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 Crave - Prologo

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Jade_Lorien
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MensajeTema: Crave - Prologo   Jue Oct 07, 2010 9:40 am








PROLOGO

EL DESIERTO, LEJOS DE CALDWELL, NY, O BOSTON, O… LA CORDURA.
Unos dos años después del hecho, cuando Jim Heron no era más un agente especial, reflexiono que Isaac Rothe, Matthias el Cabrón, y él, el mismo, habían cambiado sus vidas el día que la bomba había explotado en la arena.
Claro, que en el momento, ninguno de ellos sabía realmente que significaba, o hacia donde iba todo. Pero así era la vida: Nadie tenía un guía de turismo para su propio recorrido en el parque. Tenias que brincar en el viaje como ellos mismos lo habían hecho, nunca sabiendo si tú ibas a ser el siguiente para… o si el bastardado te iba a hacer vomitar tu hotdog y tu algodón de azúcar por todo el lugar.
Tal vez eso era bueno, a pesar de todo. Como si en ese entonces él hubiera creído que iba a terminar liándose con un demonio, ¿tratando de salvar al mundo de la condenación?
Vamos.
Pero esa noche, en el crudo frio que cayó en el momento en que el sol se oculto bajo las dunas, él y su jefe habían entrado en un campo de minas… y solo uno había salido de ahí.
¿El otro? No tanto.






