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 Capitulo 3

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Capitulo 3   Vie Oct 08, 2010 6:00 pm

CAPITULO 3


El demonio Devina estaba tan cerca de todo-poderoso como lo podías estar sin ser el que había creado la Tierra y los cielos: Podía asumir todas las formas de rostros y cuerpos, convertirse en cualquiera en cualquier momento en cualquier lugar. Podría aprisionar almas por una eternidad. Comandaba un ejército de nomuertos.
Y si te cruzabas con ella, podía hacer tu vida un infierno viviente por ti. Literalmente.
Pero tenía un pequeño problema.
“Lo siento, llegue tarde,” dijo mientras se apresuraba en la acogedora oficina roja. “Tenía una entrevista que se tomo más de lo que pensaba.”
Su terapeuta sonrió desde su sillón. “No te preocupes. ¿Quieres un momento para componerte?”
Devina estaba sin duda agotada, y mientras se sentaba, puso su bolso Prada a un lado. Inhalando profundo, palmeo la ilusión corporal de cabello oscuro que la mujer veía, y jalo los pantalones de piel de leopardo que de hecho existían.
“El trabajo ha sido un infierno,” dijo, mirando hacia abajo checando que su bolsa estuviera cerrada. Había manchas de sangre en la sudadera se adentro, y la última cosa que necesitaba era tener que explicarlas. “Un absoluto infierno.”
“Me alegra que me hablaras para la extra en la noche. Después de la semana pasada, estuve pensando en ti y lo que pasó. ¿Cómo estás?”
Devina se aparto del caos solo había venido y enfocado en ella misma. Lo cual no era una cosa linda. Instantáneamente, lagrimas corrieron por sus ojos. “Yo…”
No estaba bien.
Se forzó a sí misma para decir algo. “Los de la mudanza llevaron todo a mi nuevo lugar, y la mayoría sigue en cajas. Pase la tarde tratando de desempacar, pero hay demasiado, y tengo que asegurarme de que este ordenado correctamente. Necesito checar que mi –“
“Devina, deja de hablar de las cosas.” La terapeuta hizo una nota en su libreta negra.
“Podemos planear hacia el final de la sesión. Quiero saber como estas. Háblame acerca de cómo te sientes.”
Devina miro a través de la alfombra de punto y se pregunto, no por primera vez, qué pensaría la mujer si supiera que estaba tratando a un demonio. Desde que Devina había estado en Caldwell, había venido a ver al psicólogo – así que iba más de un año. Mantenía su verdadera identidad oculta bajo su piel favorita de una sexy, chic, fémina morena, pero debajo… especialmente después de du primera derrota por Jim Heron… era un jodido desastre.
Y esta humana estaba realmente ayudándola.
Devina saco un pañuelo de la caja en la mesa junto a ella. “Yo solo… odio mudarme. Me siento fuera de control. Y perdida. Y…asustada.”
“Sé que lo estas.” El candor ondulo desde los poros de la mujer. “El cambio de hogar es la cosa más difícil que alguien como tu puede hacer. Estoy muy orgullosa de ti.”
“No tengo tiempo. No tengo tiempo de hacerlo bien.” Más lagrimas. Lo que ella odiaba. Pero, Dios, tenía que rasgar sus colecciones en los lugares correctos en cuestión de horas, codificando, arrojando cosas en cajas. “Aun no he sido capaz de revisar todo y asegurarme de que nada está roto o se ha perdido.”
Oh, Dios… perdido.
El pánico invadió su pecho e hizo que el corazón que ella había hecho latiera tres veces más.
“Devina…mírame.”
Tuvo que forzar a sus ojos a enfocarse a través del pánico. “Lo siento,” escupió. “Devina, la ansiedad no es acerca de las cosas. Es acerca de tu lugar en el mundo. Es el espacio que declaras como tuyo emocional y espiritualmente. Debes de recordar que no necesitas de objetos para justificar tu existencia o para hacerte sentir asalvo y segura.”
Okay, todo eso había sonado bien y bonito, pero sus cosas en la tierra eran lo que la ataba a las almas que le pertenecían, el único nexo que tenia con su “niño.” A través de las centurias, había acumulado posesiones personales de cada alma que había tomado: botones, mancuernillas, aretes, anillos, dedales, agujas de tejer, vasos, llaves, plumas, relojes… la lista continuaba y continuaba. Prefería las cosas hechas de metales preciosos, pero cualquier tipo de metal funcionaba: Similar a la substancia que reflejaba la luz, también demostraba la reverberación de quien la poseía, merecía, usaba.
La irradiación impresa en esos humanos era la única cosa que la calmaba cuando no podía bajar a su santuario por una visita personal.
Dios, odiaba tener que trabajar en la tierra.
