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 Capitulo 2

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Capitulo 2   Miér Oct 27, 2010 3:42 pm

CAPITULO 2
EN UN MOVIMIENTO CIEGO que ella no pudo rastrear, el dragón la puso de pis, arranco la cadena de metal de la pared y enrollo los eslabones en el cuello de ella. Su otra mano serpenteando alrededor de su cintura, manteniendo su espalda recargada en su frente.
“Hacia atrás,” le dijo el al guardia en un profundo gruñido.
Jadeando, Alexia llevo ambas manos a su cuello. “¿Qué estas haciendo?” jadeo ella.
El brazo alrededor de su cintura de apretó, forzándola mas contra su duro, cuerpo desnudo. Su cabeza hundiéndose en el ángulo de su cuello, hociqueando el cabello detrás de su oreja. Caliente y tibio, su aliento floto a través de su piel.
“Una lástima, lo sé,” murmuro él. “Apenas habíamos empezado, tu y yo.”
“Quisieras,” ladro ella, encajando su codo en sus intestinos. Ella tuvo la satisfacción de oírlo gruñir una respiración forzada antes de que la cadena de ajustara mas.
Maldita fuera, el era fuerte. Alexia gimió mientras la cadena mordía su piel. Ella no esperaba que su poder surgiera. Aparentemente, el guardia tampoco, el miraba de ella a el dragón hasta que finalmente alcanzo el arma atada a su cadera.
“No lo hagas,” advirtió el señor dragón. “La matare.”
Un profundo agujero se disparo en el centro de su pecho ante estas palabras. Nunca se había sentido una tonta más grande. La manera en que la había besado, tocado, no habían sido más que una actuación para que el pudiera sanarse a sí mismo con su sangre y escapar.
El clic de un arma hizo eco en la habitación. Alexia noto que el guardia se apegaba a su problema estándar, apuntándoles. La piel de por si caliente del dragón parecía consumirse ante la amenaza.
“Te estoy advirtiendo, soldado,” el dragón ladro, reforzando su agarre y tomando otro paso hacia atrás. Alexia siseo en un aliento audible y el guardia relajo su arma ligeramente. “Adelante, Derkein.” Una voz profunda se vació en la oscuridad.
La respiración de Alexia se detuvo.
Lotharus.
El clic deliberado de las botas en el piso de piedra anuncio su llegada. El corazón de Alexia se acelero con cada uno, esperando, buscándolo.
Lentamente, el emergió de la oscuridad, casi como si hubiera nacido de ella.
Como siempre, Lotharus vestía de fino negro de la cabeza a los pies y se portaba con cada pedazo de inmortalidad que tenia. Aunque alto y magro, su cuerpo despedía un indescriptible poder que provocaba que la mayoría de los mortales e inmortales se encogieran en su presencia. Esta noche, llevaba su rubio cabello hacia atrás en una severa coleta, mostrando la aristocrática línea de su mandíbula. De cualquier modo, Alexia no podía quitar su mirada de sus ojos negros. Ellos taladraban los suyos, ira y la promesa de castigo serpenteando en sus profundidades sin fin. “Mátala.”


LOS LABIOS DIBUJARON UNA LINEA, Declan aflojo la cadena, sosteniendo a la mujer de una manera más protectora que antes. Su pulso se estaba acelerando, su cuerpo duro como una tabla en sus brazos. Una fría oscuridad creció dentro de la habitación que no había estado ahí antes de que este vampiro entrara. Sus ojos sin alma hablaban de un mal sin nombre, y todo estaba enfocado en ella.
Y ella esta aterrada.
Los ojos de Declan se entrecerraron con un claro velo de odio. Vampiro o no, ningún hombre que pensara que era dueño de otro no merecía vivir. Mucho menos disfrutar el poder. Su agarre en la chica se afirmo mientras el agarre en la cadena se aflojaba.
“¿Quién eres tú para elegir si ella vive o muere?” pregunto Declan.
El vampiro sonrió con una esquina de su boca. “Solo digamos que somos… cercanos.”
