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 Capitulo 4

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Capitulo 4   Dom Ene 23, 2011 7:05 pm

CAPITULO 4


La cabeza de Leigh estaba latiendo. Se sentía como si alguien hubiera aplastando su cráneo. Lentamente. Ella nunca había experimentado un dolor así. Estaba acompañado de un severo caso de boca algodonosa y cólicos como nunca había conocido. Básicamente, se sentía como el infierno.
Un gruñido comenzó a deslizarse de sus labios, pero el dolor que causaba en ambos su garganta seca y su cabeza la hicieron cortarlo de golpe. Ella trato de abrir sus ojos, pero el repentino asalto de la luz hizo que el dolor en su cabeza rugiera y ella rápidamente los cerró de nuevo.
Esto era malo. Muy malo. Ella no se había sentido tan mal desde… bueno, nunca, se dio cuenta. Ella había tenido huesos rotos, resfriados, gripes, sarampión, y cada otra enfermedad de la infancia, pero no recordó sentirse así.
Después de un rato de yacer quieta no hizo nada para disminuir su dolor, Leigh decidió que tenía que levantarse y encontrar algunas aspirinas o algo. Y agua. Ella estaba tan deshidratada que la lengua se sentía arenosa. Eso también – ella esperaba – ayudaría a remover el horrible sabor en su boca.
Mentalmente apartándose del dolor por venir, Leigh comenzó a abrir sus ojos, solo para cerrarlos de nuevo mientras el dolor en su cabeza se elevaba.
Aspirina, se recordó a si misma. Y agua. Solo una docena de pasos a su baño y ella tendría ambos. Tal vez ella podría arreglárselas llegar hasta ahí sin abrir sus ojos. Ella vivía en una pequeña casa desde hacia dos años, ¿seguro que podía encontrar el baño sin abrir sus ojos? Si puedo camina, agrego, mientras la preocupación la clamaba. Tan mal como ella se sentía, era posible que ella pudiera estar demasiado débil para andar por ahí.
Leigh tomo aire, luego se las arreglo para sentarse en la cama. La pequeña acción la dejo jadeando y sin aliento. Oh, esto no puede ser bueno, pensó vagamente, luego estuvo al tanto de un jalón en su brazo cada vez que se movía y abrió un ojo para husmear.
Mirando la cinta atada alrededor de su brazo, abriendo su ojo de sorpresa y la miro con confusión, luego noto el tubo saliendo de ella y siguiendo eso hacia arriba a una bolsa vacía, colgando al costado de la cama. La bolsa esta vacía, pero había trazas de un liquido rojo estancado en el fondo, y una etiqueta en la bolsa con una gran O y Rh positivo debajo.
¿Sangre?
Su cabeza se hizo lenta mientras examinaba el cuarto, y se dio cuenta con desmayo que no era su cómodo cuarto en la casa que ella había elegido y decorado tan adorablemente. Este era un cuarto que nunca antes había visto – un enorme cuarto azul con un área de asientos en un lado que incluía un sillón, una mesa de café, y sillas. Había un par de puertas dobles, obviamente de un closet, y otras dos puertas más.
Una cosquilleante sensación de miedo subió por la parte posterior de su cuello, y ella comenzó a recordar que algo había pasado la noche anterior. Donny deteniéndola en una calle oscura. Su enojo con el. Girándose para irse, luego perdiendo el control de su cuerpo, y luego… Morgan.
Leigh se tenso mientras lo recordaba mordiéndola y dándole sangre en la parte trasera de la camioneta. La camioneta se había detenido en una fea casa vieja que parecía a punto de colapsarse. Morgan llevándola dentro y escaleras abajo en el frio sótano. Ella miro con horro los ataúdes ahí, y la pálida gente, rígida luego el la llevo en un pequeño cuarto que solo tenían un catre. Luego Donny estuvo recargado sobre ella, diciéndole que todo estaría bien. En la había elegido. Ellos vivirían para siempre.
Ella recordó sacudir su cabeza, intentando que pasara el dolor punzando en sus temporales mientras el había ido por lo de los vampiros y la vida eterna. Ella no había escuchado la mayoría de ello; su mente solo había entendido algo: ella sabía que tenía que salir de ahí.
Y lo había hecho, recordó Leigh. Con Morgan fuera, ella tuvo el control de su cuerpo una vez más. Se las arreglo para mantenerse consiente a pesar del dolor y debilidad que la asaltaban, y sospecho que Donny la había ayudado no intencionalmente. El había estado tan solicito como amante, cubriéndola con una manta mientras el prometía un felices para siempre y una eternidad de hermosas noches en su propio ataúd construido para dos.