En sus hombros, se seco sus lágrimas. “Es solo que no puedo aguantar estar tan lejos de ellos.”
“Necesitas tu trabajo, aun así. Me lo has dicho tu misma. Y tu ex esposo esta mejor equipado para manejar el día-a-día cuidando a tus niños.”
“Lo está.” Había tenido que calzar su pasado en alguna semblanza de situación humana. No había ex esposo, no era necesario decirlo, pero el paralelo funcionaba: Sus almas estaban seguras donde ella las dejara. Solo la mataba estar de esa manera. No había lugar en el que prefiriera estar que en el fondo de su bien, retorcida vigilante, muchedumbre gritona atrapada para siempre en sus paredes.
Jugar con ellos era divertido, también.
“¿Así que donde terminaste?” pregunto la terapeuta. “Después de que tu novio y tu decidieran terminar su relación, ¿A dónde fuiste en la ciudad?”
Ahora su ansiedad cambio a enojo, no podía creer que hubiera perdido su primera batalla con Jim Heron… o que ese jodido bastardo se hubiera infiltrado en su espacio privado. Gracias a él y a esos otros dos ángeles, ella había tenido que sacar todo lo que tenia y evacuar ese apartamento a toda velocidad.
“Tengo un amigo que tiene un edificio vacante.” No era un amigo de hecho. Solo un tipo al que jodió hasta que firmo todos los papeles. Después lo mato, arrojando su cuerpo en un bote de desechos biológicos, y sellando bien la cosa. El estaba en su propio sótano ahora, descomponiéndose cómodamente.
“¿Y se ha completado la mudanza?”
“Si, todo está ahí. Pero como dije, no lo he arreglado apropiadamente.” Ella había, de todos modos, encontrado a otra virgen, a la cual había sacrificado apropiadamente y había puesto un buen uso con un espejo protector que la llevaba de nuevo al Infierno. “He puesto un sistema de seguridad, de todos modos.”
Si alguien abría el sello de sangre del cuarto donde su posesión más preciada estaba, lo sabría en un latido. Era como se había enterado en el instante en que Jim y sus amigos habían violado su espacio. Como había salvado sus cosas.
Encontrar vírgenes en estos días era un dolor en el culo. Con todo mundo teniendo tanto sexo, lo que una vez había sido obtener un pedazo de pastel ahora se había convertido raro y más raro. Nunca había matado niños; eso estaba mal – era como si alguien tomara una de sus almas. Pero tratando de encontrar a alguien de más de dieciocho que no hubiera estado en el echadero. Podías estar con eso por días.
Larga vida al movimiento de abstinencia, era todo lo que podía decir.
“¿Espera, edificio?” dijo su terapeuta. “¿No te estás quedando en un edificio, o si?”
“Oh, no. En este momento estoy en un hotel. El trabajo me lleva fuera de la ciudad. Hacia Boston, de hecho.” Por que era tiempo de la segunda batalla con su némesis.
Y maldita sea, iba a ganar esta vez.
“Devina, este es un gran trabajo.” La terapeuta aplaudió sus manos contra sus rodillas y sonrió. “Vas a vivir lejos de tus cosas. Has hecho un avance.”
De hecho no, considerando que podía estar donde fuera en un parpadeo.
“Ahora dime, ¿Cómo va el trabajo? Sé que la semana pasada fue pesado.”
La mano de Devina encontró su bolso y acaricio la suave piel. “Va a ponerse mejor. Voy a hacerlo mejor.”
“Tu nuevo compañero de trabajo. ¿Cómo van las cosas con él? Sé que habrá algo de fricción al inicio.”
¿Fricción? Seee, podría decirse eso.
Peso en ella y Jim Heron en el estacionamiento del Iron Mask, el enterrado profundo dentro de ella, ella cabalgándolo fuerte. A pesar del hecho de que ella lo odiara con pasión, no le importaría pasar un poco más tiempo a solas con él.
Devina se enderezo. “No va a obtener la vicepresidencia. No me importa lo que tenga que hacer, pero he trabajado demasiado duro para que un tipo cualquiera llegue y me quite lo que es mío.”
Siete almas. Siete oportunidades para que bien o el mal gene. Y la primera había ido para el otro lado. Tres mas yendo del lado de Jim Heron y ella no iba a estar solo fuera del “trabajo,” sino que los ángeles se apoderaban de la Tierra y todos y cada una de sus almas serian redimidas.
Todo su trabajo para nada: Su colección perdida. Su ejército perdido. Ella misma… perdida.
Miro a su terapeuta. “No lo dejare ganar.”
La mujer asintió. “¿Tienes un plan?”
Devina toco su bolsa. “Lo tengo. Absolutamente lo tengo.”