Ante el pequeño temblor que sacudió su cuerpo, un ligero gruñido vibro en la garganta de Declan.
“Pero lo que creo no importara,” continuo el vampiro. “Una vez que la Reina descubra que su hija se ha convertido en un voluntaria prostituta y de sangre para uno de sus enemigos. Estoy bastante seguro que ella no tendrá luto de su perdida.”
Atrapado en la enferma urgencia de protegerla, Declan apenas registro las palabras monótonas del vampiro. Luego ellas lo golpearon, cada una como un golpe al pecho. Su ceño se tenso. El aire que respiraba pesaba como suciedad en sus pulmones.
La Reina. Hija.
Disgustado, él la libero. Las cadenas cayendo al suelo, amontonándose él una pila a sus pies.
En el instante en que su agarre en ella se aflojo, la pared de la celda de acero se quebró. Declan miro hacia arriba, murmurando una maldición silenciosa cuando se dio cuenta que toda la atención de Lotharus estaba fijada en la pared que movía con su mente. El metal se retorció y se doblo entre manos invisibles. Un segundo después estaba fuera de su marco y dirigiéndose hacia ellos.
Sin pensarlo dos veces, Declan agarro a la mujer por los hombros, alejándola del camino. El apenas la vio caer asalvo de rodillas antes de que el pesado acero lo aplastara. El golpe lo elevo de sus pies, lanzándolo tres pies hacia atrás y contra la pared como nada más que una muñeca de trapo. Las piedras se desmoronaron y una nube de polvo se arremolino alrededor de él desde el agujero que su espalda hizo en la pared. Su cuerpo dolía y pinchazos de dolor se dispararon en todas direcciones. Pero la fuerza floto en sus venas repletas, encargándose de cualquier daño que él pudiera sentir. Con un pesado gruñido, arrojo el pesado acero a un lado. En un fluido movimiento, se mantuvo alerta, preparado para lo que fuera que viniera hacia él.
El vampiro sonrió en aprobación. Llevando sus manos en alto, comenzó a aplaudir fuerte, palmadas metódicas. Declan frunció el ceño. ¿Qué demonios estaba mal con este fenómeno? El podía haber matado a la chica si Declan no la hubiera sacado del camino. Aun así el parecía como si no pudiera estar más complacido.
“Bien hecho, señor dragón.” Ceso de aplaudir, descansando su dedo índice en sus labios. Los ojos de Declan destellaron en el amplio set de rubíes que llegaban a su nudillo. “Esos es lo que mi pequeña prueba quería demostrar, ¿correcto?” Cuando Declan no contesto, el vampiro corrió su mirada de arriba debajo de su cuerpo. “Extraño, pero parece que estas completamente sanado. Veamos ¿qué podemos hacer acerca de eso, hmmm? Agárrenlo.”
Los tres guardias no se movieron. Declan sonrió y los incito a entrar. Ante el gesto, el primer soldado se agazapo y corrió hacia el frente. Declan jalo sus brazos hacia atrás, aterrizando un fuerte golpe en la nariz del vampiro. Cayó de espaldas. Los otros dos se acercaron a él, vigilando a Declan. El tomo un paso más cerca de ellos. Sus fuertes pisadas sacudieron la tierra con la fuerza que ningún humano podía hacer. Ante el sonido, los soldados miraron hacia abajo. Declan meneo las puntas de su pie negro con garras. Cuando sus miradas volaron de regreso arriba, Declan elevo su puño, el que había caído sobre el guardia, revelando un hinchado grupo de escamas negras y talones.
“¡Esta cambiando!” el guardia al frente trato escapar, pero era demasiado tarde. Con su fuerza renovada, Declan se transformo a su verdadero estado en una rapidez cegadora. Escamas brillantes negras rodaron atreves de su carne. Garras perforando las puntas de sus dedos y su nariz se elongo en un hocico de armadura incrustada. Cayendo en cuatro patas, dejo salir un rugido que hizo temblar la tierra.