Cada palabra que él decía alimentaba la furia que ardía en ella, así que cuando finalmente se fue del cuarto, ella de alguna manera para controlar sus pies y tambalearse hacia la puerta para escapar. Hizo todo el camino escaleras arriba y hasta la cocina sin interferencia.
¿Pero que había pasado entonces? Ella tenía un vago, difuso y soñador recuerdo de tres hombres en la cocina. Ella reconoció a dos de ellos, ya que habían estado en el Coco’s cada noche esa semana, comiendo en el bar porque ellos aparecían muy tarde. El tercer hombre era rubio con rasgos cincelados, tan hermoso con una dios Griego en vida.
Debía de haber sido un sueño, decidió ella. Ningún hombre podía ser así de apuesto.
Miro alrededor del cuarto de nuevo. ¿Había escapado de la casa? Tal vez ella aun estaba ahí, pero en un cuarto diferente. No tenía idea, excepto por que este no era su propio cuarto en su acogedor hogar.
Cambiando sus pies de la cama, Leigh comenzó a levantarse, solo para detenerse por otro jalón de su brazo. Girando, ella tomo el tubo y cinta y le dio un impaciente tirón, gimiendo mientras la cinta arrancaba el vello de su brazo y el dolor que se disparaba en ella. Apretando los dientes contra el pinchazo, ella se las arreglo para ponerse de pie de nuevo, pero se encontró balanceándose alarmantemente. En el siguiente momento, se colapso en el piso, sus piernas doblándose bajo ella.
“¡Maldita sea, Julius! ¡Bájate! Me harás tirar la bandeja.”
Tensándose, Leigh levanto su cabeza para husmear sobre la cama y hacia la puerta del otro lado del cuarto. Estaba cerrada en el momento, pero ella oyó la exasperada voz de un hombre claramente a través de la madera. Ignorando el dolor en su brazo, ella se agacho instintivamente para esconderse detrás de la cama, su cuerpo parecía haber tomado la decisión antes de que su mente pudiera procesar las opciones. En el siguiente momento se estaba deslizando debajo de la cama sobre su estomago. Una vez en el centro, se tenso y mantuvo el aire, sus ojos encontrando la puerta a través de la abertura entre el piso y el rodete alrededor de la cama.
Un par de pies descalzos y la parte baja de un dobladillo de lo que parecían unos jeans negros aparecieron mientras los paneles de madera se balanceaban hacia dentro.
“Estúpido perro,” el hombre murmuro mientras los pies descalzos se movían hacia el cuarto. Luego, cuatro patas negras siguieron y Leigh se mordió su labio. Un perro. Su escondite de pronto no parecía una muy buena idea.
“Bueno ¡demonios! ¿A dónde se fue?”
Leigh miro hacia un lado mientras los pies descalzos se detenían junto a la cama, luego se movió hacia la cabecera. Había un tintineo de cristal como algo – ¿la bandeja que el había mencionado? – que estaba siendo colocado en la mesa de noche, luego los pies descalzos se alejaron, hacia una de las otras puertas del cuarto, esa en la misma dirección de la pared donde estaba la cabecera.
“Como si no tuviera suficiente que hacer contigo arruinando la casa a cada vuelta y yo constantemente teniendo que correr hasta aquí para cambiar bolsas de sangre,” estaba murmurando el hombre.
Leigh no estaba poniendo mucha atención a él, de cualquier modo. Su atención estaba en el perro. Mejor que seguir al hombre, las cuatro patas negras se fueron acercando al final de la cama, y ella tenía la sensación de que su escondite no duraría mucho.
Ignorando sus diversos achaques y dolores, ella miro alrededor salvajemente, buscando por alguna especie de arma, cualquier arma, pero no vio nada, ni siquiera un polviento conejo debajo de la cama. Si fuera su cuarto y su cama, habría ropas, zapatos, posiblemente un gancho o dos. Zapatos, o incluso un gancho, hacían mejor arma que nada debajo de esta cama. El espacio era tan árido como un desierto.
“Cuando ponga mis manos en Thomas,” el hombre murmuro ahora. “El no está contestando su teléfono deliberadamente porque sabe que lo quiero aquí para ayudarme con este desastre.”
Leigh miro hacia el lado, para ver que él se alejaba de la primera puerta y ahora se estaba moviendo a las puertas del closet. La curiosidad se llevo entonces lo mejor de ella y se estiro con su brazo adolorido para levantar el lado del rodapié para verlo.
