N&N
Bienvenid@ a "Nalla & Nallum"!!!!!!

Si no eres usuario por favor registrate y forma parte de nuestro equipo. Si ya lo eres, q bueno q has vuelto, ya sabes q hacer

Gracias por tu visita!!!!

Besos, Jade


Traducciones, correcciones y discusiones de los libros mas hot y cute!!!!
 
ÍndiceCalendarioFAQBuscarMiembrosGrupos de UsuariosRegistrarseConectarse

Comparte | 
 

 Capitulo 1

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Jade_Lorien
Admin
avatar

Mensajes : 196
Fecha de inscripción : 20/05/2010
Edad : 31
Localización : Mexico

MensajeTema: Capitulo 1   Miér Oct 27, 2010 3:40 pm

CAPITULO UNO


Declan corrió a través del angosto túnel. Las pisadas golpeando la tierra detrás de el le decían que no tenía mucho tiempo para escapar. Justo al frente, la boca de la caverna bostezaba, el ligero brillo de la luz de la luna revelando su salida.
“¡Tallon!”
“La veo,” grito ella sobre su hombro, sus piernas pateando con cada poderosa zancada.
“Vuela,” grito el cuando alcanzaron el filo. Sin parar, Tallon se arrojo al vacio. Su ligero cuerpo cayo por una decima de segundo antes de que ella cambiara forma y fuera hacia el cielo. Declan se aseguro de que ella estuviera volando antes de empujarse de la cumbre con un gruñido. Su largo cuerpo se elevo a través del frio aire, transformándose con una precisión sin igual en un dragón negro.
Mientras el ascendía, una mirada hacia atrás le mostro los soldados vampiro, armados y listos para matar por el tesoro que él había sacado de su estudio.
Girando hacia los cielos, Declan batió sus alas para subir más alto mientras una barrida de disparos gritaba desde abajo.
“Más rápido,” grito el telepáticamente, segundos antes de que las balas destrozaran las escamas de su ala izquierda. Un pinchazo de dolor caliente se disparo entre sus hombros. Decayendo de su ascenso, se detuvo para obtener aire.
“¡Declan. Vamos!”
El la ignoro. En su lugar, miro a la horda vampiro veinte pies más abajo. La furia burbujeo en sus venas a la vista de ellos derramándose fuera de sus catacumbas a lado del mar como hormigas de una colina. Un soldado levanto un arco a su hombro y disparo. Las flechas cortaron a través del cielo. Declan giro en su camino, tomando en su brazo la que era para Tallon. La carne en la brocheta chisporroteaba.
Puntas de plata. El gruño.
No era bueno.
El fino metal actuaba como un veneno en su raza, comiendo su carme y succionando sus poderes desde adentro. Apretando los dientes contra el dolor, se saco el bolso de su cuello y se lo arrojo a Tallon. Ella lo agarro con una garra.
“Tómalo y vete.”
Ella miro hacia arriba. El miedo en sus ojos comiéndose su alma. Esta noche no se supone que tenía que bajar de esta manera. Ellos habían obtenido lo que habían ido a buscar. Pero estaría maldito si esto terminaba con ella herida.
Una segunda flecha lo comía a través de su muslo.
“Maldita sea, Tallon. Lo prometiste.” Gruño él. “Sal de aquí. ¡Ahora!”
Un respiro de alivio salió de sus pulmones cuando ella asintió. Después de que ella desapareció en la oscuridad, el regreso su enfoque a el vampiro con el arco. Extendiendo ampliamente sus alas, Declan se lanzo en una caída kamikaze. Fuego lamia la parte posterior de su garganta. El humo se curveaba fuera de sus narinas.
El vampiro lo vio venir y se giro para correr, pero era demasiado tarde. Declan abrió sus quijadas, lloviendo un torrente de fuego de dragón en el soldado. Carne pálida se derritió de su rostro y manos, vertiéndose en las piedras debajo.
Antes de que Declan cerrar su mandíbula, otra lluvia de disparos saturo el cielo. Lacerante calor rasgo sus venas con la misma eficiencia quemante con que las balas habían roto su carne. Sus alas vacilaron y se replegaron. Su elongado hocico se redujo hasta que el frio viento nocturno golpeo su rostro humano, arrojando mechones de cabello en sus ojos.
“Mierda,” murmuro mientras comenzaba a caer en picada contra el suelo, humano de la cintura para arriba. Sin ser capaz de detenerse, giro a mitad del aire metió su barbilla, esperando el impacto. Su cuerpo golpeo la tierra, rebotando y resbalando, su carne comiendo las pequeñas piedras y granos. Se deslizo para detenerse. Una nube de polvo se elevo y luego se coloco sobre el como una manta, cobijando sus pulmones.