Los labios se curvaron hacia atrás, dejando al descubierto sus dientes, embistió a su presa como un león. Con un acto mental, encendió sus ahora saludables y recargadas glándulas de fuego de dragón. El fuego comenzó dentro del. Halos de humo salieron curvándose de sus narinas. Todo lo que tenía que hacer era hacer barbacoa a este grupo y se iría. Sin saber por qué, se detuvo, sus ojos buscando a la mujer.
Viendo que ella estaba a salvo contra la pared posterior, el se giro hacia los guardias. Abriendo sus quijadas, arrojo un torrente de flamas en el soldado caído, consumiéndolo con su lluvia de fuego. Los otros dos cubrieron sus caras con sus brazos y se echaron hacia atrás. Manteniendo el fuego encendido, comenzó balancear su cadera, golpeando las piedras con la punta de masa de su cola. Las rocas se cayeron de la pared, llegando al piso. El aire marino salado llego a su nariz. Se estaba acercando. Cada golpe de su cola lo llevaba otra pulgada más cerca de la libertad.
Algo golpeo a Declan en el pecho con la fuerza de un martillo. Bajo su cabeza y gruño mientras el agonizante dolor se disipaba a través de él. Otro puño invisible golpeo su abdomen. Este vez el oyó el disparo. Supo que el siguiente estallido de dolor era otra bala entrando en su cuerpo, seguido de otro.
Declan cambio con la fuerza de cada golpe. Las balas de plata se diseminaron a través de él como mercurio, fundiendo sus entrañas. Las flamas en su garganta murieron mientras el fuego dentro de los consumía. Cayó de espaldas, abrazándose a sí mismo con sus manos sus rodillas. Sus brazos sacudieron sus músculos apenas capaces de soportar su peso. Como vides marchitas, sus escamas se curvaron de regreso, dejando ríos de carne sangrienta a su paso. Su boca se abrió en un grito, pero nada salió.
El arma patino por el piso lleno de escombros, seguido del cargador vacio. El oyó lo parecían esposas siendo encadenadas desde los restos humeantes del guardia. Las botas sonaron deteniéndose junto a su cabeza. Una sombra oscura se cernió sobre él.
Jadeando, Declan movió su rodilla, tratando de pararse. Un pesado pie se coloco en medio de su espalda. Cayó primero su cara en el piso, el pie manteniéndolo ahí. Unas manos lo alcanzaron, deslizando algo alrededor de su cabeza. Declan no mostro resistencia mientras el vampiro colocaba un grueso collar de metal alrededor de su muy humano, muy débil, cuello.
“Ese es un buen chico,” dijo Lotharus, palmeando su cabeza como un perro y levantando su pie.
Instantáneamente, el frio metal se calentó. La piel alrededor de su cuello cosquilleo en una quemadura por frio. Lleno de pánico, los dedos de Declan se curvaron en el aparato mientras la piel debajo de él siseaba. La esencia de carne quemada lleno su nariz. El reconoció la reacción de inmediato.
Plata.
La espalda de Declan se arqueo mientras peleaba para liberar la banda. Con sus narinas inflándose, jadeo por aire mientras el collar le succionaba incluso la voluntad para respirar de su trabajado cuerpo.
“¿Quema, no es así?” La profunda voz del vampiro a través de la bruma inducida por el dolor. “¿Puedes sentir tus fuerzas disminuir?” Debo admitir, es uno de los diseños más ingeniosos de Alexia.
¿Alexia? Los ojos de Declan destellaron hacia aquella mujer de la que se había alimentado. La que aun podía paladear en su lengua, sentir sus labios – a la que su cuerpo aun quería devastar. ¿Ella creo esto? Pero claro, ella lo haría. Su madre seguramente no esperaba menos de ella. Bueno, tampoco lo hacia él.
Entrecerrando sus ojos, hizo el voto que la siguiente vez que la tuviera debajo de él, ella sentiría solo el dolo de su mordida mientras él la sangraba hasta secarla.


LOTHARUS MIRO AL DRAGON mirar a Alexia.