Sus ojos se ensancharon. El estaba descalzo, hasta donde ella sabía, pero también estaba desnudo del torso, o casi desnudo. La volátil bata que vestía cubría parte de un muy musculoso, muy desnudo pecho y caía sobre sus jeans negros. Un pañuelo estaba atado alrededor de su cara, cubriendo su boca y nariz como una robabancos antiguo. Otro cubría la mayoría de el corto cabello rubio curvándose en ondas alejadas de su rostro, y el vestía guantes de látex en sus manos, luego su atención fue distraída cuando el abrió la puerta del closet.
Leigh gimió antes la vista de zapatos revistiendo el fondo de la gran pared del closet. Eran zapatos de mujer, tal vez media docena, y cada uno exhibía un tacón de aguja. Mucho bien le hacía a ella ahí, pensó irritadamente, luego miro filosamente hacia el final de la cama mientras un susurro cautivo su oído.
Mucho para su horror, el perro la había encontrado. El estaba ahora en su estomago al final de la cama, olfateando mientras comenzaba a abrirse camino hacia ella debajo de la cama. Abriendo bien los ojos, Leigh se hizo hacia atrás lo mas que pudo hasta que su pie golpeo la pared a la cabeza de la cama, pero el perro solo continuo, arrastrándose a el mismo sobre su panza y haciendo ruiditos de gimoteos que ella pensó podían deberse para asegurar que sus intensiones eran amistosas.
Los ojos de Leigh se abrieron con creciente asombro mientras su tamaño se hacía aparente. El animal era más que enorme, su cabeza un gran cuadrado que podía haber pasado por una televisión pequeña, su cuerpo levantando la cama cada vez que el se metía. El un maldito monstruo. ¡Enorme! El podía comérsela para la cena y probablemente aun podía arreglárselas con un bocadillo después de eso.
“No necesito esto. Yo - ¿Julius? ¿Adónde demonios te fuiste ahora?”
Leigh aparto sus ojos del perro que estaba ahora casi completamente debajo de la cama y miro hacia los pies descalzos mientras se movían hacia la puerta por la que habían venido. El hombre estaba obviamente buscando en el corredor al perro, y por un momento ella espero que él pudiera dejar el cuarto en busca de ambos. Entonces ella se distrajo por la húmeda lengua deslizándose por su mejilla.
Parpadeando, ella se giro para descubrir que el perro la había alcanzado. Afortunadamente, sus intensiones no parecían maliciosas. A menos que estuviera dándole una probada antes de morderla, su saludo parecía suficientemente amistoso. Aliviada de que no necesitara temer que mi garganta fuera arrancada – de nuevo – ella extendió una mano hacia él y acaricio al perro extrañamente como saludo. Leigh sabía que había sido un mal movimiento en el momento en que oyó el golpeteo de su cola en el piso mientras trataba de menearla a manera de saludo.
Ella cerró fuertemente los ojos, difícilmente al tanto de la lengua deslizándose húmedamente a través de su mejilla esta vez, aunque era difícil ignorar el aliento a perro.
“Debería de estar afuera ayudando a cazas a Morgan.”
El murmullo captura la atención de Leigh y ella se tenso debajo de la lengua del perro. ¿Cazando a Morgan? ¿Entonces no era el acompañante de Donald y el hombre que la había mordido?
“En vez de eso, estoy atrapado haciendo de niñera a –“hubo una pausa mientras el hombre aparentemente se daba cuenta de el golpeteante sonido de la cola del perro. Leigh levanto su mano hacia su cara para bloquear la lengua del perro y abrir a sus ojos a tiempo para ver el pie junto a la puerta girarse lentamente para encarar la habitación. Solo mientras ella notaba que la punta de la cola del perro salía de debajo de la cama, el hombre grito, “¡Julius! ¿Qué demonios estás haciendo debajo de la cama?”
Leigh gimió inconscientemente y miro los pies descalzos moverse más cerca. Se detuvieron a un lado de la punta de la cola protrúyete de Julius, luego un par de rodillas y el faldón de su bata vino a la imagen mientras él se arrodillaba al pie de la cama. Un brazo desnudo le siguió, luego su cara apareció, aun escondida tras la pañoleta. Sus ojos, de cualquier modo, no estaban ocultos, y ella sintió que su estomago encogerse mientras veía esos ojos azul plateado mientras él veía debajo de la cama. Le tomo un momento darse cuenta que estaba viendo al perro, luego su mirada cambio a ella y parpadeo con sorpresa.
“Oh. Ahí estas.” la mirada se suavizo, pero había aun irritación en sus ojos. “¿Qué estás haciendo fuera de la cama? ¿No tengo suficiente que hacer?”