Después de la sesión, Devina se fue al norte y este, arrojándose a si misma al aire como una sombra y ganando camino en la noche. Coalicionó en Boylston Street, al otro lado del Boston Public Garden, donde los sauces sobre el estanque estaban reverdeciendo.
La solemne barda del Hotel Four Seasons ocupaba cerca de una cuadra entera, entre su entrada, la cochera, y los restaurants con ventanas. Aunque en el exterior era totalmente simple, el interior era toda cálida madera y elegante brocado, y siempre había flores frescas.
Ella podría haberse aparecido en su cuarto, pero que desperdicio de vestuario: sus pantalones Escada de piel de lagarto y blusa Chanel eran para dejar atónitos, sin decir nada de su trinchera de Stella McCartney. Y adivina que, solo su segunda noche aquí y ya el portero y el personal de recepción la saludaron mientras paseaba por el lobby, sus Louboutins resonando en el mármol.
Lo que servía de recordarle lo que ella ya sabía: de todos los trajes de ilusión de carne que nunca había vestido, este – de una morena con piernas que no terminaba y senos que hacían que los hombres humanos se ahogaran con sus propias lenguas – era el que le quedaba mejor.
Incluso aunque era un “eso” sin sexo, la experiencia había probado que su arsenal de armas era mejor manejado por manos manicuradas.
Además le gustaba más la ropa de mujer.
La cogida, también.
Su suite en el último piso tenía una vista magnifica de el jardín y del Boston Common, y un montón de cuartos – también como un excelente servicio al cuarto. El bouquet de rosas era un lindo toque y era gratis.
Que era lo que tenias cuando pagabas miles y miles y miles de dólares de propina.
Camino por la sala y el cuarto principal hacia el baño de mármol. En el tocador entre los dos lavabos, bajo su bolso y saco la sudadera que había tomado del octágono de AMC. La campera era de color niebla y talla dobleXL.
Encontrada en cualquier Wal-Mart o Target, era una de esas prendas anónimas que podía ser vestida por cualquier hombre, algo que era fácil de encontrar, fácil de pagar. Nada especial. Excepto que esta era única. Especialmente dadas las manchas de sangre.
Gracias a Dios esos policías se habían aparecido cuando lo hicieron. De otro modo, ella hubiera faltado a su cita con su terapeuta junto con todo.
Rápidamente arrojo sus ropas, tratando de dejarlas en un desastre… y duraron un minuto y medio. El desorden hacia zumbar su cabeza y tuvo que levantarlas, acercarse al closet, y colgar todo donde debía de ir. Vestía un bra, así que lo puso en el buro. Sin pantaletas de las cuales preocuparse.
Estaba decididamente calmada mientras regresaba a trabajar en el tocador del baño.
Sacando un par de tijeras doradas de su cosmetiquera, corto un círculo en la sudadera sobre donde estaría el corazón del hombre que la vistiera. Luego deshizo la tela, las fibras de algodón se salieron fácil y cayeron en el suave piso en una pequeña pila. Uso un lado de las tijeras para cortar su palma, y su sangre corrió en un sucio gris mientras caía en el nido que había hecho.
Un momento, se transfiguro con decepción. Deseo que su sangre corriera roja – mucho más atractiva.
La verdad sea dicha, Devina odiaba la manera en que realmente se veía. Mucho mejor este cuerpo. Y los otros.
Recogiendo los restos de la sudadera en la contaminada sangre de su palma, se imagino al hombre que había tenido la tela contra su carne, viendo su fuerte rostro y el corte militar que estaba creciendo y los tatuajes en su cuerpo.
Aun fabricando su mano y manteniendo la imagen de Isaac Rothe en su cabeza, Devina camino desnuda hacia el cuarto y se detuvo en el duvet. Aun lado de la mesa, abrió una caja negra y saco una pieza de ajedrez tallada, la descripción de la reina ni de cerca tan hermosa como su traje de carne. No había visto a Jim Heron tallar a la gran dama, pero lo había hecho y se lo imagino haciéndolo en su mente, imaginándolo tomando el filoso cuchillo, sus manos seguras guiando el filo del acero para revelar un objeto en la madera. Presionando lo que él había hecho en su palma sangrante, junto con las fibras de la sudadera, las mezclo, integrándolas. Luego se inclino y recogió una vela, que se encendió a su voluntad. Yaciendo abajo, soplo sobre la flama, las esencias mezcladas de los tres flotando sobre la flama.
El brillo morado que emano de la esquina la cubrió, envolviéndola en fosforescencia… llamando al dueño de las cosas juntas… llamándolo a ella.
Jim Heron no iba a saber lo que lo había golpeado esta vez. Tal vez había ganado el primer round, pero eso no iba a suceder de nuevo.
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