Tosiendo, se rodo boca abajo y abrió los ojos para husmear. Dos soldados se apresuraban hacia él. Rápido. Sus abrigos de trinchera flotando detrás de ellos, mostrando un surtido de armas atados a cinturones alrededor de sus angostas cinturas.
Al menos seis más, todos vestidos como G.I.Joe, se estaba acercando no más de diez pasos detrás de ellos.
Genial.
Los dos primeros casi sobre el, Declan se agazapo y lanzo sus piernas en un arco, noqueándolos. Poniéndose de pie, hizo su cola hacia atrás. Sangre salpico su cara y cuello cuando una maza al final de ella se clavo en el pecho del vampiro más cercano. Girando, alcanzo al segundo en la garganta. Presiono el grueso cuello del soldado hasta que un enfermizo crack reverbero a través de sus brazos. Descartando el cuerpo sin vida, Declan desencajo su cola de lo que quedaba del torso del otro vampiro, y se giro para encara la segunda oleada de soldado que venían por él.
“Vamos,” dijo él, motivando a la horda que se aproximaba. Su cola goteando sangre se elevo y golpeo como un látigo detrás de él.
La manada se detuvo cerca. Sus dientes estaban descubiertos y sus garras negras extendidas. Sin importar si moría esta noche si se llevaba algunos de esos bastardos con él, Declan dio un paso al frente para encontrarlos de frente. Se paro sobre sus pesados pies. Frunciendo el ceño, miro hacia abajo. Su armadura de escamas restantes en la parte inferior de su cuerpo se retraía. Luego su cola, la única arma que quedaba en su arsenal, se encogió de nuevo en su cuerpo.
La plata, se dio cuenta. Su veneno estaba drenando su poder de dragin.
Tan pronto como el pensamiento vino, su cuerpo grito de dolor, su costado y espalda quemando como su alguien lanzara llamas a su piel. Cubriendo la herida, quito su mano sangrienta.
Otro tiro se disparo. En vez de más balas de plata, una pesada red colapso sobre él, arrastrándolo a tierra. En el instante en que su mejilla toco la tierra, pies y puños cayeron sobre él. Con la red atándolo, todo lo que pudo hacer fue cubrir su cabeza con sus antebrazos y esperar.
“¡Suficiente!” Ante la orden femenina, los soldados dieron un paso atrás.
La Reina.
Tenía que ser ella. Ante el pensamiento, un temblor helado lo recorrió. Una parte racional de su cerebro supo que ella vendría con el si él no la mataba primero. Sabía que ella tomaría su venganza contra su raza de su carne – su alma.
Bueno, pensó, tomando el puño de red. El no iba a irse sin una pelea.
Con un rugido, Declan giro la gruesa cuerda alrededor de sus muñecas y jalo, llevando a varios de la horda a ponerse de rodillas. Tirando un puño a través de la malla, tomo al soldado más cercano por el cuello y apretó.
“Maldita sea, Ivan. Sosténganlo,” una fuerte voz femenina ordeno.
A su orden, una bota embistió su mandíbula. Declan voló hacia atrás, su mentón golpeando el suelo en un sorprendente asalto. Gruñendo, escupió una bocanada de sangre y se puso de pie, su cabeza viendo en dirección hacia donde había escuchado la voz de la mujer la última vez.
La primera cosa que el enfoco fueron botas – botas de estríper, tacón de aguja, de piel, hasta la rodilla, envueltas alrededor de unas esbeltas piernas que parecían durar por días. Declan levanto su mentón y abrió un poco más su ojo hinchado.
La mujer se detuvo con una mano en las caderas de cuero. El viento alborotando el delgado cabello rubio a su alrededor – una delicada cintura, atada en un corsé de cuero que le daría a cualquier fetichista un endurecimiento instantáneo.
Cuando su mirada finalmente alcanzo su cara, el noto que lo examinaba con ojos negros tan fríos e inmortales como su alma. Y que ella era demasiado joven para ser la Reina.
“¿Dónde está el cristal?” Sus suaves palabras mantenían un leve rastro de acento ruso.
No era la Reina, pero definitivamente de casta noble. Declan sonrió a través de los labios ensangrentados.
Ante su sonrisa, una ligera línea se formo en las cejas de ella, y ella inclino su cabeza hacia un lado, por un momento, ella le recordó a Declan un cachorro confundido. Hasta que ella levanto un arma corta de calibre 12 y uno de sus negros ojos se le quedo mirando.
“Dime donde está y puede que te deje vivir, Derkein.”
“Se ha ido,” dijo él con una sonrisa. “No tienes nada para hacerla volver. Estas tan muerta como lo estoy yo.”
Los ojos de ónix de la zorra destellaron plateado antes de que apuntara el cañón de su arma hacia su cara. El aun estaba sonriendo cuando la ´pistola golpeo su nariz y el mundo cayó en la oscuridad.