Leigh tenía la más ridícula urgencia de disculparse, pero se mordió la lengua para contenerse. No tenía ni idea de quién era el, o donde estaba ella, o –
Sus pensamientos se dispersaron mientras el perro le daba a su cara otro lengüetazo. O él creía que ella era una paleta para perrito o ellos se estaban estableciendo ahora, pensó ella, su sentido del humor regresaba mientras la ridiculez de la situación se hundía. Su escondite había sido un decidido fraude, aun así ella seguía en el. Y ni siquiera estaba segura de que necesitara un escondite. Si el hombre estaba cazando a Morgan… “El enemigo de mi enemigo” y todo eso.
Leigh estaba a punto de rodar de debajo de la cama cuando su mano fue repentinamente tomada en un agarre ahulado y fue arrastrada fuera. Ella dio un jadeo de shock, luego se encontró a ella misma acogida en unos brazos fuertes y siendo llevada a la cama de la que había peleado para salir solo momentos antes.
“No deberías de estar levantada aun. Estas demasiado débil,” el hombre le regaño mientras se enderezaba, su pañoleta pegándose a sus labios con cada palabra.
“Yo – “comenzó Leigh, pero el noto su brazo e interrumpió.
“Te has arrancado la IV. Ahora tengo que ponerla de nuevo.”
Leigh miro con los ojos bien abiertos mientras el tomaba el tubo de la IV, encontró el extremo de ella, y comenzó a remover la cinta para examinar la punta. Gran parte de su miedo se disipo. El parecía indefenso. Un poco chalado, decidió ella, tomando en cuenta su excéntrico vestuario, pero inofensivo. Ella apenas y había tenido ese pensamiento cuando su mirada fue llamada por el perro. El había terminado de arrastrarse fuera de debajo de la cama y se había colocado a su lado.
Leigh lo miro cautelosamente, temerosa de que el comenzara a lamerla de nuevo. Ahora que ella podía verlo del todo y decir que tan grande era, ella estaba muy, muy agradecida de que el pareciera amistoso, pero no tan agradecida de querer estar cubierta en escupitajo de perro de pies a cabeza. Afortunadamente, parecía que el había terminado con eso. El se estiro en la cama junto a ella, dejo caer su cabeza en sus patas delanteras, cerrando sus ojos y pareció dormirse.
Un desalentador suspiro llamo su atención de vuelta al hombre a tiempo para verlo mandar una irritada mirada en su dirección. “La rompiste.”
Leigh parpadeo. “¿Lo hice?”
“Si. Partiste la aguja por la mitad,” anuncio el, luego miro hacia la cama. Leigh miro hacia abajo también, su mirada recorriendo la superficie de la cama blanca por la punta de la aguja de la IV.
Murmurando bajo, se inclino para recorres con su manos la superficie, presumiblemente en busca de la punta de la aguja. Leigh elevo sus piernas, halándolas más cerca de su cuerpo para evitar sus manos, pero el creciente dolor en su brazo mientras ella comenzaba a envolverlo alrededor de sus rodillas la hizo quedarse quieta. Levantando el brazo, ella lo giro y lo examino, frunciendo el ceño mientras notaba la punta saliendo. Casi parecía empujar más hacia afuera de su cuerpo frente a sus propios ojos. Había estado tan distraída por sus miedos, que no había puesto atención al perforarte dolor en su brazo.
“Oh, ahí está.” Tomando su mano, ella estiro completamente su brazo y desencajo el pedazo de metal. Lo examino de cerca y frunció el ceño, su mirada deslizándose de la aguja rota a la IV con irritación. “¿Cómo voy –“
Su pregunta termino abruptamente mientras el teléfono timbraba. Frunciendo el ceño, arrojo la punta de la aguja en una bandeja ahora junto a la mesa. Presuntivamente, esto era lo que ella había oído depositar con había entrado, porque ella estaba segura de que no había estado ahí antes. Su mirada se deslizo por el contenido con interés. Contenía una jarra de agua, un vaso, y un plato de algo vagamente parecido a comida para perro… excepto que estaba humeando. Leigh miro avariciosamente el agua mientras el hombre alcanzaba el teléfono.
“¿Hola?” dijo él en el receptor, y ella se acerco a la costado de la cama, su lengua deslizándose para lamer su labios mientas se acercaba al agua.
El teléfono sonó de nuevo.
Leigh miro hacia atrás para ver las cejas del hombre tensarse juntas hasta que casi se hicieron una. El miraba los botones del teléfono y presiono otra. “¿Hola?”
El teléfono sonó de nuevo.
“Maldita, novedad –“el comenzó a presionar botón tras botón, diciendo repetidamente, “¿Hola?”
“¿Lucian?”
El perro junto a Leigh cambio en su sueño, orejas elevándose antes el sonido de la voz que venía a través del audífono del teléfono.
