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 Capitulo 6

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Capitulo 6   Lun Dic 06, 2010 12:01 pm

CAPITULO 6

Jim Heron desde hacía mucho que estaba al tanto de que habían dos clases de gimnasios en el mundo: comerciales y de la vieja escuela. El primero tenía esquemas de colores coordinados y mujeres tomando clases de spinning con todo y maquillaje y tipos con tatuajes de John Mayer haciendo pesas y otros aparatos. Se suponía que tenias que limpiar las maquinas después de usarlas y vanidosos entrenadores con bronceado artificial te checaban mientras tu ibas y venias.
El intento uno de esos justo después de que dejo las fuerzas especiales. Casi lo habían hecho tonto.
La vieja escuela estaba más en su callejón y eso era exactamente él porque él y Adrian y Eddie iban hacia el Sur de Boston. El Gym de Mike era un mundo de hombre, bebe: El lugar olía a sobaco, tenía paredes que eran dignas de una prisión, y tenía colgadas desteñidas fotos de Arnold en los ochentas. Los anuncios era azul neón, los techos de acero, y el único estacionamiento de bicicletas en la esquina era uno de esos trabajos resistentes al viento con el fan de cajas.
La maldita cosa era un relicario y tenia polvo en el asiento.
Los hombres que estaban haciendo circuitos en las maquinas o levantando pero eran grandes, callados, y tenían tatuajes de la Virgen María y Jesús y la cruz. Había un montón de narices rotas que habían sanado torcidas y algunas malas gorras con dientes apretados que sin duda por juegos de hockey o malas peleas.
Desafortunadamente todos conocían a todos los demás porque ellos habían estado relacionados de alguna manera.
El se sentía en casa mientras llegaba al escritorio frontal. El tipo detrás de él tenía sesenta, tal vez sesenta y cinco, con piel áspera y pálidos ojos azules y cabello que era más blanco que el frente de Bass Black & Tan.
“¿Qué puedo hacer por ustedes muchachos?” dijo el hombre, bajando el Heraldo de Boston.
Un par de miembros miraron de reojo, y mantuvieron la vista. Jim y sus refuerzos no eran pesos ligeros, pero eran desconocidos, lo cual los ponía en territorio de ¿que-demonios?
“Estoy buscando a un tipo,” dijo Jim mientras sacaba el volante con la foto de Isaac en él y extendía la cosa en el barato mostrador de Formaica. “¿Tal vez lo ha visto por aquí?”
“No lo he hecho,” el tipo contesto sin mirar hacia abajo. “No he visto a nadie.”
Jim miro alrededor. Muchos más ojos en ellos y un montón de pesas deteniéndose. Claramente, presionar al viejo no era un movimiento muy listo sino quería que lo apalearan.
“Okay. Gracias.”
“No hay problema.” El Heraldo fue puesto en su lugar.
Jim se giro y doblo de nuevo la foto de Isaac. Mientras iba hacia la puerta, maldijo por lo bajo. Este era el tercer lugar donde había tratado, y no habían tenido nada sino una pared – “Hey. Lo conozco.”
Jim se detuvo y miro sobre el hombro. Un tipo con una camiseta del Departamento de bomberos de Boston se acerco.
“A mi pa no les gusta involucrarse.” El tipo asintió hacia el volante.”¿Quién es él para ustedes?”
“Mi hermano.” Y esa no era una mentira total. Ellos estaban relacionados en una manera visceral por lo que él y Isaac habían pasado en las fuerzas especiales – además había una completa cosa de deuda.
“El fue arrestado anoche.”
Sus cejas se dispararon hacia arriba. “¿No mierda?”
“Un puñado de mis primos son policías y ellos cayeron en un cuadrilátero de peleas. Tu hermano es un asesino hecho. La única razón por la que alguien alguna vez entra al octágono con él es por una gran razón, pero él nunca perdió. Ni una vez.”
“¿Cuánto ha estado en la ciudad?”