ALEXIA FEODOROVNA se quedo en las catacumbas, mirando hacia la celda de piedra. Aunque la bestia yacía sonando dormida en el piso y encadenada a la pared, su tamaño y fuerza aun la inquietaban.
Grande. Oscuro. Peligroso.
Ella nunca había visto nada como él. Los señores dragón nunca cambiaban a forma de humanos durante la batalla, y se decía que todos estaban extintos, o eso era lo que ella asumía hasta hoy. Después de verlo pelear, se pregunto cómo es que alguna vez creyó la mentira.
El peleo como un guerrero de antaño.
La manera en la que protegió a esa mujer de su raza, peleando hasta que no pudo estar de pie y aun así encontrar la muerte con una sonrisa en su cara, la afecto bastante. No por que supiera que ella encontraría su propia muerte como la cobarde que su madre la había llamado. Sino por que en el fondo de su corazón, ella anhelaba experimentar esa clase de amor, y sabía que moriría sin ella.
El prisionero cambio. Las esposas alrededor de sus muñecas atraparon la luz de la luna que se filtraba por la ventana rectangular de la celda.
Alexia inclino su frente hacia las frías barras de acero y miro el juego de luz en la oscura pared. Tocando su mentón, inhalo el aire saldo del mar, que ondeaba desde la ventana, purificando el rancio olor del calabozo de su horda. Chistoso. Ella siempre pensó que esa pequeña ventana era la tortura más cruel en la caverna. El vibrante océano, el vivió sabor de la libertad danzando en las puntas de las lenguas de los prisioneros, tentando sus espíritus desde el otro lado de la pared del calabozo. Un pequeño sabor de una salvación que para la mayoría nunca vendría.
Al menos ellos morirían teniendo esa probada de esperanza.
Pasos ascendieron la escalera en espiral detrás de ella. Deslizando sus ojos del prisionero, se ajusto la bandeja en sus brazos y se giro hacia el guardia.
“Ya era hora, soldado.” Ella asintió hacia la celda. “¿Esta seguro que está dormido?”
El guardia dio un paso al frente hacia la pared de piedra. Como cada uno de los soldados de su madre, tenía cabello rubio corto, una gruesa cabeza del tamaño de un pit-bull y lentes oscuros que usaba incluso en los pasillos negros como la tinta de su vivienda en la caverna.
“Yo mismo drogue a ese Derkein,” dijo él, abriendo la puerta de la celda y dejándola abierta. “Estará fuera por horas, si despierta del todo.”
“Bien. Puedes dejarnos.”
Una ceja se elevo sobre la montura de los lentes. “Pero, Lotharus ordeno –“
Ella siseo ante el nombre, y dio un paso hacia el. “Lotharus no hace las ordenes por aquí. Yo las hago. Y digo, déjanos.”
Aunque la desaprobación radio de su gruñido, mantuvo sus labios juntos e hizo una reverencia.
Alexia lo vio irse bajo los ojos entrecerrados. Ella no confiaba en esos soldados genéticamente mejorados. Seguro, ellos eran eficientes, fuertes y prácticamente invencibles en el combate. De cualquier modo, su creciente tolerancia para mostrarle el respeto digno de su estatus era problemático. Naturalmente, su madre la culpaba por la falta de dominancia sobre la horda.
Una vez que el soldado desapareció en la esquina, Alexia entro de la prisión de hierro, azotando la puerta con más fuerza de la necesaria.
¡Dioses! Solo una vez le gustaría probar a su horda que era capaz de liderarlos, capaz de suceder al trono cuando su madre descendiera. Alexia sabía que si devolvía el Cristal Draco, nadie, ni siquiera Lotharus, la cuestionaría o la forma de vida por centurias del matriarcado en la horda.