“Marguerite.” El alivio del hombre era palpable, Leigh noto curiosamente mientras ella se acercaba un poco más al lado de la cama. Ella casi podía alcanzar el agua ahora.
“¿Por qué suenas tan lejos, Lucian?” pregunto la mujer.
El hombre, Lucian, hizo un sonido de irritación. “Tu estas en Europa, Marguerite, estoy lejos.”
“Si, pero no deberías de sonar lejos.” Su voz estaba exasperada. “¿Estas en el altavoz?”
“No,” dijo el hombre rápidamente, y Leigh mordió su labio para evitar sonreír ante la mentira cuando el envió le envió una mirada de advertencia. Aparentemente, el no quería armar un escándalo con mas botones, pero no quería admitir que no sabía cómo usar un teléfono tampoco.
Ese pensamiento la hizo fruncir el ceño. ¿Por qué él no sabía cómo usar su propio teléfono?
“Hmmm” El incierto murmullo distrajo a Leigh de sus pensamientos, y ella miro hacia el teléfono, su mirada deteniéndose en el agua en su lugar. Ella estaba lo suficientemente cerca para alcanzar la jarra, noto ella, y comenzó a levantarla, solo para que su mano de fuera golpeada a un lado.
“Bueno,” anuncio Marguerite. “Llame por que parece que Vittorio olvido sacar la basura. El aparentemente recolecto toda en una gran bolsa negra de basura y la puso junto a la puerta trasera en la cocina antes de que nos fuéramos, pero con toda la emoción, la olvido.”
Leigh perdió interés tan pronto como oyó la palabra basura, pero entonces su atención se enfoco en la jarra mientras Lucian la levantaba y servía un vaso de agua. Luego coloco la jarra abajo, levanto el vaso y se lo acerco.
Ella sintió el alivio recorrerla. Tomo el vaso en ambas manos, luego abrió su boca para agradecerle solo para encontrar sus labios cubiertos por un dedo enguantado en látex mientras el sacudía la cabeza. Se suponía que él no estaba en el altavoz, recordó ella. Sin duda el no quería que la mujer la oyera, mientras continuaba con el juego.
Articulando las palabras “Gracias,” ella levanto el vaso hacia sus labios y tomo un trago, solo arreglándoselas para restringir un murmullo de placer mientras el claro, frio liquido llenaba su boca. Dios, eso era bueno.
“Estoy seguro que está bien,” continuo Marguerite. “Yo solo estaba preocupada porque pusimos a Julius en la cocina y el tiene la tendencia de hurgar en la basura y –“
“¿Hurgar?” pregunto secamente Lucian, su tomo llamando la atención de Leigh. El estaba mirando al perro durmiendo en la cama. “¿No te refieres a arañarla, romperla, y derramarla por toda la casa?”
“Oh querido,” vino tenuemente del teléfono.”¿Supongo que Julius llego a la bolsa antes de que gente de la perrera llegara ahí?”
Lucian dudo, su mirada cambiando del perro a Leigh, antes de simplemente dijera, “Si.”
Leigh miro al perro, preguntándose cómo habían llegado a su nombre. Julius parecía un nombre bastante poderoso para un perro. Por otro lado, ella suponía que él era un perro poderoso, y nombres como Spot y Fluffy no le sentarían.
“¿Pero quitaste bien a Julius?” pregunto Marguerite. “¿No hubo problema con la gente de la perrera? Nunca antes lo había puesto en una perrera antes, pero no podía dejarlo solo en la casa. No sé cuánto tiempo voy a estar lejos. ¿Te aseguraste de darles su medicina e instrucciones? El tuvo una infección y debe de tomar píldoras.”
Leigh tomo otro sorbo de agua mientras esperaba a que Lucian contestara. Obviamente, había habido una especie de problema, ya que el perro aun estaba ahí, pero Lucian solo le dio la espalda a ella y dijo, “Mira, Marguerite, me alegro que hayas llamado. Hay un problema.”
Desechando el hecho de que él estaba de hecho hablando con esta Marguerite a través del altavoz, Lucian aun sostenía el auricular en su oído, y Leigh se encontró a si misma sonriendo ligeramente. Solo había algo acerca del hombre que la hacía querer sonreír. Desechando el hecho de lo que había pasado, y el hecho de que ella no tenía idea de donde estaba o quién era el, ella no lo había encontrado amenazador en lo mas mínimo. Era difícil encontrar un hombre en tan extraña disposición, ella suponía, su mirada se deslizaba sobre el de nuevo y parecía ser atrapada en el montón de músculos de su espalda mientras cambiaba el inútil auricular el teléfono en su otro oído.