“Este es,” dijo Matthias mientras se acercaban a una ciudad abandonada que era del color de caramelo del sundae de Friendly.
Estaban a cincuenta millas al noroeste de donde se había quedado en las barracas llenas de chicos militares. Dado que él y su jefe eran Fuerzas Especiales, estaban fuera de las líneas definidas de las tropas, lo cual trabajaba a su beneficio: Soldados como ellos cargaban identificaciones de todas las ramas del servicio y las usaban cuando se les antojaban.
La “ciudad” más bien parecían cuatro estructuras cuarteada de piedras y un montón de cabañas de madera-y-lonas, mientras se aproximaban, las bolas de Jim se apretaron cuando sus lentes de visión nocturna percibieron movimiento por todo el lugar. Odiaba esas malditas-se aplanaban con el viento, sus sombras eran arrojadas alrededor como muchas personas portando armas. Y granadas. Y todo tipo de filos y brillos.
O en este caso,
Odiaba las asignaciones del desierto; mejor matar en la civilización. Aunque una asignación en la zona urbana o incluso en la suburbana conllevaba más exposición, al menos tenías una oportunidad sabiendo que era lo que venía hacia ti. Aquí afuera, la gente tenía recursos con los cuales el no estaba familiarizado y eso siempre lo ponía como el carajo.
Además no confiaba en el hombre con el que estaba. Seee, Matthias era la cabeza de la organización con línea directa a Dios. Seee, Jim había entrenado con al inicio. Seee, había estado bajo sus órdenes la última década.
Pero eso solo lo hacía más seguro de que no quería estar solo con el gran hombre – y aun así aquí estaban, en una “ciudad” en el fino territorio de ninguna-parte-nadie-podrá-encontrar-un-cadáver-landia.
Una ráfaga de viento atravesó toda la planicie, corriendo sobre la arena, recogiendo esas pequeñas partículas, y llevándose a todos ellas a estrellarse contra el collar de fatiga digital. Debajo de sus botas negras, de casquete, la tierra estaba cambiando constantemente, como si él fuera una hormiga caminando a través de la espalda de un gigante e irritante, para desquiciar al bastardo.
Comenzabas a sentir eso en cualquier momento, una enorme palma podía venir del cielo y aplastarte.
Esta travesía hacia el este había sido idea de Matthias. Algo que no podía ser discutido en ningún otro lugar. Así que naturalmente, Jim había vestido un Kevlar y cerca de cuarenta libras de armamento. Junto con agua. CLC
Era un animal de carga en serio.
“Por acá,” dijo Matthias, agachándose en una entrada sin puerta de una de las estructuras de piedra. Jim se detuvo y miro alrededor. Nada sino lonas haciendo un sembradío, tan lejos como podía ver.
Saco sus dos armas antes de entrar. ¿En pocas palabras? Este era el local perfecto para un fuerte de la Inquisición. No tenía ni idea de que iba a hacer o que aprendería a ordenar de un interrogatorio, pero una cosa era clara – no había razón para correr. Si ese era el “por que” había sido traído hasta aquí, iba a entrar y a encontrar otros dos o tres agentes especiales que iban a trabajarlo mientras Matthias hacia preguntas. ¿Si se fugaba? Ellos simplemente lo cazarían por todo el globo, incluso aunque tomara semanas.
Podía explicar por qué Isaac Rothe se había presentado esa tarde con el protegido de Matthias y segundo al mando. Ese par eran asesinos directos, un par de toros listos para ir por la garganta de cualquiera.
Sip, esto tenía sentido y el debería de haberse dado cuenta antes – aunque aun si lo hubiera hecho, no había escape de un ajuste de cuentas. Nadie se escapaba de los agentes especiales vivo. No los operativos, no los tipo calculadores de inteligencia, no los jefes, tampoco. Morir con tus botas puestas era la manera en la que vivías – no que supieras que eso iba a suceder.
Y la cosa era, que él había estado pensando en maneras de escapar. Matar gente para vivir era todo lo que el sabia hacer, pero estaba empezando a meterse con su cabeza. Tal vez Matthias lo había ajustado de alguna manera
Hora de enfrentar la música, pensó Jim mientras pasaba por la puerta.
Pudiera ser que les diera pelea –
Solo Matthias. Nadie más.
Jim bajo lentamente sus armas y escaneo el desolado espacio de nuevo. De acuerdo con sus lentes de visión nocturna, solo estaba el otro hombre. Con el ruido de un switch, cambio a modo de detección de calor. Nada más que Matthias. Aun.
“¿Qué está pasando?” pregunto Jim.
Matthias estaba en una esquina lejana, a unos diez pies. Cuando las manos del hombre se levantaron de sus costados, Jim cambio sus SIGs se vuelta a modo de disparo… pero todo lo que su jefe hizo fue sacudir su cabeza y soltar su cinturón de armas. Un rápido aventón y estaban en la arena.
Y luego dio un paso al frente, abriendo su boca y diciendo algo en voz baja –
Luz. Sonido. Explosión de energía.
Jim regreso a la conciencia algún tiempo después. La explosión lo había arrojado contra la pared de piedra, dejándolo frio, y dado lo rígido que estaba, podía ser que hubiera estado fuera un rato.
