerca de sus tragedias familiares, que no había “mama” y que Jeanne Louise era solo su media hermana por el tercer matrimonio de su padre.
El hecho de que el padre de Thomas pareciera estar maldito cuando se trataba de viudos. Ellas solo seguían muriendo, una ocurrencia difícil ya que todas ellas habían sido inmortales. En respuesta, el hombre se había vuelto amargado y enojón a través de los siglos, evitando cualquier contacto real con su hijo e hija. Era un tema doloroso para Thomas, y uno que él prefería evitar, lo cual era la razón por la que el había hecho el comentario en aquel entonces en lugar de explicar que Jeanne Louise era solo su media hermana y que Marguerite Argeneau era la única madre que ellos habían conocido.
De cualquier modo, parecía que el tendría que explicarse. “Yo –”
“Está bien, Etienne me conto la historia después de que nos casamos,” lo interrumpió Rachel despacio y luego cruzo la habitación para correr una mano suavemente sobre sus hombros. “Solo te estaba tomando el pelo. Lo siento si te traje malos recuerdos.”
Thomas se encogió de hombros como si la cuestión no fuera importante y luego se giro para seguir el camino hacia la puerta. “Deberíamos apresurarnos. Entre más pronto me dejen en el aeropuerto, mas pronto llegare a Londres, encontrare a la Tía Marguerite, y pondremos las mentes de todos a descansar.”
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