“¿Qué problema?” Marguerite pregunto mientras los ojos de Leigh caían sobre su angosta cintura hacia su trasero. Sus cejas se elevaron un poco mientras veía que él no tenía un trasero plano con el cual tantos hombres habían sido maldecidos, sino uno perfectamente redondo que solo la hacía desear alcanzarlo para darle un apretón.
“La chica rompió la aguja arrancándola de su brazo.”
La irritación en su voz volvió su mirada mientras el giraba para darle uno mirada irritada.
“Necesito reemplazar la aguja. ¿Dónde las encuentro?”
“Oh querido.” El comentario fue seguido por un gran silencio, luego la mujer dijo, “Temo que no tengo ningún reemplazo.”
“¿Qué? Pero –“
“Lissianna no las necesita ya así que no me preocupe por – Llama a Thomas,” ella se interrumpió a si misma abruptamente. “Él puede conseguir una en el banco de sangre y pasar a dejarlo.”
“Si, bueno ese es otro problema. No puedo encontrar a Thomas.” Había acero en su voz ahora, y Leigh no envidiaba a ese Thomas. El obviamente no estaba en la lista de la gente favorita de Lucian.
“¿No puedes?” Marguerite pregunto con sorpresa.
“No. He tratado de llamarlo varias veces esta noche y el no contesta su teléfono.”
“Hmmm Eso es raro. Tal vez es su noche libre. El apaga su teléfono en sus noches libres.”
“Tal vez,” Lucian murmuro, no sonando convencido.
“¿Esta ella despierta?”
“¿Quién?”
“La chica,” Marguite dijo, luego hizo un sonido de enojo. “¿Cuál es su nombre, Lucian?”
“Es Leigh. Leigh…” Su expresión queda vacía, luego miro a Leigh. “¿Cuál es tu apellido?”
“Gerard.” Escupió antes de ella pudiera pensar el otorgarlo.
“Oí eso. Estas en el altavoz,” dijo filosamente Marguerite.
Los ojos de Lucian parecían enfadados sobre el pañuelo en si cara, pero antes de que pudiera admitirlo o negarlo, “¿Y por qué no me dijiste que estaba despierta? Por amor de dios, Lucian. Solo enséñale a usar sus dientes para alimentarse hasta que puedas llamar a Thomas. Es más rápido de cualquier modo.”
Lucian dejo escapar un suspiro que mando a volar su pañuelo.
Preguntándose ausentemente de que estaba hablando la mujer, Leigh se estiro y acaricio a Julius. La acción despertó al animal de su sueño, y su cuerpo entero se tenso bajo su mano mientras Marguerite comenzaba a hablar de nuevo. De repente estaba muy despierto. Despierto, alerta, y tenso e inquisitivo mientras buscaba por el cuarto por la fuente de la voz.
“Trata llamando a Jeanne,” estaba diciendo la mujer. “Ella sabrá dónde está su hermano y como encontrarlo. El siempre le da a ella un numero en caso de emergencias.”
Lucian rumeo algo que podía ser una aceptación de su sugerencia, y la mujer siguió. “Y gracias por esperar a las personas de la perrera. No sé que habría hecho si no hubieras llegado. Tal vez tendríamos que dejar a Julius en la –“Ella se detuvo abruptamente mientras Julius ladro en respuesta al oír su nombre. “¿Qué fue eso? ¿Ese fue Julius?”
Julius ladro de nuevo sin hacer caso de la mirada de Lucian que se había girado hacia él, y Leigh mordió su labio ante la frustración en su cara mientras atrapaba el teléfono en su oreja.
“¿Por qué esta Julius aun ahí?” Marguerite sonaba alarmada. “¡Pensé que la gente de la perrera había ido a recogerlo!”
“Lo hicieron,” contesto Lucian. “Una mujer vino.”
“¿Entonces por qué sigue ahí?”
Lucian abrió la boca, la cerro de nuevo, luego renuentemente admitió, “No llego en un momento oportuno.”
El silencio se filtro por el cuarto. Cuando Marguerite finalmente hablo, su voz estaba terriblemente calmada, incluso un poco fría, mientras decía, “Explica.”
Los ojos de Lucian cambiaron hacia Leigh, y los de ella se abrieron de sorpresa ante la acusación de su mirada. Parecía obvio que la culpaba por cualquier cosa que pasara.
“Deje la puerta delantera abierta y fui a checar a…este… Leigh,” dijo él, buscando su nombre. “Ella estaba de vuelta a sus gritos y maldiciones así que decidí llevarla arriba al cuarto de Lissianna.”
El ignoro a Leigh que comenzaba a jadear ante el anuncio de que ella “estaba de vuelta a los gritos y maldiciones” y continuo, “la recogí para llevarla escaleras arriba, y cuando llegue al recibidor había una mujer en la puerta. Comencé explicar que Julius estaba en la cocina, pero la visión de Leigh cubierta en sangre y en un grito debió de haberla alterado, por que ella… Mmm… se fue.”
“¿Ella vio a Leigh cubierta en sangre y en la víspera de la conversión?” Dijo Marguerite cuidadosamente.
Leigh miro hacia abajo, notando la gran macha roja en su blusa, y supuso que la imagen de ella debía de ser a alguna manera estresante. Ella seguramente la encontraba estresante.
“Creo Julius debió de haber estado ladrando mas frenéticamente al mismo tiempo también,” anuncio Lucian.
“¿Tu crees?” pregunto secamente Marguerite.
“Tenia mis tapones para los oídos para ahogar los gritos,” explico Lucian.
Leigh jadeo ante el hombre. Dios, el era todo corazón.
Hubo un largo suspiro a través del teléfono. “Ella probablemente pensó que era un asesino loco.”
“Eso fue lo que la policía dijo,” coincidió Lucian.
“¿La policía?” grazno Marguerite.
“Todo está bien,” dijo el rápidamente. “Explique todo.”
“¿Explicar qué?” Marguerite sonaba casi histérica. “No podías decirles la verdad.”
“No seas ridícula, Marguerite, claro que no les dije eso.” El dejo escapar un largo suspiro que envió su cubre bocas volando de nuevo. “Es obvio que estas en al borde de una larga jornada. No te preocupes. Me ocupare de todo aquí. Descansa un poco.”
“¿Te ocuparas de todo?” Marguerite sonaba un poco estresada, pero Lucian no estaba escuchando. Coloco el teléfono en su lugar y estaba presionando botones, tratando de desconectar mientras ella continuaba, “Te he conocido por setecientos años, Lucian, y en todo ese tiempo tu has –“
Su alegato fue cortado cuando Lucian finalmente tuvo éxito en encontrar el botón para terminar la llamada. Leigh casi lamentaba que él hubiera tenido éxito. Le hubiera gustado escuchar más. ¿Marguerite había conocido a Lucian por setecientos años? Ella debió de haber escuchado mal, pensó Leigh. Ella probablemente había dicho siete hambrientos años o algo, aunque eso no tenía ningún sentido. De cualquier modo, ella tenía el presentimiento de que lo que fuera que seguía había sido interesante.
Relajándose mientras el silencio se deslizaba en el cuarto, Lucian enderezo sus hombros y giro hacia Leigh. El la miro por un momento, luego señalo hacia la charola. “Hice algo de comer si tienes hambre.”
Leigh miro hacia la humeante pila en el plato de la charola, luego pregunto insegura. “¿Qué es?”
“Prime cuts en salsa.”
“¿Prime cuts en salsa?” hizo eco lentamente. “¿Tu lo cocinaste?”
“Yo abrí la lata y lo calenté en el microondas por un minuto. Alguien llamado Alpo lo cocino.”
Leigh se tenso, su cabeza disparándose, sus ojos bien abiertos sin incertidumbre. “¿Alpo?”
El asintió. “Eso es lo que la lata decía.”
Leigh sacudió la cabeza con vehemencia. “¿Puedes usar el microondas, pero no un teléfono, y no saber que Alpo no es un chef, sino una marca de comida para perro?” Había algo seriamente mal aquí.
“Yo puedo usar el teléfono,” protesto él. “No soy un idiota. Es solo que Marguerite tiene estos estúpidos teléfonos lujosos con mas botones que un avión y…” El se detuvo y pareció controlar su temperamento, y agrego, “Mientras que por el microondas, tengo uno propio. Ocasionalmente me gusta entibiar… brebajes antes de beberlos.” Frunció el seño, luego agrego, “¿Qué hay de malo con la comida de perro? Comida es comida, y huele bastante bien.”
Leigh lo miro mientras el vago, ensoñador recuerdo del desastre en la cocina regresaba a ella. Sus ojos se estrecharon sobre Lucian mientras se preguntaba si el había sido el rubio con Morty y Bricker en la cocina, el que le había tapado la boca y la había empujado por la puerta contra su pecho. ¿Eso había pasado realmente? ¿Era Lucian ese hombre?
Leigh pensó que podía serlo, pero era difícil decirlo sin verle la cara.
“¿La quieres o no?” pregunto Lucian, y ella se giro hacia el sin dar crédito.
“¿Estas bromeando, verdad?”