Se detuvo junto a la bestia dormida, dándose cuenta que el único que sabía dónde estaba el cristal podía estar yaciendo desangrándose a morir en el piso estaba a sus pies.
Son un suspiro, Alexia se sentó en la tierra, desenrollando un trozo de hilo y cortándolo con sus colmillos. Mojando la punta con su lengua, lo ensarto en una aguja y cambio a ponerse de rodillas sobre el prisionero. Ya que el encaraba la pared exterior, ella decidió empezar cociendo el corte en su omoplato.
Alexia coloco los dedos en su carne. Al contacto, el gimió, rodo boca arriba e inspiro profundo. Alexia contuvo su aliento. Cada pendiente, cresta y contorno de su cuerpo desnudo, bronceado y flexionado con el movimiento llamado a su mirada.
Los pocos hombres nobles de su horda que ella había visto sin ropas habían sido altos y delgados. Demacrados, cuando ella los comparaba con este señor dragón. El era grueso. Su mirada se deslizo entre sus muslos. Todas partes. Tenía largos músculos en los muslos y piernas, brazos sólidos y un ancho, esculpido pecho, sin protuberancias óseas debajo de la piel translucida como Lotharus.
Intrigada, ella se inclino más cerca.
Las ricas ondas de su cabello largo hasta los hombros se curvaban alrededor de su cuello. Sus ojos se fijaron más abajo, en el pulso latiendo debajo de la piel dorada. Un instinto primitivo cosquilleo por su cuerpo. El aire a su alrededor se espeso, y sus colmillos quemaron.
Alexia se recargo en sus talones y se dio una sacudida mental.
Solo cóselo y vete.
Inclinándose, coloco la aguja para atravesar la carne en sus costillas. Antes de que ella pudiera empujar sobre su piel, unos largos dedos se cerraron en sus muñecas.
Su jadeo se atoro en la garganta mientras la prisionera la jalaba hacia abajo. Un pop, como velas desenvolviéndose, lleno el aire. Una enorme ala negra se metió debajo de ella, tirándola sobre su dura carne y amortiguando su caída al piso. Las frías escamas se deslizaban contra sus hombros, un contraste de aliento caliente batiéndose contra su cara.
“¿Te gusto lo que viste, zorra?” dijo él en una voz densa.
La pena floto a su cara. Ella se arrastro debajo de su agarre y apenas y pudo moverse una pulgada. “Déjame ir.”
El dragón se coloco sobre un codo. Sus ojos azul eléctrico se deslizaron de los suyos, a la carne que el traje de cuero no cubría. “No.”
La mandíbula de ella se tenso. “Libérame o –“
“¿O qué?”
“O –“ella miro alrededor, asintiendo hacia la aguja y el hilo junto a ella. “No coseré tus heridas. A menos, claro, que prefieras desangrarte en este calabozo.”
Una ceja negra se arqueo. “Si estoy en un calabozo, ¿Por qué me interesaría en curarme?”
“¿Preferirías morir?”
Sus labios se elevaron. “¿Siempre contestas una pregunta con otra pregunta, pequeña vampiro?”
Alexia sacudió su cabeza, y trato de ignorar esa pecaminosamente sexy curva en su boca. “No.”
“Entonces contéstame.”
Ella suspiro. “No podemos tortúrate en el estado en que te encuentras. Nunca durarías el cuestionamiento.”
Ante sus palabras, fuego llameo en sus ojos glaciales. Ligeras humaredas ondearon de sus narinas.
Fuego de dragón.
Los ojos de ella se ensancharon, el pánico arrasándola como un globo de espinad en su garganta.
“¿No me digas que tienes miedo de mi ahora?” Su pulgar comenzó a dibujar círculos despacio en el pulso latiente de su muñeca.
“No tengo miedo de ti,” dijo ella, las palabras salieron en un pequeño suspiro.