Tanto odio en aquellos ojos.
El giro su cabeza hacia un lado, tratando de comprender por qué. Aunque ese señor dragón era ahora debilitado por el collar y sello de balas de plata alojadas en su abdomen, el de alguna manera había regenerado su fuerza entre el tiempo en que fue capturado y cuando Lotharus vino a checarlo. De alguna manera, en ese pequeño espacio de tiempo, el había recuperado la suficiente fuerza para usar la más feroz y más devastadora arma que cualquier dragón poseía – fuego. ¿Pero cómo?
La mirada de Lotharus se deslizo hacia Alexia. Su cuerpo cubierto de cuero estaba plano contra la pared. Marcas carmín y tierra manchaban su usualmente prístino cabello rubio. Debajo de su visión, los hombros de ella brincaron y sus ojos se deslizaron al suelo.
Ah, así que su futura hijastra tenía algo que ver.
Entrecerrando los ojos, Lotharus la alcanzo en dos segundos. Curvando sus dedos alrededor de la suave piel de su bíceps, en la acerco hacia él. Las puntas de de esas botas de prostituta que usaba, solo por que él las odiaba, apenas tocaban el suelo mientras él la sostenía. Instantáneamente, el miedo que el tan arduamente había trabajado para instalarlo en ella incendio sus ojos de ónix. Lotharus sonrió, regocijándose en cada minuto de ello. Como una droga, tomando su inocencia, su confianza, su alegría nunca era suficiente. El siempre quería más.
“¿Acaso sabes cómo este dragón se sano por completo, Alexia?”
Cuando ella no contesto, el estrello su espalda contra la pared más cercana. Alexia jade, el aire apresurándose fuera de ella en un momento. Mientras él la miraba, el resentimiento permanecía en su garganta solo una sangre añeja. Estúpidas mujeres. ¿Cómo alguien alguna vez pensó que este sexo débil podía liderar a su especie?
La horda no siempre había sido gobernada de esta manera. Cientos de años atrás, en lo que las lideres femeninas llamaban los tiempos oscuros, los machos regían la horda. Más precisamente, un macho. El primer nacido puro de su especie. Un vicioso guerrero temido por mortales e inmortales por igual.
Stefan Strigoi, el príncipe oscuro.
A través de los últimos pocos años, Lotharus había colectado meticulosamente cada texto que se hubiese escrito. Cada diario privado que alguna vez había sido escrito. Afortunadamente, había hecho esto ilegalmente. Las sagradas mujeres secuestradas en el sacrosanto templo habían sido las únicas con copias de los libros. En una maniobra que recordaba como los reyes humanos de antaño habían suprimido a sus siervos con el derecho real divino y su doctrina de la santa biblia, las mujeres monarcas del pasado habían engañado a la horda. La verdad había sido enterrada tan debajo de sus mentiras que incluso Lotharus tenía problemas para creerlas en un principio. Aun así, mientras más escarbaba mas dolorosamente obvio se volvía.
Su horda corría mejor bajo el pulgar del príncipe oscuro. Su reinado había sido total, sus filosofías infalibles y su infraestructura política sin falla desde la concepción hasta la ejecución. Su ejército había sido fuerte, eficiente contra otros seres que pudieran desafiarlos. Sin duda, ellos habrían ganado cada batalla que se les imponía. Hasta la guerra que clamo el alma inmortal del príncipe oscuro. Fue durante ese post errante y sin propósito que su esposa se coloco como gobernante. La idea de una líder femenina se levanto como un arreglo interino, solo para convertirse en permanente.
Ante el pensamiento, un calor acaricio sus venas. Por la sangre, no muchas cosas alteraban a Lotharus. Aun así suplemente mirar a Alexia ahora, asustada y con los ojos bien abiertos ante el, reafirmaba todo lo que él creía. Las mujeres eran débiles, pataticas, destinadas a ser sumisas ante los hombres, no gobernarlos. A diferencia de otros seres, las mujeres no tenían precio a los ojos de Lotharus por sus capacidades reproductivas. Se había dado cuenta hacía años que ellos no necesitaban del sexo débil para nacer. De hecho, había métodos biológicos para crear los soldados que uno necesitaba, y ninguna de ella involucraba el acto de emparejamiento.
Lotharus sonrió, recordando la manera en la que él habría manejado el acto. Recordando la emoción embriagadora del poder, el que aun sentía vibrando alrededor de él cada vez que se acercaba a Alexia. Inclino su cabeza y permitió que su mirada se deslizara por su cuerpo, liberando un escalofrió.
Liberando una mano, recorrió con el dorso de su mano los lados de su hermosa cara, a través de sus mejillas, lentamente acercándose a su cuello. Cuando iba a la mitad de su garganta, ella se encogió visiblemente. Lotharus levando una ceja a modo de pregunta e inclino su cabeza para inspeccionar su cuello.
Ante la vista de la marca, una obvia mordida de vampiro, toda la arrogante seguridad se dreno de él. La furia lo tacleo desde atrás, tomando su lugar. La fuerza lo cegó, casi haciéndolo desmayarse.
Debería de hacer sido yo en su vena. Seria yo. Nadie más.
Las palabras repartían una letanía en su mente. El apretó los ojos cerrados, esperando acallar las voces con su visión. No funciono.
Los labios de curvaron rígidos, presiono su mentón entre su pulgar y dedo medio, forzándola a encontrar su mirada. “¿Tienes algo que te gustaría explicarme?”
La carne entre sus dedos tembló, pero ella no contesto. De nuevo su mirada cayó entre las marcas de dientes en su cuello. Usando su dedo medio, deslizo una larga uña negra sobre la mordida. Ante el rasguño, ella siseo en un respiro. El sonrió ante el sonido y llevo su dedo hacia sus labios, deslizándolo entre ellos. Ante el sabor de su sangre en su lengua, una luz quemo detrás de sus ojos e instantáneamente él se puso duro. El poder de ella surgió a trasvés de él como un toque de electricidad. Inhalando aire, se monto en la ola, acercándose al orgasmo mientras remontaba y aterrizaba sobre cada terminal nerviosa en su cuerpo.
Un gruñido bajo de dominancia burbujeo desde su pecho.
Ninguno de sus hombres se atrevería a morderla. Era esa bestia. El se había alimentado de ella. La ira hacia esa cosa dragón y a Alexia por permitirle absorber su poder, poder que por derecho le pertenecía, lo infringió. La herida en su pálido cuello se burlaba de él, de su poder, de su plan. Casi podía oír al príncipe oscuro riéndose de él desde las allá del Fatum.
Temblando de enojo, quería arrancar la cabeza de Alexia, pero se conformo con estrellar su espalda con un empujón en su lugar.
“Sosténgalo,” grito, girándose hacia los soldados. El dragón gruño, su cara una máscara de dolor mientras los hombres lo agarraban por las axilas y lo forzaban a ponerse de rodillas.
Lotharus miro hacia abajo con asco en sus ojos hacia la mugrosa rata voladora. Estas creatura estaban por debajo de su raza. Por centurias, los vampiros habían vivido entre las civilizaciones humanas, desenvolviéndose entre ellos. Los dragones rehusándose a cambiar y mantenidos en las sombras, con sus maneras barbáricas. Bestias despreciables. Apestaba a animal. El podía oler la suciedad de dragón, probarla en su boca, sintiendo que lo sofocaba y se aferraba a él como una toalla húmeda.
Agachándose, tomo en un puño el cabello de la bestia, echando su cabeza hacia atrás para encontrar su mirada. Con su otra mano, forzó a su mandíbula a que se abriera para inspeccionar sus dientes. Dos caninos similares a los que había visto en el espejo toda su vida cuando de se reflejaba en el. “Interesante.”
El dragón gruño en su garganta y los dos colmillos se alargaron, colgando sobre sus labios. “Muy interesante. Parece que hay mas en ti de lo que aparentas, Derkein.”
Baja un poco mas su cabeza, queriendo asegurarse de que sus siguientes palabras sonaran claras como una campana en los oídos del dragón y solo en sus oídos. “¿O debería de llamarte Declan?”
Un destello de miedo pasó sobre la cara del dragón antes de que sus rasgos se retorcieran en un estudio de rabia. Como un pit-bull amarrado, se lanzo hacia Lotharus. Los soldados lo sostuvieron en su lugar, mientras Lotharus sabía que lo harían. Lentamente, se puso de pie, asintiendo hacia sus guardias.
“Llévenselo a el calabozo.” Luego se giro hacia Alexia que estaba observando en la esquina. “Veamos ¿qué sabe de nuestro pequeño juguete perdido, hmmm?”
Una onda enfermiza se esparció por Alexia. Se giro, dirigiéndose hacia su habitación, necesitando algo de aire libre, algo de espacio para pensar.
La mano de Lotharus se escabullo, sus largos dedos hundiéndose en su carne. “¿A dónde vas?”
“No me siento bien,” murmuro Alexia. El enojo vertiéndose de él era palpable y frio. Ella no quería nada más que alejarse de él. Pero el agarre en su brazo se tenso.
“¿Tal vez es por qué lo dejaste alimentarse de ti?”
“No lo deje,” soltó ella, liberando su brazo. “El me ataco.”
Lotharus le ofreció una sonrisa que no alcanzo sus ojos de ónix. La siguiente cosa que ella supo, ella estaba en el aire, volando a través del cuarto. Su espalda se estrello dolorosamente contra una pared lejana, y el costado de su cara se adormeció de la fuerza del golpe. Ella acuno su mejilla se manera protectora, mirando con asombro mientras Lotharus acomodaba las mangas de su chaqueta como si solamente hubiera espantado una mosca.
“No me mentiras de nuevo, Alexia. Sabes que no lo apruebo.”
“¿Mentir?” comenzó ella, pero la mirada que él le arrojo congelo sus palabras en su lengua.
Con la velocidad de la luz que solo los ancestros poseían, el cruzo el cuarto en un destello y se coloco delante de ella. Poniéndola de pie, la coloco entre él y la pared a su espalda. Ante la sensación de su erección clavándose en su cadera, ella jalo aire. “Si, mentir,” confirmo él. “Te vi besarlo.”
Alexia trago el sabor acre de la bilis elevándose por su garganta y se presiono contra la pared. El se inclino más cerca. Tan cerca que su nariz acaricio la de ella. “Vi tu cuerpo retorcerse debajo del suyo, rogando por que el te reclamara.” El cálido aliento de sus palabras se desvanecía contra su cuello antes de que él se abalanzara, lamiendo la herida. Su bajo gruñido vibro contra su garganta y un escalofrió se movía a través del cuerpo de él. Esa masculina parte de él se endureció más, presionando más insistentemente contra ella.
“Te vi agarrar su rostro,” dijo contra su cuello, deslizando sus dedos a través de su cabello. “Te vi jalar su boca más cerca.” Con un fiero gruñido, clavo sus dedos en su cabello, presionando su boca contra la de ella. El estomago de Alexia se revolvió cuando el forzó su lengua dentro de su boca, revoloteando con la finesa de un pescado.
Gracias, que termino casi tan pronto como empezó. El no disfrutaba el besar. No lo hizo con la pasión del señor dragón.
Lotharus se retiro. Su cabeza inclinada a un lado mientras sus ojos sin fondo la observaban. “Pensando en el, ¿no es así?”
Alexia trago.
“Yo también.” El la libero. Ella inhalo profundo, llenando sus pulmones con el aire que ella les había privado.
“Creo que me iré y veré si nuestros soldados ya han quebrado a ese pájaro.”
Vividas imágenes del dragón peleando antes destellaron a través de su mente. El era tan fuerte, tan orgulloso. El no caería, no caería de rodillas ante Lotharus.
“Vienes conmigo, ¿no es así? Después de todo, la tortura es tu fuerte.”


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