“Yo solo lo vi pelear, como, tres veces.” Ver fue pronunciado ásperamente. “Escucha, por aquí, un montón de cabrones quieren juntarse y golpearse entre ellos, nosotros los dejamos hacer sus cosas. Pero tienes que ser honesto – es por eso que fueron redados. El promotor estuvo botando traseros excepto por los cuales estaban con tu chico.”
Jodido A. Isaac en el sistema no era una cosa buena.
“¿Pa, déjame tener el Heraldo?” El chico alcanzo a su papa y tomo el periódico, buscando a través de él. “Aquí.”
Jim leyó el artículo rápidamente. Pelea clandestina, blah, blah, blah - ¿Isaac Rothe? Espera, ¿el estaba bajo si nombre real?
Hablando acerca de la mira en su pecho: Matthias podía fácilmente solo enviar a alguien al sistema penal para terminar con el HDP.
“Si quieres encontrar a tu hermano…” La cara del bombero creció calculadora. “Puedo decirte donde estará tan pronto como salga.”


No más de dos horas después de que Grier dejara a su cliente y fuera al juzgado, estaba de regreso detrás del volante de su Audi A6 y atorada en el trafico alrededor del Boston Common.
Afortunadamente, el paso tomado a través de Chinatown y luego ella estuvo fuera del otro lado de Tremont Street.
Parte de su premura era que ella no tenía tiempo para tener esa diversión. Ella tenía una junta con una compañía Fortune Fifty a la uno en punto en su oficina en el Distrito Financiero… y todos esos rascacielos estaban en el momento en su retrovisor y se hacían más pequeños. Pero ella necesitaba saber más.
Lo cual era la otra mitad de su quemante urgencia.
Mientras se maldecía a sí misma, ella busco a Daniel para hacer una aparición y mirar hacia el asiento trasero. Cuando él no se mostro, ella respiro profundo.
Ella realmente no necesitaba su pizarrón editorial metafísico en ese momento.
Daniel había muerto hacía dos años y medio y el había venido a ella por primera vez en un sueño la noche antes su funeral. Ha sido todo un alivio verlo sano y limpio y no en un pason de heroína, y en su sueño, ellos habían hablado como habían sido capaces de hacerlo antes que la adicción realmente lo hubiera hundido. El salto a la “vida real” había ocurrido seis meses después. Una mañana, ella había estado hablando con él y su alarma se había accionado. Sin pensarlo dos veces, se había estirado y silenciado la cosa… solo para darse cuenta de que estaba despierta y el estaba aun con ella.
Daniel había sonreído mientras ella se disparaba de pie – como si estuviera orgulloso de sí mismo. Y luego en su manera despreocupada, él le informo que no estaba perdiendo la cabeza. Había, de hecho, una vida después, y el estaba en ella.
Le había tomado un tiempo para acostumbrarse, pero dos años más tarde, ella no volvo a cuestionar sus periódico hola-como-tas – aunque ella si mantuvo sus visitas para ella misma. Después de todo, solo por que ella no pensara que estaba loca, no era como decir que otros pudieran estar en desacuerdo – ¿y quién necesitaba eso? Además, si el había sido una alucinación y ella se estaba convirtiendo en algo sacado de Una Mente Brillante , bueno… eso funcionaba para ella, así que al demonio con los expertos de la salud mental: Ella había extrañado tanto a Daniel y lo había traído de regreso de cierta manera.
Reenfocando en los pilares que se elevaban a ambos lados de la Calle Tremont, ella rastraba los números cuando podía verlos en las puertas. En algún nivel, ella no podía creerlo que hubiera conseguido la fianza de su cliente, pero entonces, sus carencias de antecedentes y el sobre abasto general en el sistema habían trabajado a su favor.
Sr. Rothe, por otro lado, no había parecido ni sorprendido ni complacido cuando ella le había dicho. El solo había pedido en su manera cortes, cayado que fuera a su apartamento y tomara veinticinco mil dólares en efectivo – porque no había alguien al que pudiera hablar para hacer ese tipo de cosas.
