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 Capitulo 4

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Capitulo 4   Sáb Oct 09, 2010 12:02 pm

CAPITULO 4


Cuando trabajas en la central de procesos en la prisión de Suffolk County en el centro de Boston, veías un montón de mierda. Y alguna era el tipo de cosas que quitaba tu café y donas.
Otros tipos… eran solo extrañamente bizarros.
Billy Mc Cray había sido oficial en el Sur primero, sirviendo junto a sus hermanos y sus primos y su viejo. Después de que había sido herido en el deber hace quince años, el Sargento había arreglado por el que tuviera un trabajo de escritorio – y resulto que no solo su silla de ruedas cabía bien bajo el mostrador, el era malditamente bueno en el papeleo.
Comenzó registrando arrestos y tomando atracos, pero ahora estaba a cargo de todo.
Nadie si quiera se sonaba la nariz en este lugar sin que Billy les dijera que estaba bien que tomaran un Kleenex.
Y amaba lo que hacia, incluso aunque se pusiera mágicamente extraño algunas veces.
Como primera cosa en la mañana. Seis a.m. había registrado a una mujer blanca que había estado vistiendo un par de latas de Coca como panties, los números de aluminio pegados en el fondo de sus bubis. Sentía que el asalto iba a terminar en el armaardiente.com y ella probablemente iba a disfrutar la exposición: antes de que él hubiera tomado su foto, se ofreció a conseguirle una playera o algo, pero Nah, ella quería mostrar… bueno, latas.
Gente. Honestamente.
Resulto que el pegamento de cemento fue fácil de quitar, pero le estaban sirviendo bebidas en un solo vaso de papel en caso de que ella tuviera otra brillante idea –
Mientras la puerta de acero se abría al final de la estancia, Billy se enderezo en su silla.
La mujer que entro era digna de verse, pero no por las razones por las que la mayoría de los fenómenos estaba aquí. Media cerca de diez pies de alto y tenia cabello rubio que siempre estaba levantado en un giro en su cabeza. Vistiendo un traje que le sentaba perfecto, abrigo formal, sabía sin preguntar que su bolso y su maletín valían más que sus ahorros del retiro.
Sin decir nada acerca de su enorme collar de oro en su cuello.
Mientras un par de guardias la rebasaban, ellos también se estiraron y bajaron sus voces… e inmediatamente miraron sobre sus hombros para tener una buena vista de su trasero. Y cuando ella llego a la división de plexiglás enfrente del, se alegro de que ya hubiera echado la cosa hacia atrás, porque pudo oler su perfume.
Dios… siempre era lo mismo. La esencia de rico y caro.
“Hola, Billy, ¿Cómo le va a Tom en la academia de policía?”
Como muchos del tipo Beacon Hills, la entonación de Grier Childe hizo que una simple pregunta algo mejor que algo escrito por Shakespeare. Pero a diferencia de aquellos culosapretados, ella no era así y su sonrisa era genuina. Ella siempre preguntaba por su hijo y su esposa y realmente lo miraba, encontrando sus ojos como si él fuera mucho más que solo un jugador de escritorio.
“Le va genial.” Billy sonrió y cruzo sus brazos sobre su hinchado pecho.
“Se gradúa en Junio. Trabajara en el Sur. Es una marca como su papa – el chico puede darle a una lata desde una milla de distancia.”
Desafortunadamente, eso le recordó a la chica Coca, pero rechazo la imagen del camino. Mucho mejor disfrutar la vista de la Srita. Childe,
“No me sorprende que Tommy sea una as.” Frunció el ceño hacia el registro y aparto una cadera en el mostrador. “Como dijiste lo saco de ti.”
Incluso después de dos años de esto, aun no podía creer que ella dejara de hablarle. Seee, seguro, los tipos fiscales y los defensores públicos regulares platicaban con él, pero ella venia de una de esas viejas escuelas, zapatos blancos formes – y usualmente eso significaba solo el hecho de donde eran sus clientes.
“¿Cómo está tu Sara?” pregunto.
Mientras hablaban, el tecleo su nombre en el sistema y saco a quien le había sido asignado.
Casi cada seis meses o menos, ella venia en rotación como defensor público. Era, por supuesto, pro bono para ella. Sus rangos de horario eran sin duda muy costosos, estaba condenadamente seguro que los clientes que tenia aquí no podían pagar más de dos palabras de ella, mucho menos una hora completa… o, Cristo, incluso un caso dignos de su tiempo.