Después de un par de minutos de que-demonios, se sentó con precaución, preguntándose si nada estaba roto –
Del otro lado de la entrada, había una pila harapos de donde Matthias había estado una vez.
“Jesucristo…” Jim se reposición sus lentes de visión nocturna y checo sus armas, después gateo por la arena hasta su jefe.
“Matthias… oh, maldito I…”
La pierna del hombre se veía como una raíz que había sido arrancada del suelo, el miembro nada más que un muñón irregular que fue rallado al final. Y había parches de oscuridad en su uniforme que tenía que ser sangre.
Jim checo el pulso en su cuello. Había uno, pero era débil e irregular.
Desabrochando y sacando su cinturón, amarro el cuero alrededor del miembro de Matthias y jalo fuerte, haciendo un torniquete. Después rápidamente busco alguna otra her-
Mierda. Cuando Matthias había sido arrojado hacia atrás, había caído en una estaca de madera. La maldita cosa lo atravesó, el mondadientes en su manta de cerdo.
Jim se doblo y trato de ver si podía mantenerla en su lugar mientras sacaba a Matthias de ahí…
Parecía que estaba independiente. Bien.
“…Dan…ny…boy…”
Jim frunció el ceño y miro a su jefe. “¿Qué?”
Los ojos de Matthias se abrieron como si sus parpados fueran cortinas de acero que apenas y pudiera levantar. “Deja…me.”
“Te has volado a la mierda.”
“Déjame –“
“Jodete.” Jim alcanzo su transistor y rezo por qué Isaac, no ese fenómeno de segundo al mando, contestara. “Vamos…vamos…”
“¿Qué necesitan?” El suave acento sureño viniendo de su audífono eran buenas noticias. Gracias a Dios por Isaac. “Matthias ha caído. Bomba. Asegúrate de que no seamos objetivo de practica mientras regresamos al campamento.”
“¿Qué tan malo?”
“Malo.”
“¿Dónde están? Les llevare una Land Rover para recogerlos.”
“Estamos cuarenta y seis grados n –“
Un arma se disparo, una bala silbo a través del aire justo junto al oído de Jim – al punto que asumió que le habían dado en la cabeza y el dolor aun no se registraba. Mientras se abrazaba con una palma, Matthias dejo caer al lado su SIG… pero que crees, Jim no cayo gracias a algún tipo de herida craneal. Disparo de advertencia, evidentemente.
El único ojo funcionante de su jefe brillo con una luz no divina. “Sácate…de aquí…vivo.”
Antes de que Jim le pudiera decir a Matthias que se callara la boca, se dio cuenta de que otra cosa estaba latiendo en la mano que había sacado. Levantando la cosa, se dio cuenta… parte del detonador de bombas.
Girándolo una y otra vez, primero no entendió que estaba viendo.
Y después supo muy bien que era.
Estrechando sus ojos en Matthias, puso el fragmento en su bolsillo delantero y se arrastro hasta su jefe.
“No vas a utilizarme así.” Dijo Jim sobriamente. “De ninguna maldita manera”
Matthias comenzaba a balbucear solo mientras graznidos de maldiciones salían de su audífono.
“Estoy bien,” le dijo Jim a Isaac. “Fallo. Estoy regresando al campamento. Asegúrate de que no nos disparen mientras nos aproximamos.”
La voz sureña se hizo instantáneamente fuerte y firme, justo como las manos asesinas de los tipos.
“Donde estas. Llevare un –“
“No. Quédate. Encuentra un medico en campamento y asegúrate de que pueda tener la boca cerrada. Y vamos a necesitar un helicóptero. Va a tener que ser ligero – discreto. Nadie puede saber sobre esto.”
La última cosa que necesitaba era a Isaac afuera en medio de la noche buscándolos. El tipo era la única cosa entre Jim y una acusación de que había asesinado a la cabeza de la organización fantasma mas asesina del gobierno de los Estados Unidos.
No iba a sobrevivir esa. Literalmente.
Pero al menos el asunto no iba a estar en los noticieros. Manteniendo silencio sobre esta mierda era la MO en las fuerzas especiales – nadie sabía exactamente cuántos operativos eran o a donde iban o que hacían o si ellos tenían su propio nombre o un alias.
“Me escuchas, Isaac,” pregunto “Dámelo que necesito. O el es un hombre muerto.”
“Entendido,” vino la respuesta a través del audífono. “Cambio y fuera.”
Después de confiscar el arma de la que se había hecho uso, Jim levanto a su jefe, equilibro el peso muerto, añadiendo peso en sus hombros, y comenzó a salir.
Fuera de la choza de piedra. Afuera en la ventosa, frígida noche. A través de las dunas de arena.
Su brújula lo mantenía en el camino correcto, el verdadero norte orientándolo y guiándolo a través de la oscuridad. Sin un punto de referencia, hubiera estado completamente perdido mientras el desierto era un tierra de espejismos, nada más que un reflejo de el mismo en todas direcciones.
Jodido Matthias.
Maldito fuera.
Una vez más, asumiendo que el tipo sobreviviera, solo le daría a Jim su boleto de salida de las fuerzas especiales… así que de cierta manera, le debía al tipo su vida: La bomba era una de las suyas y Matthias había sabido precisamente donde poner su pie en la arena. Y eso solo pasaba solo si te querías volar tu maldito mismo.
Supongo que Jim no era el único que quería ser libre.
Sorpresa, sorpresa.



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