Seguro. Sin problema. Correcto.
Porque haber ido por el dinero sucio no la hacía una cómplice o embaucar su estatus de alguna manera.
Ella aun estaba sacudiendo la cabeza ante la situación mientras ella se detenía enfrente de una casa de tres tiendas que habían sido cortados en apartamentos. No había espacio para estacionarse en millas – naturalmente. Con una maldición, ella dio la vueltas a la cuadra un par de veces, preguntándose si se atrevería a estacionarse en doble fila, cuando – aleluya – alguien salió a la calle. Le tomo un segundo y medio hacer una vuelta en U ilegal y encajar su sedan en el lugar. Ella no tenía una etiqueta de estacionamiento residencial, pero ella no iba a tardarse mucho, y al menos ella no estaba en frente del hidrante.
Saliendo, ella se enredo en su abrigo de lana. Abril en Nueva Inglaterra en el océano se traducían en treinta días amargos, viento húmedo que te helaba hasta los huesos y formaba témpanos en tu cabello. Y eso no era lo pero – había charcos por todos lados incluso cuando no llovía. Todo en la ciudad parecía mojado, como si la ciudad fuera una esponja que excedía su capacidad… los autos, edificios, arboles, todos ellos empapados por la humedad del aire y manteniéndolo abajo en el permanentemente mojado asfalto y concreto debajo de tus pies.
Definitivamente mas L.L. Bean que Louboutins.
En el frente de la casa, ella se acerco más para tener una mejor visión del intercomunicador de la era de los setentas que tenía tres pequeños botones. Por instrucciones de Isaac, ella presiono el botón uno. Un monto después el timbre fue contestado por una mujer vestida en un afgano retro que hería la retina del tamaño de una sabana. Su cabello estaba quebrado en rizos del color de una calabaza de Halloween y había un cigarrillo entre sus uñas pintadas de la mano derecha.
Evidentemente, su look se había quedado estancado en la misma era como el intercom.
“¿Eres la chica de Isaac?”
Grier extendió su mano y no corrigió la afirmación. Imaginándose que era mejor que “abogada.” “Soy Grier.”
“El llamo.” La mujer dio un paso hacia atrás. “Me dijo que te dejara entrar. Sabes, no pareces su tipo.”
Una rápida imagen del hombre sentado tan silencioso y muerto destello a través de la mente de Grier: en esa teoría, el tipo debería de estar saliendo con una Baretta.
“Los opuestos se atraen,” dijo ella mientras miraba a la casera sobre su hombro. Al final del angosto pasillo, la escalera se vislumbraba a la distancia como una luz espiritual, a la vez aparente y aun así inalcanzable.
“Bueno…” La casera se recargo contra el raido papel tapiz. “Hay opuestos, como una persona que es habladora y otra que no. Y hay opuestos. ¿Cómo se conocieron?”
Mientras su entrometida mirada se enfocaba en el collar dorado de Grier, hubo una tentación en su respuesta, “el sistema penal,” solo para ver cuán lejos podía hurgar la mujer. “Fuimos presentado.”
“Oh, ¿Cómo eHarmony?”
“Precisamente.” El punto central de compatibilidad siendo su requerimiento de alguien con grado de leyes para conseguirle la fianza y ella teniendo un doctorado de Harvard. “¿Me dejaría entrar en su cuarto ahora?”
“Tienes prisa. Sabes, mi hermana intento eHarmony. El tipo que conoció era un maldito idiota.”
Resulto que llevar a la casera escaleras arriba le tomo tanto esfuerzo como tirársela sobre el hombro y cargarla hasta el tercer piso. De cualquier modo, diez minutos de preguntas después, ellas estaban finalmente en la puerta.