Sus alas se apretaron mas, aplastando el pecho de ella contra el tibio acero en su pecho.
“¿Entonces por qué estas temblando?” el bajo su cabeza a la altura de la de ella. “Puedo oír tu corazón martillear. Justo aquí.” Su boca caliente se abrió para cubrir el pulso batiente bajo su piel.
Un cosquilleo de placer recorrió su espina. Ella jalo aire y lo sostuvo hasta que sus suaves labios acariciaron su cuello. Alexia sabía que tenía que estar peleando con él. Sabía que tenía que estar rogando por la muerte con sus llamas del infierno en vez de permitirle tales libertades. Pero la excitación y el miedo de ser manejada tan gentilmente la paralizaron. Nunca un hombre la había tocado tan suavemente, la había sujetado tan fuertemente. Cuando sus labios zumbaron en su piel, sus ojos aletearon y un pequeño sonido salió de su garganta.
Sus labios se curvaron contra su cuello y luego una ligera risa retumbo en su pecho.
¿El se estaba riendo?
El calor fluyo por su rostro mientras la ira surgía, tomando el lugar de su descomplacido deseo. Mirando la vena retumbando en su cuello, ella se enfoco en el ritmo constante de su pulso. El rojo tiño su visión. Dos dientes de estiraron alcanzando sus labios. Aunque alimentarse está prohibido entre los vampiros, tales leyes no prevenían de tomar sangre de un enemigo. Abriendo su boca, ella embistió su garganta.
El esquivo su ataque y luego inclino más de su delicioso peso sobre ella, restringiendo sus movimientos. “Tranquila, pequeña. Tus dientes no me asustan.”
“¿No?” ella se lanzo por él y, dementemente, el la desvió de nuevo. Solo que esta vez cuando el desvió sus labios es una sonrisa, unos colmillos del doble de los de ella colgaban de su boca.
Su corazón muerto se dio la vuelta completa.
“Estas –“ella tartamudeo.
“Hambriento. Y tú te ves apetitosa.”
Su oscura cabeza cayó en picada.
El miedo la hizo agarrar sus brazos, tratando de empujarlo. Ningún hombre, ni siquiera Lotharus, se atrevían a beber su sangre. Significaba muerte instantánea en su mundo. Luego de nuevo, ¿Qué le importaría a un señor dragón las leyes de la horda?
Todos los pensamientos se deshicieron mientras su lengua caliente lamia su garganta. Luego, al final del camino, sus colmillos la arañaron, buscando una vena. Un escalofrió la recorrió cuando se detuvieron sobre su martilleante pulso. Ella inhalo aire y lo sostuvo, esperando. Los dientes perforaron su carne. Alexia jadeo al perforarte dolor de su mordida, incluso mientras su cuerpo se arqueaba.
Una mano grande se deslizo por su cabello, manteniendo su cuello quieto. La otra cubrió el costado de su cintura, dedos escarbando en su traje de cuero. La piel debajo de su agarre cosquilleaba. La sangre que surgía a través de sus venas, apresurándose para alimentarlo, quemaba.
El era un fuego, esparciéndose a través de ella, consumiéndola de adentro hacia afuera. Cada largo, sensual jalón de su boca llevaba calor blanco a su centro. Su centro lloriqueo, arqueándose por algo más. Como si el leyera su mente, el estrecho filo de sus poderosas alas se hundió en su trasero, presionándola contra la larga, duro longitud de él. Bolas de fuego lamian su vientre bajo al contacto. Cuando él lo hizo de nuevo, ella gimió por el solo placer de ello.