Cuando vio el nombre que estaba junto al de ella, frunció el ceño.
“¿Todo está bien?” pregunto ella.
Bueno, no, no lo estaba. “Seee. Eres buena.”
Porque él iba a hacerlo su asunto por ella.
Se acerco a un lado por una pila de expedientes. “Aquí está el papeleo de tu cliente. Si vas al número uno, te lo llevaremos.”
“Gracias, Billy. Eres el mejor.”
Después de apresurarse a través de la puerta principal hacia la recepción y unidad de procesos de la prisión, ella camino hacia la habitación que él le había dado – el cual estaba justo junto a su oficina.
Haciendo una nota en la computadora, el levanto el teléfono y llamo a los retenes.
Cuando Shawn C. contesto, dijo, “Trae el número cinco-cuatro-ocho-nueve-setenta, apellido Rothe. Para nuestra Srita. Childe.”
Un pequeño silencio. “Es uno grande.”
“Seee, y escucha - ¿puedes hablar con él? Tal vez recordarle como ser cortes con su consejera le facilitara las cosas.”
Hubo otra pausa. “Y esperare afuera de la puerta cuando el este dentro con ella. Tony me cubrirá aquí abajo.”
“Bien. Seee, eso es bueno. Gracias.”
Mientras Billy colgaba, se rodo alrededor para encarar a los monitores de seguridad. En el de la esquina a la izquierda, miro mientras la Srita. Childe se sentaba a la mesa, abrió el expediente, y miro los reportes en el.
Iba a tener sus ojos en ella hasta que estuviera asalvo fuera de ahí.
La cosa era, abajo en la cárcel, había dos clases de personas: locales y forasteros.
Los forasteros eran tratados con respeto y todo, pero los locales… particularmente lindo, jóvenes locales con hermosas sonrisas y mucha clase… se cuidaban de ellos.
Y eso significaba Shawn C., el guardia, estaría estacionado en el pasillo, mirando a través de la ventanilla todo el tiempo que ese homicida maniaco que había sido arrestado por peleas de jaula estaba con su chica.
Si ese cabrón tan siquiera respiraba mal alrededor de ella, bueno… bastaba decir que en la tienda de Billy, nadie estaba por arriba de una pequeña acción correctiva: Todos los guardias y personal sabia acerca de la esquina oscura en el sótano donde no había cámaras de seguridad y nadie podía oír a un imbécil gritar cuando el cobro se convertía en una perra.
Billy se reclino en su silla y sacudió la cabeza. Linda niña ahí dentro, realmente linda. Claro, dado lo que le había pasado a su hermano… Vidas duras tenían una manera de hacerse lindas, no era así.
Grier Childe se sentó enfrente de la mesa de acero inoxidable en una fría silla de acero inoxidable que estaba del otro lado de otra silla. Todos los muebles estaban atornillados al piso y las únicas dos mobiliarios eran la cámara de seguridad en la esquina y un foco arriba que tenía una jaula alrededor. Las paredes era de ladrillos de concreto que habían sido pintadas tantas veces que eran casi tan suaves como papel, y el aire olía como a limpia pisos, la colonia del último abogado que había estado en la habitación, y viejos cigarrillos.
El lugar no podía ser más diferente de donde ella trabajaba usualmente. Las oficinas en Boston de Palmer, Lords, Childe, Stinston & Dodd parecían un museo con muebles y arte del siglo diecinueve. PLCS&D no tenia guardias armados, no tenia detectores de metales, y nada estaba atornillado en su lugar para que no pudiera ser robado o arrojado a alguien.
Ahí los uniformes venían de Brooks Brothers y Burberry.
Estaba haciendo defensa publica pro bono desde hacía dos años, y le había tomado al menos doce meses llevarse bien con el mostrador y el personal y los guardias. Pero ahora era como un viejo hogar cuando venia aquí, y honestamente amaba a la gente.
Mucha buena gente haciendo trabajo duro en el sistema.
Abriendo el archivo de su nuevo cliente, reviso los cargos, la forma de ingresos, e historia: Isaac Rothe, edad veintiséis, apartamento en Tremont Street. Desempleado. Sin antecedentes. Arrestado junto con otros ocho como parte de una redada la noche anterior en un ring clandestino de apuestas y pelea. Sin necesidad de orden por que los peleadores habían traspasado propiedad privada. De acuerdo con el reporte policial, su cliente estaba en el ring al momento del infiltrado policiaco. Aparentemente el tipo con el que había peleado estaba siendo tratado en el Mass General – Son las nueve en punto una mañana de sábado… ¿Sabes dónde está tu vida?
Manteniendo su cabeza abajo, Grier apretó los ojos cerrados. “No ahora, Daniel.”
Solo digo. Mientras la voz de su hermano muerto vagaba dentro y fuera de su cabeza desde atrás, el vacante sonido la hacía sentirse muy loca. Tienes treinta y dos años de edad, y en vez de acurrucarte con algún chico juguete caliente, estas sentada aquí en la estación de policía con café apestoso –
“No tengo ningún café.”
En el momento, la puerta se abrió y Billy entro. “Pensé que te gustaría un despertador.”
Bingo, dijo su hermano.
Cállate. Ya, le pensó de vuelta a su hermano.
“Billy, eso es realmente amable de tu parte.” Tomo lo que el supervisor le ofrecía, el calor de la taza de papel regándose en su palma.
“Bueno, sabes, es agua lavada. Todos lo odiamos.” Sonrió Billy. “Pero es una tradición.”
“Eso es seguro.” Ella frunció el ceño, mientras el permanecía. “¿Algo está mal?”
Billy toco la silla a su lado. “¿Te importaría sentarte acá por mi?
Grier bajo la taza. “Claro que no, pero por qué –“
“Gracias, querida.”
Hubo un momento. Claramente, Billy estaba esperando para que se cambiara y no estaba inclinado a explicarse.
Empujando el expediente a través de la mesa, fue al el otro asiento, su espalda ahora hacia la puerta.
“Eso es chica.” Le dio un apretón en el brazo y salió.
El cambio de posición significaba que podía ver la aparición de su amado, hermano menor. Daniel estaba en la esquina más lejana del cuarto, y tenía puesta una playera polo color coral y shorts.
Era como un modelo nomuerto de un anuncio de Ralph Lauren, nada sino todo americano, privilegiado besado por el sol a punto de zarpar de Hayannis Port.
Excepto que él no le estaba sonriendo, como usualmente lo hacía. Ellos lo quieren de frente a la puerta para que el guardia pudiera echarle un ojo. Y no te quieren atrapada en el cuarto. Más fácil sacarte de aquí si él se pone agresivo.
Olvidándose de la cámara de seguridad y del hecho que no estaba hablando con nadie más que el fino aire, se inclino. “Nadie va a –“
Debes renunciar a este. Deja de tratar de salvar gente y consíguete una vida.
“Lo mismo para ti. Deja de acecharme y obtén la eternidad.”
Lo haría. Pero tú no me dejarías ir.
En esa nota, la puerta detrás de ella se abrió y su hermano desapareció.
Grier se paralizo mientras escuchaba en tintineante sonido de las cadenas y los pies que se arrestaban. Y después lo vio.
Santa…María…madre…de…
Lo que había sido traído de los retenes por Shawn C. media casi seis pies, cuatro pulgadas de musculo. Su cliente estaba “vestido,” lo que significaba que tenía su atuendo de prisión puesto, y que sus manos y sus pies estaban encadenados juntos y unidos con cadenas que corrían enfrente de sus piernas e iban alrededor de su cintura. Su duro rostro tenía el tipo de mejillas ahuecadas que venían con el cuerpo de cero grasa, y su cabello oscuro estaba cortado como militar. Leves moretones se agrupaban alrededor de sus ojos, un vendaje blanco brillante estaba colocado cerca del nacimiento del cabello… y había un brillo rojizo alrededor de su cuello, como si muy, muy recientemente hubiera sido magullado.
Su primer pensamiento fue… estaba contenta de que el buen viejo Billy McCray la hubiera hecho cambiar de lugar.
No estaba segura de cómo lo sabía, pero tenía la sensación de que si su cliente lo decidía, podría haberse hecho cargo de Shawn C. en un parpadeo – en vista de las esposas y el hecho de que el guardia estaba constituido como un bulldog y tenia años de experiencia manejando hombre grandes, volátiles.
Los ojos de su cliente no encontraron los suyos, pero se mantuvieron en el piso mientras el guardia lo metía en el pequeño espacio entre la silla vacante y la mesa.
Shawn C. se acerco al oído del hombre y susurro algo.
Gruño algo, era más acertado.
Luego el guardia miro hacia Grier y sonrió forzadamente, como si no le agradara todo el asunto pero iba a ser profesional al respecto. “Hey, estaré justo afuera de la puerta. ¿Necesita algo? Solo dígalo y estaré aquí.” En voz más baja, dijo, “Te estoy observando, chico.”
De alguna manera ella no estaba sorprendida de las precauciones. Solamente sentada del otro lado de su cliente la hacía desconfiar. No podía imaginarse moviéndose alrededor de él en una prisión.
Dios, era grande.
“Gracias, Shawn,” dijo despacio.
“No hay problema, Srita. Childe.”
Y después estuvo sola con el Sr. Isaac Rothe.
Midiendo la tremenda envergadura de sus hombros, noto que no estaba moviéndose o estático de nervios, lo cual ella tomo como un buen signo – sin met o coca en su sistema, esperaba. Y él no la miraba inapropiadamente o veía el frente de su traje o se lamia los labios.
De hecho, no la miraba para nada, sus ojos permanecían en la mesa frente a él.
“Soy Grier Childe – he sido asignada a su caso.” Cuando el no levanto los ojos o asintió, ella continuo. “Cualquier cosa que me diga es privilegiada, lo que significa que con las ataduras de la ley, no será revelado a nadie. Además, las cámara de seguridad de ahí no tiene audio, así que nadie más puede oír lo que usted me diga.”
Ella espero… y aun el no contesto. Solo estaba sentado ahí, apenas respirando, todo poder enrollado con sus manos esposadas puestas en la mesa y su enorme cuerpo embutido en la silla.
En la primera entrevista, la mayoría de los clientes no eran derechos y hacia la rutina de malhumorados, y se comportaban todos indignados y ofendidos, con un montón de charla expiatoria. El no hacia ninguno. Su espalda estaba derecha como una flecha, y estaba totalmente alerta, pero no decía ni una palabra.
Ella se aclaro la garganta. “Los cargos en su contra son serios. El tipo con el que estaba peleando fue enviado al hospital con hemorragia cerebral. Justo ahora está con asalto en segundo grado y atento de homicidio, pero si el muere, es Homicidio dos u homicidio sin premeditación.” Nada.
“Sr. Rothe, me gustaría hacerle algunas preguntas, ¿puedo?”
Sin respuesta.
Grier se recargo. “¿Pude tan siquiera escucharme?”
Solo cuando ella se empezaba a preguntar si tendría una incapacidad oculta, el hablo. “Si, señora.”
Su voz era tan profunda y detenida, que ella dejo de respirar. Esas dos palabras fueron pronunciadas con una suavidad que era totalmente rara con la talla de su cuerpo y la dureza de su cara.
Y su acento… vagamente sureño, decidió.
“Estoy aquí para ayudarlo, Sr. Rothe. Entiende eso, ¿verdad?”
“Sin faltarle al respeto, señora, pero no creo que pueda.”
Definitivamente sureño. Hermosamente sureño, de hecho.
Sacudiendo su cabeza, ella dijo, “Antes de que me despida, le sugiero que considere dos cosas. Justo ahora, no hay una fianza impuesta para usted, así que estará atorado aquí hasta que su caso continúe. Y eso puede tardar meses. También, cualquiera que se represente a si mismo realmente tiene un tonto por cliente – eso no es solo un dicho. No soy el enemigo. Estoy aquí para –“
El finalmente la miro.
Sus ojos eran del color de la escarcha en un cristal, y llenos de sombres de obras que manchaban el alma. Y mientras ese gesto, mirada agotada aburrida llegaba al fondo de su cabeza, congelo su corazón: supo instantáneamente que él no era solo un matón callejero.
Era un soldado, pensó. Tenía que serlo – su padre tenía la misma mirada en sus ojos durante las noches tranquilas.
La guerra le hacía eso a la gente.
“¿Iraq?” pregunto en voz baja. “¿O Afganistán?”
Sus cejas se abultaron un poco, pero esa fue la única respuesta que obtuvo.
Grier cerró su expediente. “Déjeme conseguir su fianza. Empecemos por ahí, okay? No tiene que decirme nada acerca de por qué fue arrestado o que paso. Solo necesito saber sus nexos con la comunidad y poco más acerca de donde vive. Sin arrestos previos, creo que tenemos una oportunidad…”
Ella se detuvo cuando se dio cuenta de que el cerro sus ojos.
Okay. La primera vez que ella tenía un cliente que tomaba una siesta en medio de una entrevista. Tal vez Billy y Shawn C. tenían menos de que preocuparse de lo que habían pensado.
“¿Lo estoy aburriendo, Sr. Rothe?” pregunto ella después de una momento.
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