“Sabes,” la casera dijo mientras ponía sus llaves a trabajar y abrir las cosas. “tú debes pensarlo –“
“Muchas gracias por toda su ayuda,” dijo Grier mientras se deslizaba al interior y dejaba a la mujer en el pasillo.
Reclinándose contra los paneles de madera, ella tomo aire y escucho los graznidos desvanecerse de camino a las escaleras.
Y luego ella se giro… Oh, Dios.
La árida habitación estaba tan marchita y sola como un hombre viejo, probando que la pobreza, como la edad, era un gran ecualizador – ella podía estar en cualquier predicamento o casa de drogas o condenado edificio en cualquier ciudad en cualquier país: los viejos pisos de pino tenían todo el brillo de una hoja de papel, y el techo tenía manchas de agua en las esquinas que eran del color de la orina. Sin muebles a la vista, ni una mesa o silla o televisión. Solo una bolsa de dormir, un par de botas de combate, y algunas ropas en pilas precisamente dobladas.
La almohada de Isaac Rothe era nada sino una sudadera.
Mientras ella estaba de pie dentro del apartamento, todo en lo que podía pensar era el último lugar en el que su hermano se había quedado. Al menos el de su cliente era limpio y no habían agujas hipodérmicas y cucharas sucias en todos lados: Esta escases no parecía ser el resultado de una inclinación prioritaria adictiva.
Pero buen Dios, aun era un detonante para recordar donde había terminado Daniel. La suciedad… las cucarachas… la comida roída.
Forzándose a si misma a continuar moviéndose, ella fue a la cocina y no estuvo sorprendida de encontrar todas las cubiertas y las alacenas y el refrigerador vacios. El baño tenía una afeitadora, crema de afeitar, cepillo de dientes y jabón.
En el cuarto, en cual estaba totalmente inhabitado, ella fue hacia el closet y uso la lámpara en su llavero para ver alrededor. El panel que Isaac había descrito estaba sobre la izquierda y ella lo abrió sin problema.
Y si, había, de hecho, una bolsa de platico de Estar Market con veinticinco mil dólares en efectivo escondidos en el polvoriento espacio entre las puertas abatibles. O por lo menos la colección de cambio de billetes parecía y pesaba como esa cantidad de dinero –
Chirrido.
Grier se congelo.
Escuchando con cuidado.
Mirando sobre su hombro, ella dejo de respirar. Pero todo lo que oyó fue el tronido de su corazón.
Cuando el silencio persistió, ella empujo de regreso la bolsa a donde había estado, recoloco el panel y cerro el closet de nuevo; luego ella fue a la ventana del otro lado. El vidrio estaba tan malditamente pañoso de cochambre, no era como si alguien pudiera ver hacia adentro, y aun así ella sintió como si estuviera siendo observada…
Algo destello y ella se inclino más cerca.
En la parte superior de la ventana, un par de pequeñas pastas de metal habían sido clavadas en la pintura cuarteada, uno en el marco, otro en el vidrio. Había otro set en la parte inferior y las cosas parecían hechas de cobre que había sido cubierto con un acabado mate para un fin de algún tipo. Si ella no hubiera venido, ella nunca los hubiera notado.
Grier fue de regreso a la sala, la cocina y el baño, y encontró las mismas cosas en cada una de las ventanas. Arriba y abajo, dos pares. Y las puertas estaban igualmente equipadas – todas ellas, interior y exterior.
Ella sabía exactamente qué tipo de chapas eran.
Su casa multimillonaria en Louisburg Square en Beacon Hill las tenía en sus propias fajas y marcos. Eran estado-del-arte en contactos de alarma de seguridad.
De pie en el centro del apartamento, su mente corrió a través de la ecuación: callejón de bolos vacio, bolsa de dormir de cuarenta dólares por cama, sin teléfono… pero el lugar estaba cableado para sonar como si fuera una bóveda de banco.
Tiempo de averiguar.
Usando la suave tela con la que ella limpiaba sus lentes de sol, busco entre los efectos personales de su cliente sin dejar huellas digitales detrás – y encontró el receptor de la alarma en los pliegues del la bolsa de dormir. Así mismo un par de pistolas cuarenta milímetros que tenían silenciadores y no tenían números seriales en ellas y un cuchillo de caza que estaba bien embestido con una filo vicioso.
“Jesús… Cristo,” susurro, poniendo todo en su lugar donde lo había encontrado.
Levantándose de estar agachada junto a la “cama,” entro en la cocina. Sistemáticamente yendo de manija en manija, ella limpio sus huellas y luego miro debajo del lavabo y detrás del refrigerador. Siguiente parada era el baño, y sus manos estaban temblando mientras se deshacía de cualquier rastro que hubiera dejado atrás y también encendió su lámpara en las esquinas oscuras.
En su premura de bruscas sospechas, ella estaba bien al tanto de que ella estaba violando la privacidad de su cliente, pero el sabueso en ella no podía parar – el frenética caza era como musculo que no había sido usado y necesitaba ejercicio. Ella había hecho esto tantas veces con los apartamentos y autos de Daniel, y para el momento en que termino con el lugar de Isaac Rothe, ella se sentía sudorosa y vagamente nauseosa de una manera muy familiar.
Sin drogas, aun. En ningún lado.
Regresando a la sala, ella midió las ventanas de nuevo. Los veinticinco grandes valían la protección… pero el sistema de seguridad no había sido activado.
Lo que significaba que había sido usado como notificador cuando Isaac estaba durmiendo.
En su experiencia, la única clase de elementos criminales con acceso a este calibre de equipamiento era un narco o un alto nivel de capo. Los efectos de su cliente y apariencia física no coincidía con ninguno de los perfiles – típicamente, eso eran hombres mayores, no bajo los treintas que estaba constituido como que hacían cumplir el deber.
Había otra posible explicación, de cualquier modo.
Ella levanto su celular y marco el número que había usado demasiadas veces en el pasado.
Cuando la llamada fue contestada, ella tomo una respiración profunda, una larga y sintió como si estuviera a punto de saltar de un risco.
“Hola Louie, ¿Cómo esta mi IP favorito?... Aw, eso es dulce de tu parte… Uh-huh… Soy buena.”
Mentirosa, mentirosa, mentirosa en esa.
Mientras los dos jugaban a ponerse al corriente, ella se dirigió de regreso al dinero y giro el pomo de la puerta del closet con su cuadrado de tela. “De hecho si necesito algo. Si tienes algo de tiempo, tengo a alguien que quiero que cheques por mi ¿por favor?”
Después de que le dijera a Louie todo lo que sabía acerca de su cliente, lo cual no era nada más que un nombre y una fecha de nacimiento y una dirección sin coincidir. Colgó.
La pregunta era, claro, ¿ahora qué?
Ella no había creído en Isaac Rothe cuando él le había dicho que tenía efectivo.
Así que ella misma pago su fianza.
Había sido su única elección: la corte estaba dispuesta a dejar a su cliente libre, pero los de la fianza no tocarían el caso. Demasiado riesgo de vuelo.
Los cual sugería que el juez podría haber tenido mal la cabeza cuando tomo su decisión.
Oh, espera…. Esa habría sido ella en esta situación.
Mirando alrededor del apartamento vacio, ella se dio cuenta que su cliente era tan substantivo como un rayón. No había manera de que fuera a quedarse para las audiencias.
Demonios, el probablemente no iba a estar aquí un minuto después de que fuera liberado. El claramente tenia recursos, y sus cosas eran portátiles en una mochila.
Ella miro a la puerta.
Algo bueno que ella pudiera costearse perder esos veinticinco grandes suyos. El plan había sido prometerlo de fe para que el pudiera confiar en ella y la dejara ayudarlo.
Pero era probable que terminara siendo una muy cara lección en no invertir en gente que no conocías y en la que no debías confiar.
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