El se encogió de hombros y repitió, “Comida es comida, y no encontré nada mas en la cocina.”
Leigh sacudió la cabeza. Ella no estaba tan hambrienta y pedía a Dios que nunca lo estuviera. “No, gracias.”
Encogiéndose de hombros de nuevo, el recogió el plato y lo coloco en la cama en frente de Julius. El perro inmediatamente comenzó a lamberlo.
“Ves. A él le gusta,” dijo Lucian, y Leigh se mordió el labio ante el grosero comentario que cruzo su mente mientras lo veía inclinarse hacia la mesa de noche y abrir la puerta.
Curioso, ella se acerco y encontró que no se trata para nada de una mesa de noche. Era de hecho un pequeño refrigerador y estaba atiborrado a la mitad con bolsas de sangre.
“Abre la boca.”
“¿Qué?” pregunto Leigh. Fue una orden tan inesperada, y la cabeza del estaba en el refrigerados y medio oculta. Ella estaba casi segura que lo había oído mal.
“Dije que abrieras la boca.” Lucian se enderezo desde el refrigerador con una bolsa de sangre en la mano.
Leigh parpadeo con confusión. “¿Por qué?
Aparentemente no era el hombre más paciente, en vez de repetirlo de nuevo, en la alcanzo, atrapo su cara en una mano y hundió sus dedos en sus mejillas. Ella se vio forzada a abrir la boca para evitar el dolor. Lucian se detuvo y frunció el ceño mientras observaba sus dientes.
“Desde luego que no.” Sacudiendo la cabeza, el miro alrededor, luego de nuevo a ella, su mirada deteniéndose en su blusa. “Claro.”
Leigh frunció el ceño, preguntándose qué demonios estaba el pensando, luego jadeo de sorpresa mientras Lucian tomaba el ensangrentado frente de su blusa y lo elevaba hasta su nariz. Ella trato de retirar su cara de la prenda, pero el simplemente la siguió con el tieso material, y ella se tenso mientras inhalaba la esencia de su propia sangre.
Normalmente, su reacción hubiera sido arrugar la nariz con disgusto mientras la ligera esencia ondeaba hacia su nariz. De cualquier modo, Leigh se encontró a si misma acercando mas su nariz, su estomago rugiendo con espasmos mientras ella inhalaba el distintivo olor. Después de un momento ella se dio cuenta de un cambio en su boca.
Sobresaltada, ella alejo su cabeza, su mano elevándose hacia su boca. La punta de sus dedos rozaron contra la afilada punta de un diente que repentinamente había protruido rebasando a los otros, después Lucian tomo su mano para alejarla y coloco la bolsa de sangre en su boca.
Leigh oyó el pop de sus dientes perforando el platico, luego sintió algo frio deslizándose a través de sus dientes mientras la bolsa comenzaba a vaciarse rápidamente. Sus ojos se dispararon hacia Lucian, asustada y tensa mientras intentaba entender lo que estaba pasando.
“Correcto,” dijo el firmemente. “Te voy a explicar algunas cosas. Por ahora, solo siéntate ahí y sujeta esto.”
Lucian tomo su mano en la suya que estaba libre y la elevo para mantener la bolsa en su lugar. Una vez que el estuvo seguro de que ella la había sujetado, el se enderezo y la considero, aparentemente tratando de decidir cómo seguir con esto acerca de explicarle lo que tenía que decirle.
“No sé cuanto recuerdas de anoche.”
“Onny,” murmuro Leigh a través de la bolsa, luego se detuvo, pensando que no había manera de que el entendiera nada de lo que ella decía. Para su sorpresa, como fuera, el pareció comprenderlo.
“¿Donny?
“Unh,” dijo Leigh, asintiendo.
“¿El tipo de cabello rojo Morgan estaba hablando también?”
Leigh asintió rápidamente de nuevo y hablo a través de la bolsa de nuevo, “Or’an ‘e mo’dio”
“¿Morgan te – mordió?”
Leigh asintió de nuevo.
“Correcto. Entonces si lo recuerdas. ¿Así que no necesito explicar que los vampiros realmente existen, uno te mordió, y – aparentemente – te dio sangre?”
Leigh hizo una mueca alrededor de la bolsa contra sus labios, vívidamente recordando ahogarse mientras el ligero líquido se vertía en su boca. El mismo líquido que aparentemente era sorbido por sus propios dientes, los cuales había crecido decididamente colmilludos.
“Y ahora te has convertido, también,” continuo él. “Eres un vampiro.”
“O’ Ie’da,” murmuro ella a través de la bolsa casi vacía. Aunque no era los que ella quería oír.
“Oh mierda, sin duda.”

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Capitulo 4
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