Separando sus piernas, ella permitió que sus anchas caderas se hundieran en la cuna de su cuerpo. Grande, pesado, el encajaba contra ella perfectamente. Incluso aunque ella sabía que tenía que estarlo alejando, sus dedos se curvaron alrededor de sus grandes bíceps, jalándolo más cerca. Nada que ella hubiera experimentado en sus ciento veinte años se había sentido tan natural, como esto. Pensar que se había negado a esto por tanto tiempo la había enviado en una ira ciega si no se hubiera sentido tan benditamente contenta.
Cuando el finalmente se alejo de su garganta, ella rompió en un jadeo de protesta. Mareada, Alexia abrió sus ojos y se embriago de la impresionante vista del arqueado sobre ella. Una vez flácida e inútil, su otra ala se estiro como un gato después de una larga siesta. Sus ojos cayeron en la brecha de la herida en su costado y se ensancharon mientras observaba como se cerraba como si fuera cosida por un hilo invisible. La golpeo el hecho de que su amenaza de no curarlo significaba nada. El nunca había necesitado sus herramientas. El solo la necesitaba a ella.
Su sangre.
¿Entonces que lo hacía eso? Los dragones no se alimentaban entre ellos.
Antes de que ella pudiera formar la palabra, el gruño y zambullo su cabeza de nuevo. El dorso de su lengua corrió a lo largo de su garganta, calmando su carne rasgada. Ella se lamio los labios, tomando el inferior entre sus colmillos mientras el mordisqueaba y lamia su camino a través de su mandíbula.
“Debí haberte advertido,” susurro él en su oído. Su densa voz serpenteando alrededor de ella, ajustando más el nudo de lujuria que se había hundido fuerte y pesado dentro de ella. “Alimentarme me pone caliente como el infierno.”
A mí, también, ella pensó mientras el colocaba sus caderas sobre las de ella. Se fundieron debajo del calor de su boca. El sabor de él y el sabor de su propia sangre en sus labios enviaron un mensaje de hambre alrededor de su columna. O tal vez eso era su ala, pensó ella mientras su lengua barría entre sus labios en un lánguido lametón.
Alexia se abrió para él, ansiosamente aceptando su lengua. Necesitando que la llenara de cualquier manera que pudiera. El inclino su cabeza e introdujo su lengua. Dos grandes manos se colocaron a los lados de su cara mientras sus labios se movían sobre los suyos en un beso deslizante.
Alexia se perdió en la sensación y se hundió en el ala detrás de ella, buscando soporte. Su mano se elevo, agarrando su fuerte mandíbula en su palma. Sintiendo los poderosos músculos debajo contraerse y flexionarse y él trabajaba su boca sobre la de ella. Su profundo gruñido vibro a través de su garganta, todo el camino hasta los dedos de sus pies. El sonido la alentaba. Saber lo mucho que él la deseaba era intoxicante. Lotharus nunca la besaba con tanta pasión, con tal necesidad palpable.
Dioses en lo alto, ayudarla. Pero a ella le encantaba. Le encantaba sentir sus rasposas mejillas contra su palma, el peso del sobre ella, incluso la musculosa y más bien útil ala acariciando su espalda.
“¿Qué demonios?”
Ante la voz del guardia, Alexia se sacudió.








Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://nallaetnallum.blogspot.com/
 
Capitulo 1
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.
 Temas similares
-
» KOF Capitulo 1 - all out (fandub español latino)
» Heraldos de la luz (avanze del primer capitulo)
» ESTADO REM ALTERADO- CAPITULO II
» x place capitulo 4
» Kimi ga nozumo Ein Capitulo 1 fandub Mexicano

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
N&N :: Traducciones :: Meagan Hatfield :: The Shadow of the Vampire-
Cambiar a: